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Habitación cero. Una habitación de
paredes blancas. Una habitación de suelo gris. Me tiendo a un lado tuyo, posas
tu mano sobre mis cabellos como si mi calor , como si tu calor se transfiriera
en medio de la nada. Intento conservar este último tacto, este último acto
donde los cuerpos se desprenden toda su energía como ondas sinuosas propagándose
en un espacio donde el tiempo no existe. Madre, aquí, donde lo insonoro se hace
de una gama de azules, de verdes donde las almas besan un mundo paralelo donde
con el paso de las lunas, de los soles nos encontraremos. Madre, ahí, bailaremos
con el sonido de los pájaros, con el beso de un universo convergiendo donde las
olas , muertas, acarician nuestros sueños. Madre, allí, paraíso donde a nobleza
de las personas se entregan a las maravillas de la dignidad. Madre, adiós…o ,
mejor, un hasta luego. Tu aroma, tus movimientos, tus manías , tu forma de
hacer , tu mirada, tu calidez quedará conmigo exclusivamente. Nadie sabrá de
tus avatares de esta vida, de cada conflicto generado a ras de tus ojos, de tus
manos entregadas al hilar e hilar de la armonía. Habitación cero. Una
habitación de paredes blancas. Una habitación de suelo gris. En mi regazo poso
tus pensamientos. En mi vientre expulso todo lo horrible de esta sociedad. En
mi ojos evaporo todo el mal de las gentes vulgares. Madre, aquí, estamos en el
último aliento. Madre, ahí, observo una mancha en esta habitación de paredes
blancas, en esta habitación de suelo gris. Es la mancha de tu valentía, de tu
verticalidad, de tu ser y estar en esos instantes donde todo lo caótico se
vuelve estable. Mi ultimo beso. Tu ultimo beso. Habitación cero.
FIN
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