martes, junio 04, 2013

Divagaciones de una mañana de primavera....

Despertamos, un día gris nos saludo. A veces nos conmovemos cuando algún rayo solar incide sobre nuestros ojos. Los cuerpos tatuados de dejadez se emancipan de esta ciudad para alargar su mano en otras tierras lejanas, muy lejanas. El susurro de las olas rompe contra su desnudez al desembarcar por esa ruta de los vientos. La soledad les guía, una soledad que se vuelve grotesca a medida que dan el último adiós. Se levantan velas, se levanta alas y nos erguimos  sobre puentes de cristal. Puentes en el que observamos el transcurrir de los días monótonos en la precariedad.  Pero hay algo, algo en el aroma que nos envuelve que nos hace escalar por rajadas rocas. Emana la sangre. Emana el dolor. Emana el llanto. Pero esa fragancia de que aun somos seres de este planeta, seres verticales que se acuestan con sus sueños y despiertan con el alimento del alba. Caminan, caen, levantan. Y en el devenir de los días sus rostros ensombrecidos son paleta de un arco iris que les da vida, que les da alegría. Ya hemos llegado, se dijo al fin uno de ellos. Ya hemos llegado a esa estación que nos llevará por raíles nuevos a nuestra casa, a nuestra tierra. Todo parece ser esplendoroso. Un encanto especial anima a los pajarillos a su  rumor diario. Todo ha sido cuestión de tiempo. Un tiempo que a veces se hace eterno como eterno son las mareas. Pero hemos llegado, lo hemos conseguido el resurgir de la nada. Ahora miro bajo este puente y puedo comprobar que las arboledas se extienden en progresión a nuestro propósito. Ah ¡ Una mariposa¡ Que bella es cuando en su juego de flor en flor anuncia que las penalidad han dado a su fin. Solo había que esperar. Respirar hondo y como el grito de león expulsar todo lo nocivo que ha nosotros convergía. Volemos ¡Sí¡ Como esa mariposa cuando la primavera llega a su final, cuando el astro rey sale ha acogernos con sus brazos calidos. 

domingo, junio 02, 2013

Y no pasa nada...(relatos)

Y un haz ceniciento impregna el cielo. Pajarillos que en su leve despertar no anuncian con su canto que es hora de continuar. Una aurora mestizaje del silencio y la pena que se mueve por el ambiente de esta isla. La humedad se hace dueña de los huesos y el resonar de una primavera que no se siente es lejana colina por la que subimos. Ella(Y) extiende sus brazos. Ahí, en lo más alto. Y del otro extremo otro ser que anuncia que la espera. Por que X. también extiende sus brazos. Un precipicio las separa. Un precipicio de un mar gris y con mar de fondo hace del llanto de las ballenas un puente que une los dos corazones. Ambas son quejido ante esa muralla que las separa. La distancia es nido de buitres que amputan sus manos tersas. Pero Ella (y) la extiende hasta llegar a X. X. no entiende el por qué, el por qué sus manos ensangrentadas desean ser caricia de lo imposible, de lo efímero. Pero en ese instante siente un cierto deseo que la envuelve en la valentía, en el impulso renovado que la hace alargar su mano. X e Y se tocan, en ese momento una bóveda azul las lleva, las trae por los tambores de sus deseos. Miran abajo y no más existe un mar de nubes que las atrapa en un vuelo al unísono lejos del precipicio. Embriagadas con el elixir del beso observan, miran y callan.

X: El tiempo pasa y no ocurre nada. Nos hemos enlazados por encima de precipicios y el vacío se ha extinguido. Tanto miedo para nada. Seguimos ahora la misma ruta, el mismo devenir de los días.
Y:  Es cierto y me parece extraño. Será la naturalidad de nuestra esencia la que ha logrado que nos no miren, que no nos examinen como especies raras.
X: Consagradas en la belleza del amor hasta que las ruinas de nuestra pisadas juntas se interponga en nuestro camino y tengamos que tomar distinto horizonte.
Y: ¡Que jamás seamos estallido de tormentas¡ Tomemos este momento, tomemos el mañana y giremos y giremos en esta pasión que bien de seguro será duradera.
X: El tiempo pasa y no ocurre nada.
Y: El tiempo pasa y no ocurre nada.



Y siguen en ese observar, mirar y callar.  Como bailarinas en una cuerda floja continúan con ese rumbo donde los veleros del viento las llevan bajo un manto verde oculto. 

miércoles, mayo 29, 2013

Lluvia...

Lluvia. Liada a los pasos cotidianos en el amanecer cuando a la deriva nos embarcamos a un mundo desconocido. Un ambiente donde el resonar de su tintineo contra espejos donde nuestro ser se muestra más allá de la reconditez. Lluvia. Retornamos a ese encuentro con los pajarillos que se escabullen bajo las ramas de la naturaleza cuando ella se va. Su sonoridad es rienda del auge de la alegría, de la contemplación de sus vuelos a ras de esta ciudad. Y pienso que a veces yo vuelo con ellas bajo el plomizo cielo y que me evado en la sintonía de la libertad. Lluvia. Emociones nos rescatan cuando descendemos en los fondos de la incertidumbre. Emociones que en su recorrido nos embellecen cada trago de las horas que en esta ciudad nos alienta. Y seguimos. Sí, seguimos por esa ruta donde después de una lluvia acabada nos hace navegar por carreteras pacíficas hacia un océano de la perfección del reino natural. Lluvia. Hoy en eses primeros instantes de la claridad nos refresca con nuevos propósitos, nuevas perspectivas que nos inducen a la calma. Calma y paz. Paz y calma. Cuerpos con rostros serenos que van en busca de la oportunidad. De esa esencia que nos de los pilares para edificarnos bajo el peso de nuestro impulso, de nuestra fuerza. Lluvia. Volar y volar con alas de mariposas al encuentro de ese néctar que nos de la vida, la vida… 

viernes, mayo 24, 2013

PASOS...

Pasos. Manos que emanan pétalos tras una mirada entre montañas. La libertad de ser naturaleza hechizada por el manar de una sonrisa, una sonrisa que se ha ido en el transcurso de los meses, de las horas. Somos eco del hoy, un hoy que va enjaulándose por los imperiosos deseos del declive. Miras. Sí, miras más allá de la frontera y quieres…quieres pasar. Pero no puedes ¡No puedes¡ Te abandonan las fuerzas y la quejadumbre de tu alma te vuelve estática. Maciza columna de acero impenetrable donde el impulso del viento no la tirará, no la hará cambiar de ese cavilar que como serpiente va consumiendo cada paso, cada mano alzada a la esperanza. Cabizbaja y con un firmamento que oscurece miras los primeros astros. Una ambiente agradable te apresa, es el susurro de los montes. Das medida vuelta y te evades en una danza descomunal donde graznar de los cuerpos te tiende un puente de cipreses. Adiós, dices. Adiós a ese mañana que tanto añorabas. Pero te balanceas, te columpias entre el temor y la verticalidad ¡Tu peso¡ Fúnebre tonada de unos ojos que se marchitan a medida que observa a sus seres queridos alejarse, huir del detrimento de una tierra. 

miércoles, mayo 22, 2013

El piano....


Repican las campanas de la iglesia. Una plaza y el azul de la caída de la tarde hacen emerger dos figuras. Una mujer sentada delante un piano y un hombre frente a ella.

YY: Y tocas con la ternura impulsiva una melodía que lleva la brisa a los corazones ausentes.

XX: Y taconeas al son que tu rostro tapado por tus penas se va desquitando de ellas.

YY: Y, ¿por qué? Me pregunto. Hace frío aquí. Las campanas no dejan de sonar y tú en tu atmósfera eres viaje de las notas, de cada pisada de tus dedos sobre ese piano. Detente. Escucha, escucha. El crepitar de ese badajo metálico que al compás de nuestra respiración da un cierto aire de nostalgia. Ahora, aquí. En medio de esta ciudad que se mueve a una velocidad voraz.

XX: No. Y taconeas. Derramas la sangre de tus ojos. Me das la espalda ahora. No quieres mirar. Es como si todo se hubiese acabado.

YY: Si. Todo se funde en el tragar de esta tarde que se evade. Como esos pajarillos que ya no oyes cantar. Me siento dolido. Tu y tu piano. Llamas sobre cada adoquín que aquí piso. Te vas. Observo como te evaporas a medida que tu música se apaga.

XX: Si. Me voy. Pero no es por qué yo quiera sino el impulso de esas algunas veces que me hace desfallecer. Hoy es nuestra despedida. Hoy es nuestro adiós. Adiós Amor.

YY: No. No permitiré ese adiós. Vago en el sin sentido. Vagas en la boca de la muerte. Tú y tu piano ¡Tus manos…¡ Siento que tu inspirar y espirar se hace cada vez más eterno, más largo. Y yo  aquí. Solo

Repican las campanadas de la iglesia. No cesan. La noche se hace. Una noche sin luna. Las farolas esta noche no alumbran y la oscuridad es absoluta. Ella y su negro piano. El y su negra mirada, deja de taconear. Se vira. Ella no está. Solo un piano de cola de su más bello recuerdo del ayer.


martes, mayo 14, 2013

El retorno...(poema)


El retorno.
Astros que abrazan la noche.
El murmullo de las olas.
Y yo aquí y tú ahí.
Frente a frente
Con las fumarolas de los deseos. 
Aprisa somos ese labio
Que roza el océano.
Lentamente somos esa caricia
Que estallan los lamentos de las pardelas.
Vuelves, sí.
Yo aquí. Tú ahí
Y cuando la luna nos embriaga
Un solo ala orientada por los brillantes del universo.

sábado, mayo 11, 2013

El mantel de lunares...(relato)


El mantel de lunares sobre la mesa, un jarrón de margaritas sobre el. Y ella frente a él. Es la caída de la tarde, un firmamento que se afianza a una luna llena que rebosa de luminosidad en una ciudad donde el ruido se difumina. Se miran. El  la mira. Ella la mira. Al encuentro de unos ojos que han perdido toda la juventud, todo ese esplendor de años atrás. Se sienten agotados. La rutina y la monotonía de esas jornadas que pasan desde que se jubilaron los hacen transitar en una cuerda floja de mirada a mirada. Antes no se daban cuentan. Sí, ignoraban todo ese proceso que lleva a una vida juntos. Una vida que se les hacía ahora demasiado largo.
-         Podemos ir al parque- dice él
-         Al parque para que- contesto ella.
-         A dar un paseo, a coger aire fresco.
-         No. No tengo ganas. Vete tu solo.

No. No tengo ganas. Se levanto de la silla con una nube en sus ojos grises y se fue. Ella delante del mantel lunares y un jarrón de margaritas marchitas sobre el. Se quedo estática, pensativa, cansada. Un cierto quemor la embriagaba. Por qué habrá dicho que no. Se entristeció. El solo dando vueltas y más vueltas en el parque. Ya la noche dice de los astros, ya la noche dice del vacío. Se detuvo y miró hacia su casa. Una cierta pena lo embargaba. Esa distancia entre los dos. Como si nunca hubieran habitado el mismo techo, la misma cama. Me tendría que hacer quedado, pensó el. Dio media vuelta  y regresó. Ella, se levanto y fue abrir la puerta. Allí se encontraron. La mira. Le mira. Y esa mirada emana el hechizo mágico de un amor que todavía no se acabado. Se fueron a la habitación. Hicieron el amor. Descubrieron que aún existía algo. Algo que va más allá de sus mentes entre ellos dos.