miércoles, mayo 22, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO (NARRATIVA) 10

 

10

Blancas paredes de esta cueva. He regresado. He enterrado aquella anciana donde nació y con quien la amamantó, la madre tierra. He puesto un crucifijo de romero en su tumba para que ahuyente los malos vientos según sus creencias. Ahora. Aquí. Un sudor destempla mis huesos. Un estado febril y amargo me succiona y me siento decaer. Me tumbo en mi cama, me arropo con todo lo que encuentro hallo encima de ella y el temblor estremece mis cimientos. Sueños podridos se aposentan en mis pensamientos corroyendo todo lo que soy. Siento navegar sin rumbo, desorientada, más allá de estas islas. Cuervos olisquean mis ojos ¡Mis ojos¡ y estoy despierta , esa es mi impresión. Cuervos me avisan , me agarran en su enorme tamaña y me llevan lejos…muy lejos, donde las cárceles del horror aplastan mis deseos, mis ganas de seguir con vida. Escucho el retumbar de su graznido, escucho el retumbar de mi lucha. Me agarro a mi cama porque me siento caer. Un vértigo insoportable me sacude y la fatiga y la angustia recae en los ojos de esa mujer, esa mujer de la cumbre. Me santiguo o creo que lo hago, lo único que sé es que este estado febril delirante me abandona. Empapada de sudor mis ojos recaen en el techo de esta cueva y me siento revivir. Y no entiendo esta insensatez de la vida. Es como un exorcismo, como si vomitara todo mal que hay en mí, en este mundo distorsionado, trincado en la venganza y poder. Comienzo por desquitarme de todo lo que está encima de mí. Me levanto, me miro en un espejo estropeado y soy yo, soy la misma. Detrás se descubre una sombra, una sombra negra humana por su silueta. Sin temor me doy la vuelta y no hay nadie solo, la entrada a la cueva donde aun la claridad del día se percibe, donde aun callan las bombas hasta que la oscuridad llegue. El sol toma su brío , las ganas de vivir son intensas, sigo sus pasos hasta que se vaya. Mi memoria recoge aquella mujer anciana, esa curandera de soledades. Sí, de soledades. En su atención por el bien. En su esperanza del mañana. Y, sin embargo, ella no lo verá o sí. Miro al cielo, no hay nubes, solo un azul perfecto, como un nuevo renacer, unas nuevas ganas de vivir. En la verticalidad del horizonte el rumor del oleaje lo percibo…desde hace tiempo…desde que los pájaros dejaron de cantar. Inspiro y espiro. Me consagro como las mariposas que emigran muchos kilómetros y escuchan el dolor, las amarguras de este planeta, pero también hay alegrías, reconciliaciones que unas sobre otras manos son propósito de paz. Vale la pena esperar,  me digo. Esperar que esas otras manos sean unión en la isla de Nor ¡Qué belleza¡ tan perfecto me lo imagino que solo cabe en mi corazón, en otros corazones que lo anhelan fervientemente. Pienso que vale la pena esperar, con un canto, con un silencio la viveza del ser humano. Un arco iris se extiende en el horizonte, las olas murmullan y  yo soy participante de este estado de la climatología. Un estado agarro al existir, al estar vivo para que generaciones venideras sepan con su escucha activa lo que no se debe repetir solo, el abrazo y flores columpiándose a medida que nos respetamos sea cual sea la clase de idea. Ideas positivas , constructivas, mecenas de un nuevo mundo, de un nuevo despertar de esta sensación nefasta que nos hiere con su veneno. Sí,¡ qué belleza¡ quiero esta tierra. Esta tierra que vio nacer, crecer, consumirme hasta regresar donde el sol marca las horas, donde el arco iris habla de la esperanza, de una libertad alentada por las palabras al viento cuando el oleaje me susurra que volveré. Sí, volveré, regresaré donde la sangre es danza monótona de los días y todo habrá acabado. Nos daremos de cuenta que solo estamos de paso y en ese camino nos tenemos que deshacer de lo malévolo, de esas barricadas que nos impide, que nos prohíben degustar de la diversidad de este planeta. Porque el ser humano es diverso oh ¡ Cuan bello es¡

 

 

jueves, mayo 16, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO(NARRATIVA)9

 

9

Las paredes de esta cueva se retuercen en la memoria. Veo la luz de como avanza la jornada cuando me asomo. Un voraz callamiento de las bombas me hace temblar para lo que vendrá cuando la tarde caiga. Un canto no lejano me llama. Será la anciana de la cumbre. Esa mujer forjada por los años avanzados en su más literal ausencia de la existencia solo, cuando alguien la necesita. Escucho su canto desvencijado, mustio, como la queja de todo lo que retumba a esta isla. Atenta me precipito de donde viene ese jadeo, ese sonido de dolor. Un sonido mezcla de desgana y una pena que avanza en la dejadez de sus huesos. Atenta intento averiguar donde esta su guarida que supongo en la más recóndita de las sombras donde nadie puede llegar. Pero yo estoy aquí, en este lugar inhospito e intento ser hija de su canto que me atraviesa como ventolera enloquecida cuando la mañana todavía no ha concluido. Atenta localizo su gruta. Al principio la timidez me deja estática en la verticalidad de la duda. Luego cuando su canto se hace más agónico, más depredador de las miserias de la vida entro. Una mujer de negro de ojos negros ante una mesa carcomida mira una baraja. Levanta su mirada, se santigua y dice algo para si, para que yo no sepa adivinar sus palabras. Nos observamos. Un rasgo de confianza me invita a pasar y sentarme frente a ella. Continuar con sus barajas y de nuevo levanta la cabeza con sus penetrantes ojos negros. Pone su mano en mi frente y hace una señal con la saliva de su boca. No me inmuto, me da ese calor perdido hace tiempo. Sus arrugas van desde sus ojos a la comisura de sus labios. Sigue con su juego de cartas , que no es un juego. De inmediato se detiene en seco. Te enamorarás, me dice en un murmullo. Una sonrisa convencida me agita y mi corazón palpita con la celeridad perpleja ante sus palabras. Todo acabará, me dice en otro murmullo. Es como si ese juego le diera satisfacción ante el desastre. Yo asiento y sin saber de su hechizo , del aroma que suelta esas paredes en que se envuelve me relajo. Sí, te vas a enamorar y te irás. Veo el mar. Veo tu libertad. Veo tus sueños. Por uno de los lados de su boca un hilillo de sangre se perfila. Mi compresión se desata y sobrecargada de tensión intento decir algo, ayudarla pero me es imposible, una barrera invisible me detiene y vuelve a mirarme con sus ojos negros. Todo ha terminado querida…todo ha terminado. Ayúdame, venga. Deja que me recueste y descanse en paz que estos años han sido muy duros, demasiados, más allá de lo humano. Moja la yema de su dedo índice en su lengua y ya acostada , con ese hilillo oscuro recorriendo su barbilla me vuelve a hacer una señal en la frente. Vete. Le cierro los ojos y en su faz se pinta la calma, la paz, el esfuerzo de su creencia de que las trincheras serán erradicadas y vendrán los buenos tiempos. Me voy. Me precipito donde su canto va dejando de ser pulso en mis oídos hasta mi cueva.  Oh un canto libre y único salvará a la isla. Nor se verá gratificada por las luchas internas entre el bien y el mal para ser una oda por la paz. Ensalzaremos las manos libres, la vida, los ojos de un niño trotando en la caricia liviana de la brisa , de las mariposas. Y ellas volverán. Oh un canto libre y único nos traerán  el pinzón azul de nuevo y entonces bajaré donde sinrazón y la bestialidad no habita.

 

 

sábado, mayo 11, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO(NARRATIVA¿)8

 

8

Un día bajaré monte abajo con la frescura de la hierba renacida y veré la libertad de mi pueblo, de estas islas donde la decadencia las arroja acantilados acallados. Solo, el rugir del fuerte oleaje contra las rocas y ese faro indomable. Ya no habrá más muertos por el desprecio, por la oquedad de los gritos del silencio. Sí, bajaré un día cuando el brío del sol esculpa en mis ojos la mortandad de las armas. Bajaré y abrazaré a todo que pase a mi lado. Todo ser cubierto de podredumbre, de una esperanza marchada de sus almas. Hermética, como si no haya pasado nada, aunque en la memoria sea rasgar de cicatrices que se volverán silenciosas en el paso del tiempo. Aún no es tarde y Nor brillará como la edificaron nuestros antepasados. Un grito de amor se desbordará de mi estómagos y flores blancas dirán del cimbrar de la paz. Porque la paz llegará y un día bajaré monte abajo, no para donde los presos de las guerras enseñan sus dedos fríos, heridos, putrefactos ante tanto y tanto horror tras unas rejas e iremos de la mano como oxigeno a la vida. Correré con mi melena suelta al viento a esa ciudad devastada y hallaré algún rincón donde la alegría del final es verdadera ¡Uhm¡ Y el amor volverá a mis andanzas y dejare esta cueva de aislamiento donde la humedad perpetra mis extremidades! Y hoy el sol brilla, pero su brillo es falso, todavía no es hora . Un silencio demoledor estrangula mi garganta. Un silencio que dice que lo peor está por llegar. Cavilo en caravanas de prisioneros , de hermanos con hermanos, hostigados por la incoherencia, por la falsedad, por la traición pasando por una de las calles principales , desnudos, indefensos, ciegos a lo que esta por venir. Un muro y ahí esperan. Un tiro. Otro tiro. Cientos de tiros en la sien donde una bocanada de sangre escupe el último aliento. Alguien se queda de pie, es un reo más, es un amigo más. Señalan a otro prisionero. Con pistola en mano lo tiene que matar. Sus manos tiemblan , un sudor duro y sucio resbala por su tez. Y no puede….y no puedo. Por favor, que venga la esperanza, una esperanza que haga añicos toda esta sin razón. Lo presionan. Dicen de una libertad si aprieta el gatillo a su compañero. Cierra los ojos . en un movimiento rápido gira el revolver a su boca y dispara…y dispara. Un día bajaré monte abajo y seré abrazo, y seré saludo. Escucho las balas salir, escucho esas fosas comunes donde buscaré cada nombre, cada cuerpo caído en su peso donde los bichos habitan. Y haré un jardín, una ofrende de aquellos injustamente fueron torturados hasta la saciedad de la cara oculta humana, la maldad. Y un día bajare con la hierba fresca liándose a mis piernas donde una bandera blanca indica que es el momento, el momento de recoger nuestros muertos, el momento de erguir la isla de nuevo con toda su esbeltez, toda su belleza aunque rastros de infelicidad y amargura queden temblorosos en nuestros recuerdos. Pero espero que no regrese más, jamás. Y ante barbarie, me digo, vale la pena seguir invicta en este apartado sitio, vale la pena en el mañana bajar por la fresca hierba donde el dolor silba a los sueños. Sueños lentos…muy lentos. Pero sueños creando la prosperidad de una nueva existencia, aquí, en Nor. Miro el horizonte, miro ladera abajo, la humareda me dice que tendré que esperar y caigo en una desilusión. Y lucho…lucho monte abajo con la hierba fresca en el preciso instante que cierro los ojos y veo la paz.

 

 

miércoles, mayo 08, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO(NARRATIVA) 7

 

7

Cosas de la vida, he terminado en esta cueva remota donde los ojos de los otros son mudos, son inaccesibles. He escalado aquí con el ímpetu dibujado en mis piernas, en mis manos. Ahora, la retama florece en este apartado lugar, sus flore amarillas dan una victoria a ser existencia. Siento mi cuerpo ascender donde las guerras acabadas, las armas extenguidas acosan arrebatadamente a la mente humana. Y soy humana, me considero en este reducto de belleza una privilegiada aunque a veces esta soledad torture mi conciencia. Me he quedado desterrada, no volveré hasta que los gritos del horror callen. Y cuando regrese veré una atmósfera ensangrentada, inmersa a un mortifero perfume de muerte. Muertos encogidos, esparcido por toda esa ciudad. Esa perspectiva me retrae, produce una cierta tristeza que clava agujas ardientes en mis pasos a seguir en el mañana. Un anciano se lamenta, un lamento surdido estremeciendo cada una de mis extremidades. Un anciano se lamenta, un lamento que le hace verter sus manos a la cabeza en la incomprensión. No, no comprende el repetitivo pulso de las guerras, se condiciona en que nada ha cambiado y sus ojos se rajan cuando las lágrimas es sequedad hirviendo en su tez marcada por el sufrimiento. Un anciano se lamenta, un gato famélico maúlla acorde a su dolor, se restriega en el y el lo acaricia. Un anciano se lamenta, un anciano de huesos y harapos pegado a su pellejo. Somos mezquinos, la huida hace esta mezquindad como hija de esta tierra, como hija de los océanos donde los cetáceos no cantan sino gimen. Y oigo ese gemido cuando la mañana se presenta en esta pequeña isla de Nor. Nor, mi isla. Sin embargo, los pinares están ahí, creó oír aquí, ahora un pinzón azul pero no es el llanto de los ballenas. Un anciano se lamenta, sigue con ese gato famélico. Un gato que ya no puede cerrar los ojos. El sufrimiento llega a todos…a todos. Y he de decir que sufro. Está es la condena, ahora, en el amanecer de un nuevo día. Hoy vendrá la lluvia así se avisa cuando se ven claramente otras islas desde aquí, desde esta cueva que me protege. Y vale la pena protegerse, me pregunto. Siempre aspiramos al vivir, aunque esto será efímero. Solo, de paso…estamos de paso. Todo es tan breve y mis ojos caen donde la derrota de los hombres cercena la ilusión del final. Y vale la pena, vale la pena seguir cantando ante tanto y tanto desastre. No quiere decir un canto alegre, mi canto ese de agonía, un canto que como los cetáceos gimen a la oscuridad humana. Pienso que la normalidad retornará. Al principio seremos mejores pero con el paso de las estaciones todo se repetirá. Una normalidad donde un beso será flor abriéndose a un nuevo punto de vista de afrontar esta realidad, la realidad de las batallas inconclusas. Unas gotas caen, me dejo mojar, dejo que este recinto natural me entregue algo de su espíritu pacificador del exterminio de la razón.

 

sábado, mayo 04, 2024

LA MEMORIA QUE HABITO(NARRATIVA) 6

 

6

Parece que el amanecer quiere llegar, un cielo malva anaranjado fuerte me seduce. Miro ese sol que dice de una nueva jornada donde mis alas caídas se afirman a esta subsistencia. Somos hijos de las armas, hermanos consagrados al daño. No sonrías…no sonrías y tu entereza será codiciada por el exterminio. En esta distancia me pienso y medito donde estarán mis seres queridos. Ya no existen corpóreamente, habitan el olvido de este estado material y su luz brilla en un rincón de mi alma, en una apartada extensión del universo. Sus energías se perseveran en mi condición, busco sus miradas, sus alientos, su olor y los encuentro. Ahora, en este instante donde el crepúsculo de la mañana me observa, me examina, me vigila en cada uno de mis movimientos sutiles, humildes. Somos eso, polvo de estrellas y por allá seremos tripulantes en la desconocida oscuridad del espacio. Y aun así, me doy cuenta que están conmigo. Esta fortaleza, este ser de mi verticalidad, esta espera hasta que las armas callen, hasta que el hambre acabe. Admiro este despertar del día, un halito de brisa penetra en mis miembros, estoy fría, la humedad de la noche cala mis huesos y me cuesta moverme, levantarme. Y aun así, me yerto , me embarco en mis pisadas latentes de seguridad hasta la cueva. Una cueva enredada de maleza, difícil de encontrar, segura. Siento la caricia de mis abuelos. Siento esa sopa de pollo embriagando el cariño esmerado de sus manos. Las manos de mis abuelos, manos trabajadoras, hacendosas en el amor. Pero están aquí, logro tomar una visión que hace que vengan a mí y me acaricien y me besen mientras el brío de una hoguera a la luz de este nuevo día me calienta. El crujir de la leña recogida es un ruido que me alimenta, que me acuna en cada una de las vivencias del ayer. Ven mi niña, nieta mía, ven donde los vientos soplan donde el amor solo tiene cabida. Ven mi niña, nieta mía, nunca para mí crecerás y serás esa niña de mis ojos, de cada deseo que ampare mis sueños. Está caliente la sopa, ten cuidado. Y su mirada con la picaresca de la felicidad me nutre, me da un potente brebaje que sacude todos mis nervios en la entereza. Donde estarán , intento cogerlos, pero el humo de esta hoguera danza con la ida. El viento…el viento arrastra sus aromas hasta la nada. Complacida me quedo estática y soy feliz, cuando los traigo hacia mi en mi razón. Parece verlos aquí, corriendo , brincando a medida que esta hoguera crepita. Vienen y se van…lejos, muy lejos. Un sendero de rosas doradas me cubre, me protege y soy hija de cada secuencia enervada por ellos. Y vienen y van…lejos , muy lejos. Oh, qué bello. Oh, los adoro. Oh, que visión más perfecta de la ternura de una niña con quien la ama. Mis manos, mi cuerpo, rodean esta pequeña hoguera, su tibieza atempera mis sentidos y me siento elevar donde los pájaros cantan. Y, cantan los pájaros, por un dimito tiempo. Luego callan y la realidad se embiste contra mi ser. Hijos de las armas, hermanos conclusos en el mal. No todos…no todos. Esta hoguera parece apagarse y la avivo. Avivar en el esmero de la vida. De esta vida donde la dualidad planea a ras de nuestros sentimientos. Un sendero de rosas doradas me cubre, me protege y percibo el andar inesperado de ellos hacía mí. Oh, mi niña. Porque eres una niña y siempre los serás en los ojos innatos de este amor que te tenemos. Superviviente de naufragios, de la ira incontenida de la venganza. Si, somos hijos de las armas. No todos…no todos.