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Habitación cero. Habitación de
paredes blancas y suelo gris. La noche llega y un tango de Gardel suena en esta
atmósfera donde todo gira y gira en nuestra callada manera de ser. Se escucha el
llanto de las pardelas y un mar no lejano en su ronroneo cuando la marea baja.
La luna prende con su majestuoso halo , todopoderosa, alentando a los locos, a
los perdedores, a los cobardes en amores vacío. No te dejo tranquila, nos amarramos
al unísono transmitiendo nuestros sentimientos, te digo que es hora de partir y
viras la cabeza. Me entiendes, me estás escuchando, es como si una lágrima
precisa , exacta corretera por nuestras mejillas…una lágrima que nos lleva al
lamento. Esta vida se pudre entre nuestros deseos y el deseo es rival que hemos
de vencer. Salgo por un momento de la habitación, mi corazón me oprime
estallando mi razón y retrocedo. Aquí estoy, te doy un beso, me agarro fielmente
a tu mano y nuestra calidez es hija de esta noche de luna de invierno. La música ha callado y mis alas abatidas se
sientan al lado tuyo. Uhm, está tristeza mía, esta pena sumergiéndome en
fangosas visiones de un nuevo mañana. Ese mañana en que tu no estés. Me achico,
me encojo y prendo mi mente hacia un lugar salvaje donde las olas jueguen con
nuestro adiós. Desembocare bajo algún árbol donde los pájaros cantan y te
recordare, tu y la naturaleza. Siempre tan alentadora. No se sabe lo que se
tiene hasta que lo pierdes. Te estoy perdiendo en esta habitación de paredes
blancas y suelo gris. Apriétame la madre, te digo. Necesito saber que estas
aquí. Me hundo oprimida bajo un columpio de la niñez. Salgo de nuevo. Me miras..
Te miro. El tiempo parla con nosotros, un tiempo que se va en sus horas, en sus
minutos, en sus segundos. Uhm, madre , te quiero. No te lo había dicho. Estoy
bien , aquí contigo en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Entro de
nuevo y me dirijo a tu ventanal donde la
luna otoñal escucha nuestros movimientos. Quieta, en este parón de mi vida, le
presto atención. Faro de las naves de las mareas, de esas mareas donde el
tráfico humano aun continua. Vidas destrozadas. Vidas en la muerte de la
esperanza. Ay, madre, cuantas injusticias y yo aquí con mi pena. Esta pena que
es solo mía y que guardo con gran celo. Habitación cero. Habitación de paredes
blancas. Habitación de suelo gris. Grito, un grito en el silencio para desarme
de esta oscuridad que me tira, que me dispara. Peldaño a peldaño subo por una
escalera. Peldaño a peldaño peleo con todas las cerraduras a mi paso. Peldaño a
peldaño monto sobre una yegua blanca que me lleva a playas vacías. Peldaño a
peldaño me derrumbo y vuelvo a empezar de nuevo en esta habitación de paredes
blancas y suelo gris. Uhm, madre este retiro de la calidez de alguien es elegida.
Soporto bien la soledad, esas habitaciones donde habitabas. Y cuando te observo
en este estado, la furia me hace mediocre, arrojada a los acantilados donde los
sueños se pierden. Y dónde está la cura, tu cura, mi cura, la cura de este
planeta en el proceso del dolor, de la despedida que no es un adiós sino tal
vez, hasta luego . Y salgo de nuevo de la habitación , bajo a la cafetería y pido
un café. Voy afuera, que el aire libre me lleve donde la espiral del humo de un
cigarro me acoja. Todo es completamente oscuro solo, la luna y ese enmarañado
tul de estrellas que parpadean debido a está atmósfera que nos abriga. Termino
el cigarro y enciendo otro, aquí estoy, mi callar y yo y dentro de este
laberinto de mis pensamientos. Me agito,
me esparzo y disemino en cada pisada de retorno al hospital en algo que me
crepita aborrecimiento. Subo y aun andas despierta. Nos vemos de nuevo, hoy no
quieres comer e intento animarte, estás cansada. Estar cansada tiene alas de
albatros que ha volado lejos…muy lejos donde el mundo reconciliado consigo
mismo explora la experiencia más bella del ser humano, el amor. Sí, el amor, sin tapujos. El amor dignificado
en lo máximo de nuestra inteligencia. Aquí estoy , en la habitación cero. Una
habitación de paredes blancas y suelo gris.
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