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El viento no se detiene, es un viento sur y yergo mis
ojos hacía allí, me sacude. Un bofetón como explosión de una guerra. Si estamos
ante la segunda guerra mundial, aquí apartados, aquí escondidos, aquí aislados
donde se razona su camino en lo más cruel. Campos de exterminios. Campos de
concentración y la muerte, la herencia de la humanidad en manos de bestias que
deliran en un nuevo poder, en una nueva vida con el adoctrinamiento de los
pensamientos de cada persona hasta su fuga de la vida. Escalofriante, hiriente,
doloroso, incrustada en una descomunal masacre o genocidio qué no lo estaremos
viviendo hoy en día también. Pero
querido amigos, mi conversación no se quería dirigir en este tema. Punto y aparte…Sí
un punto y aparte donde mi mirada choca con la estampida del tiempo sur, de ese
viento que nos desploma. Aquí sentada en esta plaza mi mente vaga en esas
mujeres, en esas niñas que trabajaron con el sudor de la sangre en su frente ,
en sus manos en las tomateras traídas a las islas a finales del XIX a a las islas.
Veo una cara sucia, unos pies descalzos descansando si se puede decir descansar
en un barracón, en una cuartería como quiera que se llame bajo el rostro del
capataz. No , más . No , más…suplica
ella. Unas. se han ido a la tierra para el
cuidado de dicho fruto o verdura, da igual. Otras se han ido al almacén , las
más jóvenes, las que todavía le sonrosaba la tez a empaquetar. Mujeres sin
derechos, mujeres sin techo, mujeres abandonadas a las manos de los
terratenientes como cautivas de un arduo, duro, crudo trabajo. Ella está
ahí, en un rincón, con un vestido de no se cuanto tiempo ¿A caso importa ello’ Si
importa, porque ello significa que no tiene nada y que su capataz en el tirar
de su fusta la maltrata, la hiere, ¿abusa de lo menudo de su cuerpo? Y ella no
sola, muchas otras antes de comenzar el trabajo o mejor dicho la esclavitud en esos
campos semifeudales del horror para poder vivir, para poder comer. Madres con
sus hijos a ras de la espalda al son del castigo del capataz. No más…no más,
suplica. Ellas representan lo más bajo de la sociedad, esa inocencia robada por
el desdén del poder en el cauce del horror. Cuando nos lleve la marea. Mujeres
que danzan en sus solades, con las piernas reventas, con las carnes reventadas,
con los ojos reventados de sol a sol. Cuando nos lleve la marea espero que toda
esta atmósfera que contiene este mundo haya desaparecido. Pero todo se va, y
vuelve tiempos mejores , entre comillas, donde el derecho en las islas las
salvas…las que pudieron salvarse. Y creo que no hace mucho todo era igual. Una
madre, con su hijo cargando de sol a sol trabajando para las abusadoras garras
del poder. Y es que había miedo…un miedo del cual se puede ser estudio en
cualquier país pobre, todo sigue igual. Niñas despertadas en medio de la
madrugada cuando todos duermen o hacen que duerman, con el miedo pegado a sus
pechos y la amplitud de una infinita pena. Y ahora veo esa mujer que echa comida
a las palomas pintando un arco de felicidad en su cara. Y ahora veo esa mujer
que en un grito agónico llora la muerte de su hijo, la muerte de su esposo.
Estamos plagados de tumbas anónimas en un quejido injusto ante la búsqueda como
pájaros caídos de un árbol y el viento sur los arrastrara hasta la nada de
quien fueron. Cuando nos lleve la marea…Sí, porque algún día nos llevara, pero
que este en calma no con el reboso, el jaleo de corazones maltratados,
machacados, vomitados donde la sepultura se anticipa al fin de sus vidas.