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A veces las mañanas se me hacen espesas, el sofocante
calor nos encierra entre paredes con presencia de un ventilador en su rumor.
Los fantasmas me vienen, son espectros de seres del ayer, de un pasado que me
entrego como un exorcizo donde el desquitar del mal me hace ver frente a este
piano. Quietud, calma, todos tenemos malos momentos , forma parte de una
existencia donde el bien y el mal se equilibra para exhorta un grito de
plenitud ¡No¡ no quiero el pasado, la desmemoria me viene me vuelvo invisible ,
voy por un pasadizo donde todo son sombras , gentes perdidas en mi conciencia
como la nada, son esa neblina que se ha perdido para siempre, eternamente con
el paso de mi yo ¡No¡ no hecho de menos cada uno de esos seres que conformaron
antiguos conocidos y el desdén de mis cavilaciones me lleva al olvido, a la indiferencia.
Retorno a mundo de los vivos, en este aquí y ahora donde inspiro y espiro. Una
respiración que me trata bien bajo este techo donde solo el eco de mis pies descalzo
me hace ave de vuelos infinitos de la imaginación, de los sueños. Y me gusta
soñar y sueño, mis amantes , mis deseos los encuentros en los sueños como cada
noche, como cada dormitar. Y en estos años donde he logrado escalar hasta el
auge de mis ojos sin lágrimas, sin penas tiroteando mi espalda me siento grande….grande
bajo un techo de paredes donde mi silueta se hace ciega. Pongo atención al piano….a
mi piano, veto mis ojos y de mis manos entregadas a las almas que me acompañan
soy presura de una pieza. Cuando nos lleve la marea, está será la pieza que sonara
en mi funeral, si me hacen caso de mis últimas palabras, si llego a ellas. Y
confieso a pesar de todo lo que ocurre en este mundo deshumanizado, derrruido,
oxidado de arboledas de misiles que he vivido. Sí, he vivido. A mi manera, con
el callar de mi mano y sus manos. Y confieso que mi dolor, mi dolor particular
nunca lo compartiré, lo he dejado atascado en la nada. Sí, la nada….uhm, la
nada, sentir su rubor, sentir sus palabras, sentir su caricia, sentir su beso,
sentir su vació. Y confieso que me deleita ser viaje con este piano que tal vez me da placer.
A nadie le importa mi estado de ánimo y lo agradezco. Confieso, yo compositora,
yo poeto que esta aire mío que respiro,
inspiro y espiro…espiro e inspiro me complace, me lleva a un lugar donde verdes
montes, donde verdes arroyuelos, donde verdes pisadas cantaran cuando nos lleve
la marea. Aquí estoy con la herencia de mis ancestros. Aquí estoy con rigor de
mis costumbres, de mis manías y nadie me ve. Sí, cuando nadie me ve bailo con
estos fantasmas exhalando lo pasado, nutriéndome del hoy que se irá para comenzar
otro presente. Confieso que esta impenetrable soledad es refugio de muchas
historias donde los espíritus de gentes idas me vienen a buscar para recordármelas.
La composición comienza con una sola tecla, con dos teclas , con tres amplio
movimiento de lamento. El lamento de este siglo, tan contradictorio, tan lleno
de injusticias, tan desconcertante. Confieso ante la plenitud, la pena se me
arrima y siento una carga tristeza que me impide abrazar en toda su verticalidad
absoluta a la vida Ah, nosotros seres de un cosmos que nos ha abandonado,
estamos perdidos. Cuando nos lleve la marea….