martes, noviembre 08, 2022

LUNA BLANCA


 

Luna llena. Una luna cuyo blanco luce en balanceo de unos ojos inconclusos en sus cavilaciones. La esquina de los espejos. Para muchos, lugar donde la luna llena los esboza en un fragor interminable. Los rostros se vuelven jóvenes, inocentes en el transcurso de una mirada vertida a los océanos de la libertad. Luna llena. La esquina. Una esquina donde el reflejo del espíritu enerva mariposas pacíficas con el vigor de las pisadas, mudas.

 

JANE:

Yo vestida como la luz de la luna, la bella luna. Susurro a la brisa nocturna un canto con el ritmo de las olas. Entrego mi cuerpo a la noche. Una noche estrellada donde se divisa la calma. Pero esta calma es ficticia, las entrañas del ser humano hierven. Hierve de penurias y guerras inconclusas donde las olas no cantan.

 

Elle:

Yo vestida como la negritud del universo. Imperfecta y la vez saboreando los instantes que rozan mis espaldas. Te miro, me miras. Somos hijas del océano. Somos hijas de los naufragios ocurrido en el paso de generaciones. Y da lástima que aun se reproduzcan de igual manera sin la paz gritando balas de algodón.

 Anne:

Aquí. Entre ustedes dos. Soy vertical. Soy equilibrio que se mece en las alas de una travesía infinita. Luchamos y somos madres de cada anochecer donde los ciegos duermen.

 

 

 

 

 La canción de las olas rasguea un sueño, un deseo y la luna llena en la esquina de los espejos reproduce cada abrazo a esa vida del mañana. Sin embargo, se inquieta, masas corpóreas descienden a la miseria, a las guerras, a esas travesías como bocanadas del adiós. Y la muerte llega. Y la luna llena llora. Y la esquina de los espejos es atizadas por las herrumbres del ser humano. Todo es arrasado. Todo es arrastrado a faz de las tinieblas.

Jane:

Al unísono somos balada que profundiza en los deseos. Deseos ambiciosos en este mundo que parece morir y no muere. Estamos ajenas al sufrimiento. Estamos ausentes a los chillidos del dolor en el silencio de nuestros oídos. Pero hay gritos. Pero hay sufrimientos.

 

Ellen :

No cambiaremos, todo es repetitivo en este planeta donde las almas no despiertan ¡Qué tranquila está la noche¡ Respiro hondo y soy tierra que he de pisar y soy mujer que ha de luchar. Una lucha sin armas solo, con la bocanada de nubes blancas sonando a nuestros caminos.

 

Anne:

Qué largo se hace el camino de vuelta a casa. A esta casa llamada tierra. Tan violenta, tan desaforada, tan injusta en su porvenir. El hombre se vuelve huraño, perseguidor de fronteras condenadas al llanto, a agujas danzando al son de la desgracia.

 Luna llena. La esquina de los espejos. Ruptura. Y volvemos a ella. Regresamos a su mirada estática y hermosa, nos rendimos a su luz. Una grandiosidad que nos eleva en la marginación de las penas, de hombros divagando la pesadez de las jornadas. Luna llena. La esquina de los espejos. Tejo el corazón en el derivar a ese tiempo que se va y todo vuelve a reverder.

 

Jane:

Y si yo mujer de blanco, sonrío. Y si yo mujer de blanco, doy un abrazo. Pasear por calles, por pueblos donde el saludo sea bienvenido a la alegría. Yo vestida de blanca con el halo de la luna, de la bella luna.

Ellen:

Y si yo mujer de negro, sueño. Y si yo mujer de sueño cediera mis sueños. Sí, mis sueños en la globalidad de este mundo ¿Qué pasaría? Las armas serian esponjas absorbiendo todo mal con el auge del arco iris alentando a las almas que pueblan este planeta. Sí, soñar y soñar, levantar la cabeza y borrar esa lágrima putrefacta que revienta los rostros del hambre, de la sed, de la muerte precoz. Y todos cantaríamos como cantan los desiertos, como cantan los océanos.

Anne:

Asesinar la pena. Asesinar cada sufrimiento de cada niño cuando correo tras una cometa perdida. Asesinar la desnutrición, la sed con el extraordinario beso de la luna, del sol. No obstante, la nada no se puede evitar. Somos como plumas , tan ligeras, tan frágiles que el mal nos puede. Y el mal se tiene que extinguir si queremos continuar por esos paisajes que se rinden al amor. Amor y amor….hace falta amor a la alza con el respeto.

 

Y la nada no se puede evitar. Una bruma se hace incansable y repentinamente cerramos los ojos. Y la luna llena desaparece, suspiramos y la soledad nos aturde, nos encasilla en desfiladeros donde solo el eco de nuestra respiración truena indefenso.  Levantamos los ojos y la luna llena sigue ahí y la esquina de los espejos estática siguen desfilando escenas de esta atmósfera. Nos contraemos y nos expandimos. Nos expandimos y nos contraemos. Un grito. Luna llena. La esquina de los espejos. Y al final todo es lamento.

 

Jaen, elle, Anne:

Cantemos, Bailemos antes que la luna llena blanca se vaya. Cantemos, bailemos antes que la Penumbra pronuncie nuestros nombres. No, no nos nombres. Déjanos como las mariposas de un nuevo día surcando la balada de la paz. Cantemos , bailemos por aquellos que se han ido entre el tormento y la tortura, que las cicatrices caigan donde una mirada atrás sea para el nunca más. Escribamos cartas al viento donde el ronronear de las mareas las lleven lejos….muy lejos, hasta la última existencia y sea entendimiento, el entendimiento de todos somos iguales sea cual sea su creencias. Que la armonía nos acompañe, que la armonía bese nuestras espaldas y nuestras manos sean pañuelos blancos…muy blancos.

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