sábado, agosto 22, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA . (NARRATIVA) 26

 


26

Una senda de arboledas de cipreses se hacen amplitud en esta plaza en una memoria que danza con la guerra civil , una guerra sin balas, sin trincheras, sin combate. Pienso que sería algo híbrido entre la amenaza y el miedo de ser apresado de aquellos que dirigían sus razones a la república. El horror alcanzó de manera desbaratada a familias donde sus esposos, sus hijos eran sacados calladamente de sus casas y llevados a un campo de concentración o sepultados en algún lugar como pozos después de un tiro del paredón y otros más derrotados , más desafortunados los tiraban por la mar fea en un saco con piedras y atados. Y me pregunto, donde queda esa gente de mala muerte, donde queda esos fotogramas escenas de un ayer enclavados por el sometimiento de las islas. No , no hubo batallas . Todo fue rápido, desbancaron el gobierno y los frentes proclives a su contra fueron denunciados en un chivatazo para su erradicación. Pero aun así, sin balas y metrallas muchos fueron a la península en aquel año 1936 hasta el 1939 termino y surgimiento de la dictadura. ´Levantad las manos queridos lectores, queridas lectoras frente a la injusticia , frente a la opresión, frente a la manipulación, frente a la censura, frente a las cárceles de la muerte que obran en este mundo, en las tierras donde el sol no se ha puesto, solo una densa bruma danzando con la muerte, la desconfianza , la amenaza, el miedo. Sí, el miedo. Tocan a la puerta, es la hora de la cena. Una familia esta comiendo entregada en un dialogo que casi no se percata. El marido mira a su mujer y ella lo mira el sin querer saborear los ojos de asombro, de entendimiento extraño de sus hijos. El marido se levanta, se dirige   la puerta. Tres hombres vestidos de calle está en ella. El mira atrás, ve a su familia y un ademán  cosnternado vocifera de callada marea a los ojos de su esposa. Ella se estremece, sus ojos con una luz que se apaga araña lágrimas. Y quiere llorar y sus ojos mira a sus hijos, se da cuenta en ese preciso instante de desconcertada que ellos también están presentes. Desvía su vista a la comida y sigue comiendo, sus hijos copian sin entender nada su movimiento. Se cierra la puerta, se llevan preso al marido. Cuando nos lleve la marea y nos llevará como tripulantes más allá del horizonte. En esta plaza deshabitada observo los conversaciones de la oscuridad del silencio. Ese silencio que se hace cuando todo está perdido. Ella está pálida como pálida esa mujer de negro ante la muerte de su hijo por la epidemia. El dolor  es tal que una jauria de cuchillos parecen que desgarraran su estómago. Vomita, la esposa vomita. No puede comer más , sus hijos no mencionan palabra sabe que algo malo en esos tres hombres con los que se ha ido su padre. Un plato roto, unos cubiertos que se caen es el único ruido. Caminan y caminan por esas callejuelas de tierra de la isla. El se imagina a donde va pero no es consciente aun de lo que le espera. Entran en una masa arbolada. Una masa donde nadie ve, donde nadie escucha solo los grillos, las rapaces nocturnas. Y su rostro, ¿qué esboza su rostro? En eso momentos su mente se acelera y sus hijos y su esposa que será de ellos. Una impotencia le arrebata la respiración y un sudor tembloroso lo hace poner de rodillas frente a un árbol, el árbol de la muerte. Cae a ras de la tierra. Adiós querido. Adiós querida, un túnel negro lo lleva al adiós de seguir en este mundo de los vivos. De vivos amantes míos en la lucha de la dignidad, de la libertad , de la esperanza. Levanto mis brazos en esta plaza vacía, los canes me vigilan y suspiro. Un suspiro de lágrimas ingratas a la existencia humano como centro del mal, de sus miserias a la manera de erguir una civilización , aquí. Sí, aquí en el planeta tierra. ….cuando nos lleve la marea, seremos arco despuntado colores diversos donde todo se entrega a la dignidad de cada uno de ellos, con la sumisión en la libertad, y el reverder de nuestras conductas hacia los otros.

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