lunes, enero 12, 2026

HABITACIÓN CERO (NARRATIVA ) 38

 

38

Abro los ojos, estoy en mi sillón frente al piano. Una perspectiva que me produce un sentimiento de ánimo, de un empuje, aunque sea ajena a todo mi derredor. Pienso en ella, abro los ojos, la percibo por unos momentos y rompo esta realidad que me encoge, que me corroe en esta soledad atemporal. Agradezco este súbito enclaustramiento mientras ella, en un hospital, en una habitación cero de paredes blancas y suelo gris se va apagando como la flores en invierno. Abro los ojos, estoy en mi sillón, un sillón de color verde. Me siento descansada, aunque mis manos tiemblan ante la humedad pegada a mis carnes por la lluvia. Me deshago de el y voy al baño, esos pasillos donde su olor peinan mi nariz. Intacto permanece , tanto que a veces me vence. El agua nuevamente planea a ras de mi cuerpo. El vapor empaña el espejo,  una bruma de tibieza ampara mi cuerpo. Me apuro y salgo, por un instante pienso en esta agua, esta agua de batallas inconclusos. Esta agua que tanto ansiamos encontrarla en otro mundo, tal vez jamás. Todavía falta mucho, mucho tiempo. No sé si nos dará tiempo. Y aunque lo ignoremos, tenemos como objetivo el agua, tan necesaria para esta existencia, tan desgarradoras donde se blindan pueblos en el ámbito de la fortuna. Oh, ese cosmos, ese espacio donde el tiempo no tiene cabida, tan misterioso y a la vez tan insonoro. Me imagino está en órbita mirando hacia la tierra, este chiquito planeta azul donde se ha dado el privilegio de una civilización que se hunde a si misma, donde los ciclos de su clima, de sus guerras se repiten una y otra vez. Vuelvo al sillón, a ese sillón frente al piano. Medito sobre mi vida, sobre su vida, sobresaliendo a lo que soy en el hoy. Soy un agujero negro que atrapa toda esa materia oscura o no , descubro otra dimensión , una dimensión de mundos sordos a esta esfera. Un campo de flores besa mi estómago, una corriente de gaviotas ondean en los mares donde cantan las ballenas. Sí, cantan las ballenas. Sí, cantan los pájaros. Corretean por una masa corpulenta de arboledas y océanos donde se respira paz. Un planeta dentro de la nada, dentro de múltiples hilos que tejen este universo. Este plan perfecto me emborracha de una ilusión, de una esperanza fuera de esa atmósfera llamada tierra. Soy naufraga que ha encontrado otra ínsula dentro lo colosal, ante lo grandioso de este cosmos donde colgamos como un halito de incomunicación, recluidos orbitando en una luna donde nuestras promesas, donde nuestros interrogantes son lagunas dudosas de nuestro yo. Mi yo, un yo vertical, primero soy consecuencia de mi cima, de mi propia cima después, vendrán los verdes sueños de amor, de amistad. Ante todo, equilibrio, ante todo sostenibilidad, ante todo un reusar nuestras fuerzas como nuevas noticias de un arco iris que besa…que besa nuestros labios. Una oportunidad que llegará y será acogida o no y llegarán otras y creceremos al son del rumor de un faro que no se cansa del oleaje. Abro los ojos, aquí en el sillón, a unos pasos de mi el piano, a un tiempo no muy remoto la paz.

domingo, enero 04, 2026

HABITACION CERO (NARRATIVA ) 37

 

37

Habitación cero. Paredes blancas. Suelo gris. Me entremezclo en una esperanza, pero a la vez atisbo un desencanto. Una desilusión que da la suficiente ebriedad de tu marcha. Poco a poco te vas degradando y sin embargo, sonríes. Mi mano prieta con la tuya desemboca a una energía que a veces es caóticas y otro equilibrio. Las dos se tienen que unificar para consagrar está larga despedida. Enciendo las noticias. El poder de un pueblo subyugado por tiranos y más tiranos. La riqueza interna de un país desprende un halito desconsiderado de colonización. Siempre hay algo que va más allá de la libertad de las manos de un conjunto de gentes que han vivido en la opresión, en la justicia manoseadas por el delirio de un líder dictatorial. No quiero escuchar más, estoy en este hospital donde tu te mueves entre la vida y la muerte. Hemos llegado a un año nuevo y te felicito querida madre. Ah, madre. Todavía luces con tus ojos puesto en mis manías, en mis movimientos. Las conservo para ti, para que me huelas y sepas que estoy aquí. Sí, en este ahora donde no hay nada más. Llamo a los grandes riscos donde la lluvia alborotada hace correr el agua y sueño despierta. Bajo hasta esos manantiales y bebo de ellos , bebo por ti. Toda tu sabiduría se reencuentra conmigo, palpo con un tacto sutil cada uno de tus consejos. Me arrimo al hogar cálido, ese hogar donde el abrazo supone la vitalidad, las ganas de seguir. Y una pieza de música viene a mí. Una pieza compuesta en tu nombre, triste pero a la vez aclara la calma…una calma que me azoca cuando sola soy pies desnudos de cada cuarto. Tu , en esta habitación cero de paredes blancas y suelo gris, yo aquí. Mis ojos no dejan de analizar cada uno de tus movimientos, cada uno de mis quejidos. Sí, me quejo. A está edad la templanza reina en mis huesos. No me importa no dormir, no me importa estar atenta a ti. Me es igual lo que digan. Y soy constante en esta obsesión de no dejarte ir. No sé por qué. A veces pienso que no permito tu ida de esta tierra. No noto en tu rostro sufrimiento solo, paz en esta habitación de suelo gris y paredes blancas. Bebo y vuelvo beber de ese manantial al final del risco y ahora he de escalar de manera ascendente hasta su cima. Mis manos sangran, mi cuerpo siente la molicie, pero llego a su cúspide, una asombra luz del astro rey de invierno se inyecta en mi vista , en mis carnes y siento el acogedor refugio en un ángulo donde las sombras se apartan, se extinguen. Aquí, un día más de un año nuevo, las buenas cosechas de los seres humanos con otros traerán la concordia que tanto hace falta a este mundo convulso. Este mundo que como una cascara de naranja quitada ya se exprime en la intemperie de sus sentimientos, podridos. No, no estoy amarga, disfruto de últimos instantes de tu destino. Un destino que todavía no acepto, me siento incómoda, ronda una manada de púas alimentándose de mis hombros y me hace caer sin que tu lo sepas. Y me arrincono en esa luz del sol en la cúspide de la existencia, aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Despecho todo mal que no florezca en tu jardín…un jardín dormido, radiante de calma.