viernes, diciembre 14, 2012

Andaba descalza....


Andaba descalza, corriente abajo iba desnuda con un cuenco de rosas que iba repartiendo a medida que descendía ¡Rosas para la brisa¡ ¡Rosas para la lluvia¡ ¡Rosas para las arboledas secas¡ Rosas para esa agua fría donde introducía sus pies. Rosas para aquellos que deseaban amar. Rosas para esos que anhelaban la amistad. Sí, andaba descalza corriente abajo con sus sentidos adheridos a la esperanza, a la paz.  De noche era y la luna tenía un toque especial, tanto, que ella no deja de mirarla. La guiaba como mujer de esos encuentros con la naturaleza, con ese manantial que entre rocas soplaba a favor de los desfavorecidos. Ella, ponía una nota de felicidad, de optimismo, de energía constructiva que con la melaza de los vientos no podía ser fallo, más errores no. Andaba descalza corriente abajo. Tropezó con la solidez de una piedra, una piedra cuya forma de estrella la hizo detenerse, pararse para observar esa especie de astro caído de un firmamento de nubes esparcidas y luna alta. La cogió como se recoge algo especial y frágil. Su suavidad era tal que sentía que se estremecía ¡Una piedra¡ La acarició, la beso y de ese contacto de sus labios con su humedad nació el júbilo, la dicha de alcanzar la felicidad en ese pequeño instante. Se la llevo consigo. Sí, corriente abajo hacia ese pueblo de blancas casas y techos rojizos donde las campanadas ya daban el alzar de la labor. Desnuda. Y antes de que todos se dieran cuenta se introdujo entre las paredes de su casa. Un fuego lento y apacible la esperaba. Ahí, en esa chimenea donde el crujir de las ramas secas daba luz y calor a toda la oscuridad de la casa. Descalza, por qué andaba descalza se despidió de ese arroyo por el que todos los nocturnos desnuda andaba corriente abajo. Se vistió y salió de su casa. Ahora andaba por la tierra batida del pueblo observando cada encuentro, cada buenos días del cual ella absorbía todo el aliento positivo de las miradas. 

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