domingo, julio 26, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA(NARRATIVA) 20

 







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La plaza parece que duerme. Sí duerme en su memoria, en ese ayer donde las ventiscas de la supervivencia la hacen reflejo del hoy. Estamos en el siglo XIX, el cólera se ciñe en un puerto puente otros puertos extranjeros. Viene como una masa corpulenta y grosera, abobinable redoblando las campanadas de esta catedral que es vigía de todo lo ocurrido en el paso del tiempo. La isla se ve inmersa en una enfermedad que se propaga vertiginosa en sus habitantes, tanto que se paraliza todo. Se aisla en la contención de este  virus que hoy en día aun permanece en este mundo. El cólera, el agua está contaminada , todo está contaminado causando la muerte en la rapidez que esa bacteria se engancha a las gentes sin los suficientes recursos de salubridad. Y de golpe, la isla en una cárcel durante largos meses donde la mortandad , donde el hambre y su pueblo dormitaba sobre el camposanto donde se quemaban los cuerpos desdichados por la vida.  Y veo la mujer anciana paseando con su bolsa de miga y millos en esta plaza. Y veo esa muchacha de vientre abultado por su embarazo y con su hijo nacido aproximarse a mí. Me pide algo dinero y no le doy, una fuerza de ira mi inspira y una alusión a su comportamiento me dice que no lo quiere para alimentarse. A veces somos abominables, somos personas estructuradas en l a neutralidad con el mal ajeno. Y la isla gritta, llora , desesperada, vencida. Pero a lo largo de esos meses , de esas estaciones de confinamiento se logra contener, masacra el mal de la enfermedad. Todo vuelve a la normalidad, más débiles, más perdidos, con el callar de aquellos que no tienen nada. Y es que la peste como quiera que se le llame a lo largo de los siglos nos ha buscado y nos ha encontrado. Y digo , agua…si agua , ese bien que nos endereza y nos hace continuar. Agua rabiosa, agua contaminada, agua de conflictos bélicos fatales para la humanidad. Sí, es un tesoro, un bien universal donde su escasez , donde su gobierno es receloso para muchos. Aquí, ahora cuando nos lleve la marea no se dónde, en el perpetuo de los sentidos orientados en la paz, en la armonía de nuestras manos abrazadas en la amistad, en el amor. La peste vino de fuera, de una embarcación de algún país contaminado creando una atmósfera destructiva y desesperanzadoras en esta sociedad. Pienso en ese aislamiento, en esa soledad de los habitantes de la isla mientras en los brazos de una madre desolada se grita a la muerte, a la profundad oscuridad del despertar. Y sigo pensando, me posiciono en el siglo XXI algo similar o aparentemente igual a la condiciones del pasado también ha ocurrido.  Y es que estamos expuesto en este minúsculo mundo de contrariedades a cualquier tipo de bestia que nos prive de libertad, de salud, de vida ¡Fragilidad¡ Somos frágiles. El viento rodea mi persona, como inquietante almas de la muerte. Sí, la muerte de aquellos pobres desheredado de la salud. Fragilidad, agua. Y es que es tan importante…tan extremadamente grandiosa que vamos al encuentro de otros planetas que la posee. Agua, fragilidad, vida. Vida, agua, fragilidad. Tocan a una puerta , unos ojos aruñados por la desazón y la desesperanza . Traen a su hijo fallecido…Señora….señora…todo ha sido tan rápido. Una mujer , una madre de negro activa un chillido donde el temblor acecha toda a la isla. Todos los cuerpos deshumanizados ya en carretas a la plaza…a la plaza. Allí serán prendidos fuegos para el mal se ahuyente. Mujeres con rosarios, mujeres con suciedad, mujeres dando lumbre a ese adiós impotentes en sus pensamientos que pecado han cometido. Y le traen a su hijo fallecido…señora…señora…todo ha sido rápido. Una mujer, una madre de negro y el grito de fosas comunes a la muerte. Cuando nos lleve la marea seremos un olvido, seremos un encuentro, seremos una entrega. UN esclavo mira el cielo..el cielo azul. …una lágrima rasga sus ojos marchitos, agotados, desalentado. Tremor.

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