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Nos abrazamos. Sí, un abrazo donde la extrañeza no es muralla
que nos separe, que nos distancie en lo remoto de nuestra reconditez. Es un
abrazo de amistad, ya son muchos años, muchas soledades rumiando aquí en la espera
hasta que la marea nos lleve. La madrugada se enciende, la nada esboza nuestro
embeleso en ese salón oscuro donde la luna, quieta, nos examinas. Cada uno por
su destino. Un destino antes buscado, ahora aquí con el aliento de las
jornadas. No esperamos nada ni a nadie, nos concentramos en un vaíven de palabras
dispersas sin concentrarnos en esta noche que se vuelve gélida, aún. Nuestros juegos han terminados, abrazados
como si la calidez que transfiera cada uno fuera ese arropar de nuestros
sueños. Sueños que también se han parada, se han confiscado a la desgana. Nos
abrazamos, cuando la marea nos lleve seremos alejamiento el uno del otro , nos inclinaremos
en ese amor humo en nuestras manos. Y yo
abrazaré su humo y él abrazará de mi humo, de ese olor que perpetuamente nos
quedará el uno del otro en el recuerdo vivo. Sí, un recuerdo vivo de salones de
playas vacías donde nuestros corazones danzarán al son de candelabros de un
amor , de una unión que se dejará ver en el paso de las estaciones. Mientras
viviremos de nuestros deseos, de nuestra postura innata al querer. Somos tan
igual y tan distante a la vez o tal vez tan distantes y próximos a la vez que
nos apuramos en este derroche de la madrugada cuando la luna pálida en su salón
oscuro influye en nuestras emociones, en nuestras pasiones. La playa vacía,
cuando la marea nos lleve. Las pardelas, las gaviotas en las ondulaciones de sus
vuelos son lo único que se oye acompañando lo vago de las olas. Y ahora que
estamos aquí a solas, nos comprometemos a nuestros mañanas, que serán muchos ,
que serán pocos, según las trampas de la supervivencia. Cerramos puertas y
solos en esta musicalidad de la naturaleza tripulamos todo nuestro yo. El me
dice, yo le digo…yo le digo, el me dice, parece una madrugada eterna, es como
si el amanecer que nos espera nuestras vidas cambiara. Sí, cambiarán desde esa
perspectiva de otros, pero no de nosotros. Todo cambia, todo va variando a
medida que nuestro abrazo se pierde en este salón oscuro de donde cuelga la
luna. Esto , en este instante, es la felicidad Uhm, este momento envuelto en
nuestros brazos con el cariño , con el respeto, con la algidez del sabor de la
mar, inventado peces en el firmamento como medio de una huida de la realidad,
la realidad que consume este diminuto y vivo planeta. Y este abrazo dice tanto
con la mudez de nuestros labios que es como apagar cada una de nuestras
necesidades. Esta cita con la luna en su salón oscuro, un universo que tanto
dice de nosotros y nosotros tanto no tenemos conocimiento de el , misterio. Sí,
un misterio difícil de adivinar. Buscamos vida en otros planetas, utópico en el
presente. Y , para qué, las mareas nos llevaran y callaran cada gran estupidez
humana. Seremos hijos de donde venimos, un polvo interestelar esparcido en una
esfera azul.
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