En la cumbre donde el paisaje se
hace impresionante, sorprendente. Aquí, estoy, en la cima , en mis manos una
cometa blanca. Enclavo una estaca y la ato, dejo que el viento del sur la meza
como sombra de la paz, de las manos unidas, de lo virtuoso que somos al habitar
este planeta de amplios océanos y tierras ricas en la entrega de nuestro
placer. En la cumbre, llevo horas, días intentando llegar. Mis manos están hinchadas,
tanto, que el más ligero roce con sus piedras me las hace sangrar y un dolor
descomunal. Pero he logrado mi propósito, estoy aquí arriba, en la cumbre, la
tarde se despeina para abrazarse a un nocturno de luna, de luna redonda y un aura
blanca como los vírgenes boscajes que pueblan esta atmósfera. En la cumbre, un
cometa blanco revolotea con el silbo de la brisa sur y yo me siento acogida por
este logro. Desde aquí, un grito, una sonrisa, una llamada a los flotantes
sueños que derivan en nuestras arterias. La cometa blanca ya está atada en la
estaca y va de aquí allá, de allá aquí, la he realizado con mis propias manos
con esas manos de costurera de generación y generación , de aquellas que me
ensañaron a pacificar los corazones con un acto dichoso para el corazón. Sí, me
siento dichosa. Aquí, en esta cumbre, la más alta de este país desconcertado he
izado una cometa blanca que se arremete en todas las direcciones como imantada
donde las guerras quieren tumbar, destrozar. Veo los ojos de un flácido niño.
Veo los mercaderes de cuerpos sin destino, veo las mafias del engaño, veo el tráfico
de mujeres que caerán en la nada. En la cumbre , donde le paisaje se hace
impresionante, sorprendente una cometa blanca es alzada dando pinceladas de una
esperanza. He llegado, la gelidez de este ambiente no disimula, cuchillos
desenfrenados se clavan en mis hombres y siento mi caída. Me levanto , sueño,
deseo y converso con mis fuerzas . Aquí estoy, aquí está esta cometa blanca que
canta a la paz, que vuela por la paz, condicionada por las vertientes donde
todo lo grotesco, todo lo destructivo , todo lo Abominable desespera desmesuradamente
a la vida. Intento hacer una hoguera, mi mechero no funciona, las cerillas se
me pierden en mis manos rajadas e hinchadas. Tomo del aliento que aquí hay y
observo está cometa blanca atada en una estaca. Tendré que esperar a que amanezca
para bajar de nuevo. Si descender donde las huracanadas iras del hombre se
asemejan a una condenada catástrofe, genocidio. Aquí, sola, las religiones me
hablan, se siente una apoyadas en otras, otras apoyadas en una y las creencias
se hacen la misma homogéneamente. Las primeras luces del firmamento ya vienen,
aquí, en la plenitud de mi insonoridad ante un planeta castigado. Siento como
si el ánimo me ayudara a dejar mi mochila, saco mi saco de dormir y al lado de
la cometa blanca atada a una estaca soy duermevela. El viento calla y solo las
aves nocturnas me dan la suficiente seguridad para el olvido. Y olvido que soy de aquí, de esta tierra donde
la golosa mentira lleva gentes inocentes a las fosas a ras del suelo. Caigo en
un profundo sueño, un sueño donde el resonar de los tambores del fin galopan
tras de mí y descanso, en mi saco de dormir con una cometa blanca atada a una
estaca. Mañana será otro día, otro amanecer, otra nueva ventura del vivir, del
cantar al son de la amistad de los pueblos.
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