sábado, febrero 14, 2015

Sí, ayer...

Sí, ayer
 Embalsamiento de un arco iris
Cruje bajo el llanto de cipreses
Que desprenden su último aliento.
Batallas silenciosas,
Desgarre de las almas
Ambulando  en la agonía, en la desesperación.
Sí, ayer.
Lágrimas de fosas comunes
Donde el resonar de la carne muerta
Buscan la luz, la verdad.
Vamos, todo ha de acabar
Que la paz inspire una mirada del abismo.
Que la esperanza sea fardo que hemos de cargar
En nuestras espaldas, espaldas cansadas.
Sí, ayer
Esqueletos de perros verdes
Son sombra de las calles que pisamos.
Una mina en la pisada errónea
Despedaza nuestro ser
Y somos insonoridad a la vida, a la vida.
Nos dirigimos al océano de los elefantes
Yertos, rígidos, estáticos ,
Con la respiración acabada .


viernes, febrero 13, 2015

Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que ella se arrugaba como hoja quemada tras los pétalos idos. Como monte buscaba las filigranas solares y después cuando la noche llegaba se encogía en un rincón de algún tronco que le diera calor. Encendía una hoguera y danzaba a su derredor para calentar su corazón. Hubo un tiempo en que ella se creía enamorada de los besos alados de una sonrisa, de las esquina donde algún que otro rostro la miraba a modo de saludo. Pero todo se esfumo como la canción que cansa, que agota. Todo se hacía añicos, se difuminaban en un espacio muy corto de tiempo. Por  ello se alejó, cayó bajo un pozo donde los sueños son muertos que vienen y van en cada suspiro. Tendría que olvidar. Olvidar y  apilar escalones para ascender a la esperanza de unos ojos que te miran y se quedan, se quedan. Hubo un tiempo en que ella era una anciana mano que se posaba sobre cirios para quemar cada dolor, cada pena, cada perdida. Y tendría que olvidar. Olvidar e ir tras unos gatos  azules que maúllan a la luna como llanto evadido y buscar en esa luz el recuerdo bello  de sus noches de insomnio. 

martes, febrero 10, 2015

Divagaciones de una mañana de febrero...

Suavemente ese animal broncíneo se aproximaba después de tantos crepúsculos entre cenizas alimentándome de su viveza. Como pardela perdida gemía en un rincón de la oscuridad. Ahora que la luz penetra en mi rostro soy alargada orilla donde renacen los pasos. Voy hacia él. Sí, me entrego a su alma ardiente en estas primeras horas de la mañana. Calor… Necesito calor, me digo. Las olas quietas. Llamándome. La ventura de ser cuerpo desnudo bajo las mareas del hoy. Mientras los filigranas solares sobre mi rostro. Y otra vez en la orilla consumiendo cada mirada que se cruza por las arenas negras. Saludos de gentes cotidianas, de cuerpos que se desdoblan cuando la mañana da la bienvenida a la edificación de nuestros enigmas.  Venid…Venid, digo. Aunamos nuestras almas junto al arco iris. Ascendamos por él. Sí por su cuerpo semicircular como afrodisiaco del despertar. Absorbamos de su sabiduría para que en los días venideros seamos más sensatos, más honestos con este reino natural que nos ampara. Y otra vez soy eco del susurro de las olas. La marea se levanta rompiente contra rocas deformes que dibujan las siluetas del ayer, de los ahogados. Ven sol, ven hacía mi. Ven ola viva, hacía mí. Llévame donde el destino no sea cobarde sino un riachuelo donde los rostros fijos en la mirada alberguen la emoción, el gusto de la verdad, de la belleza.  

domingo, febrero 08, 2015

Camino lento...

Camino lento,
Una noche de luna
Discurriendo entre el lodo y la bóveda celeste.
La lluvia
Viene con su frío acero
A impregnar cada obstáculo
Que edificamos
De semillas que en el mañana florecerán.
Camino lento,
La calma tras la espalda.
Pasos que se depositan en fosas oscuras
Donde el resonar de un violín
Nos hace escalar por nebulosas de cristal.
Camino lento
Y otra vez somos jardín de los astros
Que nos miran, que nos observan
En la quietud de las ramas
En el sangran de los manantiales
En el espejo que cruje
Cuando somos emancipar del agotamiento.


jueves, febrero 05, 2015

Las noche de invierno...

Un cielo plomizo. La caída de la tarde. Algún resplandor violáceo se dejaba ver. El frío como cuchillos que cruzan el rostro. El frío galopando a ras de sus pasos. Pasos que se perdían en el monteverde cuando nadie la acechaba.  Eran horas de recogimiento, de estar bajo un techo al calor de un fogón, de hogueras que se esparcen por ese pueblo ya lejano. Intento mirar atrás pero la sombras más la oscuridad solo era ojos para el verdor, para la humedad, para las pisadas que ella daba. Encendió una antorcha y hacia la gruta se dirigió. Allí la esperaban. Cuando llego a las afueras la música le alborotó el corazón, su latir se hizo más acelerado y atraída por ella penetró. Panderetas, flautas y chácaras sonaban a un ritmo vivo, ardiente. Eran los desprotegidos del pueblo. Que en el azocar de un invierno se motivaban saltando, danzando.  Al verla todo se detuvo. Una extraña. Se pusieron cada uno de ellos una máscara y le ofrecieron una a ella. Es mejor no reconocer al enemigo, a esos que nos deshecha en las esfera de este lugar, dijo uno de ellos. Ahora la diversión, el calor de la danza que viene y va con el ritmo de nuestras manos e instrumentos. Que la pena se ahogue con el fulgor de nuestros cuerpos al compás de una noche de helada. Que los llantos se diseminen en los arroyuelos de la naturaleza para que se los lleve lejos, muy lejos donde no podamos hallarlos.

Ella los miraba, mirabas sus caretas. Todos desconocidos con un auge de misterio. Un cosquilleo penetró en su cuerpo y comienza la danza. Esa danza que hermana los corazones en sentido de la libertad, de la igualdad. Cuando todo terminó retorno al pueblo. Las luces del alba bajo una sombría bóveda le decían de la vereda que debía tomar.  Una brisa del norte la refrescaba para olvidar. Olvidar los enigmas de las noches de invierno.

martes, febrero 03, 2015

Saltar y saltar...

Saltar y saltar
Bajo las cascadas del arco iris
Cuando nos emancipamos
De ser corrientes de las aceras empapadas
De nostalgias.
Brincar y brincar
Aves majestuosas que se equilibran
A nuestro vuelo fugaz
Bajo una bóveda de luciérnagas
Que nos dice, que nos susurra
Del bello despertar.
Danzar y danzar
Con la utopía de los muros
Que se fragmenta a nuestro grito, a nuestro canto
Por el romper de las olas, por esas maneras que toman
En libertad,
Con los sueños epicentro de las singladuras
Que hemos tomar como beso a la vida, a la vida.
 Y venga comencemos de nuevo
Con el brotar de un salto,
Con el nacimiento de un brinco ,
Con el engendrar de un baile ,
Que amenizará la caída del sol
De esta jornada de hoy.