sábado, julio 26, 2025

HABITACIÓN CERO(NARRATIVA)5

 

5

Y despierto. Una llamada esperada. Sumergida en una ducha fría acaba con este calor húmedo de mis carnes. Del sur al norte. Así está afectado el clima del hoy, de este presente donde la humanidad se jarta de extraviar a la tierra en el desahucio. Supongo, imagino, que el eje de la tierra también sufre una especie de tremor que lo hace desviarse de su ruta, por muy poca que sea también afecta a esta atmósfera que nos contiene. Sí, nos contiene en un mundo aislado, protegidos de todo ese cosmos indescriptible, desconocido. Medito por unos instantes, la perrita viene a mí. Con sus azabaches ojos y pelo suave me observa como centinela de mis movimientos , se lo agradezco. El piano calla, por un momento me siento caída, rota. Me restauro en esta soledad mía callada y me visto con ropa ligera. Voy al garaje, mi auto lleno de polvo, de esa calima que se aventura constantemente sobre nosotros. Salgo, las calles en este mes de agosto parecen tatuadas de vacío. Pongo la radio, un aria de Madame Butterfly en su final estremece mis pilares y lloro. Sí, ahora que nadie me ve, cuando la urbe aun, aletargada, me ausenta del bullicio descomunal de toda la semana. Mi mente retrata a mi madre mientras voy al médico forense. La aparto y es que duele este quemor, este duelo mío, solo mío. Llevo las muestras. Está muestra supongo de jóvenes en la aventura del amor, en la aventura de la libertad, en la ventura de una relación en paz.  Ellos se conocieron en algún valle de la isla. Ellos se enamoraron sin pensar lo que traería consigo. Ellos huyeron donde las miradas, donde la muerte no les asestará en lo injusto. Y pensar en esta tierra, aun manchada de ese mal en alguna que otra cultura. Los ojos son muestra de nuestra alma, de ese espíritu que atraviesa nuestro corazón para parir el enfrentamiento con la existencia. Cojo la avenida marítima, no hay tráfico, lo agradezco. A las nueve he quedado con la medico forense. Ellos anduvieron, corrieron donde nadie pudiera localizarlos. Ay queridos enamorados, qué buen amor. Ellos unidos de sus manos daban aliento a su ventura de la huida. Ellos, tan jóvenes, arrebataron la belleza del amor, del querer solo por el mero echo de ser de distinta tribu. Ellos gritaron a los alisios, en la cumbre cuando el mar de nubes los ocultaba a sus Dioses. Y rogaban, abrazados, a ese cielo donde los astros silenciaban sus quejas, sus deseos. Desvestidos de la isla, de sus orígenes, perdidos en la inmensidad de una noche sin luna, de unos días sin soles, de un universo callado fallaron en la huida. Ellos fueron la sombra del silencio. Ellos fueron el sacrificio a sus ancentros en nombre de Achaman. Ellos , dos jóvenes envueltos en las prisiones de las ideas sucedidas en el rigor a medida que se va creciendo. Ellos que quisieron desviarse y vivir como signo de un mañana, felices. Llego, con las mientras me adentro en el edificio. Con las muestras montando una leyenda sobre mis hombros…mis hombros cansados. Las dejo, me despido y retorno en mi casa, pensativa. La dualidad me esparce por una autovía que aun conversa con el vacío. La jornada se despereza con calor, un ambiente nada bueno para estos momentos en las islas. Un tremor. Una boca lamiendo unas tierras de viejas generaciones y un pueblo, una aldea, un campo que se pierde en una lengua de magma. Todavía no calla. No quiere callar. Y ellos, tampoco callan, dicen de las costumbres de ese pasada que en nuestra sociedad, para algunos, no para todos, sería de una naturaleza cruenta. Aquí, en la selva que alborozaba la isla. Cierro la puerta y un haz de agotamiento transpira por mi cuerpo, por mi mente. Me siento donde la ventana donde clama al astro rey , Magec. Ellos luchan como luchan los valientes, entretanto, cada tribu se culpa una a otra y buscan consejo. Viejo donde en la intemperie de mis sentidos para finalizar ante el piano. El piano…el piano, respiro y me es difícil recuperarme pero, lo intento. Y con la soberbia de mis venas me miro ese yo…ese yo mío construyéndome de nuevo, naciendo de nuevo cuando el sol como aquellos aborígenes es brío que grita la vida…la vida. La vida, una rutina que se empeña en ser dispersa o concentrada, según se amanezca. Arrojo cada uno de mis recuerdo en una hoguera, un cigarro viene a mi, un café viene a mi y mi memoria estática me enseña este estado, atrayendo  la vida…la vida.

domingo, julio 20, 2025

HABITACIÓN CERO (NARRATIVA) 4

 

4

Una amenaza se cierne sobre mis espaldas, no la veo, la percibo. Llamadas inconclusas del aullido de tu bien querida perrita. Yo aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Tu respiración toma una pausa para luego incorporarte a la existencia, dolorosa. Y desde aquí , frente a ti, te hablo en el silencio contenido de mis lágrimas. El humano goza de un gen del mal que no logramos ver solo, con sus actos desparraman más agonía e impotencia en la continuidad de los días, de las noches. Me es indiferente. Ahora, aquí, contigo , con mi mano agarrada a la tuya devastando toda pena, todo dolor que se concreta en tu mirada donde expresa el desequilibrio de tus cimientos. Estás agotada. Estás desesperada. Estás desnutrida de fuerza. Y sigues, perdida en ese submundo injusto, Abominable donde las almas caen presas del pánico, del llanto, del sufrimiento. Razono, lo aborrecible se incrusta en mis entrañas y una real amargura y rechazo sacude mis sentidos. Hemos entrado en una atmósfera donde el odio, los celos, la envidia y el mortificar por mortifica se hace tortura evidente, verdadera. No lo podemos calificar de humano a quien estragos y mal hace. Yo aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. El rumor de los años se estrecha y te hablo y me hablo. Una conversación pura donde no importa todo lo demás. Tu perrita aúlla, rompiendo todos los pilares de las ganas. Y ella es buena madre…muy buena. Te echa de menos. No soporta este anquilosamiento de tu camino, se le hace difícil y la respeto. Tu ventana da al mar, me asomo. La mala mar se aviva en la jornada del hoy. Un viento soez relampaguea en mi cara. Me calmo y te observo. La herida no deja de supurar. Te echo de menos. Cuando me asomo bajo nuestro techo un resonar de vacío, de la nada rompe, estruja mi verticalidad , parezco caer y no caigo. Me alzo y miro cara a car esta vida del polvo interestelar. Allí volvemos, no hay remedio. Más tarde, más temprano todos nos reuniremos donde los cipreses dan sombra a mirlos y cuervos. Más tarde, más temprano todo quedará en su lugar. Ese lugar donde lo justo soplará en dirección contraria a sus movimientos, a sus pensamientos deficientes. A todo esto, ella está bien, come y sale de paseo con su gracia. En estos momentos brota un beso, de ti no hay respuestas y sin embargo, estás ahí, postrada en una cama. Paredes blanca. Suelo gris. Es hora de comer y comes. Es la única reacción visible que puedo comprobar. Y se que me sientes. Tu entendimiento es aun vital. Consagro estos días a ti, me encomiendo a tu aliento, a tu mano. Aprieta fuerte. Muy fuerte somos, barremos todo mal los cúmulos de las malas lenguas, de la mala fe. Aquí, estamos. Tu y yo. Yo y tú. Esperamos con el viento sur la despedida. Una despedida conversando con el placer de tu mano, mi mano. Mi mano , tu mano. Paredes blancas. Suelo gris. El callar por un instante emerge en mi razón y te sigo observando. El trafico de los sueños emergen en mi empuje de que te recuperes. Otra vida, otro destino se posiciona entre nosotras y tu adiós alargado en la nada coherente con una despedida nos absuelve de todo malestar y la noche llega y yo me voy, tu te quedas en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Hasta luego, te digo.

sábado, julio 19, 2025

HABITACIÓN CERO(3) NARRATIVA

 

3

La madrugada, despierto donde me había quedado, en el sofá. He sentido la llamada de alguien, pronunciando mi hombre. Una llama que se revolvía en el silencio y la angustia. Una angustia que yo ahora poseo, aquí, en este sofá, frente al piano. Parece que solo se deleita con una pieza. Y es que lo escucho, es algo tórrido y triste a la vez. Mi corazón gira y gira entorno a ella, ahora, desde la distancia. Me levanto, con la molicie de esta columna vertebral que quiere quebrarse para no andar más. Me fijo en el piano y calla. Estoy en ese estado de embriaguez de la pena y la esperanza. Esa esperanza que se fuga a cada minuto, cada segundo que paso. Miro el almanaque , los días se agranden, me acogen entre las neblinas de mi sombra y bebo agua….mucha agua. Voy hacia la caja donde están los restos de aquellos cuerpos de las montañas sagradas aborigen de la isla. Cuando espabile, mañana, la llevaré al instituto forense antes de ver a madre. Quiero una solución , un estudio de esos restos para poder realmente construir su historia y narrarla en la cabida de la suposición e imaginación. Aunque ya la tengo en mis manos, quiero asegurarme. Una tribu. Otra tribu. Dos jovenzuelos, casi chiquillos. El de un rango inferior , ella una princesa prometida en lazo de su nacimiento. La huida. Una huida bajo un mar de estrellas que los llevaron hasta ese lugar donde ellos gritaban a sus dioses, donde honraban con sacrificios para la venida de la buena lluvia, de la buena cosecha, de la buena suerte. La búsqueda , frenética, ambicionada de venganza de sed y hambre de muerte. Habían cometido un comportamiento castigado por cada una de las tribus aborigen. ¿Y la muerte, por parte de quién? A ello quiero llegar, ellos abrazados en el último calor de la noche, del día, de las estaciones. Y pensar que aun seguimos igual en muchas culturas, se me eriza la carne, un frío demoledor se incrusta en mis cachetes y respiro. El gen del mal existe, creo. Hay quien hace el mal, por hacerlo y puede ser cualquiera. Siempre con la máscara batalladora de su maquillaje ante una sociedad cegada. Y otra pieza, me siento en el piano y dejo que mis sentidos muevan mis dedos amaestrados matemáticamente en busca de la inspiración. Un piano. No hay partituras solo, los alientos del alma, de esta eviterna melancolía que azota mi contemplación respeto a este mundo. Fuera treinta grados y es la madrugada. Sudo, el ventilador pequeño de la madre, de mi madre me desquita en mi silencio y soledad, solo el piano, algo de fresco. Y no sé que porque siente una tranquilidad majestuosa…demasiada tranquilidad. Esta especie de música, de melodías pequeñas suenan cuando son las tres de la mañana. Sí, las tres de la mañana, cuando la isla duerme, cuando en su agitación mi madre gravita en una habitación de paredes blancas y piso gris. Desde mis sentidos intento llegar a ella, la espera se hace desgarradora. Y a veces es que soy rastros de la desorientación, de esta incertidumbre que me muerde. Y toco. Y me es igual la hora. Las tres, son las tres. La tengo en la mente, junto a sus latidos. Ahora que busco mi yo, su yo. En estas notas las hallo. La madrugada es oscura y callada, solo conversa la música con mi espíritu. De vez en cuando un resoplido insufla mi tensión y me siento caída, perdida , continuo. La música alivia todas las penas.

martes, julio 15, 2025

HABITACIÓN CERO(NARRATIVA)2

 

2

Paredes blancas. Suelo gris. Diseño rectangular, una cama, una mujer en la espera. Me sitúo frente a ella. Frente a la madre que me vio brincar en este encogido, en este mundo donde los humanos se matan entre ellos, se distorsionan en la ovación a las guerras perdidas…infrahumanas.  Me voy deformando a medida que la observo, que la examino y tomo aire, sonrío. Su mirada se pierde en mis ojos. Los buscos. Los encuentros. Paredes blancas. Suelo gris. Una cama, una mujer. En ella, en sus hombros, todos los sufrimientos de sus hijos. Yo sola, aquí y la nada de las dos. Le cuento como me ha ido hoy y creo que me escucha, me entiende…si me entiende. Sus ojos , ahora, fijos al techo. Paredes blancas. Suelo gris. Le acerco mi móvil, pongo una de mis composiciones sencillas, minimalistas, humildes y un brío de jardines poblados con la belleza de las flores, de la vida se enciende en su rostro. Tiene buen color. Ella no lo sabe o sí pero demuestra como si no supiera. Se muere, aquí, en este hospital de paredes blancas y suelo gris. Siente una impotencia que quiere hacerme temblar, respiro, la alejo. Hay que aceptar la muerte cara a cara. Es nuestro legado después de la existencia en esta tierra de nadie. Pero se me hace imposible, una adaptación desplegando mis sentidos que se entretienen con mi dolor particular, con mi dolor singular. Voy al servicio. Por unos momentos la dejo y mis párpados se revientan en su caída. No se si estoy derrotada, no puedo estarlo. He hecho todo lo posible por su bienestar, por su calidad de vida. He entregado mis años a su cuidado y ahora se va. Me despido del apego., alas de mariposas limpian mis lágrimas y me evaporo en un hábitat nuevo, desconocido. Abro los ojos y salgo del baño, vuelvo a la habitación. Paredes blancas. Suelo gris. Una cama, una mujer en la espera. Solo me quedo con su lo bonito de su sonrisa, con los pasos de lo bueno. Y lo demás…si, lo demás , sufrimientos y heridas. Pero madre, te tomas las cosas a pecho, te tomas tus hijos como si nunca fueran a volar y volar algún paraje donde tu mirada no se percibe. Qué más da. Ahora, aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Estamos las dos solas. He dejado bien a tu perrita. Tiene esa gracia que tanto te gusta, que tanto adoras. Las horas pasan rápidas y yo solo en me estratifico en su pulso a veces calmo y otras convulsivo. Este es nuestro destino madre, me digo en mi cavilar. No hay más. Solo somos eso carne y hueso que se pudriera en algún cementerio de esta isla. Me quedaré mirando el firmamento y será una energía con los colores del descanso. Te dejo, mañana volveré y algo te narraré. Sí, algo. Vivimos tiempos extraños o es que la información actual es tan real que siempre hemos estado así y no nos enterábamos. Estoy en la parada, un calor agobiante se aploma sobre mis piernas, pierden fuerza. Todavía el humear de la erupción es visible, todavía su malvado olor es ingerido por mi nariz hasta llegar mis pulmones, toso.

domingo, julio 13, 2025

HABITACION CERO(NARRATIVA)1

 

1

 

Es de noche, el verano se yergue en la pesadez de la humedad y el calor. Ahora aquí, bajo mi techo, donde las paredes plomizas hacen que me pierda en la inmensidad de mis pensamientos. Ahora aquí, sola. Pero grito, no. Un no que remueve mis tripas, mi crispación , mi distancia de alguien querido. La he dejado dormida, inconsciente en el infinito beso del hasta luego, mañana volveré. La profundidad de sus pómulos, la estimulación de mi ansiedad ha sido olvidada. No me responde. No me mira. Un vacío se concentra en mi pecho y mi latido, es como su aliento , exhausto, cansado. Y a la vez agradezco su tranquilidad de su largo sueño. Ahora aquí, donde la extrañeza del silencio me guía por cada habitación donde una pena contenida me consume cuando estoy frente a un espejo, consumiendo toda mi energía, toda esa positividad que fluye cuando respiro y su olor es latente. Hace una semana que llegué de la cumbre donde los Dioses de esta isla, de este mundo me llevo en el aire del universo, besándolo. Tengo los restos en mi caja secreta, escondida, donde nadie sabe de mis investigaciones. Pero hay una cierta fatiga que me obliga a no hacer nada, ser quieta inquietud a lo que me rodea. Me aparto del espejo, desvencijado. Retorno al salón y miro mi piano y miro su mesa donde ella comía, donde ella garabateaba a cada estímulo de su mutismo. Sola, estallo en mi solidez, avanzo, me siento ante el piano y lo abro. Acaricio sus teclas como parte de nuevo estado. Tengo que nacer de nuevo y nazco, enlazo mi grito a una monótona pieza que viene de un espíritu dolido, es que duele, pero a la vez salvada, cuando me giro y veo su foto, sonriente, ausente de la dejadez de estos últimos meses. Y es de noche, sutilmente , con los ojos caídos donde los vientos rajan la entereza, logro componer algo, algo triste. Una tristeza que me absuelve de cualquier tal vez, de cualquier quizás, de cualquier idea que me lleve un hondo quejido. Así, con la suavidad de mis alas busco su gracia, su tono. Sale algo, del pulso de mis manos, del pulso de mi corazón y la paz nada sobre mis sentidos, se establece hasta que una cierta somnolencia me hace pesada, me hace levantarme y acostarme en el sofá del salón donde su retrato me mira y yo miro. Intento descansar, han sido semanas muy duras. Horas y horas donde su respiración era lo único que sentía. Y yo le hablo, le converso porqué se me escuchaba en ese proceso de la desgana, de la dejadez, del desánimo. Es de noche yo, recostada en el sofá, frente a mi su foto. Un beso se ramifica en mis labios secos. Y ahora que estoy conmigo, medito sobra la vida. Todos nos iremos , más tarde, más tempranos. Seremos flores, árboles poblando bajo tierra con nuestras cenizas y solo seremos eso. Nuestra energía invisible hará un pacto con los astros y seremos ese velo diáfano que transpira quien creyeron en nosotros. Ahora aquí, la calma revisa cada sensación y me libero, libero mi ultimo sueño con ella

jueves, julio 10, 2025

Cierto es....

 








Cierto es que los árboles hablan

Palabras al viento

Donde las almas invertidas a las miradas escuchan

Cierto es que los mares cantan

Con lo homogénea de su verticalidad a las vidas perdidas.

Cierto es que estoy aquí, pensándote, amándote

Donde la pena es temblor enraizado en las grutas difusas de la noche.

Cierto es que lo callado de estas paredes, blancas

Equilibran los sentidos irguiéndose donde las lunas besan la desnudez.

Cierto es que admiro la levedad de un abrazo, de un saludo, de un guiño

Donde los riscos anuncian mi descalzado espíritu.

Una sombra tiñe mis ojos

Cierto aroma perenne absorbe mi garganta rota

Despierto, abro los ojos, revientan las flores

Un piano se pierde en la nada

Y cierto es que el murmullo de la llovizna oscurece mis pisadas.

 

sábado, julio 05, 2025

TODO ES EXTRAÑO

 


Todo es extraño, llegan esos navegantes de la atlántica al hallazgo de la fortuna, del hechizo de leyendas antiguas donde los ojos se expanden en su visión de las islas. Vienen tatuados de dicha al encuentro de ese elixir de la eterna existencia. Y no somos eternos, somos polvo interestelar acogidos en un océano donde la dicha nos no quiere aferrar a lo inevitable, el adiós, la muerte.  Y tan extraños somos, que nuestras riquezas están amparadas por esa agua que bebemos, ese agua que se filra por los poros de nuestras carnes y nos deshace de la sed. De esa sed eviterna en el sentido de los vientos del norte. Y por ello vienen, los atlantes en sus deseos, en sus hechizos juran a los dioses. Cetáceos recurren a su santuario, van a morir y nosotros , la huida despedaza el pecho, nuestras pesadas espaldas, cayendo donde la oscuridad nos da lumbre. Todo es extraños, una fogata a medianoche cuando la luna no está nos alimenta de su calidez, de ese humeante calor que escasea en estos días, en estos meses, en estos años. Vemos el rostros de niños mutados de suciedad, escombros y una envenenada sangre, no gritan. Se consumen en el silencio de nuestros ojos, en el desvío de un sol a otras vidas. Que venga. Que venga el sol con sus rayos para la lucidez de esa verdad que se anquilosa en las horas, minutos, segundos quedando en la nada. Todo extraños. Los atlantes alzan la vista, recolectan manzanas y en sus alientos soplan hasta desafiar las fuerzas del mal para nutrir la paz. Y alguien se queja, una pena torturante que escuece muchas gargantas. La muerte. La muerte. Todo es extraño. Se lleva los ojos abiertos donde los astros designaran su siguiente nacimiento. Y nacerán nuevos árboles, nuevos soles, nuevas lluvias a ras de este desvariado planeta. Los atlantes vigilan, jardín donde la esperanza será madre de nuestro mañana.