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La isla, si, vivo en esta
isla donde el viento remonta una y otra vez la memoria. Esta insularidad me ata
y a veces me oprime y a veces me hace estar contenta. Es como una larga soga
que nos deslinda de lo que hay en el más allá…más allá de las mareas. Mi piano,
con el me transporto, me transformo a donde quise llegar…más allá de las
mareas. Una música condicionada por cierta melancolía que me enaltece, me alza
más allá de los deseos, de estos sueños míos donde el transito ciego por la
ventura de cada composición me traslada fuera de este lugar. Pero, una cuerda
bien larga en su extensión me presiona,
extingue todas esas posibilidades de rehacerme fuera de estas paredes. Los
espectros golpean mi espalda, mis espaldas agotadas con el carácter de este verano
ampliado por el cambio climático. Sí, el clima se hace más aquejado, más enfermizo
condicionándonos a un vagar en el sudor. Mis piezas son absoluta derrota de la desgana,
de esta travesía a más allá de estas
islas. Me incorporo, me voy a mi sofá y extiendo mis pies desnudos, las flores
marchitas en su jarrón posa sobre mis sienes. Me siento derrotada y a la vez
una lucha interna me equilibra hasta ser explosión en mi nuevo nacimiento. Porque
siempre estamos naciendo, si en la visión de mis ojos de esta jornada, de esta
mañana donde el sofocante calor me lleva lejos …..muy lejos, más allá de las mareas.
Cuando nos lleve la marea. Ahí, estaremos, esperando, impulsadas transcendentalmente
en una muestra de afecto ¿Y estos espíritus? Me desafían , vienen a mi para
levantarme y de nuevo ser persona con dignidad. La dignidad humana , sí, esta
particular palabra se ha descarrilado en la grosería del hoy. Todo humano es
digno mientras no haga el mal, mientras viva con este cuerpo, con estos huesos,
con este cerebro que tan privilegiado en este mundo. Sí, tenemos el privilegio
de razonar. Tenemos que parar…una parada que nos induzca a observar de manera
global las primeras necesidades de este planeta, ¡la dignidad¡ Soy yo, ¡cuando
nos lleve la marea! Yo, mujer colgada en los vientos de las ramas que se mecen
al con el sonido de sus roces. Su musicalidad particular nos lleva a un estado
donde somos hermanos de esos que perdieron en un universo colapsado. Cuando nos
lleve la marea, me elevo, despierta soy ensoñación de cada pedazo de mi vida y
me conformo con esta verticalidad mía donde afronto cada día como hija de las
sombras clara oscuras de la existencia.
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