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La música. Mi piano. Cuando nos lleve la marea. Sobre la
una libreta donde mis inspiraciones se escriben, se reescriben. Un pétalo seco
permanece inmóvil, pegado a una de sus páginas. Estas páginas donde mi vida transcurre
en este presente que ya no es presente y un pasado que se aleja a golpe de un
reloj marcando cada aliento, cada suspiro , cada paso del tiempo. Toco como si
fuera mi último día, toco como la fuerza inamovible de mis sentidos fuera a
desechar toda esta pena que brota en mí. La mañana cursa calor a medida que el
viento, el viento impera en la calle. Un golpetazo de la ventana y ese jarrón
de flores marchitas se tambalea quiere ser sepultado en un adiós de mis ojos.
Me inspiro, respiro y un pequeño fragmento me lleva donde aun el amor tenía
cabida ¿me enamoré? Esa perspectiva la considero ausente, lejana, bochornosa. Los
años ….si los años aniquilan mi memoria, pero siente con esos exacto fotogramas
de mi vida pasada. Sí, mi vida pasada y es que todo cambia. La desconfianza me
pone una pistola en el pecho y hace que este ausencia mía del amor se apresure a
continuar…continuar en esta nada, en este vacío de mis manos, de mis labios, de
mi corazón. La música. Mi piano. Cuando nos lleve la marea. El mundo se sumerge
a veces en un caos y ese caos mío también es el cauce de la luz. Aquí, con la
tranquilidad de un sentimiento perdido en el desencadenar de las estaciones.
No, no te necesito querida mía, me digo. No necesito de la palabra perfecta
cuando el abatimiento, el dolor cruza por mi puerta. La he condenado con
cerrojos imposibles de destruir. Cuando nos lleve la marea. No, no espero amar.
Me levanto del piano, frente a mi ese jarrón de flores secas, esas páginas
donde un pétalo seco dice de mi condición. La dualidad me da extrañeza. Mi ser
se sumerge , se hunde en el subsuelo y ahí permanezco en el rincón donde las
almas son presa de la nada. Ni hombre, no mujer, una especie donde la absoluta
calma elabora sus cimientos en esta vida. Estoy en la cocina…uhm…un café para
despertar las emociones , para gravitar en el desorden de este mundo, para
engancharme a mi obra, para saborear cada pedacito de mi ido en el vacío. Mi
caminar es lento y zas, una sombra destellante se pone ante mil. No hay miedo, inmóvil
por un periodo corto de tiempo me hace meditar. Cuando nos lleve la marea. Esta
es la vida que he elegido, una existencia que se emancipa de la caricia, del
abrazo del querer. Y , sin embargo, la amistad queda. Cuando el tiempo se
atempera de sueños…y qué es de mis sueños. Vago de nuevo con la taza de café hasta
el piano, desgarro todo lo que hay en mí. Con la mente en blanco me dejo ir por
los sensaciones, esos sentidos amigos , compañeros que me izan de nuevo en la
estructura de una nueva melodía. Cuando nos lleve la marea. Dejo pasar el tict-tac----tic-tac
de un reloj y me enraízo a las profundidades de mi yo que no es un solo yo. Un yo feliz, un yo de enojo, un yo de hambre,
un yo en la subsistencia de su día a día. Y este yo dice que algún día correré por
la hierba fresca de los mares junto a su mano y nos tenderemos hasta cuando nos
lleve la marea. La…la , la. y la llamaré…las lágrimas del viento. Sí, las lágrimas
del viento…