sábado, noviembre 30, 2013

Cerraba los ojos...

Cerraba los ojos como conspiración hacia los astros evaporados del nocturno. No sabía que riendas tomaría su destino después de tanta vida encadenada al silencio. Estaba harta de ese riachuelo que circulaba por sus venas, por sus manos. Decidió entonces embarcarse bajo canoas que saboreaban el océano. Canoas que la llevarían hasta un lugar donde las tempestades y la intemperie la descubrirían como mujer que ambula entre la dureza y la fragilidad. Luchaba. Sí, luchaba contra los desvanecimientos de los del tiempo bonancible. Así, como su corazón dictaba. Tic tac. Tic Tac…Sus plegarias se consumieron en de callada forma. Ya no rogaba. No pedía. Solo se dejaba ir por la atmósfera que la acariciaba fuera cruel o no. Todo era perfecto. Las tinieblas de la vida, la luz de la sonrisa. Y de esta manera lo logró. Consiguió hablar con el aire, con la lluvia de sus inquietudes. Ellas le contestaron en voz de gaviota que gira y gira en torno a una playa vacía. Se estremeció. Y se dejo ir por los besos del alba, de ese océano que emitía un cierto gemido de felicidad. 

domingo, noviembre 24, 2013

La mañana...

Que suceso tan grato. Los rayos del sol inciden sobre mi ventana después de la tenebrosa neblina. Parece como si mis sueños los hubieran estando llamando día tras día. La lluvia ida. Una lluvia que sentencia la pureza del aroma del aire. Todo es ahora límpido, se respira cierta fragancia que hace que los barquillos se lancen por las mareas de la calma, de la soledad. Mi corazón late. Latidos que se entregan a la suavidad de esta jornada donde los pajarillos con sus cantos vivos da colorido a mis pasos. Me arrodillo. Si quiero arrodillarme y en esa meditación vagar por los deseos que imperan en mi espíritu. Espiro e inspiro y una gota de cierta alegría matizada por la nostalgia me embarca por mundos desconocidos, misterios que ejercen tal atracción que soy imagen de ellos. Ay, la mañana. Una mañana de domingo. Lloro no se por qué. Hay algo que en el gozo de ser habitante de esta isla me hace encariñarme con la entereza, con la calma tras un naufragio de mi verticalidad. Ahora con mi peso sobre los pilares renacidos de la esperanza cabalgo a ras de verdes montes donde el frescor del tiempo ido deja su olor. Olor que se mezcla con mi cuerpo en las profundidades de mis pulmones. Cabalgo y cabalgo con celeridad y siento la brisa que despierta mis sentidos. Aquí estoy. Estoy aquí. Entre la duda y el callado ronronear de mi mañana ¡Qué será¡ ¡Qué será¡ Tengo ganas de desnudarme y me desnudo ante la mirada de ojos callados del vacío. Sentir la madre tierra como diosa de las inquietudes que azotan mi alma. Y sigo. Sí, sigo. Corro hacía un arroyuelo que han dejado las lluvias y de ahí bebo. Bebo del elixir de la vida. 

viernes, noviembre 22, 2013

Divagaciones de otoño...

El astro rey con restos de otoño se ha escondido. Se ha ido tras las nubes que anuncia lluvias. Que vendrán, que nos acogerán en las sendas de callejuelas sin nombre. Calles donde cada pisada es un chasquido bello de admiración por su arquitecturas. Calles donde la nada pasa con el aroma de vientos añejos, con el ritmo de leyendas de siglos. Y admiramos y miramos cada espacio maravilloso  que ellas nos dejan. Sí, cuando el sol es sobornado por nubarrones que dicen del agua que va a tropezar con nuestras pisadas. Retornamos al ayer. A un ayer que sin ser visto ni vivido corre por nuestra sangre como origen de nuestros antepasados. Que dirán. Sus susurros vienen con historias pasadas que hacemos nuestros, con vivencias que recobramos a medida que avanzamos y palpamos cada pedazo de esos muros. Y después regresamos. Como si de algún pasadizo del tiempo se tratará al ahora, al presente. Cambiamos nuestro rumbo de ese mundo a otro actual. La efervescencia de la polución nos alumbra. Las prisas nos hacen tropezar en el insensible charco de paredes muertas. 

miércoles, noviembre 20, 2013

que se escucha...

Que se escucha. Que es lo que se escucha. Una voz en su grito y un tambor que raja el sentido del equilibrio. Nos balanceamos sobre cuerdas flojas. Nos afligimos en el rompiente eco del oleaje. Pero vamos hacia el. Hijos de los océanos cuyo magma que rebosa en sus entrañas se estremece y escupe la sepultura de nuestros llantos. Sí. Llantos. Penamos cuando no hemos escuchado el vagar de las aves en el horizonte. Solo, el resquebrajar de atmósfera ante un chaparrón y una ventolera que no cesa. Que no cesa. La tarde. Sí, es la tarde. En la mitad de la jornada nos cruzamos con el insostenible resoplido de yeguas desbocadas en busca de su libertad. En mitad de la jornada topamos con el incontenible vacío de nuestro corazón en las ansías de la esperanza ¡Dónde están¡ Marginadas bajo la sombra de un precipicio que nos induce aproximarnos con la celeridad del adiós. Adiós decimos. Y de nuevo renacemos bajo un añejo árbol que habla de la espera. 

martes, noviembre 19, 2013

Lluvia y viento....

Lluvia. Viento. Lluvia y viento que con ojos agrietados miran a una atmósfera que se purifica a medida que cuerpos con el alma aterida por el frío andan sobre puentes de espejos. Ahí se refleja los ecos de sus vidas, de sus cotidianeidades que envueltos en sombreros de hojarasca esparcen al vacío. Viento y lluvia. Lluvia y viento. Ese norte cuya eclosión de la estación otoñal nos deriva por rosas negras idas de nuestros corazones. Caminar y caminar. Lluvia y viento. Viento y lluvia. Inspirar e espirar cuando desembarcamos sobre anchas avenidas donde las olas rompientes nos dice de nuestro destino. Caminar y caminar. La oscuridad de la noche cerrada. La oscuridad que cuelga de un candelabro bajo las nieblas de la inseguridad. Pero seguimos. Lluvia y viento. Seguimos por los senderos recónditos de nuestros pensamientos. Creamos alguna ilusión, algún sueño que intenta atrapar nuestras manos. Pero todo se va. Se va. Se desintegra en concordancia a lo que nos empeñemos. Algo queda. Algún pedazo de nuestras penas hasta llegar a su logro. Lluvia y viento. Viento y lluvia. Despacito nos despedimos de esta jornada y sobre camas forjadas en hierro caemos. Caemos con la condición de que ese lecho nos de entereza para el remar y el remar del día venidero. 

domingo, noviembre 17, 2013

Es...

Es precoz el anochecer. Baile de luciérnagas en el firmamento que dibujan las sendas de nuestros secretos. La lluvia se ha ido. El frío viene. Y desde aquí, desde esta ínsula anclada en las mareas del atlántico somos ecos de tambores que anuncian la vida.  No sé, la alegría y cierto ritual de calma impregna los sentidos de los seres. Detrás de un espejo se despojan toda inclemencia que nos derrota y seguimos andando aunque la noche con sus dientes helados venga. Nos refugiaremos frente a hogueras. Ellas no darán esa tibieza que tanto nos hace falta ¡Ay la noche¡ Un suspiro que lleva las señas de cierta nostalgia arrastra el alma hasta una ventana que abrimos y que nos lleva por esos sueños donde todo es paz, donde todo es un velero que embarcados se asienta sobre un océano noble y con cierto toque de melancolía. 

miércoles, noviembre 13, 2013

Caminas...

Caminas,
Andas sobre cristales rotos
Donde tus sueños
Parecen perecer.
Que triste te veo.
Observo un huracán de agujas
Fondeando cada parte de ti
Hasta llegar a la hoguera de tu corazón.
Intentas sobreponerte,
Renacer de la nada,
Imponerte a ese vacío
Que ambula en tus entrañas.
Pero caes y caes.
Te encuentras desengañada, traicionada
Y una innumerable lista de palabras
Que más vale no decir.
Tienes que agarrarte a un madero
Que contracorriente aspira a la vida,
A ese inspirar e espirar
Cuando la tarde cae
Y la monotonía de una bóveda gris
Te dice de tus días.
Te juras a ti misma
Mientras la deriva te tira, te raja
No más. No más…
Y cierta llama alcanza
El susurro de tus palabras
Y te hace fuerte un poquito más.
Lo suficiente para caminar
Sobre cristales rotos

Como mujer invisible al dolor. 

Cantan las aves...

Cantan las aves cuando el crepúsculo luce su traje de fuego. Una vestimenta que traerá la lluvia otoñal de un mes de noviembre. Los cuerpos se elevan y se emancipan de sus cobijos. Caminan con sus ojos legañosos a través de una ciudad donde la prisa despierta la estridencia de la polución. Vamos se dicen unos a otros, vamos a ese lugar donde las horas de hastío nos lleva café tras café. Otros sin embargos absortos de ver sus manos vacías vagarán con desgana de puerta en puerta con papeles que serán cenizas. Pero hay que seguir. Sí, lanzarnos como esas cenizas a una bahía donde la esperanza se hace vertical y abandera los sueños de tiempos mejores.  Siguen las aves con su ritmo, ritmo que tomamos como la alegría del vivir aunque estos tiempos nos lleven por senderos serpeteantes en la incertidumbre. Despierta la mañana y con ella continuamos. No hay que mirar el atrás sino volar, correr donde el alegría nos de una pizca de optimismo para ir escalando estas montañas abruptas de la caída. La caída de un pueblo, de unos seres que se miran sin desesperación sino con la pena incrustada en sus óvalos. Cantan las aves ¡Que maravilla¡ Respirar del frescor del alba cuando aun quedan horas para el termino del día. Levantémonos, seamos esos diques infranqueables donde una marea fea no nos induzca al derribo, al ahogamiento de nuestros sueños, de nuestros derechos. 

sábado, noviembre 09, 2013

Divagaciones de una mañana de noviembre...

Y sin más renuncias a todo. Te vuelves invisible contra el viento norte. Dices que quieres reiniciar tu vida. Si, empezar de la nulidad a la luz.  Por ello te alejas, te ahuyentas cuando las gotas húmedas acarician tu faz. Ves cosas que no te agradan. Si lo entiendo. Un mundo que girar y gira entorno a la injusticia, a la insolaridad. Ello te mortifica. Crea en ti, no sé, cierto aroma amargo en tus sentidos. Y huyes a otros lugares. Piensas que no te va llegar tantas imágines grotescas. Pero llegan. No se que decirte. Mis palabras se bloquean y un cierto aire de pena penetra hasta mi vientre. No quiero verte ir. Pero no soportas. No soportas tanta basura en este planeta. Tal vez deberías mirar el mañana. Sí ese mañana donde los hierbajos malignos han desaparecido para que pueda crecer el equilibrio de los pueblos. Te cuesta. Ya lo se ¡Es todo tan complicado¡ Pero esto tiene que desaparecer. Si no que seríamos nosotros. Nosotros que estamos bien. Sueños de aquellos que nadan tiene ¡Que grotesco¡ Te sientes mal y por ello coges tus alas y te las cuelgas en tus hombros. Te pesan. Pero quieres volar a no se donde. Esta esfera coja por donde la cojas esta igual. Supongo que habrá una llama. Una llama que en tiempo venidero nos dirá que miremos esta atmósfera como algo pasajero. Una atmósfera que ahora asfixia a muchos, a muchos. No lo soportas y te vas. Espera. Espérame no vayas sola. Yo voy contigo. Te acompañaré en busca de la armonía de este globo.  

martes, noviembre 05, 2013

Andaba descalza...

Andaba descalza por las aceras donde la lluvia ya había muerto en la ciudad. Ahora iría a otro distrito. No pensaba en nada.  Estaba sola. Solo una ligera brisa me acompañaba entre edificios marrones, sucios de tanta polución. Quería distraerme de la rutina diaria. La noche ya remaba con sus constelaciones hacia el infinito. El otoño con su humedad y frío hacia que fuera una ciudad sin rostros. Una ciudad que se mecía en un duermevela. Farolas encendidas. Semáforos que cambian de color sin esperar a nadie. A nadie. Por un momento se miro sus manos, sus pies. Cuanto habían recorrido. Que experiencia habrían ascendido por su carne y todo seguía igual. La misma monotonía. La misma espera. La misma situación. Sus manos tapo su rostro. Sintió el frescor de su humedad. Se las miró y pensó. Sí pensó. Que maravillosas eran. Con ellas podría hacer cualquier cosa, o casi todo. Con ellas había sabido del amor, del trabajo, del quehacer cotidiano incluso había escrito. Sí escrito. Mucho había escrito. Ahora recuerda ese viejo baúl donde innumerables cartas de amor se habían guardado. Cartas de amor en forma de bolas por qué no las había enviado sino estrujado en cada pensamiento del será o no será. Nunca se había arriesgado. Para que se decía. Las cosas si han de venir vienen. Miró al cielo y un tapón gris a punto de abrirse concurría. Otra vez la lluvia. Una lluvia que intentaba que rebosará en sus manos para después beber de ella ¡Oh que grata sensación¡ La naturaleza y ella. Ella y la naturaleza en soledad ¡La lluvia¡ Viene y se va. Así como sus amantes. Ahora los recuerda y ríe. Ríe para sus adentros. A cada uno le contaba un secreto. Un secreto distinto. Un secreto que con el paso del tiempo lo componía y era toda una verdad. Una verdad para ninguno por descifrar. Ríe. Ríe en su soledad. En lo desértica que están sus manos ahora. Sus manos de las cuales no deja caer una fina capa de agua. Y bebe. Absorbe todo lo que ella le puede dar. Anda descalza. La ciudad vacía. La madrugada dejaba ya sentirse con su frialdad. Pero a ella que más le da. Estaba disfrutando de sus secretos, de su verdad. De esa ciudad sin rostros. 

domingo, noviembre 03, 2013

La abuela...

Ahora no. Decía la abuela. La noche nos envuelve en su nostalgia, en sus deseos, en sus leyes y ahora no has de barrer. Espera mañana. Dicen que si barres en la noche la suerte se va, se fuga a esos lugares cavernosos donde tu ser no existe. Encendamos unas velas, velas blancas para la purificación de nuestras almas. A quien se le ocurre barrer a estas horas. Qué será de nosotras. Has cometido una torpeza. Pero no pasa nada. Con estas velas limpiaremos la atmósfera de los males. La nieta no comprendía de esas supersticiones. Pero le hacía gracia. Era cómico ver aquella anciana encendiendo velas por toda la casa, apagando luces. Puso la escoba detrás de la puerta. Para que las malas visitas se vayan, dijo. Ella miraba como su figura encorvada, como sus manos arrugadas con cierto tic nervioso iban de un sitio a otro. Tienes que aprender querida hija. Por favor cierra las ventanas el viento viene y se llevarán las llamas provocando cierto hechizo negativo en nosotras. Tienen que estar enteras y apagarse cuando el alba suene. La nieta la miraba con cierta expresión cómica. La abuela lo sabía. Pero ella seguía. Ahí hija si tu supieras lo enrevesada que es la vida no pondrías cara de incrédula. Aun eres joven y nadie te ha hecho daño. Pero hay manos maléficas, seres indignos de esta sociedad que nada más que satisfacen en envidiar y hacer el mal a los demás. Lo que implica que están muy aburridos con su propia vida. La anciana con todo ya listo se sienta en su sillón. Pone la tele y en cuestión de minutos se queda dormida con la mirada atenta de la nieta. Un cierto murmullo insufla. Ella se asusta. Será un sueño. La despierta. Que pasa abuela, que sueñas. Ahí hija en mi marido. Soñaba que estábamos besándonos y haciendo el amor ¡Abuela¡ Si pequeña niña son cosas mías siempre sueño con lo mismo. Por qué me has despertado. Nos quisimos tanto…Pobre mío donde estará ahora. El otro día fui a la iglesia y se lo dije al párroco. Sabes lo que me contestó. Que fuera al psiquiatra, que como podía…Cómo son estos curas, a la porra. Yo sueño con mi marido y es un placer a ellos que les den. Ahora vayamos a dormir. La abuela y la nieta se levantaron del sillón y se dirigieron a la alcoba. Se acostaron. La anciana pronto se quedo dormida pero la nieta no podía. No podía con tantas velas encendidas. Por su mente pasaba un incendio…Y más se estremecía al escuchar el crujir del viento en la ventana.