miércoles, junio 15, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD(NARRATIVA)

 

21

No me resigno. Las cuatro de la mañana. La luna redonda y blanca se ha ido, se ha perdido en lo global de este mundo. Salgo de mi casa. Mientras camino dentro de mi hierve la verdad. Voy a la playa. Esa playa donde una masa líquida es la solución al todo. Me revienta el estómago y mis entrañas son temblor enraizado a un escalofrío. Fija, estática me enfrento a ese mar, donde la marea juega con nuestras vidas. Donde las olas estridentes, grotescas rompen contra las rocas sin paciencia, sin compasión, intangibles a todo trato. Escucho los gritos de la oscuridad, los gritos que somníferos nos encarcela al olvido. Vidas metidas en sacos y atadas tiradas a la mar, por ser mujer, por ser incontrolable obediencia, doblez a las afiladas cuchillas de la bestia, el hombre. Fue un hombre el que disparó a sus sentidos de sus destinos. Comprendo. Peno. Las rosas negras que están agrietando mi pared las tiro a la mar, a esta mala mar. Una mar fea como cloaca a los caminos que tomamos. Huele mal, un olor que rechina en mis huesos, doloridos. Y me siento cansada, un cansancio barriendo todo el suceso, toda aberrante disconformidad con sus seres. Son mujeres asediadas, violadas, inconclusas en su girar y girar en este mundo, maltratadas donde no quisieron callar. Y la mar invoca el destierro. Y la mar invoca la muerte. Y la mar provoca mi aullido en la oscuridad. Las constelaciones trazan su fin, como fue su fin. Ahora, que la luna redonda y blanca se ha ido. Las constelaciones tienen memoria y lo trágico se vuelve eviterno en nuestra alma. Siento sus gritos, siento una respiración encharcada de rosas negras…de rosas negras secas danzando con la oscuridad.  Y ellas regresan, un regreso para ser parte de esta isla, de esta tierra. Las constelaciones me hablan de como cada una de ella. Una lágrima impertinente se clava como tacha ardiente en mi garganta y mis ojos se cierran. No, no quiero saber más. Camiones circulando en la oscuridad. Caminos llenos de dolor, de angustia. Van camino a la mar fea. Van arrojándolas como si no más fueran rastrojos de incendios. No, no quiero saber más. Suplico a la luna redonda y blanco que vuelva. Suplico que germine la mañana y las constelaciones no sean más que una extraviada memoria. Doy un paso, los acantilados me miran, los acantilados de desmesurada tumbas anónimas me hablan y yo converso solo con el dolor. Soy duelo, un duelo agresivo ante los agujeros de esta existencias….muchos, demasiados. Y ellas danzan con la oscuridad. Esperarme, les digo. Esperarme…

 

FIN

 

lunes, junio 13, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD...(NARRATIVA)20

 

20

Tic-tac, en el más puro de la noche muda suena el reloj, suena mi móvil. Por principio me pregunto quien puede ser a estas horas. Por principio lo escucho sonar y sonar en un arrebato de insistencia. Lo miro. Un número privado. Lo dejo, no me interesa. No me interesa que en la madrugada alguien germine todo mal contra mí. Ninguna de mis amistades, de mis conocidos llaman a estas horas. Pero sigue y sigue en su gorgojeo incesante. Y está dejadez mía de saber quien me hace lubricar pensamientos nefastos. Algo erróneo a mi persona. Quien tiene tantas ganas de molestar ahora, cuando la luna redonda con su luz incide en esta vivienda. Y me quejo. Me quejo para mi misma. Bosquejo alguna persona perdida en la inmensidad de este mundo. Bosquejo un toque de agobiantes precipitaciones a la deriva. Bosquejo su caída en precipicios donde el mar ruge con violento contra las rocas. Un vals de pensamiento converge en mi con imágenes que se esparcen, que se complican a medida que el móvil no deja de dar la lata. Lo cojo. Un silencio incomodo me recoge y los presagios vienen. Me precipito a algo inconcluso, a algo hipnótico, a algo oscuro en su callar. Estremecimiento. La duda cae sobre mí, un ritmo desaforado provoca un agitar de la verdad. La verdad de esa rosa negra que está en mi sillón. La verdad de esa rosa negra que agrieta mi pared. El olor se hace intenso…muy intenso y me entrego a su significado, a la averiguación cuando las tres de la mañana hace tic-ta,…tic-tac. Cuelgo el teléfono y de nuevo vuelve a sonar como suenan los gemidos de algo herido, de algo agónica en las tierras de la nada. En vertical, accedo a la llamada. Esa llamada que parece una bocanada de brasas desnudando el pasado, el hoy. No hablo. Tras la línea tampoco. Es la señal de la perdida, es la señal de que toda esta cerca, es la señal de personas removiéndose en sus fosas, es la señal de moribundos alertando del ayer, del hoy. Se mueven y lo siento, como este planeta hostigado repetitivamente. Donde el respeto hacía su entereza, a su verticalidad es nada más que una mole de azotes constantes, intermitente. Y ahora llora. Y ahora quiere desahogarse. Y ahora quiera evaporar todo daño en una ola gigante que nos arrastrará a todos, en un terremoto que nos tragará a todos, en una agresiva intemperie que nos vomitará a todos. Así lo figuro. Así edifico cada nudo de su dolor. Tendida en un teléfono que no habla, que no escucha solo con su mutismo me dice todo. Despliego cada incógnita encerrada bajo este techo, bajo la construcción de estas casas. Tic-tac…tic-tac y cuelgo. No lo cogeré más ya se lo que hay detrás de ese callar. Y me quiebro…CONTINUARÁ

 

sábado, junio 11, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD (NARRATIVA)19

 

19

Quiero que la madrugada se haga eterna. Sí, saborear de su plenitud con toda la mía. Los años pasan, nos hacemos más lentos, más visionarios de lo que viene y me tranquiliza. El murmurar de la noche con esa luna cerrada me hace respirar cada ráfaga de aire que se detiene en mi cara. Soy mujer, soy imagen abisal de un ayer. Soy escrupulosa con mis pisadas. Soy mujer, soy remanso de unos ojos que atentamente escuchan, pero callan. Y es que callar es el modo perfecto de las olas. Soy mujer, atracones de insoportables vivencias me han merodeado. Soy mujer, vivo sola. Soy mujer designando mis formas de andar, de ser ancla donde lo hondo de la oscuridad me haga un guiño. Son mujeres. Sí, son mujeres lo que la vida rencorosa, celosa, hirviente, injusta, inalada han dado a ese castigo. Muertes, expolio del placer de sonreír, arrebatando todos sus sentidos como ser humano en muchos lugares de este mundo, en la mayoría. Estoy de duelo, con lágrimas negras, con unas rosas secas negras encima de mi sillón por aquellos que las han asesinado en el canto pulcro de su caminar a la libertad, a la expresión reflejada en cada par de ojos lapidados por la inconciencia, por una sociedad donde las considera nada, un pozo vacío donde se mueven sus vicios más tórridos. Soy mujer y me quejo. Soy mujer y grito, aunque mi voz solo sea un reventar de estómago, de mi garganta. Cuello rajado y sangre y más sangre. Ser objeto una desquiciante verdad que aun rompe todo nuestro ser. Un largo sendero nos queda aún. Un sendero donde muchas rosas negras llenaran de mugre sus rostros, sus pisadas. Soy mujer. Mujer del viento. Mujer de las nubes. Mujer de los mares. Mujer de las estrellas. Mujer de las montañas. Mujer del mundo. La pesadez replica en una tristeza infinita, conducente en que no más que somos fardos de piedras. Y las piedras hablan, hablan de de lo anterior a este siglo. En cada una de ellas está retratado cada mujer, cada niña que ha sido hija de la devastación plena. Las tres, son las tres. Las tres de la mañana. Aboco a la tempestad. Llamo a las tormentas. Anhelo un chubasco de piedras donde cada una de ellas resurjan de las espesas nieblas del exterminio. Aclamo a la fuerza. Realzo la fuerza y me sostengo en un hilo largo…muy largo donde el resonar del dolor me consterna. Soy mujer y son las tres. Como loba de mi gruta lamo cada herida, cada horror y lo siento mío. Por instantes me desprendo de este cuerpo, mío, solo mío y agarro cada alma lanzada a melodías fúnebres. Un pájaro atraviesa esa luna llena, esa luna cuyo espejo es el océano y observo como nos arrugamos, como decaemos, como se para todo para un nuevo nacimiento…Porque siempre nacemos, siempre hay una soga que nos ata a un mástil de esta tierra para continuar en la mirada de un faro que viene, que va. Soy mujer y son las tres…

 CONTINUARÁ

jueves, junio 09, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD(NARRATIVA) 18

 

18

Las dos de la mañana y las manillas del reloj de pared se retuercen, se hacen lentas, se estancan en un no querer avanzar. Me asomo a la ventana. El océano rayado con tintes plateados de una luna que aun se avista. Suena una música dese mi aparato. Una música moviendo todos mis sentidos en mi admiración con esa mar en calma, callada. Una música que dice de la pena humana, de la extinción de la amistad con el corazón a cambio de un esqueleto de imágenes repletas hacia la fama. Un éxito acurrucado en gentes humildes, en gentes donde la palabra es amor, es sinceridad, es honestidad. Así somos, volamos donde el yo se abulte de tal manera que eclipsa a todo lo que esta detrás. Y nos creemos únicos, eso pienso, desbaratando a quien te dio la mano.  Y todo queda como pasado, un pasado enterrado en hormigón. No importa, todo se entorna como esa mar en calma, callada. Un océano que ahora se queja en su silencio. Un quejido recóndito donde su tumba no tiene nombre. Lo miro, ahora que son las dos de la mañana y sospecho que el tiene algo que ver con las rosas secas que están en mi sillón. Un mar con una coraza de plásticos y basura que no deja ver su profundidad. Pero calla y calla. Su vida se hace como este planeta donde habita más corta de lo normal. El calentamiento global supone muchos quebrantos, muchos desastres, muchas emigraciones donde podamos respirar y adaptarnos. Y los que pueden fenecerán. Sí, morirán en el exterminio por la desfachatez humana. Levanto un poco la vista y miro el firmamento, tranquilo. Somos nosotros con nuestras convulsiones terroríficas los que rompemos todo lo natural, toda la naturaleza. La madre tierra llora y no se porqué en estos momentos lo presiento. Un temblor me hace muda y tengo la sensación de lo que está mal, de lo que se ha hecho mal. No hay vuelta atrás. Dormir con lo que nos viene encima, calmos, equilibrados. Aprender de los pasos mal dados. Aferrarse a la vida como si fuéramos pardelas capturadas por el zumbido de las olas. Vamos, venimos. Venimos, vamos y la historia se repite, entra en un bucle difícil de paliar. Nos disfrazamos de cierta benevolencia…de cierta benevolencia letal. Pero este mundo es variopinto a la vez. Un mestizaje gobernando su diversidad. Eso es bueno. Me enamoro de las maravillas de este planeta. Me enamoro del realce de la igualdad. Me enamoro de las batallas inconclusas en mi destino. Me enamoro de la conversación emanada de cada esfera. Me enamoro de lo inconformes ante la atrocidad. Me enamora de la integración de los océanos como aliento de belleza. Las ballenas cantan. Cantan y cantan en la escalada al equilibrio, a la armonía de las horas. Son las dos, una luna hace rayas en el océano...CONTINUARÁ

 

martes, junio 07, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD(NARRATIVA)17

 

17

Dan las dos de la mañana. Las rosas secas sobre el sillón. Miro más allá de su significado, más allá de ese cimiente donde el dolor se abulta, donde las cicatrices no terminan de supurar. Y es que hay dolor, un trastornado castigo sobre una vida. Escucho ese quejido, un quejido estático, vertical, arrancando de la pena. Y una pena es espejo de mis ojos cuando la madrugada se enciende en un silencio amenazador. Sí, las dos de la mañana. Los hechos tuvieron que ser alrededor de esta hora que ahora marca mi reloj. El tiempo se detiene y atravieso una cortina de pánico. Lo tortuoso de cada mancha roja detrás de estas paredes me desconcierta, me dejan desolada. Una hoguera se forma alrededor de mí. Huelo a cenizas, a miseria, a inocencia. Y zas…las vertientes de lo negativo me empujan contra la pared. Con mi espalda prieta en ella busco y busco la imagen perfecta de lo que fue. Una corriente de pájaros negros entra en mi salón y se llevan las rosas secas que posan en él. Me quedo mirando con mi columna entregada a la pared y con la agonía sórdida arrugando mi entereza. Me quiebro, me evaporo, me desvanezco, me reviento, me amargo y mi pulso se hace débil. Cuando despierto al observar el reloj todavía son las dos. La lentitud de las horas concede una tregua en mi búsqueda. Que son las dos de la madrugado. Las dos cuando la muerte levitó en este armazón de hierros y ladrillos. Las dos cuando su madre se lo dijo…su madre se lo dijo. Las dos cuando los cuchillos rajan los sentidos, cuando toda danza con la oscuridad. Y un corazón que deja de bombear. Qué frágiles somos. En un ir y venir todo puede ser una tragedia que nos hará perder el conocimiento. Las dos de la mañana una lengua de magma atraviesa los latidos y los lleva a aristas cortantes de la sonrisa, de ojos caídos, de ojeras invisibles. Y escucho el susurro de las olas desprendiéndome de la pared. Un mar al que hemos quitado toda ilusión, todo sueño. Un mar amasijos de tendones y venas colgando en el desvarío de algunos. Las dos de la mañana, entregada a la nada siento el romper de un algo. Voy a la cocina y sin darme cuenta piso un vaso de cristal roto el suelo. Siento como emana la sangre de mi planta del pie. Un dolor agudo me engulle, me hace parir un grito. Un grito en esta casa que habito a las dos de la mañana. Me siento he intento sacar el cristal que me he clavado. Paralizada me fijo como mana ese fluido de mis entrañas, es como si luchara con todo mal. Una gota de sudor cae por mi frente y mezcla con la sangre. Barro los cristales rotos. Barro toda experiencia rumbo a cuevas donde la insonoridad me hace beber de mi intermitentemente. Barro cualquier risco donde la pisada mal dada desemboca en un destino crudo, en la intemperie de ojos yermos, ojos huecos, ojos plomizos en el derivar de las jornadas. Son las dos de la mañana, vuelvo al salón, las rocas secas están todavía. Y es que todavía una punzada de alacranes se incrusta en los pilares de esta construcción. Y es que todavía no logro alcanzar una exacta explicación de los acontecimientos que llegan en una ansiedad hasta mí. Pozos de una memoria que me quiere vencer y no me dejo...CONTINUARÁ

sábado, junio 04, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD(NARRATIVA)16

 

16

 Presiento el aglutinar de las horas como una masa corpórea que viene a mi y me habla. Una conversación donde los sonidos del dolor son presencia. Voy al pasillo donde está la rosa negra que agrieta mi pared…mi pared blanca. Enciendo la luz. Enciendo mis sentidos. Enciendo mi reconditez. Enciendo mis heridas. Enciendo cada cicatriz tatuada en la dejadez. Enciendo a la misma vez un sentimiento, una emoción siempre vigilante de mis pasos. Agradezco los alisios en esta primavera calurosa, el frescor se extiende en este pasillo. Miro la rosa, las tinieblas terroríficas donde la hegemonía de una maldad se esconde en ella. Aquí, en este edificio, en su pasado. No hay miedo, no hay prisas. Algo sale de ella, figuro un ánima destrozada en el ayer. Por su fisionomía transita en la luz de una mujer. No logro distinguir su rostro, pero me viene cierto halito de algún sueño donde la he visto.  Sí, la he visto, me es familiar. Mi mano se alza toca con sus palmas las de ella. Por momentos un mareo me sacude. Por momentos una retahíla de imágenes se concentra en mi cabeza. Algo desagradable, su celeridad no me permite distinguir cada secuencia de esas imágenes. Me aparto y lloro. Una tristeza me tira. Una tristeza me rompe. Una tristeza me asesina. Una tristeza me hace impotente. La figura con un halo azul-violáceo se centra quieta ante mí. Por instantes sobre mi memoria un grito. Por instantes sobre mi memoria un ataúd. Por instantes la impotencia. Por instante invoco a mis fuerzas. Por instantes me fatigo. Por instantes un reducto de lucidez me dice lo que ocurrió. Y me rajo. Y me caigo. Y me pierdo. Con un movimiento rápido voy a la ventana del salón. La abro y la luna redonda y blanca está ahí. Y suplico. Y me agarro a lo que sea en esta madrugada donde los grillos cantan para la coherencia de esta pesadilla. Y la luna no responde. Intocable me observa. Solo el repetitivo vals del faro. El tiene que saber. Sí él. Siempre en su girar y girar de siglos. Y me pregunto porqué está tan callada la madrugada. Una madrugada donde la nada aspira de la ciudad. Una madrugada donde solo las luces de las farolas que apagan el firmamento castañean la verdad. Cierro ventana. La isla está en calma, insonora. Cierro los ojos y divago en esa figura. No, no me da escalofríos cuando miro al pasillo. Todo apagado. Mi entendimiento me lleva a la duda y observo arriba de mi sillón un manojo de rosas secas, de rosas muertas…CONTINUARÁ

 

 

miércoles, junio 01, 2022

LA DANZA DE LA OSCURIDAD(NARRATIVA) 15

 

15

La danza del tic-tac comienza con el susurro de los grillos. Un violín que no cesa en la intemperie de la noche, de una noche con luna. Tejo cada parte de mi con saturno como centinela. Guardo mis ganar de ser acogida en el regazo del calor y me contraigo. Escucho por un instante algo en el baño. Un ruido disperso, como si estuviera desgarrando las entrañas de la vivienda. Suena como un eco sórdido, contundente, mezclado con algo que está atrapado, encerrado. Por un momento mis huesos se estremecen y el olor de la rosa negra que agrieta mi pared viene. Viene con un taconeo de agujas en mi temblor. No, no tengo miedo solo, respeto a lo que pueda ser. Un respeto trabajado a conciencia en lo que perduro el virus en esta sociedad. Me levanto y voy al baño, enciendo la luz del pasillo y la rosa negra que agrieta mi pared despierta al igual que yo. Entro en el baño, todo parece normal. El ruido calla, el ruido deja de ser lastimero, el ruido dejo de oírlo. Abro la vasija y algo oscuro se ve en su fondo. Tiro de la cisterna una y otra vez y respiro hondamente. La cosa oscura no se va aunque tire de ella de nuevo. Solo corre el agua, un agua con destino al océano. Agua limpia que se desencadena en un mar donde muchos han soñado, donde muchos han llorado, donde muchos han muerto. De repente la imagen del sufrimiento se apodera de mí. Y pienso lo terrible de un mar adentro con un futuro desconocido, condicionado por la deriva de una embarcación que llegará o no a la costa de un mundo , de un mundo que somos ciudadanos todos. La mancha oscura sigue, tiro de nuevo de la cisterna. Corriente de náufragos en la desesperación de un mañana mejor, de una oportunidad.  Y la muerte…y la muerte se cierne en mi cabeza. Mar cementerio de anónimas vidas se presenta en mi visión. Océano donde el hambre y la sed deja como desheredados de esta atmósfera muchas existencias tantas, que no podemos imaginar ¡Sufrimiento¡¡Agonía¡ y al final la derrota, la perdida de la noción del tiempo, de la vida. Mar cementerio de anónimas vidas. Tiro de nuevo de la cisterna y la mancha o la cosa oscura sigue ahí, hermética. Estoy harta de esta pesadez. Engullo un pedazo de esperanza, una esperanza de un mañana mejor. Lo único que se antepone es un telón de acero, el individuo, nosotros. Y miro a la vez que agua corre por la vasija todas nuestras precariedades, muchas o pocas, lo suficiente para descarrilar una existencia mejor...CONTINUARÁ