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Cuando la marea nos lleve.
El mediodía despierta con el cuchicheo de una urbe cuyo velo se expansiona a lo
irrazonable, al apuro de las masas que ignorantes se acuestan con lo que les
recetan lo populoso, lo vulgar. Nuestra condición vaga como visones ilusorias
de unas mentes aferradas al enemigo. Ese enemigo que te abraza con tachas enclavando.
nuestras espaldas. La sociedad carece de dignidad, de ese privilegio tan exclusivo
de pensar, de meditar por si mismos se dejan influenciar por malas mareas donde
perecen las ideas, las inclinaciones propias. Nos cae la baba ante la opresión
silenciosa que nos ciega, que nos hace mudos ante la injusticia. Pero aquí
estamos, en un país libre todavía y yo aquí en esta plaza donde la calima
anuncia tiempos nuevos. Tiempos de incertidumbre. Tiempos críticos según toma
de decisiones. Leer…leer, no nos queda otra. Ampararse bajo una lampara a media
luz y inundarnos de ese ayer que no fue tan ayer. Tenemos que ser progresistas,
liberales, erradicar cada radicalismos que nos lleve al caos. Y si llega…¡y si
llega¡ veremos un oscuro pozo donde los cuerpos arrojados por sus maneras se arrepentirán.
Y no habrá lamentos…no , no queremos lamentos. Lo pactado es lo que hay y
tendremos que revelarnos de nuevo para combatir la desgracia. Leer….leer, no
queda otra. Aprender de la memoria viva de aquellos que fueron martirizados
ante el régimen. Cuando nos lleve la marea. La anciana y sus palomas. Esa chica
cuyo hijo perderá en el anonimato. Esa madre afligida tormentosamente por la
muerte de su hijo. Esa inocencia masacrada, etc. …y lo más ese esposo llevado a
la mar fea después de un tiro en la nuca. El garrote vil aparece frente a mí,
me fijo como mis sueños, mis deseos mueren, se van donde las olas se llevan el
último suspiro. El viento se calma, en un instante un silencio sepulcral se une
junto a mí y a pesar de la calima el cielo se pone pesado, con su panza de
burro amarillenta. Y este mutismo no me gusta, se avecina tormenta. Me levanto
y es hora de encontrarme pausadamente con ese espíritu con cual puedo conversar
y conversar eviternamente. Con ese espíritu que me envuelve y saca de mi todo
lo que imagino. Cuando nos lleve la marea. Vuelvo a la playa. La playa vacía.
Caen unos goterones…Uhm, ese olor tan peculiar de este tiempo, de esta forma de
comportarse la climatología de la isla. Doy unos pasos más y no llueve. Así es
la vida, un río que puede bifurcarse en cualquier instante para bien o para
mal. Sí , señores…sí, señoras hay que leer. Cuando la marea nos lleve. Me
siento en cara al rubor de las olas. Ella frente a mi, su alma es silueta que
me induce a dejarme pasar las horas, los minutos, los segundos en este hoy que
no es hoy sino mañana. Cuando la marea nos lleve seré asombrosa gaviota que en
espiral observa el devenir de la isla…sí , la isla.
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