miércoles, diciembre 18, 2019

CENIZAS....


Ah , amanece y con el ritmo de una nueva jornada se abren las ventanas de mis pisadas ¿A dónde iré hoy? Es una cuestión que se mezcla en mi mente para después dejarme ir en un no sé. Llevo estaciones sin salir de casa, de estas paredes y es como si algo extraño me estuviera carcomiendo. Es cierto. Es tan cierto como los hielos bajo el efecto invernadero se derriten, se desploman y mezclan sus aguas con un mar donde las especies van muriendo, huyendo. El aislamiento me cubre con su densa capa de añoranza. Viene a mí como compañera lejana que nunca se olvida que aquí estoy. Sí, aquí. Escucho el viento, aletea una infeliz mañana. Sí, trae nubarrones donde quizás la lluvia se ancle en las aceras, en el asfalto.  Me asomo al balcón y noto su bruto roce con mi rostro, un frío incoherente se entrega a mí y me abraza. Las nubes se desvanecen por su acción y el tan alegre juguetea con mi cuerpo.  La casa está vacía. La usencia del calor humano se nota en cada uno de sus rincones. Mi techo retoza el jadeo de los desiertos. Solo una gata vieja que ronronea, que me toca en su lenguaje cariñoso pasea ante mí. Las mesas, las sillas…nada sirve , son objetos en que me apoyo y solo me hacen pensar y pensar.  Una pintura arrimada de un pasado. Un poema de ese amor perdido entre sombras y nada más.  Y es que la quería tanto ¡tanto¡ que ahora envuelta en brumas, en la nada, en el vacío me es imposible defenderme para ser luz de un día ¡Mi amor¡ ¡Oh, querido amor¡ Leo un viejo periódico y solo existe la fuga del equilibrio. Una masa desastrosa barre esta atmósferas. Guerras , hambre, migración, sed , injusticias, esclavitud y un mundo que deriva bajo lo irrazonable de su estabilidad. Una naturaleza muerta, quemada. Respiro y respiro. Y ella viene a mí como fuente de la vida como querer del ayer, del hoy, del mañana ¿Por qué no puedo enfrentarme a su muerte? Muerte y vida, vida y muerte se enlazan bajo las inclemencias de las estaciones.
¡Anda mujer¡ Levanta y da unos pasos hacia ti misma. Apártate del frío y mirate en uno espejo. Te mirabas tanto cuando ella estaba….Ahora ¡ por qué no¡ Mírate…mírate y dime los que observas, descubre esa belleza que aun guarda tu reconditez.
Veo la muerte. Percibo un cierto clamor de gelidez. Estoy pálida, las ojeras danzan hasta mis pechos, caídos, con una realidad anormal.
¡Adéntrate¡  ¡Tu realidad¡ tu, ahora , todo ha de acabar. Tienes que descubrir el despertar dentro de tu llanto amargo. Deja de mirar la muerta. Esa muerte que corre tras de ti. Ella se ha ildo, ha muerto. Sus cenizas esparcidas en el mar corretea por otros lugares, otros mundos a la vez nuestros. Despídete, ya es hora mujer.
¡Cállate¡ corro y cierro ventanas y dejo que la oscuridad reine en este piso. No, no quiero verme más. Deseo volver al ayer ¡si¡ al  ayer donde las pardelas a primera hora de la mañana nos acompañaba en nuestro paseo, donde el sonido de las olas fluían en nuestro amor ¡Sus cenizas¡ ¡Cállate¡ Apago luces y así regresará a mí ¡Ven¡ ¡Ven¡ que el viento se vaya y me deje en paz. No, no vienes, pasan los años y aun estás en mi.  Percibo tu olor aun bajo este techo ¡Qué hacer¡ ¡Que hacer¡ ¡Sola¡ Me he quedado sola. Corro abro ventanas, enciendo luces y me miro al espejo. Palidez, ojerosa y el ronroneo de una gata.
Yo, el viento, te declaro mujer libre del dolor. Vuela , vuela donde tus piernas te lleven. Sí, mírate en el espejo, enciende luces y abre ventanas. Ya no más rejas en tus sienes. Sal, traeré la lluvia, traeré la tormenta y la purificación de tu espíritu se verá sanada, curada de todo mal.
Corro abriendo ventanas, enciendo luces y miro esta puerta. Salgo con el temblor reverberante de mis sentidos, de una verticalidad amortajada. No sé porqué, me induzco bajo la lluvia feroz, bajo la lluvia de navajas que me llevarán al olvido. Sí, el olvido ¡el olvido¡
Yo , el viento, te declaro mujer absuelta de llantos vanos. Vuela, vuela donde tus sueños nacidos te esparzan bajo los rincones de la alegría.

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