jueves, septiembre 30, 2010

Creías...


Querías alcanzar tu meta. Esa meta que algunos saboreamos en nuestros sueños como empujo de la vida. No necesitabas de ninguna religión que inundan este planeta con variopintos dioses. No. Tú creías en ti misma, ser vertiente de un jardín donde tus manos siembran en un pedazo minúsculo de tierra los deseos, las esperanzas. Tú creías en el ser humano, en la naturaleza como presencia que no posee algún herrumbre que te pueda marchitar, acabar definitivamente con la belleza de los sueños. Eso no es así, bien lo sabes, siempre hay alguien que desea varar, que te frena, que te borra, que te entorpece en tus actos para lograr aquello que luchas. También sabe que la fuerza positiva y constructiva puede esquivar, puede extinguir, puede eclipsar aquellos contratiempos para ser cima y entrega de aquello que amas. Querías alcanzar tu meta. Pero tú intransigente contigo misma te contrariabas, te desesperabas, te caías en ti misma y ese girar y girar da ceguedad a tus huellas, aquellos que has sembrado y recoges con el baile cínico de la soledad. ¡Soledad¡ Vaya acompañante te fuiste a buscar. Pero la quieres después de las tempestades de la vida. La adoras como amor ideal que con su hermosura engañosa te permite ser parte del aire, de la lluvia, del viento, de la armonía del silencio. ¿Y tus metas? Están todavía ahí, en tu lecho de mirada de muerte, esperando. Esperando que tu cruce por la existencia no sea más traje de ortigas, no sea más desanimadas sonatas de la nada, de la nada….

No hay comentarios: