Sentir el silbo del viento en las
plumas plateadas de un nocturno donde los pájaros son sendas del trinar. Una
canción que nos deja sin aliento cuando la madrugada toma el rumbo de los
sueños. Sentir el rubor del oleaje de pardelas, de gaviotas sondeando el
equilibrio de esta tierra. Me quedo quieta , despierto y dejo que en la orilla
de los deseos las olas memoricen sin apuros ese canto, ese beso de estas
existencias en un planeta único, peculiar en la extensión del cosmos. Admiro las
estrellas , el inquieto ajetreo de las aves y pongo a mis espaldas su belleza, lo perfecto de sus
vuelos.

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