martes, marzo 13, 2018

Y tengo piedras...


Y tengo piedras en los bolsillos de mi pantalón liso. Y tengo piernas que me hacen avanzar hasta el pico más alto. Y tengo sentimientos abordando cada pisada, cada respiración  en sentido concéntrico al ayer. Y tengo ganas…sí, muchas ganas de llegar. Y tengo piedras en los bolsillos de mi pantalón, piedras donde e inscrito cada suspiro desvanecido, burbujeante en el paso del tiempo. Y parezco llegar a la cima, el pico más alto donde las aves se revuelven en su existencia, en el elixir de la vida libre, muy libres. Y ya estoy, aquí, en el pico más alto con mis piedras en el bolsillo. Me desprendo de ellas. Y caen en el vacío, en el oleaje bajo esta cima. Un oleaje calmo o violento, no distingo, pero me es lo mismo. Y miro está bóveda celeste que me alumbra. Y cierro los ojos.  Y los pinares ya no están muy lejos. Y yo puedo también caer, caer ese vacío donde la nada de las mareas gastará y llevará al fondo esas piedras. Y me siento bien, una felicidad cautivante que me aísla por unos instantes del tremor de la Urbe. Y meto las manos en los bolsillos de mi pantalón liso. Y doy la vuelta regresando al país de lo incierto. Y, no sé , me acurruco en un sendero anciano bajo un paisaje que van variando su tonalidad mientras desciendo. Y siento que me desdoblo, cierta parte de mi se ha ido en las profundidades del océano y otra regresa para el comienzo, el comienzo de unas manos fuera de los bolsillos de mi pantalón liso.

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