miércoles, septiembre 28, 2016

Infértil....

Infértil son los huecos de unos ojos oscuros que  no miran el regocijo del amanecer.  Ella de espalda, asolada por el derrumbe perenne de las rocas en las que se alimentaba, se sostenía. Ella sentada, cansada, aislada de cada amanecer lleno del grito aberrante de no sé quién. Paredes blancas la arropan, la visten en el vacío. Una ventana donde penetran las filigranas de la mañana no le dicen nada, solo, el silencio de sus sentidos.
-        Sí, grítame todo lo que venga en gana. Aquí estoy, estática, helada terminal en el anuncio de mi ida. Sí, me voy. Lejos, muy lejos, donde tu desdén , los escombros de tu manera de decir las cosas no me angustié más. Sigue, sigue ese recorrido por la penumbra de tu amor…Ah, es que me quieres. No entiendo. No llegó a comprenderlo, estoy absorbida por nubes de cristales rotos. Me rajas, me mortificas con solo el sonido de tu aliento. Sí, grítame. Todo lo que quieras. Yo, me largo en las fosas donde la tierra te censure, te encadenen al apagón de tu respiración.
-        Qué haces. Ahí callada. No escuchas ¡levántate¡ Eres solo aborrecimiento. Me voy, no quiero verte. Siempre de víctima ¿ Qué víctima? ¡ Por qué maldita sea lloras ahora¡ Di algo, no te soporto. Adiós.
-        Qué la calma sobrevuele mi corazón desvencijado en su marcha. Un portazo, un puño ido, una cuchilla desbordante en mis sienes.  Cansada, mis alas se han caído. Recogeré cada pluma gris para ver si puedo, si puedo huir.

Se levanta, con sus manos temblorosas y dañadas intenta coger esas plumas de sus alas de alguna esperanza, de una libertad ofuscada en el paso del tiempo. No siente fuerzas. Se vira y se yerta ante la ventana, pajarillos animosos cantan y cantan. Le molesta. Cierra la ventana y de nuevo se sienta en esa silla, quieta, paralizada. Mira sus paredes blancas. Percibe un agujero y de él el manar de un líquido rojo. Todo se ha acabado. 


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