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Fondos marinos, ahogados, naúfragos
y a salvo unos cuantos. Aquí, en la isla, años de la posguerra, de la guerra
civl, el hambre, la precariedad, el agotamiento. Un barco cargado de hombres de
cualquier insula con destino a América..,,Qué bien suena , América, América. Porfían
la virulencias de las mareas. Y los idializo despidiéndose de sus esposas con
lágrimas que como escorrentías caen en sus pechos, en sus lazos de amor. Me voy
querida, amada mía pero volveré con lo suficiente para una viva holgada, mejor
donde el acecho del hambre no nos mortifique, no nos pene sentados uno frente
al otro sin saber que comer, una sopa de agua y pan tal vez, está que me has
dado antes de partir. Y se van, yo desde aquí de esta plaza donde la gente no
surge aun me queda el olor de esa indigente preñada, de esa señora con sus
palomas, de esa madre que se lamenta irreversiblemente por el resto de sus días
la muerte de su hijo, de esa esposa decaída atendiendo a sus hijos a las
ordenes del disimulo de la desgracia, de la tragedia de su esposo llevado. Y el
barco parte, pañuelos son la despedida de cientos de personas, de mujeres, de
hombres, de niños. Y ella le desea lo mejor con el susurro de un buen viento ,
de unas buenas estrellas en la navegación hasta llegar a esas tierras extrañas.
Pero ella no sabe, el no volverá, la
dejará en la isla en el susurro tronador del tormento en la espera en un muelle
durante años y años hasta el día de su muerte como victima de una caída de una
razón dislocada cuando atraca en ese misterioso continente. Y desembarca, a
pesar de la malas mareas, a pesar de la escasez de alimentos en la embarcación
durmiendo con las ratas. Sus ojos , sorprendidos, hace un hueco en que ha arribado
en el lugar exacto de su riqueza. Al principio trabaja y luego con el tiempo y
las mujeres será empujado al olvido, a esa desazón que le hace pensar que tal
vez tendría que volver. Le escribe, querida, aquí todo bien, trabajo de sol
a sol y voy consiguiendo poco a poco mi propósito, nuestro propósito. Estoy
bien, que bueno fuera que tu vieras y sintieras como yo me siento en esta
tierra. Inmensa, interminable, exuberante en su verdor, con las riquezas de sus
raíces. No sé cuando volveré, pero espero que el tiempo aquí no se alargue
demasiado. Te quiero. Te quiero , le
deletrea, ella siente que un puñal hirviente viene a su vientre, mira su hijo
pequeño, el no lo sabe. No sabía que cuando se fue ella estaba embarazada. Y un
deje de tristeza se muestra en su faz…tanto, que se arranca el delental…tanto,
que se viste de luto…tanto, que su niño llora y la abuela desolada y visionara
de aquel error de su hija a la dejarlo marchar la sacudiría en el mal de su
entereza coge al niño entre sus brazos y se va, se va donde los gritos en el
monólogo de su madre no los escuches. Antes mira de nuevo a su hija, y en su
ideas cae un maleficio a la familia. ¡No, amor¡ estas cartas son una falsa,
cuento los días, las semanas, los meses, los años y todas son iguales ¡No amor¡
no vendrás, y tal vez ni me recuerdes. Mi memoria me lleva a esa despedida
eterna. ¡No¡ no vendrás, me has engañado como otras tantas mujeres de la islas.
Los rumores corren y veo la deshonestidad
, la pena en sus caras dibujadas de lágrimas como agujas candentes que hiere
sus corazones. Tu eres igual, otro amor estará contigo, otra vida en la yo no
tengo cabida ¡Me engañas¡ ¡No amor¡ yo penaré el restos de mis días, allí…allí
donde te vi por última vez como esperanza ahogada, quemada, arrasada en mi
delirio. Me llamarán la loca y qué más da, he perdido toda ilusión de vivir sin
ti ¡No amor¡ basta de mentiras, mantendré este luto, este luto penoso con el
llanto de las ballenas y con ellas moriré. Cuando nos lleve la marea. El sórdido
viento lame mi cara, la calima se hace más densa y un sofoco me hace sudar. Dolor. Desaliento.
Tormento. Lamento. El desánimo la mira, la escucha y la atiende. Cuando nos
lleve la marea. Hinco mi mente en la amistad, en esas horas nocturnas que
permanecimos en la playa, en la orilla observando las estrellas, la luna, la
luna blanca