martes, junio 11, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO (NARRATIVA)15

 

15

El pájaro azul. Yo. El garrote. Me adentro en la cueva, la miro con la decisión de la despedida, de un adiós hasta estaciones venideras…si vuelvo. Cojo el garrote, su tersa madera me dice que ya he de partir. El pájaro azul cuando salgo de mi escondrijo me espera, se posa en mi hombro. Nos dirigimos a Nor por los riscos casi , por no decir imposible, de practicar las pisadas sin alguna ayuda. Me lanzo en caída libre a la vez que el palo me sirve de apoyo. Prefiero así, por si quizás, por si tal vez, tengo que volver. Voy por esos lugares donde no hay senderos, estrangulados de maleza, de piedras y alturas difícil de llegar. Por un momento me paro, observo la humareda que escupe la ciudad. El viaje no es largo solo la abruptes y lo grave del terreno lo hace lejos. El pájaro azul sigue en mi hombro, escucho un tambor, una flauta, las chácaras que me acompañan en mi regreso. Un regreso donde las almas de los idos me amparan , me hacen vertical en este descenso vertiginoso de los riscos. Uhm, el olor a mar me viene y me refresca la memoria de lo que fue Nor. El ahora no lo sé, bajo y bajo hasta encontrar la carretera más cercana a ella. La nada me rodea, no se escucha ningún quejido, la fiebre de la ciudad debe de ser infernal. Todo es callar y la conversación se la han dejado a los muertos. Me retraigo y recelosa observo todo lo que me rodea, silencio. Un vació raja mi estomago y de mi ombligo derrama la vida. Nor cerca ya y yo con la ansiedad de abrazarlo, de pisar nuevamente sus calles ahora, ensangrentadas, con las campanadas del duelo eterno. Y qué haré cuando llegue, esa es mi cuestión. Un interrogante que me estremece, albergando cierto nerviosismo. Me dejo ir y este garrote donde doy un salto hacia abajo me anima…aun me quedan fuerzas. El pájaro azul sigue en mi hombro. No se aparta de mi en cada brinco. Y aquí estoy , he llegado a una carretera donde el polvo y la nada la hace hermética, fría. Pienso que estaremos en invierno. Un petrificante halo gélido se clava en mis espaldas pero el pájaro azul sigue en mi hombro. Mis palmas sangran algo y es el esfuerzo, las ganas de ver mi querida Nor. Oh, Nor, se que no serás la misma pero te abrazaré con el impulso de un amor que no olvida. Sí, no olvido sus antiguas callejuelas acariciar mis pisadas. Si, no olvido sus modernas calles visitar mis ojos. Y el baile comienza, un baile donde cadáveres posan en el asfalto , fuera y dentro de él. El pájaro azul se despide, de vuelta a la cumbre. El garrote me acompaña. Me hallo indefensa, lo inimaginable estalla en mis sentidos. Me detengo, un cierto miedo me impide avanzar. Aprieto el palo y continuo. Estar a salvo. No estar a salvo. Es una pregunta que me es indiferente en estos instantes. Estar o no estar. Jalo de mi respiración , inspiro y espiro…lento…muy lento. Cierro los ojos y dejo que la calma alcance cada vena que llena mi cuerpo. No sé que decir. No sé que dirección tomar. No sé como comportarme. Sin embargo, continuo. Las moscas y gusanos son escuadrones del hambre, escuadrones de la miseria , de la muerte. Ya estoy en Nor, en su capital. Estoy en sus entrañas, en la columna vertebral que lo sostiene. Ahora, es la nada. Es un quemante hierro al rojo vivo que azota mis cimientos. Pero tenia que estar preparada para esto. Sí, tenía que estar preparada. Unos ojos se asoman donde los escombro, porque todo es destrucción, y me mira. Deletreo la infelicidad, el pánico, el sórdido ruido de años soportando sobre sus sienes, los desastres antinaturales de los hombres, la descabellada razón humana. Me aproximo, hay en ella, en esa mirada, algo familiar. Y ese ser también viene a mí. Es una anciana con harapos negros, con un pañuelo blanco en la cabeza. Intento agarrar mi memoria esos ojos y son los mismos. Son idénticos a la anciana de la cumbre. Escucho por un instante corto de tiempo el cantar del pájaro azul, escucho por un instante corto de tiempo el cantar del amor. Me coge de una de las manos y con su dedo sigue las líneas de la palma. Pone una mano en mi frente y de callada manera me invite a que me siente.

sábado, junio 08, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO (NARRATIVA)14

 

14

Me llama los vientos alisios de estas islas. Me llama para decirme que he de prometer la continua danza con la vida. La noche, a veces, se atasca en una niebla que me hace temblar ante la insonoridad de mi yo, de alguien posando sus manos sobre mis manos. De repente toda calla. No se escuchan estallidos y el alarido de los muertos flotando con su olor en esta atmósfera. Me llama, un silbo preciso, un silbo sutil se inmiscuye en mis carnes, en mis ropas echa girones de vagar y vagar en lo incierto. Me cuelgo la esperanza y me entra ganas de gritar mientras este solemne silencio de la noche canta al fin. Y yo me prometo ser ese jardín donde las flores en invierno florecen. Un apartado paraíso que conserva la verticalidad de su aliento. Me llama…me llama los vientos para decirme que todo ha terminado, que solo queda una ciudad descolorida, en la penumbra, en la queja que se prolongará en cada crepúsculo del despertar. Y yo prometo…prometo vale la pena continuar existiendo, en esta dimensión donde los terrores parecen expandirse a otros lugares. Primero aquí, después…allá. Sí, las guerras no tienen fin, siempre habrá una excusa inentendible, ininteligibles y tonta para rematar a tu vecino. Me llama, hoy ha aparecido los alisios una fina capa de humedad se va apoderando de mí. Me siento levantar del abismo y construyo mi corazón con mi alma elevada a esta isla que tanto…tanto a sufrido. Mientras escucho unas pisadas, rompiendo este silencio, naciendo de la obscuridad. Mientras miro a ver que quien es y un pájaro azul se cruza por mis ojos…un pájaro azul que canta algo. Hace tanto tiempo que no escucho el trinar de los pájaros. Extiendo mis manos, esas manos solas, gélidas, mojadas y se posa para beber de su concavidad. Y ese pájaro azul en su gesto desinquieto me mira y yo lo miro a él. En su mirada puedo descifrar la anciana de cumbre cuyo espíritu es libertad que viene a visitarme, que viene avisarme. La comprendo. Pasa el tiempo y todo sigue callado, converso con el pájaro azul como consejero de mi mañana. Y el con sus ojos tristes me asiente a medida que le pregunto. No entiendo de esa pena si todo había acabado. De un instante a otro se va y me deja con esta niebla que también va atenuándose en el tiempo. Y yo aquí sola, sin embargo, los años me ha castigado, me ha dado una canción donde solo soy sombras negras de ese caos filtrado en la ciudad de Nor. Nor ya está enfermo. Nor ya esta viejo. Nor ya está casi muerto. Nor ya está distraído de la existencia. Y yo aquí sola, con los esqueletos flotando en este aire que respiro. Y todo ha terminado para continuar en otras tierras.  Con cautela iré a Nor. Abrá quien me aprecie , habrá quien me odio, habrá quien me mirara , habrá quien quitará sus ojos de los míos y no me importa, todo ha finalizado. Prometo ir a Nor, llevar todo el ánimo para su nuevas venturas, sus singladuras a través de los años. Prometo ser mano de su nueva vida y ojalá que la acidez, que el amargor se desvanezca bajo la tierra. De nuevo reverdecerá y su follaje de edificios despertarán después de este delirio tórrido, maligno. Sí, iré a Nor cuando el crepúsculo y el pájaro azul se puse sobre mis hombros. Bajaremos y veré la miseria, el quejido, el disparo a la sonrisa, pero todo se ira bajo las nuevas ilusiones. La niebla se ha ido, corre una brisa fresca y la luna viene con su lluvia de blanca por el sendero que he de tomar. Y la sigo. Es una luna cuyo brío perfecto me estimula, me convierte en un disparo de esperanza en la desnudez de la noche y el silencio.

martes, junio 04, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO 13(NARRATIVA)

 

13

La noche cabalga con Pegasus como antesala a lo maravilloso de estos instantes donde el roce de mis manos con otras manos es yermo. Las explosiones aún se sienten, lo malo de nuestra especie se consagra en su más macabra faceta. Una tenue brisa me inspira, me sumerge en este escondrijo donde una latente esperanza reverdece por momentos, algunos. Otros, me alojo en la negra máscara que nos seduce y pienso que esto no tendrá fin. Y ese vagabundear en la razón me lleva a qué será de mí. Si vuelvo a la capital seré sentenciada o no una más en una fosa que se alarga por las carreteras de la oscuridad. Las constelaciones bosquejan una telaraña ramificada en el infinito y ese infinito lo temo. Temo que esta guerra descomunal , impredecible no acabe. En mi prolifera acelerados cavilaciones que me hace dividirme Una dualidad de que me convence de que si…de que si hay un fin. Un fin donde todos saldremos malheridos, trastornados. Un fin donde el labio a labio sea rosas de los vientos de la concordia. Una dualidad de que me convence de que no…de que no habrá termino. Lo grotesco venciendo la debilidad de nuestros sueños en el hoy, en el mañana. Cada jornada más frágil. Ojos blancos columpiándose alrededor de nuestras desgracias, de nuestras penas. Y yo aquí, con el universo como amante, con este Monteverde de escudo a cualquier infiltración traidora. Seccionada me escurro barranco arriba y atisbo con mis ojos tristes . Sí, porque tengo ojos tristes, no hace mirarme en un espejo. Cada lágrima se ahoga cuando siento el estruendo indefinido de una explosión. Es como si me clavasen agujas ardientes que me han ido tejiendo mi desgana. Y tengo desgana. Y tengo fatiga. Y tengo aún vida. No me lo explico pero entiendo que el poder de la mente humana suma un gran desafío a la muerte, esa muerte que amuralla a Nor. Ay, Nor. Nor del alma mía. Cuando regrese besará tus ruinas y juntos reactivaremos, edificaremos en armonía los sonidos de la libertad, la fraternidad, la esperanza. Ahora, me encuentro cansada, el ruido sórdido me distancia de ti, la amenaza odiosa me lleva a ser ausencia. Y para que estar allí, ya no seria parte de esta tierra. Un escuadrón de aviones arruina el firmamento con sus gases mortales. Ay, Nor. Nor del alma mía , pienso en ti. Pienso en mis seres amados, todos en tumbas anónima. Tú, Nor, que me viste nacer. Tú, Nor, cierro los ojos mientras lo perfecto y lo bello me protege y escucho cada llanto prolongado de tu gente, de la gente que te quiero y no desea el mal. Pero el mal baila frenéticamente , desquiciado a tu rededor, en el núcleo de tu existencia donde todos carecen ya de fuerzas para detener el horror de los horrores. La música del cosmos la siento, una balada que me llega en estos instantes como bonancible vientecillo que me sostiene. Ay, la isla. Esta isla del alma mía. Su decadencia es tan profunda que no se puede saber a ciencia cierta cual será su escapatoria, esa salida del mal. Cambiamos tanto, lo que hoy es negro, mañana es blanco. Hoy te quiero y mañana te odio. Así somos, no se puede pronosticar nuestro futuro , todo cae en lo incierto, en la incertidumbre. Las palabras son una bola de plastilina que se modifican según la visión, según nuestras mutaciones. Todo cambia. Sí, todo cambia. Pero hay una ilusión, un halito donde muchos corazones se congregan en su manera de las ideas. Tendemos pañuelos blancos en las azoteas sin el temor de desaparecer y somos tangentes al respirar y respiramos. Me parece ver los ancianos en una de las plazas, charlando entre ellos, conversaciones que se dirigen al ayer. Y ese ayer de ello es nuestro hoy. Desencajado se seguirán sentando hasta que la muerte los lleve…hasta la muerte los lleve con la desilusión en un puño de sus manos haciendo tic-tac, tic-tac. La brisa de hace más fuerte, yo , observando a Pegasus. La brisa tira de mi y me tiendo sobre ella con toda la plenitud que me queda y me agarro a ella. Está humedad, mis ojos observando a Pegasus.

sábado, junio 01, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO(NARRATIVA)12

 

12

Ando en la huida. Culpable. Un tremor desata en mis piernas un vértigo. Culpable. Quiero avanzar , ser barrera que se interpone a la muerte y tropiezo. Mis rodillas son borbotones de sangre y me levanto. Culpable. Nor, porqué. El engaño y la mentira son cuchillos al viento que sacuden mi espalda. Me enderezo y busco un rincón donde yo no sea vista por los cazadores furtivos del odio, de la estupidez. Sí, el odio, los celos, la envidia, la mentira hace presa a una de un delito no cometido. Culpable. La guerra ha comenzado y todos nos prestamos a la incertidumbre , ha erigirnos aquello que nos pueda salvar. Culpable. Tocan a la puerta de mi casa, allá en Nor. Estoy con mis padres. Estamos cenando. El toque se hace repetitivo y feroz, violento. Culpable. Abro, hombres y mujeres vestidos de calles preguntan como me llamo. No entiendo. Mi madre me llama ¡Qué pasa Ann¡ ¿Quién es a estas horas? Se habrán equivocado. Cierra la puerta y ven a cenar. Culpable. Escucho las pisadas de mis padres al comprobar mi tardanza, al escuchar el vocerío de esta gente desconocida. Culpable. En ese instante estalla la radio. La guerra a comenzado. Mi padre esboza el espanto en toda su entereza y se lanza precipitadamente a esos extraños, a esas extrañas. Sacan las armas y zas…Padre mío, madre mía. No. No. No puede ser. Culpable. Mis ojos se reviran, mis manos temblorosas suplican. Tu Ann eres culpable. Busco y busco donde está el delito. Mi compresión no llega. Mi madre y padre tumbados boca abajo en el suelo. No queda mucho. La guerra ha estallado. Culpable. Escaleras abajo salgo agresiva. Lo único que sé es que tengo que huir. Mis padres. Culpables. Se oyen disparos. Me encapsulo en la nada. Se escuchan estruendos, el estallar de algo. El fuego impregna la ciudad de Nor. No miro atrás, corro y corro hacia las afuera de la ciudad. Por un instante me detengo, no hay nadie atrás y sigo en mi huida. Culpable. Me sacude por momentos cortos una especie de convulsiones, vomito. La fatiga me dice que mis madres han sido asesinadas pero una fuerza anormal me impulsa a continuar. Barranco arriba voy con el dolor de mis sentidos, barranco arriba voy con mis penas por las piedras, con mi ombligo colgando el amor perdido, con mis manos desamparadas arrancado cada obstáculo de mi huida. Culpable. Y no entiendo. Y no comprendo. Esos hombres y mujeres, vestidos de calle, con la mirada afilada en la mortandad, con los ojos extraviados por la locura obsesiva de sus convencimientos.  Culpable. Un desorden perpetra en mi estómago, en mi pecho y el dolor aqueja mi respiración. Me detengo de nuevo. Pinares abultan esta tierra. Y tanto , tanto he avanzado. Bajo un poco hasta el Monteverde, ahí, donde la maraña de la madre tierra me oculte, me salve. Culpable. Esta palabra rebota en mi mente. Muerte¡ Ay madre¡ ¡Ay padre¡ Padre y madre del alma mía. Qué ha pasado. Una ventisca de engañosa y brumosa se ha clavado en mi existencia y ustedes se han ido. Se han ido por protegerme. No. No. Culpable. Me paro y me sumerge en el firmamento, puedo observa dos estrellas fugaces y la ramificación de la vía láctea. Puedo observar a Nor encendida en negros mañanas, herida de muerte. Culpable.