5
Y despierto. Una llamada esperada.
Sumergida en una ducha fría acaba con este calor húmedo de mis carnes. Del sur
al norte. Así está afectado el clima del hoy, de este presente donde la
humanidad se jarta de extraviar a la tierra en el desahucio. Supongo, imagino,
que el eje de la tierra también sufre una especie de tremor que lo hace desviarse
de su ruta, por muy poca que sea también afecta a esta atmósfera que nos
contiene. Sí, nos contiene en un mundo aislado, protegidos de todo ese cosmos
indescriptible, desconocido. Medito por unos instantes, la perrita viene a mí.
Con sus azabaches ojos y pelo suave me observa como centinela de mis
movimientos , se lo agradezco. El piano calla, por un momento me siento caída,
rota. Me restauro en esta soledad mía callada y me visto con ropa ligera. Voy
al garaje, mi auto lleno de polvo, de esa calima que se aventura constantemente
sobre nosotros. Salgo, las calles en este mes de agosto parecen tatuadas de
vacío. Pongo la radio, un aria de Madame Butterfly en su final estremece mis
pilares y lloro. Sí, ahora que nadie me ve, cuando la urbe aun, aletargada, me
ausenta del bullicio descomunal de toda la semana. Mi mente retrata a mi madre
mientras voy al médico forense. La aparto y es que duele este quemor, este
duelo mío, solo mío. Llevo las muestras. Está muestra supongo de jóvenes en la
aventura del amor, en la aventura de la libertad, en la ventura de una relación
en paz. Ellos se conocieron en algún
valle de la isla. Ellos se enamoraron sin pensar lo que traería consigo. Ellos
huyeron donde las miradas, donde la muerte no les asestará en lo injusto. Y
pensar en esta tierra, aun manchada de ese mal en alguna que otra cultura. Los
ojos son muestra de nuestra alma, de ese espíritu que atraviesa nuestro corazón
para parir el enfrentamiento con la existencia. Cojo la avenida marítima, no
hay tráfico, lo agradezco. A las nueve he quedado con la medico forense. Ellos
anduvieron, corrieron donde nadie pudiera localizarlos. Ay queridos enamorados,
qué buen amor. Ellos unidos de sus manos daban aliento a su ventura de la
huida. Ellos, tan jóvenes, arrebataron la belleza del amor, del querer solo por
el mero echo de ser de distinta tribu. Ellos gritaron a los alisios, en la
cumbre cuando el mar de nubes los ocultaba a sus Dioses. Y rogaban, abrazados,
a ese cielo donde los astros silenciaban sus quejas, sus deseos. Desvestidos de
la isla, de sus orígenes, perdidos en la inmensidad de una noche sin luna, de
unos días sin soles, de un universo callado fallaron en la huida. Ellos fueron
la sombra del silencio. Ellos fueron el sacrificio a sus ancentros en nombre de
Achaman. Ellos , dos jóvenes envueltos en las prisiones de las ideas sucedidas
en el rigor a medida que se va creciendo. Ellos que quisieron desviarse y vivir
como signo de un mañana, felices. Llego, con las mientras me adentro en el
edificio. Con las muestras montando una leyenda sobre mis hombros…mis hombros
cansados. Las dejo, me despido y retorno en mi casa, pensativa. La dualidad me esparce
por una autovía que aun conversa con el vacío. La jornada se despereza con
calor, un ambiente nada bueno para estos momentos en las islas. Un tremor. Una
boca lamiendo unas tierras de viejas generaciones y un pueblo, una aldea, un
campo que se pierde en una lengua de magma. Todavía no calla. No quiere callar.
Y ellos, tampoco callan, dicen de las costumbres de ese pasada que en nuestra
sociedad, para algunos, no para todos, sería de una naturaleza cruenta. Aquí,
en la selva que alborozaba la isla. Cierro la puerta y un haz de agotamiento
transpira por mi cuerpo, por mi mente. Me siento donde la ventana donde clama
al astro rey , Magec. Ellos luchan como luchan los valientes, entretanto, cada
tribu se culpa una a otra y buscan consejo. Viejo donde en la intemperie de mis
sentidos para finalizar ante el piano. El piano…el piano, respiro y me es difícil
recuperarme pero, lo intento. Y con la soberbia de mis venas me miro ese yo…ese
yo mío construyéndome de nuevo, naciendo de nuevo cuando el sol como aquellos aborígenes
es brío que grita la vida…la vida. La vida, una rutina que se empeña en ser
dispersa o concentrada, según se amanezca. Arrojo cada uno de mis recuerdo en
una hoguera, un cigarro viene a mi, un café viene a mi y mi memoria estática me
enseña este estado, atrayendo la vida…la
vida.