miércoles, diciembre 25, 2013

Felicidades

El tiempo es primicia de la calma. Los deseos se incrustan en los sueños. Las palabras revolotean al unísono de la serenidad. Ateos, agnósticos, creyentes se reúnen bajo la sombra de una mesa. Panderos son el sonido son el sonido de las almas que acompañadas de una ilusión, de una sonrisa dejan los desfases  de este mundo a un lado por unos instantes de olvido. Sí olvidamos las miserias que recorre sangrante en esta esfera. Pero volvamos. Volvamos a la sonrisa que entre miradas chispeantes enciende ese árbol de la vida. Nos conciliamos. Nos damos las manos. Esas manos que con su calidez motiva la esperanza de un mañana mejor. Feliz navidad. Feliz reunión. Aquí estamos.

domingo, diciembre 22, 2013

Ibas...

Ibas con tu vuelo negro cuando la noche es sombra de lo desconocidos por los barrancos de estas ínsulas. Cascadas corrían con el fulgor de un alma en pena que se da cuenta que no vale la pena ser memoria de lo de atrás. Ibas desquitándote de todo. De todo. Sobretodo aquello que te aunaba a una noche sin lunas. Tu corazón te lo pedía. Tu mente te lo suplicaba. Barranco abajo con el ritmo de un sutil aire bajabas. Ibas en busca de tu ser, de tu esencia. La belleza de nuestra reconditez que a veces permanece estática en el tiempo. Allí te encontraste con ella. Sí, con ella. Con la dama del monte. A veces mariposa y otras murciélago. Te paraste en tu descenso. Algo le dijiste. Algo te dijo. Las lágrimas evocaron a vuestras almas. Una real y la otra irreal.
                               -Qué haces aquí mujer- preguntó ella
                               - No se. Saboreando tal vez de la madre tierra- contestaste tu.
                               - Sí. Sola. Con tus pensamientos intentas huir del ayer. Ese ayer austero. Ese ayer donde aun las heridas reposan en tus sentidos. Ese ayer donde las navajas rozan tu vientre. Ese ayer que te llevo a la desgracia.
                               - Puede ser. Pero también estoy aquí por este reino natural me seduce, me enamora.
                                - Sí. Sola. Con esa pena que arrastra desde décadas. Con ese llanto profundo que duerme tus pasos. Con ese error que invoca los cristales rotos que has de pisar. Te conozco. Se quien eres. Y todo lo de antaño es solo un juego que tú buscas. Olvida. Olvida ya. Ya está bien.
                               - ¿Tú crees? Me encuentro tan desdichada. Que baladas fúnebres se revuelcan en mis entrañas. No se. Quiero respirar. Inspirar y espirar de este aroma que insufla la naturaleza a ver si con ello soy capaz…Capaz de renacer.
                               - Sigue mi consejo. Sigue hasta el final del barranco. Allí encontrarás un faro. El te dará esa luz donde rompen las olas que harán cenizas tu ayer.

         Iba hacía el final del barranco. A medida que avanza una luna iba creciendo en el nido de sus ojos. Fue hasta el final. Donde el rugir del océano estremecía sus huesos. Allí halló el faro. Espero que la luz incidiera en su rostro y cuando esto ocurrió sus alas negras se transformaron en dos arcos iris, dos caminos. Tenía que elegir. Sí, elegir su destino. Tomo la opción de su mano derecha. Descendió por el. A medida que subía su memoria iba olvidando. Olvidando todo lo que era, todo lo que fue. Hasta que la nada ambulo por su razón. Hasta que sus ojos se cerraron para siempre. 

miércoles, diciembre 18, 2013

Estático...

Cuando el tiempo se hace estático y las aves se revuelcan en la arena de una playa vacía caminamos con rostros pálidos hacia un destino incierto. Mientras nos alojamos en nuestros sueños. Soñar despierta cuando la bruma de la orilla trepa por nuestras carnes hasta nuestros ojos blancos. Soñar despierta cuando el susurro de las olas emociona nuestro corazón con su latido frágil. Elevamos los brazos. Nos arrodillamos. Y somos eco efímero de un a lo mejor. A lo mejor con la venida del invierno seremos el aunar de nuestras manos, de nuestra voz y juntos danzaremos por un mundo más justo, más solidario. Donde la paz sea ese manantial del cual absorberemos cada instante en que cada suceso abominable interfiera en esta esfera. 

martes, diciembre 17, 2013

Astros...

Astros. La sonoridad del universo nos envuelve en cada avance por las vertientes oscuras de su naturaleza. Alzamos la voz. Con un canto que estremece nuestros vientres hasta sentir el cosquilleo de las lágrimas por nuestro rostro. Somos parte de él. De ese cosmos cuyo haz en la noche sin luna emociona los corazones. Levantamos una mano y con nuestra mano abierta recogemos de su jugo, de su solemnidad, de su perfección. Nos integramos en su atmósfera y somos seres que danzamos al son de algún cometa de paso. Cerramos por instante los ojos y respiramos. Inspiramos ese aroma que se expande a través de nuestro cuerpo hasta ser hijos de este minúsculo planeta. El sosiego llega. La calma retorna en nuestros movimientos. Aquí estamos. Aquí estaremos. Paulatinamente la oscuridad es retirada por una cortina de luz. Llega el alba. Y con el los rayos solares nos dirán que camino tomar. Nos emancipamos de las prisas. Nos colgamos del equilibrio y un cierto balanceo nos hace ver lo que nos espera. 

sábado, diciembre 14, 2013

Y quieres...

Y quieres ser luna creciente
Donde los ecos de la insonoridad
Aprieten con fuerza tus deseos.
Y quieres ser viento,
Un viento que no se doblega
Ante la incertidumbre
De ser espíritu de mareas desconocidas.
Y quieres ser lluvia,
Lluvia que corre y se expande
A través de los ensueños del ser humano.
Y quieres ser ave,
Que vuela y vuela
Por cada rincón de mirada incierta
Por las vertientes de melancolía.
Y quieres ser tú,
Tú misma correteando por largos pasillos

Donde la oscuridad no existe. 

miércoles, diciembre 11, 2013

Se alza...

Se alza unas notas
Bajo la tormenta.
Cuerpos presentes
Antojados en ser papel de lluvia,
En ser hijos del viento
Y otra vez nombramos
Esas esferas brillantes del universo

Donde la sensibilidad se agazapa. 

martes, diciembre 10, 2013

Y sigues...

Y sigues. Sigues en la ruta de las rosas negras que oscurecen el firmamento a la espera del resurgir de tu alma. Sigues caminando en sentido inverso quebrantando las leyes que rige la gravedad para el significado de tus sueños. Por si no lo sabes la noche ya es presencia. Una presencia que se engendra prematuramente a la vez que los astros huyen a otros planetas donde el sol les de brío. Y sigues. Sigues como ave zancuda que se asoma a las vertientes desconocidas y subterráneas donde freáticas esperanzas conmueven tu pulso. Ahora te escondes bajo manantiales de plumas, bajo efímeros palmerales cuya sombra proyectada son el eco de tu aliento. Y sigues. Sigues con el querer que te amen desde la cima de una cumbre donde hoy, ahora la tormenta se despliega en la danza de tu soledad. 

sábado, diciembre 07, 2013

El muerto...

Se sentía el silencio de las miradas. Una bruma temible abrasaba todo ser que se tropezara con ella. El silbido de las ramas ante algunas ráfagas del viento invadían todo el ambiente.  De repente se encendieron las antorchas. El muerto en su cama era mármol blanco que hacía señas al mundo venidero. Solo una vela en la mesilla. De uno en uno iban pasando los familiares, los conocidos, los noveleros. Querían ver a ese ser que en otro tiempo fue tempestuoso oleaje de la maldad ahora carcomido por lo estático y blanco de sus movimientos. Aun así le temían. Cualquiera sabe que tipo de demonio podría insuflar ese cuerpo inerte. Todos le daban la espalda, no querían mirarlo. Para qué ya si era mortaja. Era la noche. Una noche sombría y amarga. Sin embargo algunos en su interior y en el cruce de sus ojos se preguntaban que sería de su vida sin él. El él que ordenaba, mandaba y azotaba con su lengua venenosa a todos y todas. No tenía hijos. Despreciaba a las mujeres. Despreciaba a los hombres. No se sabe muy bien por qué pero los observaba con cierta ferocidad y agresividad que cualquiera que tropezara con el gris de nube de sus ojos caía en la desgracia. Ahora todo se había acabado. Había como costumbre coger ese cuerpo y bajo la luz de las antorchas enterrarlo. Nadie se atrevía. Todavía el temor ambulaba en ellos. Todos pensaron lo mismo. Dejar el cuerpo. Dejar la casa. Dejar las antorchas y que ellas hagan lo que tienen que hacer. Se fueron como huyendo por la cobardía. La casa ardió. Cada llamarada dibujaba figuras deformes que gritaban, que gemían. Pensaron que alguna maldición les caería encima por no llevarlo al camposanto. Pero ya les daba igual. Tanto y tanto sufrimiento ante un ser. Corrieron bajo las espantosas llamas. Llamas que los llamaban. Que los nombraba uno a uno. Se congregaron en la iglesia y rezaron y suplicaron. Pero era imposible y pueblo se envolvió en llamas. Todo destruido. Todo cenizas. Tendrían que comenzar de nuevo. Sí, de nuevo ahora sin la grotesca mirada de él. 

viernes, diciembre 06, 2013

Y vienen las nubes...

Y vienen las nubes.
Y vienen las lluvias.
Y el sol se va.
Y los pájaros callan.
Nos revolvemos entre yeguas
Cuya mirada insta un espacio en el vacío.
Nos agarramos a ellas
Con la fuerza de una mano
Que desea ser travesía de los montes,
De los vientos que se enhebran
Sobre nuestra desnudez.
Y vienen las nubes.
Y vienen las lluvias.
Y el sol se va.
Engendramos paulatinamente un grito,
Un grito a la vida.
Y pastamos sobre arco iris
Que recorren a la sonrisa,

La luz de nuestras entrañas. 

martes, diciembre 03, 2013

Estabas por aquí...

Estabas por aquí. No sé por qué. Cuando ahora eres trepar por donde las yeguas mencionan el arco iris. Merodeabas a mi alredor sin saber la intención. Ya nos habíamos alejados, consumidas en la nostalgias del tiempo cuando de un viejo almanaque no cesa de caer hojarasca. Querías, dices, intentarlo otra vez. No recuerdas del hastío a que llegamos. De esas aguas de penas que en la monotonía de la niebla nos hacia beber de ella. Ahora estás aquí. Que voy hacer yo. No se. Acogerte en esta oportunidad que nos da la esperanza después que la luna creciente se haya desvanecido. Y soñar de nuevo, digo. Sí, acogernos a esos besos y caricias que unas ves nos entusiasmaron. Te quiero. Me quieres. Y así somos. No hay más que decir. Somos ecos magmáticos de las grutas que en intimidad nos hace recorrer sus misterios. Tu misterio. Mi misterio. Aquí estamos otra vez. Has venido y aunque no te lo había dicho te esperaba. Somos al unísono ese techo bajo el cual se agazapa nuestros sueños, nuestras ilusiones. Y llorar cuando la emoción se embarca en nuestras miradas. Que gritan, que suspiran cuando somos otra vez una sola. Como el viento, como las mareas que retornan el amor. 

domingo, diciembre 01, 2013

Pasos lentos...

Pasos lentos. Desfalleces con la sonata de los soles que pueblan este universo. Vas en busca del calor de los pinzones que van a tus manos a posar. Bebes de ellos. De esa alegría que estimula tus singladuras sin norte. Me dices que estás aburrida. Siempre lo mismo. Cuelgas un almanaques y lo deshojas rememorando cada mes que se articulado por la monotonía. Son muchos, ya lo se. Y siempre lo mismo. Quieres volar. No sabes donde. Escurrirte como el agua que se desliza cuando una ducha temprana despierta tus sentidos. Te aproximas acantilados. Como rompen las olas. Te estremeces. Avanzas. Ves el infinito del océano. Sientes dolor. Una pena que muerde tu vientre, tus senos. Pero sigues. Captas cada ola de la naturaleza y te dejas ir. Si, te dejas ir por la balada de un viento que azota a tus espaldas. Te empuja. Tiemblas. Y otra vez te miras al espejo. Tu cuerpo arrugado. Tu cuerpo martirizado. Tu cuerpo inexistente. Adiós dices. Un adiós que se transforma en alas de mariposa que te darán la aventura de navegar por otros paisajes, por otros mundos donde los soles te den vida.  

sábado, noviembre 30, 2013

Cerraba los ojos...

Cerraba los ojos como conspiración hacia los astros evaporados del nocturno. No sabía que riendas tomaría su destino después de tanta vida encadenada al silencio. Estaba harta de ese riachuelo que circulaba por sus venas, por sus manos. Decidió entonces embarcarse bajo canoas que saboreaban el océano. Canoas que la llevarían hasta un lugar donde las tempestades y la intemperie la descubrirían como mujer que ambula entre la dureza y la fragilidad. Luchaba. Sí, luchaba contra los desvanecimientos de los del tiempo bonancible. Así, como su corazón dictaba. Tic tac. Tic Tac…Sus plegarias se consumieron en de callada forma. Ya no rogaba. No pedía. Solo se dejaba ir por la atmósfera que la acariciaba fuera cruel o no. Todo era perfecto. Las tinieblas de la vida, la luz de la sonrisa. Y de esta manera lo logró. Consiguió hablar con el aire, con la lluvia de sus inquietudes. Ellas le contestaron en voz de gaviota que gira y gira en torno a una playa vacía. Se estremeció. Y se dejo ir por los besos del alba, de ese océano que emitía un cierto gemido de felicidad. 

domingo, noviembre 24, 2013

La mañana...

Que suceso tan grato. Los rayos del sol inciden sobre mi ventana después de la tenebrosa neblina. Parece como si mis sueños los hubieran estando llamando día tras día. La lluvia ida. Una lluvia que sentencia la pureza del aroma del aire. Todo es ahora límpido, se respira cierta fragancia que hace que los barquillos se lancen por las mareas de la calma, de la soledad. Mi corazón late. Latidos que se entregan a la suavidad de esta jornada donde los pajarillos con sus cantos vivos da colorido a mis pasos. Me arrodillo. Si quiero arrodillarme y en esa meditación vagar por los deseos que imperan en mi espíritu. Espiro e inspiro y una gota de cierta alegría matizada por la nostalgia me embarca por mundos desconocidos, misterios que ejercen tal atracción que soy imagen de ellos. Ay, la mañana. Una mañana de domingo. Lloro no se por qué. Hay algo que en el gozo de ser habitante de esta isla me hace encariñarme con la entereza, con la calma tras un naufragio de mi verticalidad. Ahora con mi peso sobre los pilares renacidos de la esperanza cabalgo a ras de verdes montes donde el frescor del tiempo ido deja su olor. Olor que se mezcla con mi cuerpo en las profundidades de mis pulmones. Cabalgo y cabalgo con celeridad y siento la brisa que despierta mis sentidos. Aquí estoy. Estoy aquí. Entre la duda y el callado ronronear de mi mañana ¡Qué será¡ ¡Qué será¡ Tengo ganas de desnudarme y me desnudo ante la mirada de ojos callados del vacío. Sentir la madre tierra como diosa de las inquietudes que azotan mi alma. Y sigo. Sí, sigo. Corro hacía un arroyuelo que han dejado las lluvias y de ahí bebo. Bebo del elixir de la vida. 

viernes, noviembre 22, 2013

Divagaciones de otoño...

El astro rey con restos de otoño se ha escondido. Se ha ido tras las nubes que anuncia lluvias. Que vendrán, que nos acogerán en las sendas de callejuelas sin nombre. Calles donde cada pisada es un chasquido bello de admiración por su arquitecturas. Calles donde la nada pasa con el aroma de vientos añejos, con el ritmo de leyendas de siglos. Y admiramos y miramos cada espacio maravilloso  que ellas nos dejan. Sí, cuando el sol es sobornado por nubarrones que dicen del agua que va a tropezar con nuestras pisadas. Retornamos al ayer. A un ayer que sin ser visto ni vivido corre por nuestra sangre como origen de nuestros antepasados. Que dirán. Sus susurros vienen con historias pasadas que hacemos nuestros, con vivencias que recobramos a medida que avanzamos y palpamos cada pedazo de esos muros. Y después regresamos. Como si de algún pasadizo del tiempo se tratará al ahora, al presente. Cambiamos nuestro rumbo de ese mundo a otro actual. La efervescencia de la polución nos alumbra. Las prisas nos hacen tropezar en el insensible charco de paredes muertas. 

miércoles, noviembre 20, 2013

que se escucha...

Que se escucha. Que es lo que se escucha. Una voz en su grito y un tambor que raja el sentido del equilibrio. Nos balanceamos sobre cuerdas flojas. Nos afligimos en el rompiente eco del oleaje. Pero vamos hacia el. Hijos de los océanos cuyo magma que rebosa en sus entrañas se estremece y escupe la sepultura de nuestros llantos. Sí. Llantos. Penamos cuando no hemos escuchado el vagar de las aves en el horizonte. Solo, el resquebrajar de atmósfera ante un chaparrón y una ventolera que no cesa. Que no cesa. La tarde. Sí, es la tarde. En la mitad de la jornada nos cruzamos con el insostenible resoplido de yeguas desbocadas en busca de su libertad. En mitad de la jornada topamos con el incontenible vacío de nuestro corazón en las ansías de la esperanza ¡Dónde están¡ Marginadas bajo la sombra de un precipicio que nos induce aproximarnos con la celeridad del adiós. Adiós decimos. Y de nuevo renacemos bajo un añejo árbol que habla de la espera. 

martes, noviembre 19, 2013

Lluvia y viento....

Lluvia. Viento. Lluvia y viento que con ojos agrietados miran a una atmósfera que se purifica a medida que cuerpos con el alma aterida por el frío andan sobre puentes de espejos. Ahí se refleja los ecos de sus vidas, de sus cotidianeidades que envueltos en sombreros de hojarasca esparcen al vacío. Viento y lluvia. Lluvia y viento. Ese norte cuya eclosión de la estación otoñal nos deriva por rosas negras idas de nuestros corazones. Caminar y caminar. Lluvia y viento. Viento y lluvia. Inspirar e espirar cuando desembarcamos sobre anchas avenidas donde las olas rompientes nos dice de nuestro destino. Caminar y caminar. La oscuridad de la noche cerrada. La oscuridad que cuelga de un candelabro bajo las nieblas de la inseguridad. Pero seguimos. Lluvia y viento. Seguimos por los senderos recónditos de nuestros pensamientos. Creamos alguna ilusión, algún sueño que intenta atrapar nuestras manos. Pero todo se va. Se va. Se desintegra en concordancia a lo que nos empeñemos. Algo queda. Algún pedazo de nuestras penas hasta llegar a su logro. Lluvia y viento. Viento y lluvia. Despacito nos despedimos de esta jornada y sobre camas forjadas en hierro caemos. Caemos con la condición de que ese lecho nos de entereza para el remar y el remar del día venidero. 

domingo, noviembre 17, 2013

Es...

Es precoz el anochecer. Baile de luciérnagas en el firmamento que dibujan las sendas de nuestros secretos. La lluvia se ha ido. El frío viene. Y desde aquí, desde esta ínsula anclada en las mareas del atlántico somos ecos de tambores que anuncian la vida.  No sé, la alegría y cierto ritual de calma impregna los sentidos de los seres. Detrás de un espejo se despojan toda inclemencia que nos derrota y seguimos andando aunque la noche con sus dientes helados venga. Nos refugiaremos frente a hogueras. Ellas no darán esa tibieza que tanto nos hace falta ¡Ay la noche¡ Un suspiro que lleva las señas de cierta nostalgia arrastra el alma hasta una ventana que abrimos y que nos lleva por esos sueños donde todo es paz, donde todo es un velero que embarcados se asienta sobre un océano noble y con cierto toque de melancolía. 

miércoles, noviembre 13, 2013

Caminas...

Caminas,
Andas sobre cristales rotos
Donde tus sueños
Parecen perecer.
Que triste te veo.
Observo un huracán de agujas
Fondeando cada parte de ti
Hasta llegar a la hoguera de tu corazón.
Intentas sobreponerte,
Renacer de la nada,
Imponerte a ese vacío
Que ambula en tus entrañas.
Pero caes y caes.
Te encuentras desengañada, traicionada
Y una innumerable lista de palabras
Que más vale no decir.
Tienes que agarrarte a un madero
Que contracorriente aspira a la vida,
A ese inspirar e espirar
Cuando la tarde cae
Y la monotonía de una bóveda gris
Te dice de tus días.
Te juras a ti misma
Mientras la deriva te tira, te raja
No más. No más…
Y cierta llama alcanza
El susurro de tus palabras
Y te hace fuerte un poquito más.
Lo suficiente para caminar
Sobre cristales rotos

Como mujer invisible al dolor. 

Cantan las aves...

Cantan las aves cuando el crepúsculo luce su traje de fuego. Una vestimenta que traerá la lluvia otoñal de un mes de noviembre. Los cuerpos se elevan y se emancipan de sus cobijos. Caminan con sus ojos legañosos a través de una ciudad donde la prisa despierta la estridencia de la polución. Vamos se dicen unos a otros, vamos a ese lugar donde las horas de hastío nos lleva café tras café. Otros sin embargos absortos de ver sus manos vacías vagarán con desgana de puerta en puerta con papeles que serán cenizas. Pero hay que seguir. Sí, lanzarnos como esas cenizas a una bahía donde la esperanza se hace vertical y abandera los sueños de tiempos mejores.  Siguen las aves con su ritmo, ritmo que tomamos como la alegría del vivir aunque estos tiempos nos lleven por senderos serpeteantes en la incertidumbre. Despierta la mañana y con ella continuamos. No hay que mirar el atrás sino volar, correr donde el alegría nos de una pizca de optimismo para ir escalando estas montañas abruptas de la caída. La caída de un pueblo, de unos seres que se miran sin desesperación sino con la pena incrustada en sus óvalos. Cantan las aves ¡Que maravilla¡ Respirar del frescor del alba cuando aun quedan horas para el termino del día. Levantémonos, seamos esos diques infranqueables donde una marea fea no nos induzca al derribo, al ahogamiento de nuestros sueños, de nuestros derechos. 

sábado, noviembre 09, 2013

Divagaciones de una mañana de noviembre...

Y sin más renuncias a todo. Te vuelves invisible contra el viento norte. Dices que quieres reiniciar tu vida. Si, empezar de la nulidad a la luz.  Por ello te alejas, te ahuyentas cuando las gotas húmedas acarician tu faz. Ves cosas que no te agradan. Si lo entiendo. Un mundo que girar y gira entorno a la injusticia, a la insolaridad. Ello te mortifica. Crea en ti, no sé, cierto aroma amargo en tus sentidos. Y huyes a otros lugares. Piensas que no te va llegar tantas imágines grotescas. Pero llegan. No se que decirte. Mis palabras se bloquean y un cierto aire de pena penetra hasta mi vientre. No quiero verte ir. Pero no soportas. No soportas tanta basura en este planeta. Tal vez deberías mirar el mañana. Sí ese mañana donde los hierbajos malignos han desaparecido para que pueda crecer el equilibrio de los pueblos. Te cuesta. Ya lo se ¡Es todo tan complicado¡ Pero esto tiene que desaparecer. Si no que seríamos nosotros. Nosotros que estamos bien. Sueños de aquellos que nadan tiene ¡Que grotesco¡ Te sientes mal y por ello coges tus alas y te las cuelgas en tus hombros. Te pesan. Pero quieres volar a no se donde. Esta esfera coja por donde la cojas esta igual. Supongo que habrá una llama. Una llama que en tiempo venidero nos dirá que miremos esta atmósfera como algo pasajero. Una atmósfera que ahora asfixia a muchos, a muchos. No lo soportas y te vas. Espera. Espérame no vayas sola. Yo voy contigo. Te acompañaré en busca de la armonía de este globo.  

martes, noviembre 05, 2013

Andaba descalza...

Andaba descalza por las aceras donde la lluvia ya había muerto en la ciudad. Ahora iría a otro distrito. No pensaba en nada.  Estaba sola. Solo una ligera brisa me acompañaba entre edificios marrones, sucios de tanta polución. Quería distraerme de la rutina diaria. La noche ya remaba con sus constelaciones hacia el infinito. El otoño con su humedad y frío hacia que fuera una ciudad sin rostros. Una ciudad que se mecía en un duermevela. Farolas encendidas. Semáforos que cambian de color sin esperar a nadie. A nadie. Por un momento se miro sus manos, sus pies. Cuanto habían recorrido. Que experiencia habrían ascendido por su carne y todo seguía igual. La misma monotonía. La misma espera. La misma situación. Sus manos tapo su rostro. Sintió el frescor de su humedad. Se las miró y pensó. Sí pensó. Que maravillosas eran. Con ellas podría hacer cualquier cosa, o casi todo. Con ellas había sabido del amor, del trabajo, del quehacer cotidiano incluso había escrito. Sí escrito. Mucho había escrito. Ahora recuerda ese viejo baúl donde innumerables cartas de amor se habían guardado. Cartas de amor en forma de bolas por qué no las había enviado sino estrujado en cada pensamiento del será o no será. Nunca se había arriesgado. Para que se decía. Las cosas si han de venir vienen. Miró al cielo y un tapón gris a punto de abrirse concurría. Otra vez la lluvia. Una lluvia que intentaba que rebosará en sus manos para después beber de ella ¡Oh que grata sensación¡ La naturaleza y ella. Ella y la naturaleza en soledad ¡La lluvia¡ Viene y se va. Así como sus amantes. Ahora los recuerda y ríe. Ríe para sus adentros. A cada uno le contaba un secreto. Un secreto distinto. Un secreto que con el paso del tiempo lo componía y era toda una verdad. Una verdad para ninguno por descifrar. Ríe. Ríe en su soledad. En lo desértica que están sus manos ahora. Sus manos de las cuales no deja caer una fina capa de agua. Y bebe. Absorbe todo lo que ella le puede dar. Anda descalza. La ciudad vacía. La madrugada dejaba ya sentirse con su frialdad. Pero a ella que más le da. Estaba disfrutando de sus secretos, de su verdad. De esa ciudad sin rostros. 

domingo, noviembre 03, 2013

La abuela...

Ahora no. Decía la abuela. La noche nos envuelve en su nostalgia, en sus deseos, en sus leyes y ahora no has de barrer. Espera mañana. Dicen que si barres en la noche la suerte se va, se fuga a esos lugares cavernosos donde tu ser no existe. Encendamos unas velas, velas blancas para la purificación de nuestras almas. A quien se le ocurre barrer a estas horas. Qué será de nosotras. Has cometido una torpeza. Pero no pasa nada. Con estas velas limpiaremos la atmósfera de los males. La nieta no comprendía de esas supersticiones. Pero le hacía gracia. Era cómico ver aquella anciana encendiendo velas por toda la casa, apagando luces. Puso la escoba detrás de la puerta. Para que las malas visitas se vayan, dijo. Ella miraba como su figura encorvada, como sus manos arrugadas con cierto tic nervioso iban de un sitio a otro. Tienes que aprender querida hija. Por favor cierra las ventanas el viento viene y se llevarán las llamas provocando cierto hechizo negativo en nosotras. Tienen que estar enteras y apagarse cuando el alba suene. La nieta la miraba con cierta expresión cómica. La abuela lo sabía. Pero ella seguía. Ahí hija si tu supieras lo enrevesada que es la vida no pondrías cara de incrédula. Aun eres joven y nadie te ha hecho daño. Pero hay manos maléficas, seres indignos de esta sociedad que nada más que satisfacen en envidiar y hacer el mal a los demás. Lo que implica que están muy aburridos con su propia vida. La anciana con todo ya listo se sienta en su sillón. Pone la tele y en cuestión de minutos se queda dormida con la mirada atenta de la nieta. Un cierto murmullo insufla. Ella se asusta. Será un sueño. La despierta. Que pasa abuela, que sueñas. Ahí hija en mi marido. Soñaba que estábamos besándonos y haciendo el amor ¡Abuela¡ Si pequeña niña son cosas mías siempre sueño con lo mismo. Por qué me has despertado. Nos quisimos tanto…Pobre mío donde estará ahora. El otro día fui a la iglesia y se lo dije al párroco. Sabes lo que me contestó. Que fuera al psiquiatra, que como podía…Cómo son estos curas, a la porra. Yo sueño con mi marido y es un placer a ellos que les den. Ahora vayamos a dormir. La abuela y la nieta se levantaron del sillón y se dirigieron a la alcoba. Se acostaron. La anciana pronto se quedo dormida pero la nieta no podía. No podía con tantas velas encendidas. Por su mente pasaba un incendio…Y más se estremecía al escuchar el crujir del viento en la ventana. 

jueves, octubre 31, 2013

Vienes y vas...

Vienes y  vas. Así como las ráfagas de viento que nos abandona en un mundo extraño. Un mundo donde las aves de los vergeles anidan en nuestras manos como eco sonoro de la paz. Ahora callas, no se lo que pasa por tu cabeza. Tal vez el anuncio de una nueva noche donde la lluvia trotara a ras de tu cuerpo desnudo. El viento se va. Y tu con el arriesgas palabras cuya senda alumbra la armonía.  Palabras cortas. Palabras que al fin al cabo se perecerán en las esferas de nuestra alma. Pero las dices. Las dices con el sentido de un grito que sueña en el hallazgo de una felicidad. Qué sueños son esos. Sueños donde la sed será arrebatada de aquellos de tierras indefinibles. Sueños donde el hambre será decapitada para ser semilla de una sonrisa. Sueños donde las minas serán juego de golosinas para los seres que pisan, que pisan con ansias de vivir. Sueños donde los náufragos se evaporaran ante la implacable marea, solo un terso océano de olas calladas. Sueños que no serán de traficantes ante nuestra debilidad, nuestra desesperanza. Sueños donde las guerras no animarán más campos refugiados donde el derrumbe del ser es inevitable, es desesperante. Sueños donde vienes y  vas. La lluvia se ha ido y el viento hace de las suyas otra vez. Soñar, soñar, soñar y soñar. Círculo vicioso en el que te mueves, en el que el llanto de rabia e impotencia te azota. Tu quejido. Tu quejido rasga tus manos y observas que las aves de los vergeles se han ido. No. Se han ido para no volver…

martes, octubre 29, 2013

Una larga noche...

La noche sería larga. La llanura cual tenía que recorrer era densa en hierbas y algún que otro árbol  desorientado.  La jornada anterior había tenido un sueño. Un sueño difícil de descifrar para ella. No lo entendía, iba más allá de su comprensión. Por ello se decidió. Y campo a través cuando la luna es la que marca el camino se dirigió casa de una curandera. Una mujer anciana bien conocida en la vecindad. Cuya alma revoleteaba entre espíritus y hierbas. Se sentía cohibida. Era la primera vez. Llegó. Una vieja casa de una nave con la hiedra rebosando sus paredes. La puerta estaba abierta y una leve luz salía desde adentro. La atrajo. Entró. Todo era silencio. Alguien de una esquina o detrás de ella le habla. Le dijo que se sentase que ya sabía a que venía.  Ella se sentó. Como un murmullo empezó a escuchar. Una canción que muy bien pudo descifrar. Una sombra se le aproximo y con una especie de danza y unas hierbas iba rozando todo su cuerpo. Que salga de ti ese sueño que tanto te preocupa. En ese instante del vientre de ella, de su ombligo, comenzó a brotar una llama donde diminutas yeguas veloces recorrían la casa. Ya está mujer, le habló la anciana. Solo ha sido un mal de ojo. Un mal de ojo que te hubiera llevado a tomar errores. Cuando llegues a tu casa date un baño de romero y rosas para que todo mal se vaya. Y se fue. La luna tomaba su tono más esplendoroso. Ella la miraba para su retorno. Andaba descalza quería sentir la humedad de la hierba. En el pueblo todo era oscuridad. Solo algunas farolas encendidas. Solo el rasguear de algún grillo. Miró la luna por ultima vez antes de meterse bajo su techo y le dijo buenas noches. Hizo lo que la curandera le había dicho. Lleno la bañera y se sumergió. Se quedó dormida. Un sueño de una nube blanca beso sus labios y despertó. 

lunes, octubre 28, 2013

Divagaciones de una noche de octubre

No se a donde vas. Un cierto quejido de las aves se desgarra en tu vientre, en tus brazos, en tus piernas. Y quieres ser libre. Libre con la esperanza brotando a ras de tu mirada. Cierto aire de melancolía brota en tus ojos, en tus huesos. Y tu alma se arrebata y desciende por precipicios de nubes en busca de no se que. La noche aflora con un viento débil. Da en tu rostro, en tu cuerpo y te sientes caer en lo liviano del deseo. La ceguedad del amor te busca. Ya te has olvidado. Has censurado cada beso en tus labios, en tu cuello. Te sientes bien. Una cierta ráfaga de serenidad acentuada te deja respirar. Y respiras. Sí, una cierta fragancia que esboza las alegrías de ser cumbre del equilibrio, de las emociones emancipadas al llanto ¿Qué haces? Andas y andas bajo las constelaciones del otoño, una cierta calma te apresa. Una calma que te hace eco del cosmos. Sí, una noche estrellada. La calma de los pinares. Tú y el universo. Extiendes tus brazos y abrazas a la vida ¡Qué bella es¡ Te entra ganas de correr hacia el roque más alto y escalarlo. Sentir el frío de su corpulencia en tu piel. Y lo haces. Subes a lo más alto, a lo más alto. Y ahí danzas y te lanzas en un canto que atrae el aroma de las lavandas, que imanta alas a tu ser. Inspiras y espirar. Una y otra vez. Y con tus ojos cerrados consumes el aroma de la madre naturaleza. Qué bien te sientes. La felicidad te llena y eres libre. Sí, ahora eres libre. 

jueves, octubre 24, 2013

El olvido(teatro)



Personajes:
Mujer
Amiga
El




Voz lejana:
Las ventanas se cierran y tras su eco se escucha el aguerrido lamento de un alma en pena ¡Qué sucede¡ Es la primera escena después de una noche de tormentos en una esquina del salón. Ahí una mujer danza al son de sus heridas de años. Corrompida, obsoleta, sollozante. Su rostro luce un morado intenso y sus ojos impregnados de sangre luce un llanto, una pena que la retuerce, que la desmigaja.

Mujer :
Dónde están los Dioses de este mundo ¿Dónde andan? No veis mi ser muerto en alianza con precipicios hasta llevarme andar por las tinieblas, por rejas cuya misión es el absurdo de mi vida ¡Oh Dios¡ La vida se escabulle por esa madeja de ortigas. Allí cierta mano plomiza, cierto puño de estacas sopla contra mi faz amortajando mis sentidos, dislocando mi verticalidad y esta fe propuesta por este mundo ¡Oh Díos¡ Acaba con todo esto . No soporto mi propio alarido. No soporto más esa cuchilla atacando mis palabras. Está perturbado. Borrachera tras borrachera. Y yo muro que ha de rasgar, que ha de derrumbar.

Voz lejana:
Tras su grito para sus profundidades el teléfono suena. Su tono es lejano, casi ausente. Ella lo escucha y con el temor aderezándola anda apresurada a cogerlo. Sabe que es su amiga. La única que sabe de su vida.

Mujer:
Diga.

Amiga:
Soy yo.

Mujer:
Ya lo se que eras tu. Única voz agradable que escucho en este infierno.

Amiga:
Siente palidecer tus días. Estoy mortificada, intranquila. Salpicada de punzones tu bello rostro. Tu voz es de cansancio. Que difícil es salir pero lo tienes que hacer. Dime, ¿Cómo estas?

Mujer :
 Bien

Amiga:
Ese bien. La nada es su significado. No me engañes. Tu voz es solo aridez y tu melodía(por qué la siento) vendaval caótico donde una airada bestia negra destruye tus días ¿Qué te ha hecho ahora ese desgraciado?

Mujer :
 Nada. Y no insistas. Deja que mi desolación duerma conmigo. No vale la pena hablar.

Amiga:
¡Otra vez¡ Te tortura ¡Condenado hijo de ….¡ Otra vez te ha pegado con sus puños de hiel, de muerte.
Mujer :
Sabes todo lo que pasa. Pero me siento tan débil.

Amiga:
¿Te ha hecho mucho daño?

Mujer 1:
No. Pero presiento que la tumba está cercana. Ay un cierto dolor en mis entrañas. Mi ser es cenizas. Mi cuerpo tiembla y no lo puedo detener.

Amiga:
¿Qué te ha hecho esta vez? Suenas a golpe. Suenas a gemido. Suenas a glaciar. Suenas a lamento. Suenas a muerte ¿Qué te ha hecho? Hoy siento tu amargura más pronunciada. Hoy no existe el sol para ti solo arenas movedizas que te tragan, que te tragan.

Mujer 1:
Sí, ¡ han sonado golpes¡ Sí¡ han sonado gemidos¡ Sí ¡ha sonado el frío¡ Sí ¡ha sonado el lamento¡ Si ¡Suena la muerte¡ Una bala se esconde entre mis sábanas. Una bala que me perfora, que me perfora día a día ¡Tanto¡ que mi ser ya no es. No existo. No sientes lo harta que estoy. No sientes el rumor eclipsado de mis olas. No sientes la censura de mi oxígeno.

Amiga:
Sí, lo siento amiga mía. Siente ese valle de lágrimas bajo techo. Deberías de huir. Alejarte de ese ser maligno. Yo te ayudaré.

Mujer:
No, no puedo. Ya es imposible.

Amiga:
Huye amiga. Sí. Si puedes. Yo lanzaré esa soga que te auxilie. Ven a mi casa. Huye.

Voz del fondo:
La mujer y la amiga se pronuncian en silencio. La puerta se abre y un terrorífico portazo se escucha. El pánico corre por la mujer. El se acerca. Ella cuelga.

El:
Mujer, ¿Dónde andas?

Mujer:
Aquí , en el salón.

El:
Por qué no has ido a esperarme tras la puerta. Sabes que llego a esta hora. Eres asquerosa ¿Qué hacías? La verdad no te mereces nada.

Mujer:
Has llegado antes de tiempo. Mira el reloj. Tal vez se halla parado.

El:
Que más da. Aun así deberías esperar mi vuelta. No me quieres, lo presiento. Te encuentro lejana.

Mujer:
No. No es así amor mío. Te adoro.

El:
¿Me adoras? Este halago…Falso. Todo lo que decís las mujeres es falso.

Mujer:
No querido.

El:
Calla, no quiero escuchar tu voz.  Ahora quiero comer, estoy cansado.

Voz del fondo:
 Un plato cae al vacío. El estruendo hace estremecer a la mujer. El con sus ojos inyectados en sangre la mira, la observa con asco. Ella llora, su llanto es mudez de esas paredes, bajo ese techo.

Ella:
¿Qué pasa?

El :
Está fría. Como puedes servirme la comida…En que piensas. Que haces. Has perdido todas tus facultades. Ni cocinar sabes. Salé para otro lado. No te quiero ver. Me voy a acostar para después salir.

Voz del fondo:
Y recoge lo destrozado. Y recoge cada cacho de su alma desmigajada. Se intenta recomponer pero es imposible. Por un momento sueña despierta ¿Cómo sería la libertad? No se lo imagina. No puede aunque con toda su fuerza mental cavila. Todo es inútil, todo es absurdo. Permanecerá en ese agujero el resto de su vida.

Ella:
Que silencio hay en la casa. Siento hielo en mis huesos. Espumas de sangre en mis labios. Mis manos están mutiladas. Una flecha famélica me arrebato mis pasos y ahora que…Bajo la sombra de la niebla me mezo y cuando menos me lo espero unos machetes dan oscuridad a mi esencia, a toda mi entereza. Solo llorar y llorar me queda. Yo mujer herida cuyo cuerpo no siento, cuya mirada se ha perdido, cuyo yo está destruido. Yo mujer. Me siento culpable. Tantas y tantas humillaciones decido que he comedido un error, el error de nacer ¡Soy culpable¡

Voz del fondo:
  Levanta el rugiendo como un ingrato. Ella apoyada en la ventana mira y mira esos rayos solares que le hacen daño. El se va con un portazo.

Ella:
Ya se ha ido…Pero que pasa ha vuelto.

El:
¡Ven aquí¡

Ella:
No me golpees. Que pasa ahora.

El:
¡Calla¡ Mujer infectada por la peste. Eres vulgar, una cualquiera ¡Calla¡ No hables cuando yo hablo.

Ella:
Perdona. Soy toda tuya.

El:
¡Cállate¡

Voz del fondo:
Todo es confuso. El ambiente se hiela y un arpón envenenado atraviesa su vientre.

Ella:
¡Perdona¡ ¡Perdona¡ Si he sido error para tu felicidad.

El:
¡Cállate¡

Voz del fondo:
Latigazo del desvarío, de la maldad. Ella se arrodilla. Ella se fatiga. Ella se arrincona. Ella llora.

Mujer:
Por Dios déjalo ya. Déjame.

El:
¡Cállate¡ Acaso tu sufres. Solo eres un animal. Tu sufrir no existe. Solo sirves para engendrar. Ni eso. Ni un hijo me has dado.

Mujer:
Yo no soy culpable. Perdóname.

El:
¡Cállate¡ No mientas. Eres una mentirosa. Solo falsedad ante mi franqueza. Estoy harto de ti.

Mujer:
Ya no puedo más. Mi último suspiro emerge y mi ser no quiere penar más. Y mi alma ¡ay mi alma¡ está tan confundida, tan perdida.

El:
¡Cállate¡ Me voy. No quiero estar entre basura.

Voz del fondo:
El teme lo peor. Pero no se arrepiente. Se marcha decidido, satisfecho. Ella yace en el suelo. Su cuerpo se diluye en la última brisa. Sus ojos no tienen expresión, miran al techo. Quiere descansar de el. Quiere descansar ante la ilusión esfumada. Quiere descansar ante su desgracia. El teléfono suena. Su amiga avistando su martirio. Se arrastra y consigue cogerlo.

Mujer:
Si

Amiga:
¡Ocurre algo¡ Presiento lo peor.

Mujer:
Buena amiga. Mi muerte se acerca. La ruptura con la vida.

Amiga:
Espera. Llamo una ambulancia y para allá. Espera querida, aguanta.

Mujer:
Ya es tarde. No ves. No ves. Veo una cierta luz de calma, de felicidad que me lleva. Ya no tengo dolor. Solo sosiego. Ahora soy libre y como libre podré luchar por la esperanza en otro lugar, en otro mundo.

Amiga:
¡No¡ ¡No¡ Aguanta amiga. Ya voy.

Voz del fondo:

Muere ella. Muerte incomprendida. Muerte innecesaria. Muerte imperfecta. Llegan las bocinas. Llega la amiga. Derriban la puerta. Ella allí. Bajo su ventana donde el aroma del azahar la acoge en su regazo. 

martes, octubre 22, 2013

La calma del océano...

La calma del océano
En tu retorno
En la deriva de los días.
Te sientes cansada,
Un cansancio que no te permite
Ser arco iris de una tarde ceniza.
Cierras tus ojos
Y una canción es estampida
Que te reduce al aislamiento
De tus sentidos.
De nuevo esa sensación de dejadez,
De desgana que conmueve tu espíritu
Dejándolo al son del viento, del viento…
Hablas no se con quien
Preguntas a tu café invisible
Que es del mañana.
Pero la nada se digna
Hacerte un juego arriesgado.
Gritas y vuelves a gritar.
Entonces tu ser despierta
En medio de la siesta sudorosa
Con cierto desdén al mañana.
Que te importa.
El ahora es lo que prima,
Ese ahora que te hace volar
Por llanuras invisibles
Donde tu lucidez brota siemprevivas
Que constituyen las ansias de vivir.


lunes, octubre 21, 2013

El tiempo...

El tiempo, el tiempo. Como pasa. Si, instantes que se perpetúan en un rincón de la memoria. Que a veces retornan por esos puentes colgantes entre acantilados en busca de una sonrisa, al encuentro de la nostalgia. La infinitud del aliento de sus imágenes te recorre sigilosamente, con la sutil llama de una esperanza, de un despertar que aprieta en el corazón. Deprisa lo intentamos capturarlo hacerlo nuestro otra vez. Por qué no. Las vivencias conforman nuestro presente, nuestro esbozo del mañana. 

sábado, octubre 19, 2013

Y llega la noche

Y llega la noche
Luna llena en el imperio de los astros.
Y llega la noche
Vientre que muerde el sueño,
Vientre que se estremece
En el sentido de la realidad.
Hacia abajo corre,
Corre con sus huellas insípidas, extinguidas
Bajo un halo de luz blanca.
Y llega la noche
La sinfonía del universo
Toma relevo en este mísero mundo
Donde todo gira y gira en las cenizas
De una mirada.
Te vas y tras de si dejas lágrimas
Sobre rostros demacrados.
Más allá, una bahía
Donde las tempestades son huidizas
Y solo el recuerdo te hace ser beso
De la desgana, de unas fuerzas
Que se enfilan en tumbas de cristal.
Y llega la noche
Y quieres soñar
Y te vas.
Sí, te escondes donde tu faz
Sea eco de ballenas, de estrellas marinas
En las profundidades de tus pensamientos.
Y te desanimas, marcas una caricia al viento
Y lo persigues, vas hacia él
Como amante eterno.
Y llega la noche
Triste tonada retumba en tus sentidos.
Te apegas a tapias donde hiedras de huesos negros
Has de trepar.
No se por qué, me pregunto.
Tal vez la tundra duerme junto a ti
Con sus hoces
Cortando todos los hilos que hacen moverte
Por vacías calles.
Y la noche llega. Sí llega.

Sueña otra vez. 

viernes, octubre 18, 2013

El viento...

Golpe a golpe incide el viento en su ventana. Le cuesta despertarse sumisa en un sueño profundo. Pero siento ese viento que terrible sopla, que airado golpea contra su habitación. Abre los ojos y mira hacia la ventana. Todavía es todo es oscuridad. Pero la sombra de los árboles dados por el ventarrón dibuja seres extraños en su techo. Quiere seguir entre sábanas pero el ruido impertinente no la deja. Se levanta. Abre la ventana. Y un haz de fuerza la deja casi sin respiración. Se contiene. Deja que el viento le de bofetadas para despertarse y cuando sus sentidos comienza a vibrar cierra la ventana. Otra vez el golpeteo contra los cristales. Mira hacia ellos. No hay nada solo el viento voraz. Ya vital se dirige a la cocina. Ahí no choca tanto por su orientación. Se hace un café. Desnuda mientras bebe de él se fuma un cigarrillo cuyo humo asciende hasta extinguirse. Siente como su vida se acaba. Si, llega su fin. Siente dolor. No por su término sino por su soledad. Una soledad que ha levantado las raíces de la tierra y ahora no tienen donde absorber. De nuevo va a su habitación. Allí se mira al espejo y conversa con el.
XX: Llevo semanas encerrada bajo este techo. No. No es que me aburra. Siempre encuentro algo que hacer. Pero el silencio de una voz me entorpece, hace ascuas en mí. Me siento envejecer. Sí ser rama que cae al vacío y en su larga caída solo ve féretros flotantes. Estoy harta. Sí harta de esta vida en la que me he condenada. Yo sola y estas paredes. Miro fijamente el teléfono. Ya ni suena. Todo se esfuma. Todo se pierde en la oquedad del olvido. No, no hay amigos. Cada uno vertical con sus vivencias, con su cotidianidad y yo desierto. Sopla el viento, un viento poderoso. Al menos me aviva, enciende en mi un no se que de esperanza.
Espejo:
Te miras. Te observas. Te ves desanimada. Pareces que vagas como una imagen fantasmagórica por los pasillos de esta casa. Esperando, esperando. No. No esperes ¿A qué? A que una tormenta te eclipse para siempre. No. Mira la vida. Mira su belleza. Sin compañía, las palabras se las lleva la lluvia. Las palabras se consumen en un instante y después…Después que. Volverás sobre ese círculo en que te columpias abrazada por el viento, el viento. Sobrevive. Edificarás un ser con los pilares bien asentados que nadie podrá derrumbar, herir.
XX:
Me miro. Me observo. Y la desidia penetra en mi vientre. Quisiera acariciar unas alas para huir de aquí. De todo esto ¿Y esto que es? Soy yo. Lo que yo misma he ido sembrando. Estos son sus frutos. La nada. Y esta nada a veces me oprime. A veces me asalta con sus garras, con sus colmillos de sangre. A veces me duele. Pero te escucho alma mía. Entiendo el significado de mi imagen. Me miro. Me observo. Y veo lo que soy. Lo que seré. Intento apaciguarme. Intento serenarme. Y que la armonía y la paz recóndita me magneticen para aguantar. Aguantar este alud de ortigas que roza mis manos vacías.
Espejo:
     Te miras. Te observas. Ay esa alma tuya. Está tan decaída, tan cansada…que solo quiere ser letargo eterno. Levántate y anda. No te apenes. Tú puedes. Tú…Tú sola.


miércoles, octubre 16, 2013

La calma---

La calma. Llega la calma después de una intensa tempestad que barrido todo aquello que en la memoria hace la herida. Caminabas ansiosa, desesperada, bullendo en ti la agonía de ese ayer que ahora es muerte, que es destrucción bajo las cenizas de tus huellas. Cantas aun así una vieja canción. No. No te trae mareas malas de antaño. La tarareas con el don de la fortuna que gira bajo tu mirada. Se enciende una llama, una llama que sinuosa y verde da ese toque mágico de esperanzas. Te esfuerzas, luchas. Y ahora todo ha concluido. Ya no la pesadez de tus piernas cuando intentabas huir del fango.  Ya no la pena cuando mirabas al firmamento y lucia un cielo gris y apagado. Desde otro punto de vista erupcionas. Erupcionas arco iris que le llevarán, que te traerán a galope a la vida. Caminas por los montes donde el follaje caricia tu esencia. Sientes como cierto brillo de tus ojos se estremecer al sentir su frescor. Un estremecimiento que te induce a andar más y más. Observas una gruta. Y penetras. Ya la conoces. Una gruta de cuyas paredes lisas y suaves mana un manantial. El manantial de la alegría. 

lunes, octubre 14, 2013

Te vas...

Muy bien, digo. Has decidido extender tus alas de huesos y perderte por los puentes colgantes de los astros. Ya no me miras. Me resigno. Pero no caigo. Me escabullo en un rincón donde los pensamientos pasean tus labios, tus manos. No se lo que pasó. Pero algo en ti cambió. Será esta vida que nos ha tocado donde todo va a una velocidad vertiginosa. Yo soy lenta. Soy serena. Tu eres fuego que al borde de precipicios increpas las llamas te tu ser. Yo soy…¿Qué soy yo? Sueño eterno entre nubes violáceas donde espero el canto de la lluvia. Te vas. Muy bien, te digo. Cada uno a de designar las órdenes de la conciencia, del corazón hacia donde más la belleza sea cascada que te humedezca. Yo me quedo aquí. No tengo ganas de soltar anclas. Estática. Vertical. Guiada por los vientos del sur cuando roza mi rostro. Aquí me quedaré. Tú te vas. Libres somos de esos sentidos que toman nuestra vida. Dueñas somos de respirar el aroma de otros lugares. Aunque el tuyo y el mío sean distinto. Ya te digo, me quedo. Mi maleta son cerrojos a los vuelo. Tu maleta es rumbo de lo desconocido. Te atrae. Te conozco cada rasgo de tu ser. Ese hechizo que ejerce sobre ti otras tierras, otros mares. Me parece bien, te digo. Vete y que seas feliz, que ningún rasguño supere a la alegría. A la alegría de ser hoja que cae bajo la sombra de otro árbol.  

La caída de la tarde...

La caída de la tarde persiguiendo lentamente los astros que ya levantan su luz en los firmamentos. Tus pasos. Sombras difusas que se transforman en alas de mariposa al encuentro de una mirada. Tus pasos. Y sigues con ese andar por un sendero liada a riscos en los flancos. No sabes a donde te diriges. Pero como esto es una isla bien de seguro que llevará a la mar. A ese océano que penetrarás y sabrás del reverder de tus emociones. Vas solo. Como no. Siempre sola. Solo la brisa da golpecitos a tus espaldas. Golpecitos que más bien parecen acariciarte. Tus pasos. No necesitas a la luna. Tus sentidos te llevarán hasta él. Mientras en el camino te encuentras un viejo árbol caído, de piel gris. Quiere comunicarte algo y te habla. Te habla.
               Viejo árbol:
                                 La vida es corta. Los años se van. Y como una violenta resaca cuando nos demos cuenta estaremos bajo tumbas. Vive. Aprovecha cada instante que te brinda la vida sean amargos, sean felices. Todo es cuestión de instantes.
                Ella:
                      Ya se que la vida es breve. Pero yo he desfrutado de ella. La vida se ha sentado conmigo y ha conversado. Ahora, como tu, soy una anciana y voy en busca de mi destino. La muerte.
               Viejo árbol:
                         La muerte. Estás eligiendo lo impredecible ¿Qué prisa te lleva a ello?

               Ella:
                    La prisa del viento. La prisa de las jornadas. La prisa de la vida. No se. Creo que ya no cabe más gozo en ser y por ello voy hacia la mar. Hacia la muerte. Quiero partir. Que mis huesos y carnes se hundan como esos ahogados obligados por los sueños falsos. Ya no tengo más nada que hacer. Solo llegar al océano y dejar que las olas me lleven, me lleven más allá de este mundo.

      Viejo árbol:
               Te sublevas. Vas en contra de la razón. Pero te comprendo. Entiendo que quieras se parte de ese manto azul virgen que puebla este planeta. Es lo más puro, lo más desconocido y tal vez en sus profundidades encuentres el logro de tu vida. Ese silencio que ya nadie te podrá quitar y en tu soledad y en tus pasos solo verás el deseo del fin.
      
     Ella:
          ¡El océano¡ Ahí está. Ahí está. Como rompe contra las rocas. Ahora quiero que su cuerpo, que su olor rompa contra mis sentidos y me lleve lejos. Muy lejos. No tengo nada que perder. Todo es estático. Todo uniforme. Todo se mueve en una masa homogénea de la cual ya no hay más ilusión por vivir. Llévame océano de los náufragos junto a ellos. Quiero ser una más. Una más que se mueve por las oscuridades de su misterio. Quiero saber de su misterio. Quiero abrazar sus sentimientos. Quiero amarlo.

                                                

jueves, octubre 10, 2013

Y sigues...

Alredor del fuego. Alrededor de tus llantos. La sombra de las arboledas se van cuando la noche viene y tu inmersa en tu danza. Una pena. Un dolor. Cierto viento que te raja de melancolía surca tu cuerpo desnudo. Y sigues. Y sigues. Con tu danza que como hechizada te llevará al rincón del ensueño. Soñar despierta a través de los tambores de la naturaleza. Escuchas fluir un arroyuelo. A su izquierda alguien te observa. Alguien sin ojos. Alguien sin boca que se consume en su aliento reprimido. Pero sigues. Y sigues. Con esa danza del viento a ras de la tierra. Te desquitas de cada púa clavada en tus carnes y dejas sangrar cada amargura, cada mentira. Te ciernes a la vida ¡Vida¡ Y monte abajo te arrimas a un lugar donde los árboles te abandonan a cambio de una luna, de un océano que no más rompe contra las rocas del ayer. Y sigues. Y sigues. Cantas a la plateada. Cantas a ese mar infinito y de ellos mana la mano amiga.

miércoles, octubre 09, 2013

Yo soy Malala...

Yo soy Malala,
La maldición para unos.
La sabiduría para otros.
Mis pasos son ecos de la libertad y esperanza.
Árbol que corre las entrañas
De los débiles cuyo fruto mágico
Ha de ser captura del mañana.
Pido un mañana.
Un sueño.
Una ilusión.
Un derecho.
Bajo las tinieblas de las balas
Me sumerjo y salgo a la luz.
Bajo la tempestad de arena
De las tapias escribo mi nombre,
Escribo mi deseo.
Un deseo vertical y justo
Que por mi lucha los faros de la alegría
Alumbre mis pasos, la de otras.
Yo soy Malala…



lunes, octubre 07, 2013

Cierras los ojos...

Cierras los ojos.
Deja que corra esa agua
Que te da vida.
No miras.
Solo tú inspirar y espirar
Se transforma en aves
En busca de la reconditez de la paz.
Un paisaje verde.
Piedras que ceden a tu caminar
Y otra vez el desplegar de tus alas
En busca de la calma, de la armonía.
Lejos, la luz a tus ojos.
Ahora, en un eclipsar de tus ganas.
Te ausentas.
¡Sí¡
Ausentes divagas en el ayer, en el ahora
Y los chasquidos de lo falso te hacen errar.
Cierras los ojos
Dejas que el agua corra.
No miras.
Solo tú inspirar y espirar
Te lleva por la palabra incierta.
Caes y caes.
Vacío están tus ojos.
Vacía están tus manos.
Muerdes tus labios
Y bajo nubes cenizas aguardas
El mañana.
Lluvia.
¡Qué llueva¡
Y arrastre cada herida, cada muerte.


domingo, octubre 06, 2013

Solo...(relato)

La madrugada se enlaza a un mar de astros que condiciona el despertar en medio de una oscuridad que aún es vigente. El, callado, se yerta sobre su cama. Sábanas arrugadas en la pesadez de la noche. Tan temprano se ha levantado que sus sueños aun pesan en su espalda. Un café. Un cigarro. Y la ronda de su memoria de aquello que hubo en su subconsciente. No recuerda bien. Todo son imágines difusas que se extingue a medida que su vitalidad asciende en su ser. Se asoma al balcón. Quiere ver perecer las últimas estrellas. La claridad viene lenta, sosegada, refugiada en un canto con tintes azules y anaranjados. Tal vez llueva, se dice. Una lluvia que activa las emociones en una cierta melancolía. Regresa a su habitación. Ahí esta él. Su amor. Duerme. Saca su maleta y se la lleva al cuarto de estar. Cuidadosamente va metiendo sus cosas personales, ropa y todo lo demás. No sabe por qué se va. Solo desea estar solo. Nunca lo ha estado. Ya es hora , piensa él, aunque las cosas vayan bien. Darse un respiro. Una respiración profunda que nunca ha tenido.  Se va. La brisa matutina lo relaja, le induce una cierta manera de ver las cosas. Ama a la vida. Ama ese aire que con armonía le hace más fuerte ¿Cómo será su vida en soledad? No lo sabe aún. Quiere experimentar el sentirse sin ese abrazo apoyo de todos sus días, de todos sus años. Camina. Dobla una esquina. El piso donde habitaba ya no se ve. Solo quedan rastros de la última noche. Esa noche evadida de sus sentidos.  Ahora se siente libre. Esa dependencia no era que le amargará pero era como una gran púa que rozaba su vientre. Ahora no tiene bastón que le ayude a sostenerse, solo por sus propios pilares, por su propia capacidad. Las calles aún están vacías. Eso le ayuda. Solo él y la brisa. Solo él y chapurrear de los pajarillos. Solo él y sus deseos. Entra en el parque. Ese parque que siempre acostumbraba a pasear. Pero ahora solo. Tiene que una especie de lago en su corpulencia. Se aproxima. Aves migratorias le tienden sus alas. Aves que mañana ya no estén. El le tiende sus manos. Se rozan y un cierto fuego dulce se apodera de él. Soy libre, se dice. Paulatinamente su ropa se va rompiendo. Se queda desnudo. Y siente que su cuerpo toma la forma de ellas. De la libertad. 

jueves, octubre 03, 2013

Negro...

La caída del día. Cielos anaranjados que conducen al vuelo de aves negras, de arboledas mecidas por un viento callado. Ella se encontraba allí, sentada en una roca. Admiraba todo ese espacio monumental que es la naturaleza. Pero en su observación también se perdía por los sinuosos laberintos de la búsqueda. Hacía tiempo que su corazón no latía. Cosa extraña, se decía. Pero lo cierto es que su pulso se había extinguido. Muerte en vida. Tumbas que anuncian su dejadez a medida que las jornadas pasaban. Iba a su encuentro. Al encuentro de su corazón. Que tal vez enmarañado por la hostigacion que se cernía sobre ella a lo largo de los años había decidido ser una piedra más. La sombra del bosque iba desapareciendo y solo sus pasos se escucharon cuando elevó anclas y comenzó a andar. Estaba desorientada, como nublada que dirección tomar. Sin embargo en la espesura de la naturaleza había una. Las de los árboles negros. Siguió esa senda. A cada paso la oscuridad era mayor pero seguía. Sonidos extraños se escuchaban a medida que avanzaba, sonidos de una huída. Vio una luz al final del camino. Una luz con forma de corazón. Que podrá ser, se preguntaba. La atraía, la imantaba y hasta ella fue. Un roque de dimensión descomunal estaba ante sus ojos. Un roque que al aproximarse apagó toda su lumbre. Lo toco. Lo rozo. Lo acarició. Había algo…Algo que la invitaba a abrazarse a él. Lo había encontrado.

miércoles, octubre 02, 2013

Y la música. Y el calor...

Y la música. Y el calor. Juntas unamos nuestros sentidos y somos hijas de un otoño que llama a ese desierto que mece entre nuestras manos. Aquí estamos cabalgando sobre aves de papel que nos llevaran por las llanuras franqueables de una luna cuyas raíces de hojas verdes nos empujarán al compás de la brisa. Y la música. Y el calor. Calles vacías. Y ella. Que lejano paisaje donde los sueños nos llevan cuando en la tarde paseamos bajo secas arboledas de soledad. Esperemos al anochecer y encendamos esa hoguera donde los pensamientos son verticales, están concentrados en minúsculos astros que cuenta los días, los meses, los años que evocamos para ese encuentro. Un encuentro tal vez doliente, sumiso a esos caminos que nos harán andar en la unión del amor. Y la música. Y el calor. Vagar a rienda suelta por esos laberintos sibilinos de la nostalgia, del despertar en el vacío de tus labios, de tu mirada. Querer y no querer. Contradicción. Y la música. Y el calor. Nos arropamos de la cara silenciosa de la luna y en la intimidad somos ese andar y andar por la caricia perdida. Deseos inconclusos. Amor distante. Y la música. Y el calor…Bailo. Canto. Y me dejo caer en la tentación de seguir aguardando bajo faros cuya luz alumbra esa senda del mañana. Ay el mañana. Cierto. Incierto. Rodeadas por las ortigas que nos presionan a volar entre riscos muertos. Y la música. Y el calor…

lunes, septiembre 30, 2013

Cuando...

Cuando el tiempo transcurre en nuestras manos y lo dejamos escapar en esos veleros sin rumbo por paisajes opacos, melancólicos nos desvestimos y damos el abrazo a un sueño evaporado. Así, desnudas, de espalda a esa ventana que se cierra y se abre. Así, decaídas, con besos de rocas que estrangulan el amanecer en la última gota del llanto. Cuando el tiempo se distorsiona en la caída por acantilados retorcidos y nos dejamos llevar por el silencio de nuestras alas embadurnamos nuestro corazón de una larga pena. Así, desnudas, en el eclipsar de nuestros sentidos por una sonrisa, por una palabra bella. Cuando el tiempo tumba ya de lo que has perdido se ampara bajo unas arboledas de hojas secas que a ras de nuestro de piel será la oscuridad eterna y danzamos a son de unos ganchos que nos corrompe, que penetra en la herida. Así, desnudas, rajadas por los tortuosas sendas donde el alba no es anunciada por la balada de los pájaros. Cuando el tiempo….

domingo, septiembre 29, 2013

La mar en calma...

La mar en calma
Bajo un firmamento
Que anuncia la lluvia venidera
De las hojas que con su frescor
Despierta el otoño.
Mecidas con las palabras del viento
Se yerguen sobre luna inexistente,

Sobre las mareas del recuerdo. 

sábado, septiembre 28, 2013

Calles vacías...

Calles vacías.
El sol.
El calor.
Buganvillas que se revuelcan
Por paredes blancas.
La soledad naciente
De la lejanía.
Tus labios.
Tus besos.
La tarde liada a un perro viejo.
Tejados donde la vejez
Anuncia las leyendas del ayer.
Y tú.
Vuelves entre el estado febril
Y el dolor.
La pena.
La nostalgia.
Deambular por caminos
De tierra batida plomiza
Que se encadenan a los pasos,
A los pensamientos.
Que denso es el aroma de los pajarillos.
Ya no sonríen.
Ya no cantan.
Cuando la tarde se muere

Entre mis brazos. 

domingo, septiembre 22, 2013

Las olas...

Noche de luna llena. El grosor del día disminuye hasta que su haz luminoso incide por los caminos que recorremos. Una oscuridad no tan obscura que nos permite perdernos en nuestros pasos con el blanco flujo de su corpulencia. No hay estrellas que podamos mirar solo ella, ella con toda su magia, con todo su hechizo que nos hace elevarnos de esos cimientos que nos han construido a lo largo de los años. Ella está ahí. Sí, sentada en una silla en medio de una playa. Observa las olas. Esa mezcla de sal y algas que la llevan por sus cavilaciones a un horizonte muy lejano ¿Qué pensará? La nitidez de la noche le hacen suspirar, entregarse a esa playa vacía sentada.

            Las olas:  Voy y vengo. Vengo y voy . Y en este venir e ir soy entrega de esa espuma que tanto miras en sus dibujos con la arena. Voy y vengo. Vengo y voy. Y en este venir e ir soy refrescar de tus desnudos pies como presente del sabor de la vida.

            Ella: Vienes y vas. Vas y vienes. Y en cada encuentro de piel con tu espíritu soy esa mujer traída por la brisa para verte. Sí, deseaba contemplarte. Vienes y vas. Vas y vienes. Eres como el amor que se enciende y se apaga a medida que las jornadas nos arriman al hastío. Vienes y vas. Vas y vienes. Como esa luna bella que me induce a ser amante de ella. La adoro. La quiero. Y aunque solo me llegue una pizca de su aliento me da esa cierta energía para seguir, para seguir. Vas y vienes. Vienes y vas…

            Las olas: Voy y vengo. Vengo y voy. Y en este venir e ir humedezco tus sentidos.  Te hago soñar. Soñar despierta cuando separas tu realidad con el mañana. Qué será ¡Qué será¡ De tu mañana. Voy y vengo. Vengo y voy. Y veo la perfección del amor que sutilmente te alargará un beso en tu terso cuello. Voy y vengo. Vengo y veo. Y observo cada instante de tu vida. Una vida cuyas cicatrices sanarán. No más daño. No más ir a la deriva de tus emociones. Voy y vengo. Voy y vengo. Soy el talismán del resurgir de tu ser como persona no como gaviota que se posa en los escombros de los demás. Voy y vengo. Vengo y voy. Aquí estoy para anunciarte que tus penas serán borradas por cada huella que dejes en la arena, por cada lágrima que me bese.

            Ella: Vienes y vas. Vas y vienes. Llego a ti como mujer nueva. Mi alma se expande a través de tus palabras. Si son ciertas que la alegría me vuelva. Ven ¡Ven¡ Ven hacia mi sonrisa a la esperanza, a la vida. Vienes y vas. Y aquí estoy. Tú aroma me reactiva en el sentido de las alas del universo que ahora admiro cuando a solas estamos tú y yo. Yo y tú. Vienes y vas. Vas y vienes que broté caracolas, ballenas, estrellas marinas para que me lleven junto a ti.

      Las olas: Voy y vengo. Vengo y voy. Y en este venir e ir no deseo que te quedes conmigo. Corre, corre… Atrapa ese tiempo perdido en la aventura del vivir.



sábado, septiembre 21, 2013

Divagaciones de una tarde de septiembre...

Sobre verdes, una sonrisa. Un manantial que se yerta en la espesura de un optimismo que se apodera de nuestras venas a través del viaje por los astros. El otoño regresa bien acorde con las manos que engarrotadas se visten de seda para hacer más suave la caricia. Y aquí estamos. En ese saborear de hojas secas que irán cayendo a medida que un susurro de nube nos dice de ese horizonte de nuestro mañana.  Y aquí estamos. Escuchando un violín desafinado que nos induce a lo imperfecto que son los besos cuando se mecen en el olvido. Y aquí estamos. Vamos caminando a ras de la orilla de una playa donde nuestra huella, eco de nosotros, nos anuncia el elevar de nuestra caricia al son de las olas. Y algunas veces divago de lo bello que es la mirada honesta, de lo hermoso que son los crepúsculos cuando nuestro cuerpo se alza a la aventura de nuestros pasos.  Y aquí estamos ante muros franqueables cuya ventana nos lleva al paraíso de los sueños. Oh, un cielo celeste que nos muestra el orgullo de esta esfera. Esta esfera donde sus seres se emancipan de la rebeldía del gemido. 

miércoles, septiembre 18, 2013

Tu mano...


El océano.
Tu mano.
Ecos de olas
Que se entremezcla con la serenidad.
Espuma que sabe al recuerdo
De montes en la lejanía.
Tu voz.
Tus sueños.
Navegantes de los arco grises
Pilares de incertidumbre
De nuestros mundos.
Un adiós.
Un regreso.
Y todo es fuente
De la misma monotonía

martes, septiembre 17, 2013

DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2013: El viento...

DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2013: El viento...: El amanecer. El pinzón azul hace su juego matutino. El frescor de la cumbre que cubre dos cuerpos desnudos. Así en la intemperie de sus sen...

El viento...

El amanecer. El pinzón azul hace su juego matutino. El frescor de la cumbre que cubre dos cuerpos desnudos. Así en la intemperie de sus sentidos. Miran el roque más alto, ese el adorado por generaciones y donde danzas ancestrales invocaban el tiempo bonancible.




Xx: Qué dices que no te escucho. Sigues con ese ritmo del susurro y el viento aprieta. No entiendo tus palabras. Grita. Grita más alto.

YY: Pues no se (elevando la voz). Estamos aquí en este paraíso de pinares, en una cumbre donde todo es yermo solo lavandas con su perfecto aroma nos perfuma. Quiero decirte que te quiero. Así, sin más divagaciones que nos lleva a palabras inconclusas.

XX: Y para eso me has traído aquí. Ya lo sé soquete. Aquí, en este reino natural donde solo el roce de las ramas por el viento es música, donde sólo las lavandas es aroma, donde sólo estas rocas señalan la paz de las almas.

YY: No. Solo no te he traído por ello. Quería que vieras el dios sol radiar sus lazos amarillos ante nuestra mirada. Qué límpido es…Sus pasos a medida que pasa las horas nos lleva por distintos sentimientos, por otros lugares que nuestro interior evoca con la ensoñación. Sueña mujer. Sí, hace tiempo que te veo pensativa, aislada en tu cavilar. No se lo que transcurre en tu mente pero me temo que no es nada bueno.

XX:  Recogida en el frío mi mente recorre esas tierras donde la hambruna, la sed, las guerras deshabilitan al inocente por la mediocridad de la razón de otros. Sí, eso son los espectros que me traicionan y me hacen descender cráter abajo hasta los infiernos del horror ¡Esos humanos¡ Imagínate en un campo de refugiados, bien de penurias han de pasar. Me destroza. Sí, hay que huir.

YY: Que tonto he sido.

 XX: No amor.

YY: Tonto no es el que ignora. La falta de información y la vida cotidiana hace que nos perdamos en nosotros mismos sin pararnos a pensar que pasa más allá de estas fronteras.  Aquí viento de cuchillos que pasa de largo con su sutil acaricia, allí viento de cuchillos que raja vientres. Escucha, escucha el viento norte con su gemido atroz. Nos trae el dolor, las angustias de otros.

XX: Escucho, escucho el viento norte con su gemido, con su dolor, con sus angustias. Pero también a ti. Te miro. Te observo y presiento que estás sufriendo. No. No puedes hacer nada. Que somos sino polvo de estrellas. Todos. Todos. Que volverá a la tierra profunda. Te miro. Te observo. Y deseo tus manos con las mías y que otras manos se unan con la nuestra. Así, como un círculo que recorre todo este dejado mundo para que triunfe la paz, el equilibrio. Todos iguales. Todos con esos derechos que nos hacen dignos, que nos hacen personas.