miércoles, noviembre 29, 2023

divagaciones de una madrugada de noviembre.

 


Y no sé, la extrañeza que exhala las nubes. Una brisa tenue se apaga y los pájaros callan. Caen en lo yermo, en la aridez de las ganas. Ella me mira. Yo la miro. Gigantes olas atrapan a las rocas cuando vienen. Y yo vengo y tu vienes. Y nos vamos donde las almas son secuencia de cada fotograma de nuestros pasos. Y no sé, todo es tan extraño. Mis alas cansadas se duermen, tus alas cansadas se duermen. Juntas, al unísono del rumor de la urbe que encendida en su otoño precipita emociones, una sensibilidad tardía cuando abrazamos el rumor del oleaje. Y yo vengo y tu vienes. Y nos vamos donde lo bello mece a la luna, una luna distante. Y la miramos y nuestras manos, suaves, regresan al hoy. Este presente donde los despertares se vuelven lentos, imprecisos, distantes a nuestra visión de la ruta de los soles. Y no sé, me dices, te digo. La tierra también esta cansada, agotada de tanto abandono y nos miramos y me miras y te miro. Caemos donde el arco iris suena al latido. Un pulso aun latente en nuestros ojos, nos animamos, continuamos el curso del destino. Buscamos la luz, una hoguera nos llama y yeguas en su ritmo nos acercamos, olisqueamos el aliento de las flores y subimos a la bahía donde menguan las ballenas. Somos hijas de los mares. Somos hijas de la buena tierra. Somos hijas viajeras donde los sueños pronuncian nuestros nombres. Más allá, en el devenir del tiempo nos encontraremos y me darás la mano y te daré mi mano mientras, seremos quieta raíz profundizando en el deseo. Y no sé, es noviembre, un mes inquieto en su temperamento. Cojo la maleta, coges la maleta y nos desvanecemos en el naciente de la calidez, de esa brizna frágil que es el amor ¡aléjate¡ de espejos falsos donde tus ojos muertos repelen las ganas del vivir ¡Aléjate¡ de esos arroyos donde la sequedad de su tintineo ejerce la sed. Tengo sed, tienes sed. Bebamos del agua de la existencia , de esas estrellas fugases donde nuestros deseos vagan hasta el encuentro. Y no sé, esta extraña formas de las nubes. Quietas, empecinadas en un silencio que molestas nuestras espaldas batidas en los campos donde la hierba se lía a nuestros tobillos. Sin embargo estoy, estás en este noviembre donde la luna nos viste de serenidad, de unos pasos distantes a la pena, aunque exista, aunque este ahí en un rincón relamido de cerrojos.




lunes, noviembre 27, 2023

DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE NOVIEMBRE


 

Noviembre. El mestizaje de las nubes clavan la nostalgia. Con los hombros levantados continuamos en la rutina, una rutina ausente de crujidos en los pozos oscuros del dolor. Aquí estamos. Estamos aquí. Noviembre. Un otoño donde las piezas de música se tejen a través de las manos, estas manos laboriosas en el sentido del alma. Y el alma se anima. Y un halo de bondad se rasguea en las pisadas monótonas de las calles vacías. Un gallo canto. El despertar luce un color dulce y es noviembre. Mi visión explora la memoria llevándome a la dejadez de un ayer, llevándome a la siembra del hoy. Noviembre. Aquí estamos. Estamos aquí. Nos movemos donde el misterio embelesa las sensaciones y todo cambia. Sí, todo cambia, nosotros cambiamos en los surcos de la vida. Noviembre.

viernes, noviembre 24, 2023

noviembre

 




Noviembre. Soledad. Una azotea con vistas es brío de la luna llena. Aquí. Siempre, cuando las mareas traen la melancolía. Espaldas cansadas. Espaldas rasgadas. Espaldas dolidas. El sabor de la respiración, pausada, con la lentitud de las horas. Noviembre. Noche. Un piano, el desdén de los sueños, arropados con harapos, alimentados de un sufrimiento en las esferas de la sensibilidad. Noviembre. Conversan las estrellas, una luz de una ventana se apaga y somos hijos soñolientos de nuestras pisadas. La pisada de un otoño, el indescifrable vaivén de la existencia. Y, sin embargo, sonrío. Noviembre. El universo me mira y no más que buceo en agujeros negros que extraen la memoria. Noviembre. Silencio…

sábado, noviembre 18, 2023

NOVIEMBRE

 


Está ahí, esa maleta donde los viajes son esencia humana. El asombro disemina cada existencia en una sola y nos repartimos entre tierras donde las mareas azotan. Nos da miedo…si, hay miedo cuando cruzamos y colgamos las sogas que nos tiran hasta agotarnos más allá de esa frontera que es el océano. Somos islas, como tales somos nómadas en la sombra de las raíces de esta tierra, de otras tierras. Está ahí , esa maleta naranja donde los viajes se consumaron hasta la desmemoria. Ahora, me asomo y distante , con los hombros caídos y los ojos cerrados admiro las maravillas de esta madre tierra tan pequeña que de un soplo se pierde en el cosmos ¡Qué majestuosos monumentos¡ Que capacidad de embellecer lo que se ha ido , ahora, en nuestros recuerdos del ayer. Considero que no es una perdida de tiempo ¿qué es el tiempo? Un espacio ramificado a nuestro antojo, a nuestras necesidades. Es noviembre y hace calor. Cada viaje, cada paseo esta contenida en el abrazo de la experiencia. Y vamos envejeciendo o más bien madurando y nos hacemos más observadores. Observar la dimensión humana en este apartado lugar del Universo. Qué habrá más allá. Una amplitud difusa de contener en nuestros pensamientos, en nuestros estudios. Quizás más allá de nosotros suspire de la misma manera . Quizás alguien sueñe nuestro sueño con pinceladas reales de lo que puede ser. Está ahí, esa maleta que me acompaña, esa maleta naranja. Ha visto mundo donde entorna en la misma hoguera. Seamos conscientes, apartémonos del egocentrismo y seamos sensato. De la misma forma seamos honestos con nosotros mismos, con nuestra fuerza, con nuestra voluntad, con nuestros pesares y andemos donde las miradas florecen.

miércoles, noviembre 15, 2023

https://www.edicionesoblivium.com/producto/suam-de-dunia-sanchez-padron/

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Para la publicación de un nuevo libro necesito que colaboren un pizco. Gracias y abrazos

sábado, noviembre 11, 2023

DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE NOVIEMBRE

 



Noviembre, hace frío en esta casa. El viento de norte no viene. Las ojeras descansan en sueños plomizos y la intemperie de los sentidos se vuelven aliento donde la queja se disipa en el instante de un bello crepúsculo. Noviembre, las paredes arañan mi pecho y mi pulso se vuelve lento como las jornadas alargadas en las nubes cenizas que escuchan nuestros deseos. Y sin querer respiro y exhalo cada punzada que agarra mi garganta. Y sin querer abro los ojos y frente a mí la marea del mañana. Sola, con el quehacer cotidiano, vago por cada habitación donde sus paredes dibujan sombras de una despedida, de un adiós. Y sin querer me vuelvo frente a un espejo y me observo, los años bailan con los deseos y bailo donde las hogueras emanan las ganas, las viejas conversaciones con la verticalidad de los días.