domingo, mayo 07, 2017

ELLAS. CAPITULO 26

26
Aquí en el esbozo de mareas impenetrables estoy con mis hijos, el se ha ido a no sé dónde. Creo haberlo visto con un hombre no conocido para mí. Se han escurrido tras las arboledas que alumbran este parque y parecen hablar en susurros. No me llega su conversación.  Será su deseo de taponar mis oídos para que no me llegue el eco de sus palabras. Espero que no sea nada malo. El más pequeño me agarra de la manga.
-        Por qué no nos acercamos más Mama.
No hijo, le contesto yo. Todavía el frío desquicia a los cuerpos desnudos aunque el sol brille en lo más alto.
-Yo quiero bañarme Mama.
Cállate pesado, le contesta su hermana. Mi hija que crece y crece aunque en toda mi existencia la veré como la niña, como la pequeña madura arrastrando pregunta, tras pregunta.  Me detengo y pienso en ella, esa seriedad imperante en su rostro.  Dice que le aburren sus amigas que solo se empecinan en ir detrás de otros chicos y chismorreos. Todo ello le resulta de poco o cero interés. Prefiere pegarse horas y horas ante un libro, ante un documental,  raras películas o haciendo rompecabezas. Como son los críos hoy en día un muro debería protegerla ante la estupidez de los otros. Confieso que me preocupa su ascensión divergente a los otros niños, niñas que le rodean. Navajazos vuelan en sus bocas pueriles, en sus gestos infantilizados ante la educación abstraída en el desequilibrio, bajo la imagen a seguir equivocada.  Ella se aparte, a veces se retrae y en su cuento infinito recrea todo lo que es, lo que desea ser. Yo no me enfado, me enorgullece su actitud placentera en el vértice de la cultura. Al menos es capa de razonar, de interrogarse , de ser observadora silenciosa de los pasos brutales de los demás ¡Luchar¡ Tendrá que lidiar con feroces fuerzas para tomar su destino. Le doy un beso en la frente, me apetece. Ella se ríe, el hermano balanceando sus piernas abre sus ojos hacia nosotros y también le entra una especie de cosquilleo. Viene mi esposo, el otro hombre se va. Está tranquilo, envuelto en una bruma noble de amor.
-Papa, quiero quitarme los zapatos y caminar por la orilla.
El escucha, se despegan de nosotras. Van hacia la orilla, descalzos. Olitas rompiendo en sus pies. Dan pequeños saltos hacia atrás y vuelven de nuevo. Desastre, se van a mojar completamente ¡Qué más da¡ Lo importante es el sabor del ya. A mi hija y a mí nos hace gracia. Nubes que vienen, nubes que se acercan. Seguro que lloverá. Ya me parecía a mí que todo no puede ser tan perfecto. Los llamo, tenemos que irnos, retroceder en nuestras huellas hasta estar bajo techo, seguros...


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