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Y regreso al piano, dejo esas vidas de estaciones
pasadas aparcadas por unos momentos. Con la desnudez de este viento, de este
calor que amputa cada fragmento de mi visión de quien puede ser, de quienes son
me siento, frente al piano. De nuevo lo abro, aquí, en esta estancia donde mi
memoria induce recuerdos de un ayer. Un sentimiento de dejadez me aprisiona
¿será el fin de mi vida? De esta vida que llevo ahora puesta en otro traje, en
otro cuerpo. Silbo una melodía. Me fijo en ese jarrón de flores marchitas,
acabadas. Y tal vez este regreso continuo sea parte de este final. He vivido
mucho medito por un instante y he visto tantas y tantas cosas malas que
agradecería dormitar en infinito del cosmos. Pero…zas…me sobreviene una idea,
una canción , una dedicación, un esfuerzo y contemplo esta mañana donde el
viento y el calor agotador entonan mi supervivencia. Sí, supervivencia. Así, en
este insonoro cruce de palabras con cualquiera solo el resonar de las olas,
solo las palabras exactas de una amistad cuando nos lleve la marea. Y cuando
nos lleve la marea seremos eso seres de luz donde lo divino, donde la
oscuridad, donde el enigma sobrevolará sobre otras mentes. Mis dedos se posan
en el blanco de estas teclas, compongo en esta soledad querida, amada, en este
submundo donde nadie me ve, donde nadie me escucha. Mientras suena la pieza
imagino un arroyuelo proveniente de una pequeña cascada, un manantial que nos
da suficiente sobriedad para estar alertados en esta vida. Sí y no… no y sí. Y
por qué de esta alerta. Un campo de crisantemos canta a cipreses sin nombre, anónimos
de todos aquellos que han cruzado la frontera en la despedida de sus vidas. Veo
un niño, un niño pequeño, no tendrá de más de cinco años, arropado por mantas
tras la travesía maligna de la huida , de la esperanza. Su madre ha muerto. Una
muerte que quien sabe por qué. Es agotador, es inhumano esta deshumanización
que estamos sufriendo en esta era. Nos agarramos , sin más, a un salvavidas
donde no hay hueco para nadie más, solo el yo dándonos igual el mal del compañero,
de la compañera de cruza ese mismo infierno ¡Supervivencia¡ Genocidios,.
Muertes y más muertes en la faceta más cruel de la humanidad, estamos manejados
por hilillos que cuando desenfocamos en otra visión , en otra manera de pensar son
cortados cayendo a la nada, por lo abrupto y corrosivo de un precipicio donde
el latente dolor nos aniquica, dejándonos en el olvido. La melodía , triste,
viene como una ráfaga contenida en un suspiro. Cuando nos lleve la marea, mis
seres queridos ambientan este salón donde me hallo, soy vocacional en el
lamento de cada movimiento cuando desde aquí, desde mi calma estudio este
redondo planeta fruto de un sol, inspiración de una luna que nos permite vivir.
Y porqué no lo aprovechamos, porqué no miramos en su interior tan prometedor y
desesperanzado también. Cuando nos lleve la marea, habrá pardelas en un vuelo
estremecedor con el llanto pronunciado los nombres de los desaparecidos. Y es
que ellas saben. Y es que ellas son elemento cierto de tanta y tanta mortandad
injusta, indebida de este planeta. Tierra de todos y tierra de nadie….cuando
nos lleve la marea. Mi composición se alarga, aquí , ahora cuando el viento aun
no calla de su lamento, aquí, ahora cuando el jarrón de flores marchitas me
recuerda mis últimas estaciones.
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