domingo, agosto 04, 2019

DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE AGOSTO...


No, la calidez de los rayos solares se oculta, se esconden bajo una masa inanimada de nubes que desean recorrer la urbe. Lo cotidiano da un salto roto y nos encontramos con un sabor amargo, penoso, aborrecible que induce en divagaciones indecisas. Amanece y todo es gris metálico, un gris que nos agarra y nos impide avanzar.  Un verano deslucido, opaco, triste nos envuelve y el rasgueo de una guitarra(cualquiera sabe dónde) eleva el pensamiento en lo neutro, en la nada. Me extiendo en la cocina y un café  alimenta mis labios,  meditativa me pierdo en las llanuras de las mareas, de los prados, de este día cenizo tocando la desgana. Es temprano…muy temprano, los cantos de los pajarillos surcan mi ventana y un café asesora mis pensamientos en espiral, con un movimiento ondulatorio que me hace vibrar en el verdor de la jornada. Y es verano, y es  ducha bajo las aguas del despertar. Sí, estamos despiertos, conscientes de los pasos a dar. Garabateo algo, que es rutina habitual en el estímulo de los sentidos. Me detengo y vuelvo con un café alimentando mis labios. Hago la cama, los quehaceres de los días antes de salir. Me fijo y observo que a mi camisa le falta un botón en la zona del pecho.  Y todo sigue gris, las aceras gastadas, sucias me dejan pasar, en una esquina hallo el rasgueo de la guitarra. Lo miro, con ojos oscuros, seguros y me abandono en las calles sin sentido alguno. Una leve llovizna cae, me dejo ir en la profundidad de su humedad, de su olor.

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