sábado, noviembre 27, 2021

LA MADRE



1

Ahora, aquí postrada recuerdo mi juventud, tu niñez. Burbujeantes tonadas de alegría avanzaban en tu sangre, en la pequeñez de tu cuerpo. Ahora, cuando la enfermedad y incansable bombardeo que no deja descansar te busco en mis recuerdos, en una memoria que huye en estos instantes de odio y rencor. Porque si hija, las guerras no más que son batallas del odio y el rencor, no hay más. Un poder inhumano exhala cenizas en nuestros ojos y todo se vuelve oscuro y los pájaros no cantan. Ahora, cuando la noche me agazapa en las sombras de un minúsculo silencio mis pensamientos me llevan a ti. Tu te has ido, querida hija. Si hija, has huido como tantos otros a tierras desconocidas, me imagino en esta ráfaga de aire cortante en tierras insípidas, en tierras donde la lucha no ha terminado. Busca la paz, el equilibrio querida hija ¡Ay hija ¡no llores por mí, yo ya he vivido lo que tenía que vivir. Ahora, aquí postrada con ojos prietos huyendo de mi muerte ¡Es imposible ¡ya viene….ya viene. Estoy acompañada…¡no¡¡no¡ estoy sola para que mentirte. Tanta y tantos muertos que quedarán en el anonimato. Yo soy una más, vomito por mi nariz, vomito por mi boca toda esta destrucción, toda esta descabellada maldad del mundo. Mi descanso será tu descanso querida hija. Mi alma será parte de tus pasas hacia la libertad, hacia la paz. Te protegeré en cada precipicio que se arrime a ti y seré soga que cuelga tus sentidos. Este presente de luna menguante me hace detenerme en ti, en tus deseos, en tus inquietudes, en tus aspiraciones y de seguro que lo lograrás. Qué contarte de esta despedida aquí en mi lecho de difunta. Querida hija me siento orgullosa de que te hayas ido de este infierno, la guerra. Me entra ganas de reír, es como si la victoria fuera mía y con mi ida tu serás fuente eviterna de la verticalidad, de vientos norte que te lleven lejos…muy lejos donde la palabra genocidio no exista. Tendrás que empezar de nuevo querida hija, tu lo vales. Solo te digo que me entra ganas de reír desde este mi último suspiro y en mi sueño estás tu. Te veo corriendo por la densa hierba dibujando cometas en el cielo como un jardín de arco de colores. Te veo feliz, pensándome, conversándome, amándome, recordándome. Las razas no existen hijas, son nombre que ponen las gentes, las gentes de este diminuto mundo. Somos tan pequeñas y grande a la vez. Somos un círculo de hogueras donde la danza del amor nos socorre de lo malévolo, de las tinieblas de las miradas.


 

2

Me desprendo de mi cuerpo, orbito en la duda. Una incertidumbre que me desorienta. Siente algo de calma y un cierto temblor divisa mi cuerpo fundido en llamas. Ya no estoy y a la vez sí. Soy nota de la musicalidad del universo, este universo que nos acoge, que nos invita a ser hijos de este mundo. Me he ido, no lejos, un espacio negro me cubre, pero su equilibrio es indiscutible. Escucho las voces de las penas, del sufrimiento agotando la tierra. La nada. El vacío. Un impulso me hace pensar en ti, en tu huida. Ay, querida hija, permaneceré intacta en el tiempo, hasta que nos encontremos en las estrellas. Esto es la muerte, una muerte que nos entrega a otros cuerpos. Renaceré ante tu ceguera en el paso del tiempo. No me reconocerás, no me reconoceré. No obstante, seremos unísona luz de nuestras pisadas. Observo el llanto de estas gentes, de un país que se vuelve plomizo. La pesadez de la desilusión acecha en sus hombros y caen, caen en la derrota de la vida, caen en un sórdido llanto que los hace hijos de la miseria. De lo mugriento que es ese mundo.  Un mundo de guerras idiotas. Presto mi asombro al fanatismo más incoherente. Somos incoherentes. Somos desequilibrados. Somos asesinos. Quemamos nuestro hogar, la tierra. La hostilidad nos hace sordos y no oímos su grito.  En esta era todo es confuso, nos hemos vueltos agreste, un cierto detalle de nuestras manos. Manos ensuciando cada rincón de ese mundo llamado tierra. Desde aquí, querida hija, te miro. Se de tus errores, pero también de tus aciertos. No, no llores cuando llegue la noticia…si llega. Ahora, estoy en otra atmósfera, en otra dimensión donde todo es bello, donde todo es verdad. Lo bello y lo verdadero…lo verdadero y lo bello. Nuestra condición es ser humano. Nuestra condición es la prueba de la diversidad. He fallecido hija. No te preocupes, estaré en tu existencia contigo. Una llama enciende la espera, mi espera, aquí donde los corazones vuelan en la alianza de lo natural, de lo real ¿Dónde está la cura? En la absoluta hipocresía, nos mentimos a nosotros mismos de igual manera que a los demás. La compulsión de ese ambiente donde se mece la esfera azul es arrasadora. He muerto, querida hija. No se quien me ha cerrado los ojos, estos ojos que han visto los desastres de la guerra ¡No¡ no llores cuando llegue la noticia…si llega- Te abrazo amor mío y que mi abrazo sea tu talismán cuando me pienses, cuando andes en caminos de lodazales. Ay, querida hija…hija querida…CONTINUARÁ


 

3

Una densa niebla depreda la noche. La madre es quemada en la soledad. La dejan en esa hoguera donde su carne y huesos será no más que cenizas. Una noche donde los astros hablan del que será, que será de su alma. Y ella contesta, responde con el porte de la certeza. Una densa niebla se alimenta de la noche y el rostro de su hija surge en alguna nebulosa de este universo. Este universo confuso, misterioso, hechizante. Los astros comprenden su que hacer en su eterno recorrido por su cuerpo. Y dejan que su alma sea parte de ellos. Y dejan que su luz azul de pinceladas a la vida de su hija. La madre ha muerto. La queman en un pequeño boceto del nocturno con la densa niebla repica al miedo. Un anciano desolado, solo, se queda ante ella hasta que la hoguera se apague. No teme ya la guerra aberrante, cruel que se extiende ante él. De un momento a otra mientras ella arde en el adiós a este mundo un aullido se escucha, no más, el chispear de su quema y el aullido…el aullido y su quema. Un perro husmea por los alrededores al encuentro de engullirse algo. Un perro flaco y canelo en la desesperada búsqueda de la supervivencia. Así se deriva el largo recorrido de su hija. Una densa niebla golpea la noche. Su cuerpo extinguido no más es un extenso sonido del cosmos. Un sonido que ondea en el crepúsculo de su nuevo nacimiento. Preñada de su inmortalidad es vigía a espalda de su hija. Sabe de sus penalidades, de su miseria en el transcurso de una travesía que la lleva lejos…muy lejos donde la herida no tiene cabida. Se ausenta de ese perro flaco y canelo. No más encuentra ascuas de su ser. El todo es la nada. La nada es el todo. El bombardeo cuando sus cenizas son llevada en la madrugada por la brisa fuerte comienza. Un ruido que hace de los ojos del anciano se cierren en una suplica con algún Dios. De su rostro lágrimas que no se retraen. De su rostro en la media noche pasada danzan los sueños, sueños de un mañana. Tal vez ,  mañana… Abre los ojos, se mira sus manos estranguladas por la vejez, por el trabajo, por el agotamiento y se las lleva a su cara ¡Uhm¡ no quiere ser el serrucho interminable de los gritos en la oscuridad, de inocentes desvariando sus destino en la duda. Sí, la duda. Y  el perro flaco y canelo se le acerca. Estático se acuesta en sus pies en un son lastimero. Tal vez, mañana…Mira su derredor, destrucción y desolación y al fondo el ruido, el ruido. Te lleva sus manos temblorosas a sus orejas. No, no quiere escuchar más dolor. Una bocanada de aire aglutinado de fetidez lo empujan pero con el perro flaco y canelo en sus pies se mantiene quieto, verdadero.


 

4

Y en medio del nocturno estoy. Una luna hace conjunción con Júpiter y Saturno. Mírala hija. Te encuentras reunida con aquellos como tu han partido a un destino incierto. No aparques hija. No te digo que rechaces tu descendencia, solo, se mezcla homogénea de esa ciudad en la que estas. No te retraigas hija, se tu misma, con tus pisadas del despertar como no vinieras de lejos…muy lejos. No es cuestión de procedencias. No es cuestión de ser extranjera en un nuevo campo. Solo es una actitud de alianza donde quiera que vayas. Muévete apartando tu inseguridad. Muévete arrimando lo que corre por tus venas ¡Uhm¡ si pueda abrazarte….te diría que no eres extraña en esa tierra donde ahora estás, te diría alza tus alas, alza tu palabra, alza tu carácter y vincúlate con ellos. Tomos somos hijos de esta atmósfera. Todo somos una pequeña parte del firmamento, contémplalo. Busca quien vea como tu como gira y gira el ser, vivaces mariposas serán alas de tu despertar. Aun no lo sabes hija, pero he muerto. Se de cierto sabor amargo a tus espaldas, algo te dice de mi despedida. Un cierto tremor te arranca al vacío. Lo sientes. Conversa con el aliento de esos edificios, de esas gentes y verás que todo es cuestión de tiempo, todo es cuestión de una paciencia que te llevará a donde tú quieres llegar. No te rindas. Sí, he muerto. Pero no estas sola. Mi espíritu anima tus huellas borrando todo lo nefasto, todo lo malo. Mira hija, una luna hace conjunción con Júpiter y Saturno. Las razas no existen, cuando te des cuenta…sí, cuando te des cuenta bailaras al ritmo de una sociedad que te mira. Que te mira y respeta ¡Ay querida hija ¡Cuando nos veamos también bailaremos. Espero que no sea pronto, que tu con tus vivencias seas singladuras del bienestar. Bienvenida hija. Bienvenida a este nuevo mundo. Todo se balancea en otro ritmo, pero al fin al cabo es igual. Todos somos iguales, humanos. Aquí todo es oscuridad, todo es callado. Solo soy una energía que viaja al infinito, que viaja donde tu estás.  Y en medio del nocturno estoy , tu, ahí con tus iguales o eso crees. A veces confundimos el norte de nuestras ideas. Sé precavida. Todos no piensan igual que tú. Hay muchos puñales detrás. Cuídate de ellos y se valiente, se alimentada por la nueva cultura. Deja que riachuelos de su esencia penetren en tu verticalidad. Una luna hace conjunción con Júpiter y Saturno, mírala…


 

5

Detrás…detrás de ti. Te siento abatida, columpiada en el mal paso de tus inquietudes. Te desmoronas, te entristeces y piensas en mí. Lo sé, estás pensando en tu procedencia, en ese país desordenado, conflictivo, sangrante, moribundo, vagabundo de sueños eclipsados. Quien te alzado la voz. Quien te ha escupido en los ojos. Quien te ha dañado. Quien te ha rechazado. Así somos, no des tus manos a todos. La tranquilidad de alas quietas, observadoras te dirán quien será saludo de tu ser, tu ser como mujer extranjera en el infinito del universo, en el interminable camino hasta encontrar la paz. Se de tu sufrimiento, allá, en la frontera …una frontera de alambres y muros aireados de navajas. Se que has llegado y por cierta suerte estás a salvo. Sí, a salvo con ese niño que dices a todos ser tu hijo. Pero siempre habrá una bofetada, un desprecio en tus senderos. Como te lo tomes depende de tu experiencia hija. Y tienes mucha, me imagino ese campo donde la helada mata gentes, donde el hambre mortifica la mente, donde la mente se desbarata hasta caer en fosas de colmillos. Eso pretende. Tu has llegado, has pasado esa barrera sanguinolenta y asesina con ese niño. En todo momento has pensado en mí. Sí, me has pensado. Llega el alba y miras ese niño. Llega el alba y te miro, sin que tu lo sepas. Tienes una sensación rara en tu vientre y te das la vuelta, pero no me ves…no me verás. Solo cuando la muerte nos ancle en el olvido seremos almas viajeras a un no sé dónde. Mientras te sigo. párate, ten cuidado con tus pasos. Aunque somos seres de naturaleza libre esta sociedad nos ha condenado a la marginación. No todo es bueno, no todo es bonito. Detrás de cada rostro hay ojos, hay un cavilar que puede volverse contra ti. Recuerda, eres extranjera en una tierra extraña, en una tierra enrarecida por las lenguas necias. No temas. Se natural. No falsifiques tu origen y verás como todo irá bien. Uhm¿y ese niño hija? Lo quieres mucho. Eres ahora su madre. Ay, querida hija, que grato saber que no estas sola, que grato saber que luchas por el y esa lucha por el te hace luchar por ti. Anda, levántate, hija, sabes que todas las jornadas no son iguales. Cada despertar es un nacimiento que puede ser bello, perfecto. Mira por la luz de tu ventana ¡oh la luz¡ Ese sol por horas durmiente sobre ti. Lo agradeces. Observas a ese niño, que no se como se llama. Más no es de vital importancia su nombre, lo único es que este bien y lo está. Uhm, te enciende un halito de felicidad cuando lo contemplas, dormido, sereno. Tus manos sutilmente acarician su cabeza y respiras hondo, callada para no despertarlo. Te sientes en este instante completa. Pero hay algo que te retuerce, te conozco hija, querida hija…Y es el alba y el anciano y el perro estático en mis cenizas atizadas por un viento que viene…que viene feroz, mordiente…CONTINUARÁ.


 

6

Uhm…tengo miedo hija. Cómo puede ser esto…tengo miedo, mucho miedo.  A veces todo se desborda. A veces el ser humano se vuelve arisco, nefasto ante lo que no asciende del. Un verdadero temor que me convierte en un pájaro invisible tras los espejos que te reflejas. Tu no decaigas, ya has sufrido y penado bastante. Ahora, en el amanecer, me fijo en ese anciano quieto y el perro canelo y flaco en sus pies. No se mueven, no se tambalean, aunque la amenaza sea real, existente a su alrededor. Tengo miedo hija que todo esto se expanda. Ustedes, seres de la nada estáis derivados a la nada, a precipicios donde lo irracional los abraza. Uhm…hija mía, sigue lo que dice tu corazón y tus ideas. Que nadie te dañe. Que nadie te martirice con el canto de pájaros sin alas. Todos somos uno, una atmosfera donde se balancea nuestra entereza enraizada a un epicentro, la vida. Tengo miedo hija…mucho miedo. Medito, examino y los sueños se vuelven pesadillas, delirios. No por ti ni tu niño, sino por la fealdad de espíritu de unos. Te meces entre tus sentimientos, te meces en tu yo, te meces en tu persona. Te perdono todo hija. No fuiste mala hija en el ayer solo, tu condición de ser, tu condición en el amor. No fuiste mala. Ahora, aquí, en la oscuridad del espacio determino tus preocupaciones, tu malestar, tu desconfianza, tu tristeza, tus ansias. Yo lo sabía hija. Toda la vida lo he sabido. Una opacidad amargaba tu verticalidad. La condición de ser atraída por el mismo sexo no es mala hija. Nunca lo ha sido. Son solo una opción más en esta existencia. Perdóname, hija, mi daño no era por ti, todo estaba involucrado al ritmo de nuestra manera de sociedad. Detente y medita, qué hubiera ocurrido. No eres mala hija solo, una quise protegerte. Ante la vociferación, ante la muerte y aun tengo miedo. Sí, mucho miedo. Sé que no me escuchas, pero algo te hace presentirme. Me piensas, sospechas algo y sin embargo sigues con la esperanza de volverme a ver. No hija, el anciano quieto y el perro canelo y flaco en sus pies esta ante el adiós perpetuo. Pero tu has llegado, con tu niño. Ay, hija mía, que este nuevo aroma no te entregue a riscos donde ortigas rajen tus deseos, tus propósitos. Tengo miedo hija de que un martillo hiriente te agarre y te escupa su mal aliento…sí, mucho miedo. Se tú, erguida como los pájaros al encuentro de su ruta ¿Cómo hacer? ¿Cómo decirte? Perdón, que los pájaros cantan en mi espíritu de encontrarte así, has llegado hija….El crepúsculo de la mañana viene con nuevas expectativas para ti, para tu niño. Lo sé. El crepúsculo de la mañana será de nuevas experiencias que te harán más fuerte, más alta, más tu. Míralo, ese cielo entre dorado y celeste construyendo un cielo donde los  sueños avanzan, donde todo se va recomponiendo hasta la victoria de nuestras pisadas.


 

7

Estoy aquí, en tu presencia. Te miras al espejo cuando la mañana es bandada de pájaros. No eres creyente, pero soy ese halo azul rojo blanco que se forma a tus espaldas. Te converso como quien converso con el ser más amado, tu, hija. No te das cuenta, pero estoy aquí, tu potente cavilar me traído hasta ante ti. Ahora te veo mejor, tus alas aún sin plumas son huesos secuelas del pasado. Sabes hija, estás más delgada. Tal vez haya sido por un viaje duro y cruel donde tu le dabas la mano a ese niño. Un campo de refugiados, un campo de desheredados de esta tierra, un campo de martirio, un campo sonde la sórdida agonía te ha vuelto algo arisca.  Mírame como se mira una estrella fugaz. Mírame como se avecina mi ausencia después de la noticia. Comprendo que emigrar entre llanuras, montañas hostiles haya creado la gelidez de tu rostro. Un rostro petrificado, un rostro impotente, un rostro deshecho.  Pero ahora has de vivir, has llegado y una nueva lucha te espera, la condición de ser extranjera en una ciudad que no doy nombre, que más da, todas son idénticas. No te duermas hija, estate con sus ojos atentos. Te miras en el espejo, te examinas y percatas cada movimiento de tu masa ósea. Qué triste suenan los cuerpos cuando la insonoridad los ampara. Qué triste suenan las manos cuando lo gélido las acaricia. Qué triste suena sonrisa cuando te miras y la nada de rodea. Estoy aquí, en tu presencia. Una calidez dejo pasar a tu cuerpo, a tu existencia para que te animes, para que no calles, para siguas tu camino. Son muchos años de desasosiego, de desgracias que aún están latente. Cuando miro ese anciano estático y ese perro flaco canelo a sus pies me recuerda a ti y a tu niño. Qué triste suenan las olas de esa bahía que desde tu ventana avistas. Respira profundo hija, saborea de ese oleaje que trae, que lleva…que lleva, que trae. Qué triste suena tus ojos cuando un hondo vacío te sepulta bajo rocas indestructibles. Qué triste suena tus sueños cuando nadie te ama ¡Ama hija ¡Sí, ama! Qué más da. Solo somos milésimas de segundo en este universo, nada. Aprovecha cada oportunidad que se te brinde la vida. Qué triste suena tu reflejo cuando desnuda miras tu ayer, tu hoy. Estoy aquí, en tu presencia, ronroneando el ascenso de tus ganas. No decaigas, no te marchites donde la sombra de cipreses se empeña en llevarte. Nadie se alegrará de tu miseria al igual que nadie se alegrará de tu riqueza, de tu riqueza recóndita. Estoy aquí, mira como energía te atraviesa para quedarse en ti de manera vertical, positiva. Levanta la cabeza y salúdame…No te duermas. Ahora me despido con el tintineo de tus pasos. Ahora me vuelvo atmosfera que te rodea hasta el final de tus años. Qué triste suena la soledad hija, querida hija. La bahía se ve desde tu espalda y te trae sin cuidado. Ya ha amanecido y el niño duerme.


 

8

Adiós, hija…no, no…un hasta luego. Las fuerzas del universo me retraen, me llaman.  Soy succionada bajo una atmósfera oscura, leve y pesada a la vez. No sé que decirte de las sensaciones que siento en estos momentos. Es un estado extraño, me hallo en el placer de una luz que me absorbe. Supongo hija que volveré a ser existencia de la tierra. Pero donde, donde… mi memoria se va disipando, mi memoria se va, mi memoria se va enterrando donde lo casual puede ser una vivencia del ayer. Cuando llegue ese instante espero que seas tu. Agujeros negros me contrae, me expanda y solo soy una energía que será hija de un vientre. Naceré de nuevo, no sé dónde. Las imágenes se me van, solo queda ese anciano y a sus pies ese perro canelo flaco rumoreando un llanto callado. Ahora te quedas sola hija. No decaigas, no converses con paredes de la nada. Sé tú. Tu misma. Danzo con celeridad con cúmulos y nebulosas, no lejos de ti. Me gustaría que el anciano y el perro canelo flaco se fueran de esa pira donde yo soy inexistencia. Me mortifica, que se dejen morir así. Quizás, cansados de tanto y tanto odio entre los seres. Y tu hija, todavía frente al espejo con tus ojos embelesados como esboza una nueva jornada. No me pienses, no me nombres. Solo soy un eco en la sombra cuando todo cae vertiginosamente, cuando todo rompe en cristales punzantes que te dañan, que te matan. Lo más cierto es que nos encontremos, no se en que momento de la vida y nos sintamos atraídas por nuestras inquietudes. Charlaremos y charlaremos como no hubiera pasado, un ayer y nos daremos pinceladas de aliento, de un aliento fresco, alegre. No seremos conscientes del porqué, pero este cosmos nos indicará el cruce de nuestros caminos.  Sí, seremos una visita en un instante determinado. Sabes, tengo cierta pena, no saber de más. No saber de tus rutas por este planeta seducido por la enfermedad. Sí, un mundo enfermo. Pero nos encontraremos, no sé cuándo. Me estoy agotando y tu sigues frente al espejo, el niño duerme.   Un poder superior a mi saca mi esencia y adiós, hasta luego.  Y adiós, hasta luego. Danza con los ahogados de ese ambiente. Danza con las ballenas defraudadas en su destino. Danza con cementerio de elefantes. Danza con la despedida, con mi empeño de saber de ti. Danza con el miedo. No sé donde estaré. Solo sé que seré huesos y carnes no sé dónde, ya nuestros ojos brillarán cuando seamos hijas de una mismo sendero en el misterio de nuestras palabras.


 

9

El todo se vuelve la nada. La nada se vuelve el todo. Un paisaje donde tristes tonadas anuncian la despedida de la madre. Una madre imbuida por las extraña estratégicas de un universo que contempla su vuelto. Ella, la madre, olvida su pasado, su presente, su futura. Ella, la madre, cae atraída por una fuerza que la compone en huesos y carnes de nuevo. Ella, la madre, será un fragmento del ayer, pero en este presente en un cuerpo distinto no memoriza sus vivencias. Solo su carácter será veracidad de sus encuentros, de su búsqueda de la despedida a la hija. Ella, vuelve con los sentidos dormidos, con una neblina que sacude sus ojos, ahora, despiertos. Una rara sensación la maneja, una rara acaricia la seduce a ser vida. Y es vida, en cuerpo de otra persona. Y es vida, en el pensamiento estructurado de su personalidad.   Y es vida que retorna. Y vuelve no ante el anciano y el perro flaco que posa en sus pies. Y vuelve entera en la condición de ser humano. Una luz recala en su mirada, una luz brillante, calmante. Ella abre los ojos y detenida en el tiempo se busca, pero no se encuentra. Los sueños le han sucedido, sueños de gentes que en su existencia ha visto. Y levanta cuando el sol es trono de la tierra, cuando el sol calla el ajetreo de los pájaros. Por momentos, tiene sensaciones raras. Una advertencia que la lleva a pararse y mirar la bóveda celeste, desde su balcón.  Vive sola y enciende la tele. De inmediato la apaga. Los sucesos de este sistema terráqueo la asustan, la estremecen. Un verdadero tremor sacude su garganta ante el caos y bebe agua, mucha agua. El todo se vuelve nada. La nada se vuelve el todo. Lentamente se sienta en su sillón con la televisión apagada. No, no quiere saber más. Es como si una aniquilante potencia la estrangulase. Pero esta viva…muy viva. Qué miedo le dato todo esto, a nivel mundial. No entiende al ser humano o no quiere entenderlo. No entiende este desbarajuste en la poquedad que somos ¡Humano ¡una palabra que versa delicadeza, detalle, imperfecto ser que se balancea en la esfera de la sensibilidad. No , no somos humanos, es tan grande esta palabra para un mundo tan derruido, tan derretido, tan descuidado, tan alejado. Ella no entiende del porqué está aquí y su razón no alcanza ese porqué. Solo sabe que es una minúscula mujer en un piso que se asoma nuevamente al balcón. Su mirada incide en un anciano paseando un perro flaco y canelo. Ella lo mira con dulzura, con una ternura constancia que se estancará en su razón. Y los ve felices. Sí, son felices, el anciano con su perro flaco y canelo. Eso es lo perfecto. Desde su interior se desdibuja, es como si esa imagen la volviera alguna vivencia. La busca y la busca, no la encuentra. Rescata su memoria insonora y todo es callado y todo es vacío.


 

10

He llegado. Soy libre. Brindaré por la esperanza. Brindara por los desaparecidos. Brindaré por los pozos desmemoriados de las tumbas. Brindaré con mis manos, con mis manos de alas de mariposas volcándose con el aliento de esta brisa otoñal que me entrego. He llegado, no vengo sola. He llegado, he dejado todo atrás, apartado en un rincón de este planeta donde las gentes se pudren ante lo vandálico, ante lo incoherente, ante la ignorancia. La ignorancia de ser. Solo me he traído estas cartas escritas en ese maldito campamento existente aun, existente perpetuamente donde la insonoridad de las almas adolece, perecen en la invernal fosa de lo desconocido. Son mis primeros pasos como extranjera, como migrante en tierras donde sus paredes reboza de ortigas a lo desconocido, de lo que no quieren saber. Pero soy libre. Sí, libre y seré brío de la esperanza. Estoy dañada, una herida que no terminará de cicatrizar, pero veo el todo de otra manera. Subo por una escalera que me llevará al arco iris de lo solidario ¡No¡no quiero que sientan lástima por mí. Las penas son mías…solo mías.  No quiero ojos lamentándose por los sucesos de mi existencia. Ahora, aquí seré contemplación del transcurso de los días ¡Ah¡ha amanecido y me miro desnuda en el espejo, tras mía esa bahía proyectando un sol maravilloso, siento que algo se ha ido, siento que algo está conmigo pero no logró….no logró saber la verdad. Me desoriento por momentos y miró por la ventana. El chasquido de un oleaje otoñal hace de ese mar de fondo otra visión. Una bruma trepa por mi cuerpo y siento frío, mucho frío. Cantaré a la libertad, a la esperanza. Ella se ha ido, pero tengo la sensación de que me acompaña. No sé por qué …no, no lo sé. Y todo se vuelve distinto. Un otoño donde el sol toma el son de mi tonada, una marea que toma relevo en su ascensión, un niño que cuidar y ella se ha ido…

 

 

FIN

 

 

 




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