Llegamos a esa casa donde los
ecos de la oscuridad se cierran de golpe bajo nuestras miradas. Íbamos de la
mano como renacidas de las aguas de sabiduría del amor. Un viejo árbol
reposaba, tranquilo, en el jardín. Lo observábamos, lo examinábamos. Un viejo
árbol ya sin hojas que insuflar a la calma de la noche. Tú y yo ensimismadas en
su talante, en el precipicio de su caída.
Tu gracia me hacía danzar en el apogeo de la tibiez. Mi sonrisa
elaboraba cierto aroma que te inducia al beso. El viejo árbol ahí, vigilante,
eterno, magnetizante. Y lo observábamos, el, como vigía de todos nuestros
movimientos. Encendimos unas velas pues los plomos habían saltado,
inmediatamente después las apagamos era noche luna, de luna bella y perfecta. Se
retorcía por medio de una brisa fuerte el viejo árbol. Y lo observábamos como
parte nuestras singladuras bajo el atemperar del astro rey. Deseo siempre del
nocturno, llamábamos. Sí, cuando los ojos rajados de la tormenta no nos
pudieran mirar. A ráfagas de pasión nos amábamos, así, hasta que el alba
encendía el nuevo día. Después nos despedíamos, corríamos en los huecos del
alejamiento siempre con pensamiento en vertical. Qué difícil, nos decíamos, el
amor oculto. Un amor que se agranda a medida que nuestros párpados se cierran y
se consumen en el silencio del recuerdo.
Este blog esta bajo los derecho de autor para cualquier información laguna198@hotmail.com Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
jueves, mayo 19, 2016
lunes, mayo 16, 2016
Abres...
Abres el confín de los astros que revoltosos juegan al
deseo. Te aproximas sobre nubes de espejos donde los latidos subterráneos de
tus alas me hacen soñar. Sí, soñar con tus labios bajo la sombra de los míos.
Vienes a mí con retazos sonrojados de rosas que me camuflan al son de tu mirada
¡Qué bella es¡ Sí, linda luna en los piélagos que mis pies pisan y pisan tras
la bocanada profunda del amor. Y, si te digo te quiero….No, aun no, el tiempo retorcerá
esta palabra cuando tu cuerpo, mi cuerpo frente al rumiar del olaje sean
unísono canto de las horas emancipadas de una vida que continua en las fogatas
del beso, de la caricia.
viernes, mayo 13, 2016
Miraba...
El miraba y miraba el renacer de
las flores cuando el crepúsculo se emancipaba de los astros. Ensimismado
acariciaba cada flor que se abría en el brío de los jardines de un parque donde
la soledad rondaba. Sí, solo. A él le daba ya igual. El abismo de ser diferente
lo embriagaba de cierta pena, lejano y desértico. Ya no se preguntaba el por
qué, paseaba siempre con las mismas pisadas mientras meditaba que sería de él
con alguna amistad que le diera de la mano. Muchas estaciones estancado bajo
los influjos del frío. Triste continuaba el amanecer de las flores. Un amanecer
semejante al latido de su corazón, de su corazón…Llegó al final del parque, al
final del túnel de su despertar: aceras ojerosas ante la verticalidad de sus
pasos. Adiós, les dijo. Un tropiezo. Sí, un tropiezo de alguien que hacía lo
mismo que el. Se miraron, se reconocieron, bajaron la cabeza y sus manos se
enlazaron al paseo matutino. “ Soy Bob”, dijo aquel. “Yo Ann”, dijo el otro. “Caminaba
y caminaba donde los soles me muestran el calor de un abrazo, de una eclosión
de mis sentidos bajo el rumor de los pájaros” , dijo Bob. “Yo también, me
pierdo por estas calles, por este parque al encuentro de la brisa. Una brisa
que viene, que va y se asienta en mi rostro”, dijo Ann. Andemos y andemos. Sí,
con la fuerzas de nuestros espíritus solitarios, cancelados en una urbe se
precipita en la carcajada sobre nuestros sentidos. Para ellos somos extraños,
no formamos parte de su grupo. Ahora tú y yo. Solos. Observando el alba de las
flores que nos da la bienvenida a nuestros caminar por este sobrio mundo. Qué
más da que nos aparten, estamos los dos. Tú y yo. Yo y tú. Ellos miraban y
miraban el renacer de las flores cuando el crepúsculo se emancipaba de los
astros. Ellos aliados a un mismo meditar siguieron acaricia tras acaricia el
nacer de una nueva vida.
miércoles, mayo 11, 2016
Detenles...
Amanece, despiertan las aves que rondan los boscajes. El
ahí, sobre un árbol ensimismado en su quehacer jornada tras jornada. El sol
viene y en el pie del árbol alguien. Alguien desconocido para él , alguien
lejano a sus pensamientos, a sus costumbres, a su cultura. Lo mira y mira.
Xx: Yo aquí meditando a medida que las nubes me envían esos
mensajes cargados de saber. Sí, sobre este árbol admiro la fuerza del viento
que viene y que va a lugares distintos. No sé por qué me miras, me examinas.
Soy feliz, esperando que las lluvias vengan para beber del agua que corre por
las cascadas.
YY: Me es extraño estas tierras. Vida radical a la mía.
Estás ahí sentado aguardando lo que te dice el viento, las nubes y yo sin
embargo ando con la rapidez de estos días que se me agotan. Sí, temo a la
muerte. Una muerte que vendrá con cuervos y cipreses sobre mí ser.
XX: Tú crees. La muerte forma parte de la rutina de esta
vida. Hay que fallecer para que los espíritus dancen a través de las hogueras
al anochecer. No, no tienes que tener miedo. Solo, al sufrimiento. Para todos
tiene que venir, su peso puede ser ligero o hiriente pero viene. Viene
arrebatarnos la carne que posa sobre nuestra alma y hay que aceptarla quieras o
no.
YY: Qué haces ahí, me pregunto. Pasa y pasa el tiempo y
permaneces en la misma postura, vigilante, al acecho de algo.
XX: Los espíritus me persiguen, me abrigan. Espero mi presa he
de alimentar a mi gente. No hay prisa. Mira, mira…humo.
YY: Será un incendio.
Xx: ¿Tú crees? No son los que como tu arrasan con el Dios
naturaleza. Los animales huyen, la lluvia huye y la atmósfera se intoxica.
Tendré aguardar más tiempo. Espero que no lleguen donde nosotros estamos,
verdad Dios del viento ¡Llévatelos¡ Arrasa con todo lo que nos destruye por el
placer de rajar nuestra forma de ser. Aquí sonrío. Allí no. Solo seremos
emigrantes de nuestras propias tierras. Mejor morir.
YY: Te entiendo. Somos así, no nos damos cuenta. Pensamos
que nuestra vida es la ideal cuando no es así. Qué pena me das. Siento llagas
en mi corazón que nunca cicatrizarán. Me marcho. Te dejo a ti y a los tuyos.
XX: Detenles ¡Páralos ya¡ Estoy cansado, estamos cansados.
Nosotros nacimos libres y queremos seguir libres. Sí, libres como las aves que
se posan en las ramas de estos árboles. Detenles ¡Páralos ya¡ Ay sol que
habitas sobre mi cabeza diles que se vayan, lejos, muy lejos sino la muerte de
mi pueblo. Quiere ver mi gente crecer, así, desnudos con las corrientes de los
ríos cazar el auge de la vida, danzar cuando la luna mece nuestras cabañas.
YY: Lo siento. Son imparables. Son hijos de lo grotescos,
seres oscuros de la nada.
lunes, mayo 09, 2016
Soles
Soles de ojos cerrados,
Manantiales de sabiduría
Alargando su mano
A la proposición retumbante de alas
Que se yerguen con el sino de la vida.
Mujer que huye
De las tempestades bajo cristales rotos.
Emancipación de la sonoridad del llanto
A la sombra de un crepúsculo
Que viene, que va
Por las vertientes enjauladas
Del abrazo.
jueves, mayo 05, 2016
Atada...
Atada bajo la enigmática sonrisa
de un muro. Su cuerpo se reduce al vaivén de una brisa que la seduce con su
aroma. Ella, recogida, medita sobre los montes tras aquel muro. Saltar o no
saltar. Quedarse ahí con la respiración entrecortada de la oscuridad. Dar un
brinco y como yegua salvaje alejarse de los sombríos pasillos de su mirada. Le
cuesta, la torpeza le impide cualquier movimiento que sea aliento de libres
manos, libres besos. Se levanta, observa el muro. Qué fácil sería, se dice, ir
a la conquista de nuevos sabores que ronronean en su corazón. Sí, su corazón,
ala desplumada al son de los años envejecidos frente aquel muro. Tiene que intentarlo,
arriesgarse a asomar un pellizco de su esencia ante aquel monumental boscaje
que hay tras él. Salta y salta…ya está en el otro lado, un campo de arbustos la
invitan a continuar. Camina y camina con
prisa, con el frescor de que algo nuevo vendrá. Un cierto temor la hace sudar,
sudores de arco iris que ella palpa, que ella acaricia. Se introduce en el
boscaje, un bosque sereno con la claridad de los rayos solares acogidos por el
murmullo de las aves. Sus pisadas son suaves, llenas de gozo. Antes todo gris,
ahora, todo es belleza. Recuerda imagen del ayer no muy lejano. Se lleva sus
manos a los ojos y se siente culpable. Sí, culpable de dejarla evaporar en los
cimientos del miedo. Rodeada de una hermosura perfecta se sienta bajo un enorme
árbol. Se duerme y en sus sueños un adiós con pinceladas de acuarelas anuncia
la venida de ojos que la miman, que la alegran. No quiere despertar, solo,
aislarse en esas sensaciones de la perfección. Una hoja cae sobre su rostro y
sus ojos eclosionan como hijos de aquella atmósfera. Retorna al muro, al gris
de las calles donde las miradas se eclipsan con cualquier paso. No sabe lo que
busca pero lo halla. No lo entiende, alas de mariposa que posan sobre los
pensamientos edificantes de su naturaleza. Ya todo nube de la noche, una noche
que viene con el halito de un deseo. El muro ya no lo ve, el monte a
ennegrecido y ella ….¡ay ella¡…con peso maravilloso de su destino.
lunes, mayo 02, 2016
remar y remar
Remar y remar
Bajo espacios desconocidos.
Misterios se yerguen
A medida que avanzamos
Sobre fondos oscuros, callados.
Imperfectas sonrisas,
Mudez de los vientos,
Caricia de las manos
Que se levantan, que se elevan
Bajo una luna eviterna.
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