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Desaparece la señora con su bolsa vacía de migas y
millo. El viento no merma y me lleva a un más allá de la frontera de mis pensamientos,
me comunico, charlo , olisqueo los antepasados de esta isla, de esta place
donde pasaba el mercader con sus esclavos en pleno siglo XVI, atados, encadenados,
con sus pies desnudos henchidos y heridos eran presa del poder. Los aborígenes era
considerada raza inferior y solo pudieron ser libre declarándose a la fe cristiana
o pagando su libertad. La caña de azúcar es un vivero de explosión, de riqueza
y se necesita mano de obra para la
dureza de su trabajo y para otras artes como la construcción de esta urbe y
artesanos para que la materia prima
alcanzará su primor en los señores. Sí, una población ancestral ya mezclada
ahora insultada por los colonizadores. Aquí, en la grande plaza se disfrutaba
como centro de Europa del surtir de estos humanos, arrastrados, humillados, castigados,
torturados. Una imagen se posa en mis ojos y viento azota a mis espaldas. Y ,
luego, la caída a principios del siglo XIX cuando la mentalidad se comenzó a
aproximar a lo liberal, a la compresión. Sus entes evocan sufrimiento ¡oh, amo¡
parad ya. Que la maldad se someta a la justicia y desemboquemos en la libertad,
en la igualdad. Y todo desaparece, los cultivos , los esclavos pero, la manera
de pensar. Eso se enquista aun en muchos focos de la sociedad. Unas tribus
abolidas, expandida en Europa, en America, en Africa. Las gentes de este lugar
sin saberlo, sin darse cuenta han realizado miles y miles de kilómetros. Han
visitado muchos continentes dejando restos ahí. Cuando nos lleve la marea, será
un sueño , un sueño alegre y ameno que nos imantará en una larga despedida
mientras me quedo con este cavilar mío, con esta plaza histórica donde ha
habido tantos y tantos sufrimientos, mortificaciones, penas, lágrimas de sangre
y porque no alegría. Como esa señora de la bolsa blanca que se ha marchado regando
el suelo de piedra antigua de miga y millo. Despierto, las almas correan
cabizbaja para delante , para de atrás, hay que observar bien lo que se quiere
comprar. Un esclavo levanta la cabeza, dirige sus ojos a la bóveda celeste, una lágrima rasga sus
ojos hinchados y su suplica es tal que de repente una fuerte lluvia comienza,
un viento paraliza, un temblor los conmueve. Es como si los Dioses hubieran despertado,
es como si la tierra se jactara de este trato infrahumano y quisiera acabar con
todas estas matanzas de vivos que siguen vivos pero los acantilados, en los
riscos de donde sus antepasados se arrojaron. El sudor penetra en cada uno de
los vientres y los estómagos estallan en temor. Una humareda se ve en dirección
centro de la isla….la isla, el crujido incesante, se abre la tierra y todo se
tambalea y todos se miran y todos corren y en esa huida nos damos cuenta de lo similares
que somos. El esclavo sigue con su cabeza erguida, con sus ojos en el cielo con
una lágrima rasgueando sus ojos hinchados. Cuando la marea nos lleve , seremos
ese vuelo que no aterrizará sino tomara nota en su memoria de cada fragmento de
este planeta , de cada historia, de cada pena. Las recolectaremos y seremos
hijas de las mareas hasta el fin de nuestras vidas. Y nos daremos cuenta de que
todo sigue igual. Me descalzo, son apretadas estas deportivas. Todos estático
en un pozo de incertidumbre, el mirando el cielo. La lluvia se detiene, el
viento se detiene y un silencio impactante, terrorífico y gélido es aliento que
los persigue. Una nada . Un vacío. Un calor enrarecido les habla y les habla
hasta que todos son presos…si presos del miedo, de esa adversidad puede
arrebatarles los pilares de sus vidas. Cuando nos lleve la marea ….algún día.
Un día difícil de descifrar pero todo tiene su tiempo…un tiempo que nos colgara
bajo la sombra de arboledas infinitas al rumor del oleaje.
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