jueves, septiembre 03, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA (NARRATIVA)28

 




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El viento no se detiene, es un viento sur y yergo mis ojos hacía allí, me sacude. Un bofetón como explosión de una guerra. Si estamos ante la segunda guerra mundial, aquí apartados, aquí escondidos, aquí aislados donde se razona su camino en lo más cruel. Campos de exterminios. Campos de concentración y la muerte, la herencia de la humanidad en manos de bestias que deliran en un nuevo poder, en una nueva vida con el adoctrinamiento de los pensamientos de cada persona hasta su fuga de la vida. Escalofriante, hiriente, doloroso, incrustada en una descomunal masacre o genocidio qué no lo estaremos viviendo hoy en día también.  Pero querido amigos, mi conversación no se quería dirigir en este tema. Punto y aparte…Sí un punto y aparte donde mi mirada choca con la estampida del tiempo sur, de ese viento que nos desploma. Aquí sentada en esta plaza mi mente vaga en esas mujeres, en esas niñas que trabajaron con el sudor de la sangre en su frente , en sus manos en las tomateras traídas a las islas a finales del XIX a a las islas. Veo una cara sucia, unos pies descalzos descansando si se puede decir descansar en un barracón, en una cuartería como quiera que se llame bajo el rostro del capataz. No ,  más . No , más…suplica ella. Unas.  se han ido a la tierra para el cuidado de dicho fruto o verdura, da igual. Otras se han ido al almacén , las más jóvenes, las que todavía le sonrosaba la tez a empaquetar. Mujeres sin derechos, mujeres sin techo, mujeres abandonadas a las manos de los terratenientes como cautivas   de un arduo, duro, crudo trabajo. Ella está ahí, en un rincón, con un vestido de no se cuanto tiempo ¿A caso importa ello’ Si importa, porque ello significa que no tiene nada y que su capataz en el tirar de su fusta la maltrata, la hiere, ¿abusa de lo menudo de su cuerpo? Y ella no sola, muchas otras antes de comenzar el trabajo o mejor dicho la esclavitud en esos campos semifeudales del horror para poder vivir, para poder comer. Madres con sus hijos a ras de la espalda al son del castigo del capataz. No más…no más, suplica. Ellas representan lo más bajo de la sociedad, esa inocencia robada por el desdén del poder en el cauce del horror. Cuando nos lleve la marea. Mujeres que danzan en sus solades, con las piernas reventas, con las carnes reventadas, con los ojos reventados de sol a sol. Cuando nos lleve la marea espero que toda esta atmósfera que contiene este mundo haya desaparecido. Pero todo se va, y vuelve tiempos mejores , entre comillas, donde el derecho en las islas las salvas…las que pudieron salvarse. Y creo que no hace mucho todo era igual. Una madre, con su hijo cargando de sol a sol trabajando para las abusadoras garras del poder. Y es que había miedo…un miedo del cual se puede ser estudio en cualquier país pobre, todo sigue igual. Niñas despertadas en medio de la madrugada cuando todos duermen o hacen que duerman, con el miedo pegado a sus pechos y la amplitud de una infinita pena. Y ahora veo esa mujer que echa comida a las palomas pintando un arco de felicidad en su cara. Y ahora veo esa mujer que en un grito agónico llora la muerte de su hijo, la muerte de su esposo. Estamos plagados de tumbas anónimas en un quejido injusto ante la búsqueda como pájaros caídos de un árbol y el viento sur los arrastrara hasta la nada de quien fueron. Cuando nos lleve la marea…Sí, porque algún día nos llevara, pero que este en calma no con el reboso, el jaleo de corazones maltratados, machacados, vomitados donde la sepultura se anticipa al fin de sus vidas.