martes, enero 20, 2026

HABITACION CERO(NARRATIVA) 40

 

40

Desobedezco. Contradigo a la forense. Dejar los cuerpos donde están, así han permanecido estos siglos, este tiempo que nos abandona en una sabia madurez, en una vejez donde lo confortable en la memoria de aquellos que se han ido a la manera afable, de paz. Esos aborígenes, que no son aborígenes, sino una continuidad de un pasado hasta el hoy deben permanecer en su último abrazo, en su ultimo beso, allá, en las cumbres, en esa cueva donde fueron aislados hasta la mortandad. Dice de su conservación, pero si han permanecido así hasta este presente que viene , que va seguirán de igual a lo largos de años venideros. Le cuelgo, la lluvia se ha esfumado, un sol premiso de gentes que salen de sus agujeros presta al andar por esta pequeña ciudad de una isla del atlántico. Callan todas las voces de este invierno, los chubascos, la erupción . El genterío se prenda de nuevas noticias, de nuevas ilusiones. Me acerco al balcón , observo estos geranios que encienden su bonito. No, he dicho que no. No me comprende. Una discusión advierte mi retroceso ante el descubrimiento. Que canten las Harimaguadas, que sus oraciones sean propósitos del respeto, del sentido que tomo está historia dudosa. Las escucho. Sí, sus almas rondan en este sillón verde  donde estoy postrada. Suplican el abandono del saqueo, de esa dignidad de sus orígenes, de su pueblo. Correr, correr, ser valientes ante las fuerzas contrarias de vuestros espíritus, libres, jóvenes, florecillas donde las mariposas habitan, donde el pinzón azul viste su canto más lúcido y bello. Correr, correr, ahí está la gruta que os guarecerá los siglos por los siglos.  Mi voz los escucha, ese jadeo impertinente del final de sus ánimos, desorientados. Y me entra ganas de llorar. Y lloro, aquí postrada en mi sillón verde. El piano y la perrita me examinan, un aliento restablecedor , vigorizante seduciéndome a sostener mis prioridades, estas ideas mías….solo mías. Oh, madre, estoy aquí, en tu casa frente al piano y con tu perrita, me siento a gusto con la voluntad de mis pensamientos y me dejo llevar por el destino. Mis fuerzas parecen tomar aire. Un aire que me expansiones más allá de esta vía láctea. Y me doy cuenta que el tiempo en esa oscuridad solemne no existe. Y me doy cuenta que el espacio no existe. Me alimento de un choque extraño, envejecemos, aquí, en este mundo donde los más crueles desprecios, deseos se vierten en ojos negros absurdos. Contengo mi rabia, mastico y una solaz calma me visita. De nuevo el teléfono suena, yo en mi sillón verde. Aquí mi perrita y un piano. Ay madre, me escurro ensimismada en cada gota que nos estrangula y la hago añicos, así, como bolitas de papel que van quedando en mis pisadas y que el viento cómplice se lleva a la profundidad de los pozos. Produce una desmemoria convenciéndome de mi verticalidad, de mi eclipse ante los ojos despiadados. Ahí se quedarán los cuerpos, un secreto entre yo y la forense hasta que sea oportuno contarlo para que haya de hacerse. Firmamos un convenio, una misteriosa promesa que nos alivia por momento. Veo personas arrastrando grilletes de la esclavitud, de la decisión dictatorial, propagandística, difamatoria hacia ellos. Van lejos, muy lejos donde la libertad sea  oasis donde los sueños son corroborados positivamente. Los cuerpos de estos jóvenes se quedarán ahí, en ese nido donde el amor se guareció de la sanguinaria tempestad humana. Sí, somos humanos . Sí, somos ecos de siglos. Sí, somos origen de un universo que se expande, que se contrae…lo visualizo  aquí, en este sillón  verde con la perrita y mi piano.

 

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