sábado, marzo 30, 2019

EL TÚNEL(TEATRO) ACTO 2. ESCENA 1


ACTO 2
El Verdor es exultante. Manantiales que corre en toda la dimensión del paraje. Arboles de enorme estatura azocando. Un sol que penetra en sus entrañas.

ESCENA 1
Niño:
Despierto. No hay piedras alrededor de mi ¿dónde estoy? Tal vez esté muerto por lo que puedo observar. Y ¿mi hermano? Recuerdo que lo estaba esperando cuando me dormir de agotamiento. Mis piernas ya no me duelen. Las muevo y también mis brazos y siento su rápida recuperación ¿ dónde estoy? Quizás estaré soñando todavía pero yo vi a mi hermano y no está. Miro a todos los lados y desconozco donde se encuentra. Apenas hallo restos del ayer. Sí…sí, yo trabajaba o creo que trabajaba. El sol incide en mis ojos y no me deja ver con aplomo todo lo que rodea. Me levanto. Me estiro. No hay dolor, ni siquiera alguna tristeza conversando conmigo. Por qué estoy aquí. No, estoy soñando. No puede ser real. Hay mucho color, sobre todo el verde. También hay mucho fresco que llega a mi cara y me agradable. Me doy cuenta de una cosa, estoy solo en este extraño lugar. Nunca había visto esta clase de paisajes y me conmueve. No se ha donde caminar. Toco las palmas para comprobar que no estoy soñando y me siento, siento mi cuerpo ¿dónde estoy? ¿Cómo he llegado a este lugar? No salgo de mi asombro. Sí, estoy asombrado. Lo que es cierto que hay una cosa que no tengo, el miedo. El miedo se ha ida. No me da miedo este lugar. Beberé un poco de agua, de aquí. Hay arroyuelos por todas partes y no veo a ninguna persona.
La anciana:
Hola buen amigo. Pero qué joven eres ¿Quién eres tu?
Niño:
(se encoge de brazos ante la anciana)
¿Quién soy yo? Un chico. Estaba buscando a mi hermano. Sabe, lo vi antes y no recuerdo bien.
La anciana:
¿Lo viste antes y no recuerdas? Qué hermano es ese.
Niño:
No sé.
La mujer:
¿No sabes? Para empezar no he visto ese que dices que es tu hermano ¿Seguro que tienes un hermano?
Niño:
(dudoso)
Sí o creo que sí. Yo antes de dormirme lo vi acercarse.
La anciana:
Chico, no creo que tengas algún hermano ¿lo habrás soñado? Yo domino con mis ojos este boscaje y al único que he visto es a ti ¿por lo qué he averiguado te ha traído el viejo mirlo plateado?
Niño:
Eh.
La anciana:
Si, ese viejo pájaro que no sé donde se ha metido ahora. Qué el de explicaciones.
Niño:
(sin comprender)
Eh.
La anciana
Tú no sabes por lo que puedo saber. Ese viejo pájaro te ha traído hasta aquí y algún motivo tendrá. Bebe agua y duerme un poco más. El vendrá y te dirá el por qué. Yo lo llamaré. Anda cierra los ojos. Cierra y cierra tus ojos. Sueña por unos instantes, un sueño grato, alegre, que te lleve a sitios bellos y buenos.
(él niño se queda dormido nuevamente)

¿De dónde lo habrá traído el viejo mirlo plateado? Y si lo acogiera como mi hijo. Hijo que no tuve, hijo en la muerte del paso del tiempo. Mi vientre seco dice de mi vida en este rincón aunque de su esplendor siento solo silencio en mis secas y arrugadas carnes. Hijo que no tuve, hijo de la muerte en el paso del tiempo. Ay…tendré que hablar con el viejo mirlo de alas plateadas. Cierta alegría ha vuelto en mí, una alegría que nadie palpa, que nadie saborea solo los corazones sentados en el aislamiento, en las manos desérticas, en el pecho hueco. Soy feliz y me entra ganas de canturrear en un murmullo para no despertarlo ¡Viejo mirlo plateado¡ ¡Viejo mirlo plateado¡ dónde estará.



jueves, marzo 28, 2019

EL TÚNEL (TEATRO) ESCENA 3


ESCENA 3
Diminutos ríos conforman un paraje donde la naturaleza viva desde miles de años conquista las raíces entusiasmadas en su verticalidad. En el boscaje donde la bruma y hojas gigantescas hay una infinidad de arboles. Pero hay uno especial, el más anciano de esa explosión de la madre tierra. El viejo mirlo plateado va hacia él mientras sus pensamientos se vuelcan en el niño, en la niña, en muchos que les han cortado el paso antes de brillar en la madurez de los años.
Mirlo:
Aquí estoy, todavía no me ido a otros lugares de este planeta. Vuelvo a este maravilloso lugar donde la naturaleza crece y crece en su curso natural. Hola querido árbol de la vida, estoy otra vez en tu tierra y me siento agraciado y me siento dolido y me siento con lágrimas amargas  ante lo que discurre bajo la atmósfera que nos rodea.
Árbol de la vida:
Sí, aquí estás. Tú que corres este mundo atrapando cada gota cruel. No hace falta que me digas a que has venido. Tal vez , alguna mujer o hombre presa del olvido. Tal vez, algún anciano o anciana presa de la soledad . Tal vez, algún espíritu inocente presa de lo injusto, de abusos. No sé, no atino a averiguar, dime de qué se trata.
Mirlo:
Ahhhh…árbol de la vida. Estoy cansado, cansado de tanta basura sobre aquellas vertientes no nace el sol. El lado oscuro de las almas se empeña en hostigar, en martirizar, en tortura al más indefenso de los indefensos. Sí, es cierto, vengo a pedirte ayuda. Necesito de tu agua, de tu savia para sanar una existencia. Una vida pequeña. Una vida corroída en su corta edad. Ahhh…dime árbol de la vida,  cómo a un pequeño pueden robarle la sonrisa, las ganas de continuar por los largos pasillos de esta existencia. Ahhh…dime árbol de la vida, cómo puede morir este mundo que tenemos ante tanta destrucción. La verdad , que aquí quieto contigo, mis pensamientos me llevan a la tristeza. Una cierta angustia desquicia mi corazón y me siento cobarde. Sí, cobarde. Somos cobardes…muy cobardes.

Árbol de la vida:
Uhm , lo que me cuentas es repetitivo. Los siglos caminan pero el ser humano no cambia. No, no cambia. Tan grosero. Tan grotesco. No todos. Peo hay que ser valiente para alzar la voz en un grito de basta ya. Toma de mi lo que quieras, ya soy viejo. Alimenta a esa criatura y si puedes, enséñala a cantar, a volar, a manejarse ante las tempestades de la rutina, del hoy. Vuela viejo mirlo, vuela hacía el, no hay tiempo que perder. Uhm y si puede ser que haga una visita, ya veremos que hacemos de él. Anda, anda agujerea mi cuerpo y toma de mi líquido, de mi agua.
( y el viejo mirlo de alas plateadas con su pico naranja, hace un agujero en tronco y toma de su savia de la vida y se marcha con sus pensamientos)
Mirlo:
Qué triste son los humanos en su soledad. Qué triste es son las barbaridades de sus mentes abiertas al daño. Qué triste es no darse cuenta de lo desastrados que son. Qué triste qué no sepan cantar. Qué triste que no sepan bailar al ritmo de sus vivencias. Qué triste son sus quejas. Sí, sus quejas. De vez en cuando me aburren, un cierto hastío de enojo ante los que no merecen respeto.  Pero hay quien no dice nada, solo callar y callar. Arrinconados en un túnel donde ellos buscan su propia luz, su propia verticalidad. Me alejo de este paraje hermoso, casi perfecto y ya estoy donde la desolación muerde las venas. Veo al chico, en su letargo, con el placer de mis plumas arropándola del más cruel de los fríos, del más bestial de los golpes.



CONTINUARÁ

miércoles, marzo 27, 2019

EL TUNEL(TEATRO) ESCENA 2



ESCENA 2
Solo. El paisaje es al mismo tiempo demoledor y apasionante. Un desierto de piedras  y el frente a la nada. Sus compañeros ¿dónde estarán? No lo han esperado. Es tanto su agotamiento que le da igual. Su ritmo es pausado. Su ritmo es triste. Su ritmo es apagado. Su ritmo es ausente a lo que le rodea.  Su respiración se calma y se sienta sobre una piedra. Solo. La sed y el hambre se hacen hueco en su estómago, en su garganta y parece delirar. Las piernas aun le duelen un poco pero es como si no las sintiera, como si las hubiera tragado el vacío que cabalga junto a él.
Niño:
Se han ido todos. No puedo más. Aquí en el silencio de mi cuerpo, en el hambre y la sed que me azota estoy invadido por ese sueño.  No, no es sueño es real. Veo a lo lejos venir alguien de mi estatura. Seguro que es el. Seguro que se acercará a mí y me abrazará. Yo lo espero. Me duelen las piernas y no puedo caminar hacia él. Hoy me encuentro débil, parece que me desmayo y un hormigueo recorre mis manos ¡No¡ tengo que mantenerme firme, aunque, sentado esperándolo ¡Qué silencio¡ y el está más cerca. Estoy mirándolo, su cuerpo se agranda a medida que se acerca, a medida que el sueño me golpea. No, no quiero dormir.
(El niño no se duerme aún, espera arrinconado en una roca. La figura llega hasta el. Algo balbucea pero no se entiende. Se posa en su frente y en el acto se transforma en un mirlo negro de pico naranja.  La persona que veía era un mirlo.  Un mirlo gigantesco, con alas plateadas en su corpulencia negra)
Mirlo:
Me cofundes, no importa. Aun respiras, ello es importante. Ser vital ante las circunstancia de la existencia. Duerme tranquilo, te traeré algo de agua y tal vez podamos conversar y tal vez puedas animarte y tal vez quieras seguirme.  Me veías de lejos, la lejanía confunde a los ojos, a los ojos desfallecidos, a los ojos lastimados, a los ojos del hambre, a los ojos castigados por las inclemencias humanas. Agua y agua, te rociaré de un viejo árbol no muy lejos de este desierto de piedras allá tras aquellas montañas al fondo donde la vida es distinta, donde la espesa niebla reverdece todo lo muerto, donde todo se mueve en la alegría del vivir ¡Qué digo¡ tú no sabes de eso, pero es real, la vida no es esto. Es una explosión de emociones que corretean por cada paso que darnos, a veces, sin darnos cuenta. Ahora, espera, fugaz con los astros que vendrán en el nocturno estaré aquí. Sí, aquí, contigo.
(el mirlo se va, deja al niño azocado con algunas plumas plateadas para que descanse hasta que el vuelva. Plácidamente, como un soplo de vida el niño duerme. El frío se ha ido, el dolor se disipa paulatinamente a medida que el calor penetra en su cuerpo. En su cuerpo de niño. Se hace por unos momentos que pueden ser horas un callar, el viento norte lo rodea pero no se aproxima, sigue con su sentido, sigue con su ritmo, sigue cortando rostros de mirada indecisa ante el)
Viento:
Uhmm…ha estado aquí el mirlo plateado. El protector de las almas caídas por el desdén de los demás, por el desprecio de este mundo te sanará. Ya verás cómo te recuperaras y después qué…no sé. Yo sigo mi rutina natural, evocando la gélida atmósfera al resto, a ese resto que no tiene excusas para matar una flor en pleno nacimiento. Uhmm…te ha dejado bien arropado con sus plumas de plateadas. Ha llegado a tiempo, antes que yo con mi fuerza, con mi brusquedad rompiera toda tu entereza. Pero no creas que es adrede, solo es un impulso de mi carácter aferrado a mi naturaleza. Soy el viento del norte, un viento que hace temblar por sus cuchillos helados a muchos, menos a ti. A ti, te dejo, tienes la señal, la del viejo mirlo plateado. Por ello, no te toco. Uhmm, sigue durmiendo.
(El viento norte se va, se extingue de la zona del niño y habla para sí mismo mientras sigue su ruta)
Uhmm…las desventajas para estos muchachos jóvenes en este mundo son muchas, demasiadas. Tanto frío, tanta incertidumbre, tanta penuria y más. No , no hay oportunidad cuando eres un niño, una mujer, no sé, todo se vuelve oscuro. Uhmm... No tardará en venir el viejo mirlo plateado, vendrá y no sé lo que hará. Yo continúo en mi soledad, en mi silbido impertinente, monótono observando con celeridad cada desgracia, cada sonrisa.



CONTINUARÁ

lunes, marzo 25, 2019

EL TÚNEL(TEATRO)


ESCENA 1
Un ambiente hostil. Un niño de corta edad a ras del viento gélido. Un barracón. Un golpe

Niño:
Ya es hora de levantar. No sé porqué me encuentro cansado pero me tengo que levantar. Ir a trabajar. Tengo hambre, mucha hambre.  La bocina suena y me produce rigidez en mis movimientos pero me tengo que levantar. Tendré que hacer mucho hoy y lo haré, para comer. Anoche soñé. No sé muy bien Creo que eran mis hermanos. Sí, creo que yo tenía otro hermano. De mis padres no me acuerdo ¿tuve padres? Mi sueño alejado del hoy me unía a un juego. Sí, si…ahora recuerdo y ello me hacía feliz. Ya es hora de levantar y el cansancio no me deja pensar. Recurro a mi sueño y ello me hace feliz. Así, un sueño feliz. El capataz viene, la bocina no deja soñar y yo merodeando en el sueño que me hace feliz. Ya de pie voy donde sus gritos llaman. Hoy hay que trabajar mucho.  Piedra tras piedra cogeré para que los mayores, los más grandes que yo sigan su trabajo.

Capataz:
¡Venga ya es hora de levantar¡ Manada de gandules.  Las horas se van y antes que la noche nos toque con su descanso hay que trabajar. Sí, si…después queréis dinero. Sí, si…después queréis comer ¡ No¡ Primero atender al trabajo, tenemos que terminarlo. Venga,  a levantarse. Hoy no estoy de humor.  Por culpa de ustedes el jefe me ha echado una bronca ¡Culpables¡ Sois culpables. ¡Estos enanos¡ Queréis ser mayores pero no, nunca creceréis. Seréis nada más que miseria. Hay mucho que trabajar  para madurar y que os podáis ganar la vida. ¡A levantar¡ y no lo repito más. Estoy agotado de que tenga yo que venir a buscarlos para que vayáis al campo de trabajo. ¡No¡ no habrá desayuno en el día de hoy , ya es muy tarde.  Y a ti que te pasa. Porqué me miras con esa cara sonriente. Ahhhh….te estás riendo de mi (zas) Así aprenderás.

Niño:
No señor. No estoy riéndome de usted. Es…es que.

Capataz:
¡Qué carajo intentas decirme¡ Es que…Ya sabes lo que es que. (zas) Quiero que ahora mismo te levantes y vayas deprisa a tu puesto de trabajo. No, no agaches la cabeza. Solo eres un vago y no llegarás a nada, a nada…(zas)

Niño:
No señor. No me pegue más. Ya voy. Ya voy.

Capataz:
Rápido, rápido.
( Y se levanta. Y va a su labor con sus piernas doloridas después de los azotes. Tiene que recorrer muchos kilómetros a pie hasta el lugar)
Camina más deprisa ¡Más deprisa¡ Y esto va para todos, hay que ser puntual lo exige el jefe.
( El capataz los mira. Como se van del barracón. Una nota de desprecio invade sus venas. Enfurecido, sigue gritando con fusta en mano)
Joder, que hecho yo para mandar esta manada de gandules, de imbéciles. Será la edad, no saben de lo correcto o no correcto. Ya aprenderán, ¡qué si aprenderán¡

Niño:
Me duelen las piernas y hace frío, mucho frío. Andaré más rápido para ser puntual, para llegar al  campo de trabajo.  Entiendo a mi capataz, somos unos ineptos.  Me siento avergonzado, muy avergonzado de que me encontrará aun durmiendo. Qué no estaba durmiendo, estaba no sé, soñando despierto. Me queda mucho por aprender. Demasiado. Mis compañeros me han adelantado y es que me duelen las piernas. No puedo ir más deprisa pero tengo que hacerlo. Tengo que llegar a la hora del comienzo.

Compañeros:
Te estás quedando atrás. Ya has escuchado al capataz. Hay que ser puntual. No podemos esperarte si no nos pasará como a ti.

( el niño escucha sus amigos y le da una patada a una piedra del camino)
Niño:
¡Ay¡ Qué dolorido estoy. Esperarme, no puedo ir más rápido. Chicos ¡esperarme¡ No me dejéis solo.
(Todos sus compañeros avanza, el se queda atrás. Cada vez más atrás, hasta que sus figuras son difuminadas por la distancia)
CONTINUARÁ

domingo, marzo 24, 2019

Un sendero....


Un sendero y sus adentros un boscaje donde las ramas se estrangulan, se lían, se retuercen en el sabor de la humedad. Ella, mujer del frío y del despecho, se adentra con sus ojos perdidos en la atmósfera enraizadas de sus pasos. Ella, con el apetito de ser infinita oscuridad en los charcos de barro en su camino se engancha a la brisa matutina de su frescor. Ella, sola, con sus manos enhebrando caricias eclipsadas en el serpentear de su existencia, se pierde en el absoluto ruido de los arboles cuando la vejez mece sus raíces. Una vaga pena la alumbra, la seduce y siente la necesidad de ser leve como ave al encuentro de un rastro del sol. Un sol, astro eufórico, emotivo para anclar sus pisadas. Ella, en la soledad sembrada en su espalda, en los desiertos de sus labios, conversa con la madre tierra. Ella, se arrodilla donde el musgo amortigua sus rodillas y bebe de un pequeño arroyuelo que la hace emerger entre el silencio de su cuerpo y la saciedad de su garganta muda. Ella, levanta la cabeza y frente un cierto arco de colores la entrega a un espacio donde un pinzón azul la enamora. Y ella se pregunta ¿por qué no? Y el pinzón azul bebe de sus manos en forma de cuenco. Bebe de su cuerpo intacto en el paso del tiempo, de las horas, de las estaciones. Y ella se pregunta ¿puede ser? Vuelve al sendero que la llevó a ese milenario bosque. Una senda torturada, extinguida en el peso de los años. Mira al frente, su techo, el chillido abstraído de la urbe. Se retrae y en su razón imantada por un corazón de pinzón azul vuela y vuela hacia el sol.


viernes, marzo 22, 2019

EL OLVIDO...(TEATRO)




Personajes:
Mujer
Amiga
El



Voz lejana:
Las ventanas se cierran y tras su eco se escucha el aguerrido lamento de un alma en pena ¡Qué sucede¡ Es la primera escena después de una noche de tormentos en una esquina del salón. Ahí una mujer danza al son de sus heridas de años. Corrompida, obsoleta, sollozante. Su rostro luce un morado intenso y sus ojos impregnados de sangre luce un llanto, una pena que la retuerce, que la desmigaja.

Mujer :
Dónde están los Dioses de este mundo ¿Dónde andan? No veis mi ser muerto en alianza con precipicios hasta llevarme andar por las tinieblas, por rejas cuya misión es el absurdo de mi vida ¡Oh Dios¡ La vida se escabulle por esa madeja de ortigas. Allí cierta mano plomiza, cierto puño de estacas sopla contra mi faz amortajando mis sentidos, dislocando mi verticalidad y esta fe propuesta por este mundo ¡Oh Díos¡ Acaba con todo esto . No soporto mi propio alarido. No soporto más esa cuchilla atacando mis palabras. Está perturbado. Borrachera tras borrachera. Y yo muro que ha de rasgar, que ha de derrumbar.

Voz lejana:
Tras su grito para sus profundidades el teléfono suena. Su tono es lejano, casi ausente. Ella lo escucha y con el temor aderezándola anda apresurada a cogerlo. Sabe que es su amiga. La única que sabe de su vida.

Mujer:
Diga.

Amiga:
Soy yo.

Mujer:
Ya lo se que eras tu. Única voz agradable que escucho en este infierno.

Amiga:
Siente palidecer tus días. Estoy mortificada, intranquila. Salpicada de punzones tu bello rostro. Tu voz es de cansancio. Que difícil es salir pero lo tienes que hacer. Dime, ¿Cómo estas?

Mujer :
 Bien

Amiga:
Ese bien. La nada es su significado. No me engañes. Tu voz es solo aridez y tu melodía(por qué la siento) vendaval caótico donde una airada bestia negra destruye tus días ¿Qué te ha hecho ahora ese desgraciado?

Mujer :
 Nada. Y no insistas. Deja que mi desolación duerma conmigo. No vale la pena hablar.

Amiga:
¡Otra vez¡ Te tortura ¡Condenado hijo de ….¡ Otra vez te ha pegado con sus puños de hiel, de muerte.
Mujer :
Sabes todo lo que pasa. Pero me siento tan débil.

Amiga:
¿Te ha hecho mucho daño?

Mujer :
No. Pero presiento que la tumba está cercana. Ay un cierto dolor en mis entrañas. Mi ser es cenizas. Mi cuerpo tiembla y no lo puedo detener.

Amiga:
¿Qué te ha hecho esta vez? Suenas a golpe. Suenas a gemido. Suenas a glaciar. Suenas a lamento. Suenas a muerte ¿Qué te ha hecho? Hoy siento tu amargura más pronunciada. Hoy no existe el sol para ti solo arenas movedizas que te tragan, que te tragan.

Mujer :
Sí, ¡ han sonado golpes¡ Sí¡ han sonado gemidos¡ Sí ¡ha sonado el frío¡ Sí ¡ha sonado el lamento¡ Si ¡Suena la muerte¡ Una bala se esconde entre mis sábanas. Una bala que me perfora, que me perfora día a día ¡Tanto¡ que mi ser ya no es. No existo. No sientes lo harta que estoy. No sientes el rumor eclipsado de mis olas. No sientes la censura de mi oxígeno.

Amiga:
Sí, lo siento amiga mía. Siente ese valle de lágrimas bajo techo. Deberías de huir. Alejarte de ese ser maligno. Yo te ayudaré.

Mujer:
No, no puedo. Ya es imposible.

Amiga:
Huye amiga. Sí. Si puedes. Yo lanzaré esa soga que te auxilie. Ven a mi casa. Huye.

Voz del fondo:
La mujer y la amiga se pronuncian en silencio. La puerta se abre y un terrorífico portazo se escucha. El pánico corre por la mujer. El se acerca. Ella cuelga.

El:
Mujer, ¿Dónde andas?

Mujer:
Aquí , en el salón.

El:
Por qué no has ido a esperarme tras la puerta. Sabes que llego a esta hora. Eres asquerosa ¿Qué hacías? La verdad no te mereces nada.

Mujer:
Has llegado antes de tiempo. Mira el reloj. Tal vez se halla parado.

El:
Que más da. Aun así deberías esperar mi vuelta. No me quieres, lo presiento. Te encuentro lejana.

Mujer:
No. No es así amor mío. Te adoro.

El:
¿Me adoras? Este halago…Falso. Todo lo que decís las mujeres es falso.

Mujer:
No querido.

El:
Calla, no quiero escuchar tu voz.  Ahora quiero comer, estoy cansado.

Voz del fondo:
 Un plato cae al vacío. El estruendo hace estremecer a la mujer. El con sus ojos inyectados en sangre la mira, la observa con asco. Ella llora, su llanto es mudez de esas paredes, bajo ese techo.

Ella:
¿Qué pasa?

El :
Está fría. Como puedes servirme la comida…En que piensas. Que haces. Has perdido todas tus facultades. Ni cocinar sabes. Salé para otro lado. No te quiero ver. Me voy a acostar para después salir.

Voz del fondo:
Y recoge lo destrozado. Y recoge cada cacho de su alma desmigajada. Se intenta recomponer pero es imposible. Por un momento sueña despierta ¿Cómo sería la libertad? No se lo imagina. No puede aunque con toda su fuerza mental cavila. Todo es inútil, todo es absurdo. Permanecerá en ese agujero el resto de su vida.

Ella:
Que silencio hay en la casa. Siento hielo en mis huesos. Espumas de sangre en mis labios. Mis manos están mutiladas. Una flecha famélica me arrebato mis pasos y ahora que…Bajo la sombra de la niebla me mezo y cuando menos me lo espero unos machetes dan oscuridad a mi esencia, a toda mi entereza. Solo llorar y llorar me queda. Yo mujer herida cuyo cuerpo no siento, cuya mirada se ha perdido, cuyo yo está destruido. Yo mujer. Me siento culpable. Tantas y tantas humillaciones decido que he comedido un error, el error de nacer ¡Soy culpable¡

Voz del fondo:
  Levanta el rugiendo como un ingrato. Ella apoyada en la ventana mira y mira esos rayos solares que le hacen daño. El se va con un portazo.

Ella:
Ya se ha ido…Pero que pasa ha vuelto.

El:
¡Ven aquí¡

Ella:
No me golpees. Que pasa ahora.

El:
¡Calla¡ Mujer infectada por la peste. Eres vulgar, una cualquiera ¡Calla¡ No hables cuando yo hablo.

Ella:
Perdona. Soy toda tuya.

El:
¡Cállate¡

Voz del fondo:
Todo es confuso. El ambiente se hiela y un arpón envenenado atraviesa su vientre.

Ella:
¡Perdona¡ ¡Perdona¡ Si he sido error para tu felicidad.

El:
¡Cállate¡

Voz del fondo:
Latigazo del desvarío, de la maldad. Ella se arrodilla. Ella se fatiga. Ella se arrincona. Ella llora.

Mujer:
Por Dios déjalo ya. Déjame.

El:
¡Cállate¡ Acaso tu sufres. Solo eres un animal. Tu sufrir no existe. Solo sirves para engendrar. Ni eso. Ni un hijo me has dado.

Mujer:
Yo no soy culpable. Perdóname.

El:
¡Cállate¡ No mientas. Eres una mentirosa. Solo falsedad ante mi franqueza. Estoy harto de ti.

Mujer:
Ya no puedo más. Mi último suspiro emerge y mi ser no quiere penar más. Y mi alma ¡ay mi alma¡ está tan confundida, tan perdida.

El:
¡Cállate¡ Me voy. No quiero estar entre basura.

Voz del fondo:
El teme lo peor. Pero no se arrepiente. Se marcha decidido, satisfecho. Ella yace en el suelo. Su cuerpo se diluye en la última brisa. Sus ojos no tienen expresión, miran al techo. Quiere descansar de el. Quiere descansar ante la ilusión esfumada. Quiere descansar ante su desgracia. El teléfono suena. Su amiga avistando su martirio. Se arrastra y consigue cogerlo.

Mujer:
Si

Amiga:
¡Ocurre algo¡ Presiento lo peor.

Mujer:
Buena amiga. Mi muerte se acerca. La ruptura con la vida.

Amiga:
Espera. Llamo una ambulancia. Espera querida, aguanta.

Mujer:
Ya es tarde. No ves. No ves. Veo una cierta luz de calma, de felicidad que me lleva. Ya no tengo dolor. Solo sosiego. Ahora soy libre y como libre podré luchar por la esperanza en otro lugar, en otro mundo.

Amiga:
¡No¡ ¡No¡ Aguanta amiga. Ya voy.

Voz del fondo:
Muere ella. Muerte incomprendida. Muerte innecesaria. Muerte imperfecta. Llegan las bocinas. Llega la amiga. Derriban la puerta. Ella allí. Bajo su ventana donde el aroma del azahar la acoge en su regazo.

jueves, marzo 21, 2019

Ella baila....

Ella baila sola indudablemente. En su cuarto, con la luz de una ventana que da un jardín donde rosas secas dan lumbre a sus ojos. Ella, camina con hoja en manos temblorosas por el paso de los años hasta su mesa. Ella, se sienta y mira el ayer con cierta anécdota difusa, cambiante, paralizada en la claridad de sus ideas. Su vida…Uhm…su vida. Todavía no está agotada pero ya comienza el silbo de la dejadez de los amigos, de esas fuentes que fueron su inspiración, de esos hechizantes regalos que con solo la palabra, el abrazo acentuaba su sonrisa. Su cabello cano le cae hasta los hombros, sus ojos de un azul transparente pero luminoso aun le entusiasma cuando mira al frente y un espejo le cuenta del tiempo ido, del tiempo acumulado en sus años. No se siente vieja y por ello ella baila sola, con los instantes capturados en su soñar despierta. En un cajón de su mesa, sus poemas. Poemas descendientes del sutil encanto de la luna. Los pone encima de la mesa y los repasa. En un momento un suspiro de libertad y de paz encadena su pecho y otra vez se mira en el espejo, más joven, más movida por la inquietud de seguir respirando el aroma de sus rosas secas. Y ella baila sola indudablemente. En su cuarto, con la puerta cerrada, mirándose al espejo.  No le extraña que tras de ella de repente surja una figura fugaz y se vira. Y ella no baila sola indudablemente.  En su cuarto, con la luz de una ventana donde rosas secas dan lumbre a sus ojos, con la puerta cerrada. Todavía tiene su camisón de lunares rojos puesto, todavía el día no ha termino de despertar. Sobre su mesa, los poemas.  Regresa a ella cuando aquella figura asexuada, desconocida, misteriosa  desaparece en un humo azul en espiral hacia la ventana que da a un jardín donde rosas secas dan lumbre a sus ojos.  Y en voz alta y con ganas y porque le da la gana lee un poema, en su cuarto mientras ella baila sola indudablemente.
Temprano
Ramas balanceando a la vida
En un rincón de manos unísonas.
Un canturreo
Aves embarcadas en sus destinos
Ciertos, muy ciertos.
Un baile
En la insonoridad de las palabras
Llevadas por las olas.
Ella baila sola indudablemente. En su cuarto, las horas son túnel que la lleva a otro lugar, otra estación donde los raíles oxidados de un viejo tren la hacen subir. Se sienta, con la luz de una  ventana  que muestra un paisaje acelerado, frondoso al principio y luego árido y luego frondoso. Así, continuamente. No hay nadie en ese vagón, solo, sus pensamientos y sus ojos que miran a través de los cristales sucios. Y despierta y se ve frente a ese espejo sentada en su mesa, con poemas en sus huesudas manos. Ella baila sola indudablemente.  En su cuarto, con la luz de una ventana que da un jardín donde rosas secas dan lumbre a sus ojos.



martes, marzo 19, 2019

Divagaciones de una madrugada de invierno....


Miro los edificios que se asoman al balcón. Todavía la madrugada es ese olor a humedad que me acorrala en los sueños…Los sueños , sí estaba presente yo y …para que explicar más. Solo el sonido de una lluvia tardía de este invierno que se va me enamora, me hace lucir con mis ojos abiertos ante una hoja en blanco donde su nombre se condesa en la verticalidad de mis manos.  Hace tiempo que este encuentro de mis sueños y yo no abro mi diario. Lo leo y lo releo y un cierto temblor me emancipa de la realidad.  Qué penosa es la soledad de los cuerpos cuando a solas, cuando sus palabras se ven rociada se sequedad. Cierro este diario donde en verde, en azul se pronuncia su nombre. No sé cómo he podido escribirlo. Francamente me mezo en la deriva de mis sentidos, me dejo ir corriente abajo hasta llegar al inmenso océano donde todo se diluye, todo se pierde. El camión de la basura me entorpece, escucho su ronronear mientras estoy aquí, frente a una hoja en blanco. Todavía tardará el sol en ser elocuente sonoridad, mientras,  mi razón se pierde en los jardines de los sueños.  No, no escribiré más, tullida con la pesadez de los años cojo mi bastón.  Un perro ladro, paseo temprano entre tanto la lluvia cautiva el callar de la madrugada.  Y me vuelvo asomar, aun las nubes presas de las aguas manipulan mis ojos…mis ojos bien abiertos.  Y quisiera ver la muerte de la luna, y quisiera que la última estrella me saludara. Porqué no, los buenos días como rosas  frescas donde percibo su aroma. La lluvia se aquieta, entonces, una esfera candente viene a mí y los nubarrones se han largado. Mi intimidad y yo hacemos un juego , fijamente la pienso, la encuentro en el espacio donde los sueños la encontraron y me expansiono con la tonada del quizás, del todavía, del tal vez…

domingo, marzo 17, 2019

Mis manos con sus manos


Mis manos con sus manos.  Aceras grises en el reboso de la polución nos dejan pisar para ir de esquina en esquina de mano a mano. Una prisa interna, en el recóndito dolor de su memoria la hace retroceder y se distancia, se invade de una cierta timidez del abandono. Todavía…sí, todavía los gritos de la oscuridad la apresan en una idea exacta…qué dirán. Yo me aparto, leo cada paso que da para ausentarse de mí y la dejo ir. La dejo marchar con la cabeza gacha, con los sentidos despiertos…muy despiertos atándola a la duda.
Mis manos con sus manos. Farolas alumbran cada pisada dejada por nuestros arrastrados en un amor, un querer invadido por la huída cotidiana de la luz , de los ojos que se aferran de esquina en esquina a nuestras manos unidas. A ella le da igual, superviviente en la entereza de sus años, de sus luchas. Y , ahora, abrazada a mí. Y , ahora, acurrucada en mi pecho en el sueño perfecto, en el deseo esperado. Me atiza una mezcla de desorden en mis pensamientos…qué dirán. No, no lo veo claro. Me desagrada que me miren, que me examinen, que me observen con la mirada amarga, insípida,  llena de desdén.
Mis manos con sus manos. Es invierno, un invierno que en el devenir de las jornadas se irá muriendo para dar a luz las flores. Flores y flores.  Se adelanta a mí, no logro entender el porqué, pero temo que en su ausencia las calles son espacios que nos atrapan hay que dejarla ir.  Y me siento culpable de la lucidez de mis manos, de mis manos con sus manos cuando la puerta se abre.  Busca el anonimato, simplemente amigas. Solo amigas cuando nos sentamos en una cafetería y charlamos sobre cualquier tema.
Mis manos con sus manos. Está lloviendo. Supongo las últimas lluvias, cada vez el clima es más cálido, más agreste. No, no la he rechazado. Simplemente que solo seré de mis emociones debajo de un techo. Un techo  atrapado de la nada de ojos . No, no estoy disgustada. Solo es cuestión de tiempo, unos cuerpos que duermen bajo el influjo de la caricia, del equilibrio noble de quizás mañana. Quizás mañana tenga ganas de gritar y gritar. Y para qué me pregunto. Somos como somos , cimiento enderezados  sin la necesidad de dar la voz. No, no opino como ella. No necesito demostrar nada, aunque, ella se empeña. Solo lo natural , lo espontáneo dictará mi camino. Más alegre, menos alegre…qué más da. Ya vendrá el valor ¿Valor? Estupideces. …Ella no entiende.  Pero no quiero verla llorar y sé que ahora por esta insignificancia de mano con mano le acecha cierta angustia, cierto temor a que me largue ¡No¡ amada mía. No, no me iré.
Mis manos con sus manos. Se vira, me mira. Una sonrisa conquista mis dudas. Es invierno y está lloviendo.  Qué vengan los meses de la claridad. Estamos mojadas y yo la sigo, tenemos que volver a casa. A esa casa donde lo pobre de nuestros movimientos, de nuestras conversaciones, de nuestras miradas se vuelven mágicas, bellas.


FRÁGILES......


Frágiles.
Aves en el hallazgo de flores negras.
Un océano.
Cuerpos en lo hondo del quejido.
Frágiles.
Nos pesan las espaldas caras al vacío
De sus ojos, de sus manos
Desnutridas con el paso del tiempo.
Frágiles.
Un niño llora
La ausencia de la calma.
Enraizadas profundidades detrás del muro de la desgracia,
Del acople de rajadas existencias en su andar cansado.
Frágiles.
Alas de agotadas levedades para seguir
El ritmo del oleaje infecundo.
Frágiles.
Muy frágiles.
Fatigosas secuelas en la eternidad de los sentidos.
Y todo pesa
Y todo pena
Y todo hiere.
Y todo se vuelve enrarecida atmósfera.
Frágiles.
Muy frágiles.
Golpea la bruma, las rejas prietas aferradas al despecho.
Todos
Frágiles.
Todos hijos de la tierra.
Sí, todos


sábado, marzo 16, 2019

Una nube...


Una nube aparece en medio de un firmamento adolecido, consternado,  hambriento de la humedad  de sus labios, de sus manos. Dos miradas pérdidas en el infinito de lo eviterno, de la molicie asfixiada de raros movimientos de un atardecer. Y viene la palabra, una palabra casi precisa, casi exacta, bañada de unas lágrimas que se van, que se encuentran.  Amparadas por el oleaje cercano se miran, no se conocen y una luz estrecha las engancha  en una voz que ellas no escuchan, solo, silencio.
Xx:
Te mueves entre los precipicios de los atardeceres. Te asomas con la venganza muerta, con tu cuerpo grande, con tus manos pequeñas, con tus ojos de asombro y me buscas. No me encuentras y retrocedes hacía atrás, involucras a la brisa en el largo túnel que traerá hasta mi, supongo.
Yy:
No, no eres tú. Acaso, no me ves, no conversas cuanto mis ojos ante ti se atreven tímidamente a señalarte y me escondo, y me voy  lejos pero no mucho. Tal vez después regrese con las primaveras de algún beso nacido en la sed de tu vientre, de tu boca.
Xx:
Uhm…la mar, la mar. Paseo mis pensamientos ausentes de la dejadez, con la amplitud de tus mirada clara bajo el rumiar musical de las olas contra las rocas. Y , otra vez…te observo  en la paciencia de los atardeceres cuando la siesta despliega sus alas de mariposa como velo de la distancia.
Yy:
Embarazada de poemas azules, naranjas, verdes, amarillos, rojos  tomo la calma. Tu espalda se hace gigante, enormes pasos agitados me envuelven hasta que llego a ti, pasos acogidos por la fertilidad de un cuerpo que flota en el sueño.
Xx:
Soy liberada vertiente en lo cotidiano. Un espejo me observa y yo también a él, la silueta de tu verticalidad me alumbra de espaldas a la precisa palabra que te diré, que te digo. Y no entiendes, y no me ves, y no respondes a mi aliento calmo.
Yy:
La marea sube. Llega hasta las rodillas. Vestidas alargamos los brazos en el sentido que las ballenas son fugaces astros de las emociones. Y  te empeñas en que todavía, todavía es temprano. Tendremos que agarrar el tiempo…tic-tac…tic-tac y respirar de su influencia en la espera. Pero ¿no te das cuenta? Cada vez nuestras huellas, en esta playa, se disuelven con mayor celeridad.  Te llevaré rosas, te llevaré claveles, te llevaré lirios y bajo la luna que viene te abrazaré…si me dejas.
Xx:
La marea sube. Llega hasta la cintura. Y las ballenas con su tanto profundo nos imantan, nos hechizan en el olvido de nuestro amor.  Sí ¿tú también te has olvidado? Miremos la caída de la tarde como plenitud de un nuevo instante en la sonrisa arrinconada en nuestros pesados hombros.
Una nube que se va. La alegría  y no sé bien porqué vuelve a sus rostros. Cometas tardíos vuelan en la playa agarrados a esa brisa fuerte. Ellas los miran. Las palabras se desnutren, se pierden en el fondo de un horizonte bello…muy bello. Un fondo donde el rigor del amor, del querer, del vientre a vientre muerde, mata la desidia, el alud de hiel que penetra en el día a día. Espesa luna es la que viene, con el todo de su fragancia, de su lumbre, de su hechizo en las mareas de cristal.  Y no se ven, y no se tocan, y no se escuchan solo el sueño de una noche que vendrá con toda su entereza, con toda la viveza entre sábanas liadas a sus piernas.


jueves, marzo 14, 2019

¿Te he visto?....






¿Te he visto?
¿He conversado con tu aliento?
¿He rozado el aroma de tu cuello?
El murmullo de los años acarician las sombras,
Las desatadas manos al vacío de acantilados
Rompientes en un oleaje grave.
Acaso ¿Te he visto?
Mis ojos son aguaceros de la insonoridad.
Acaso ¿ He conversado con tu aliento?
Mis palabras se tornan huecos ecos de paredes blancas.
Acaso ¿ He rozado el aroma de tu cuello?
Mis manos, imprecisas son molicie de la nada, de la nada…
Tal vez, estoy aquí.
Tal vez, estoy allá.
Tal vez, no estoy.
Tal vez los años estrangulan mis sentidos hacia el apagón
De los  maravillosas jornadas de descanso.
Tal vez, estoy aquí.
Tal vez, estoy allá.
Tal vez, no estoy.
Tal vez tu existencia se difumina en el rigor de la espera, de la espera...
No, no te he visto.
No, no he conversado contigo.
No, no he rozado el aroma de tu cuello.
Simplemente nada.
Simplemente cansada.
Simplemente ojos cerrados al viento, al viento…



domingo, marzo 10, 2019

Soy blanca. Soy negra


Soy blanca. Soy negra.
Xx:
Blanca.
Soy blanca.
Yy:
Negra.
Soy negra.
Xx:
Un barco en el horizonte.
Mi vientre reventado de flores, de nutridas asperezas.
Yy:
Una sonora bahía.
Mis manos en la plenitud de la dejadez.
Xx:
Blanca.
Colinas desheredadas de la gravedad de mis pisadas.
Soy blanca.
Doblo una esquina y un halo de desesperación penetra en mi rostro.
Yy:
Negra.
Amarillos hierbajos se lían en mi cuello.
Soy negra.
Doblo una esquina y un golpe cierto revienta mis ojos.
Xx:
No hay lágrimas.
Una nube se acerca.
Una nube grande.
Una nube con cuchillos rojos.
Yy:
No hay lágrimas.
La lluvia.
Una lluvia fuerte.
Una lluvia con cadenas grises.
Xx:
Soy capaz.
Muy capaz a medida de la dureza de piedras apaleando mis sentidos.
Y no hay lágrimas.
Y hay nubes.
Sigo con el aliento del alba.
Soy blanca.
Yy:
Soy espesa.
Muy espesa en el curso de púas bailando en mis espaldas.
Y no hay lágrimas.
Y llueve.
Sigo el frescor del alba.
Soy negra.
Zz:
Soy blanca.
Soy negra.
Esencia de mujer cuya lumbre anda en los precipicios donde la luz hace sombra.
Soy blanca.
Soy negra.
Escenas columpiadas a ras de mis piernas eficientes.
Estoy aquí.
Estoy allá.
Conversar con mi voz en estas tierras deshidratas, eclipsadas.
Soy blanca.
Soy negra.
Me levanto y avanzo con la orientación de la brisa.
Brisa que viene.
Brisa que va.
Estoy aquí.
Estoy allá.
Ya he llegado y el recorrido es liso. Se precipita en la libertad, en la calma.
Soy blanca.
Soy negra.
Homogéneas olas aman las nubes, la lluvia.
Las ramas habitadas por pañuelos blancos, negros vienen con el límpido eco de la paz.
Soy blanca.
Soy negra.