viernes, diciembre 13, 2019

AMPUAM...20 PARTE


20
Ven algo, algo aparece a través del acantilado. Piensan que un ave, un ave nunca vista por la agilidad y sintonía de sus movimientos. Pero no, sus piernas delgadas sobre la tierra les hace razonar otra cosa, otra existencia antes inaccesible en sus pensamientos en ellas. Guardan silencio, no se mueven en el ritmo de ser cómplices. Sus mentes recrean viejos espíritus que andarían por aquella zona pero, no, es una figura con forma humada. Una figura humana tostada por los rayos solares. No se preguntan quién es, inmediatamente a una velocidad tremenda, desmesurada se dan cuenta que tiene que ver con la casa, con ese viejo hostil. Sin saber porqué a él le tienen miedo, es como si fuera un ser maligno que da viveza a los demonios de ese bosque. La masa sanguinolenta y plumas manchadas inundan el lugar, que conjuro habrá hecho, que creencias se cierne sobre ese hombre para hacer un acto tan atroz, tan desagradable  solo, divisado por las almas del bosquecillo. Algo debe pasar, algo que se ha escapado por sus cabezas para tan horrible escena. De nuevo la fisionomía inmersa en un halo extraño pasa cerca de ellas. No saben cómo actuar, el-ella, ella-el, seguro que las ha visto pero la impertinencia de una tarde que se encoge para da bienvenida a una noche ya próxima la hace cobarde. Ampuam, corre y corre con la velocidad de las gacelas, con el celo de una loba por su territorio, con lo novedosa de esas tres chicas a su paso. No se deja hipnotizar por su quietud, por sus formas como ella, por sus maneras reservada ante la presencia de ella rondándolas. La duda y que las duda ante lo desconocido, ante lo evidente, ante la pena que les espera si vuelven tarde. La noche vuelve, la noche donde las historias alrededor de hogueras se hacen ciertas o quizás no. Todo es rápido, todo sobrepasa los límites de la normalidad. De repente, un grito lastimoso, ¡Marie¡ ¡Marie¡ El viejo , el hombre, el extraño hombre de la casa está o ha despertado y llama como siempre a su Marie. Las chicas escuchan, las chicas cimbran al compás de navajas saboreando sus cuellos. Ampuam, ampuam acelera su ritmo y baja acantilado abajo al escuchar este lamento. Se mete en su gruta y todo es oscuridad, no dice nada, no mira nada, solo escucha y escucha hasta que finalice. Las chicas se alejan, se alejan con los hombros caídos, lentas, como si esperaran algo. Y ¡zas¡ la superiora, la palidez es el remate de sus rostros de ojos sacados de    sus cuencos ¡OH, el otoño¡ agoniza en sus días , se reviste de una bruma inesperada. Aparecidos , aparecidas baldías. Y la superiora las observa ,no con los ojos de la noche anterior, sino con una mirada pacífica, comprensiva. Ellas no se dan cuenta, solo balbucean algo parecido a la palabra perdón. El pánico las aviva para echarlas en el misterio de tocar una puerta donde el viento brutal, diabólico las deja estáticas...CONTINUARÁ



miércoles, diciembre 11, 2019

AMPUAM...19 PARTE


19
La marea rompe por debajo de la cueva. Nunca llega a ella solo salpica su boca con el salitre. Que los aires de estancia en esta vida columpien sirocos evanescidos, vientos idos donde la realidad sea presencia de mis ojos cuyo color desconozco. Oye unos pasos, es la comida que desciende en una cuerda. Ella la coge y la retorna a su lugar. Ya no le importa quién es, sabes que es prisionera de alguien que siente miedo…mucho miedo, sabe es prisionera de una mente desordenada, rondando el desequilibrio.  Un ser que no llega a saber de sus correrías con la madre tierra, que no sospecha de sus entradas y salidas. Ella disimula, calla y solo conversa con sus libros, con su cavilar. Mientras Anne, Agatta y delfine quedan sorprendidas ante la claridad de la jornada, ante el jardín frente ahora de ellas. Gallinas con los pescuezos retorcidos están esparcidas en ese territorio. No comprenden, no llegan a entender a que es debido. Delfina agudiza su lengua , su mente  y es un acto de brujería. Anne y Agatta no salen de su asombro, del ensimismamiento que produce la desagradable, repugnante y la maldad de la acción. No es cosa buena quien vive aquí, se dicen. Las tres aleladas en la congoja no saben qué hacer. Una fuerza las magnetiza y entra en el jardín. Esta vez no piensan tocar la puerta en esa casa desconchada de cristales rotos. Aprovechan que todo es silencio para rodearla. Sabe que su flanco norte da  al acantilado. Un acantilado que saborea la mar tranquila, allí se dirigen. Miran por los cristales rotos y no ven nada, todo es sosiego, calma, oscuridad. Voy a salir, dice la superiora. No sé a la hora que estaré de vuelta pero si aquellas tres vienen tarde decídmelo. Coge su abrigo y se va de la residencia, su paso es seguro como si supiera lo que tiene que hacer, como si supiera donde tiene que ir. Por un momento cierra sus ojos y suspira. Espero que estén bien, se dice para ella misma. No me perdonaría que les ocurriese algo fuera de mis manos. Continúa con la presura del viento que se ha levantado, con la agresividad de poder enfrentarse al todo aunque le cueste la vida. Sé a dónde han ido. Las tres continúan merodeando la casa y de repente un canto, un canto con cierta armonía. Una armonía entendible donde se narraba una leyenda de dos amantes, dos aves de mundos diferentes que concurrían a la isla helada para el calor de sus cuerpos. Aves de dos existencias, enamoradas en su tonada a la naturaleza conjugada con boscajes, desiertos y océanos. Aves que en su final se convirtieron en una sola y al unísona como aves plata aparecían en las noches de luna llena como sombra de esta. Pero de donde, donde venía esa balada bien bella, bien benevolente. Es como si el mar cantará esta melodía que llegaba a sus oídos. Agatta, Anne y Delfina  oían y oían quedando imantadas por esta tonada  melancólica. Sonaba a placer, sonaba a pena, sonaba a soledad, sonaba a pérdida. Rasgada a los vientos nortes, rasgadas a las palabras del océano, rasgada al sentido de su imaginación, así, se sentía ella ¡Oh, el otoño¡ acogido por salvajes vientecillos quebrando los rostros en estáticos cuando su incógnita es reveladora del futuro…CONTINUARÁ


lunes, diciembre 09, 2019

AMPUAM...18 PARTE


18
Y esto es una pausa, una pausa que nos lleva a lo saldado de los labios cuando han besado el océano. Una pausa que nos toma como corrientes de pardelas surcando nuestras emociones. Ella  las ve volar, en ese aire limpio, esa atmósfera solo en la decadencia de unos nubarrones que se aproximan. Y ahí está, en su cueva, la cueva de la mujer ida, de la mujer prisionera bajo cadenas de hierro. Una cueva insospechada, ausente de cualquier colonización de ojos. Sí, de ojos que miran, de ojos que observan, de ojos que examinan, de ojos que la desnuda. Una cueva que a la luz de velas rebosa de libros y libros. Libros depositados cautelosamente por lo desconocido, solo en su cabeza ronda sus pisadas, una tos de hiel. Y ella fiel a su rutina los ha leído, los ha vivido y ha conversado con ellos incluso los huele como aroma nutritivo que la extiende a vivir soñando despierta. Sus temas son variopinto, sus temas los agarra y los hace suyos recreando en su movimiento, en sus palabras sobre paredes imperfectas, húmedas. Sí, como he dicho, esto es una pausa ¿Quién es esta mujer que se entromete en esta narración? Es una mujer solitaria o tal vez es una mujer sibilina, quizás sea una mujer maltratada por los errores de una sociedad. Solo, una mujer, una mujer que danza, que lee y se recrea con sus lecturas y el medio natural. Sabe que no está sola, pero algún castigo cabalga vomitando espadas sobre su espalda. Una espalda que cuando esta erecta y desnuda es bella. Sí, porque es una mujer bella, una mujer bebida por el don de yeguas apresuradas en el sentido de las plumas que caen livianamente, tersamente sobre nuestras manos. Una mujer que habla con espíritus, con los ejes girando de los muertos. Sí, ve el más allá. Lo mira como un pozo profundo donde los ecos de nuestra esencia permanecen intactos en el tiempo, en el espacio que nos rodea. Es más, se pregunta si ella está viva o es una difunta. Se toca, se acaricia, roza con sus yemas las paredes amorfas de la gruta y siente el tacto. Se confunde y a veces no logra entender quien es, que hace aquí. Entra y sale, sale y entra y siempre da al mismo origen de sus interrogantes. Se abre, se cierra….se cierra, se abre. Palpa sus senos, su vello púbico y entiende que es mujer. Una mujer que entra y sale, sale y entra respirando la fragancia de un otoño ¡Oh, el otoño¡ guardas los tesoros tras una puerta de hiedra densa…muy densa y es como si la nada clavara nichos en su corazón. Sí, siente dolor. Un dolor que da impresión que quiere acabar. Presiente, vidente de su mañana, de sus sueños y ello le hace temblar. Un temblor en lo que debe hacer, un temblor secado por sus lágrimas. Oh, mujer te han dejado otro libro. Lo coges y lo saboreas, su olor primero y luego el rocío de su aventuras...CONTINUARÁ


domingo, diciembre 08, 2019

AMPUAM...17 PARTE


17
Toma el sentido de un sueño, de un viento que viene y cabalga como mujer indomable por  la espesura del bosquecillo. La tarde quiere despedirse, ella no quiere…no quiere ser tragada por una gruta donde la luz se apaga sin razón. Desea volar y volar con la vigencia de su cuerpo semidesnudo ante el frío. No le asusta, más bien le gusta, le agrada sentir la acaricia metálica de su corpulencia invisible. Se recrea en una vida de soledades amortiguadas por su videncia. Sí, ve más allá de las sombras, de las almas que la visitan y tratan de animarla para el continuar de su jornada ¡ánimo mujer de la nada¡ ¡ánimo mujer de tempestades¡ ¡ánimo mujer del silencio¡ Ya verás que el mañana será un dulce y reconfortante recreación de tu aliento, de tus palabras ahora encadenadas como bestia extraña en la tumba de tu guarida. Aun eres joven. Aun eres vergel donde las manos se anudan recibiendo la llovizna de la razón. Todavía eres vertical. Todavía eres mujer poseída por la vida…por la vida. Las almas la siguen rodeando, le siguen cantando en una balada fértil, rebozada de esperanza, energética en su tonada.  Retorna donde su memoria la lleva, retorna a su hogar como mujer desvencijada por la vuelta. Se le escucha sollozar, quisiera seguir como mariposa de alas libres, de alas vivientes con la naturaleza a su derredor. Agatta, Anne, Adelfina por un momento se detienen , un flash traspasa sus ojos, una energía que las lleva pensamientos apalancados en lo raro ¡Qué será¡ ¡Qué será¡ se pregunta cada una de ellas. Solo una luz ávida como la brisa fuerte. La casa no la encuentran aún y ello las desespera, el misterio que deposita las cubren de ideas raras. Ideas bosquejando lo impenetrable, lo sumido en un mundo aparte de lo que ellas conocen. Corre y corre esta mujer vestida de arboledas viejas, vestida de un sollozar cuando su puerta se cierra, cuando su puerta encadena a candados infranqueables. A la estrella solar le queda poco , nubes vienen con el viento forzado por el otoño, todo se va haciendo más oscuro en cuestión de minutos. ..Tic-tac, tic-tac..Escuchan un llanto, un llanto que pinta maléficas expresiones del ser humano ¿Una muerte? ¿ Una tumba? No saben ¡Oh, el otoño¡ fiel depredador de la razón, de los pensamientos que pasan frente a nosotros y no nos damos cuenta ¡ Oh, el otoño¡ coro de pinzones viajando donde el frío aminora su ritmo frenético. Almas en pena se sumergen en la profundidad del lodo y todo es callar , solo, conversa el viento…el viento titánico…CONTINURÁ

viernes, diciembre 06, 2019

AMPUAM...16 PARTE


16
Cuando la mañana se evade con la suculencia de una tarde soleada mi alma parece descansar. No sé porqué. Las chicas se han ido a dar un paseo. Cada una de las monjas de esta residencia se recoge en su celda. No me pregunto lo que harán, cada una tendrá sus pecados sobre sus espaldas y el arrepentimiento…Sí, el arrepentimiento  de que sirve sino cuartada para salvarnos de los infiernos. Yo, como atesoraría de todas estas mujeres, mujercitas tengo que guarda las apariencias en esta comunidad. A veces me pregunto si Dios existe. Sí, me lo pregunto con la pena de mi hipocresía ante ellas. Un Dios que nos lleva por veredas difícil de olvidar. Estamos en una sociedad retratada por lo que eres, lo que fuiste, llevamos máscaras, llevamos cargas a veces complicado de guardar. Hay que continuar con esta vida, con esta represión que a veces me petrifica, me asusta. Sí, Dios mío, me temo. Me hacen gracia esas monjas jóvenes. De aquí las escucho despachando un canto, un canto alegre a compás de un viejo piano. En la vida he tenido que afrontar cosas terribles pero nunca me creí capaz de hacer daño. Pienso ahora en Anne, Agatta y Delfina con sus cabezas rasuradas ¿A dónde habrán ido? Imagino que al mismo lugar donde la noche las convoco en la curiosidad. Espero que no hayan descubierto al extraño de la casa en el fondo del bosque ¿Vivirá aun? No sé, su historia es un lamento de este pueblo, un lamento que se calla cuando en la noche de silencio con sus aullidos llama a su esposa. Su muerte tuvo que ser horrorosa para él, su muerte lo ha hecho un ser grotesco, a ras de la monstruosidad de sus actos, de sus maneras. Y pienso, es el amor. El amor que tuvo por aquella mujer, su Marie creo que se llama. Yo no sé si seré igual que él, te escribo aunque sé que solo eres vacío, insonoridad. Pero tu ida no me ha inducido al terror sino a un castigo continuo por pensarte, por escribirte, por conversarte. Nadie me conoce y me reconforta, te dejo amado mío, tal vez cuando muera leas estas cartas. Estas cartas que cada día se esconde en mi fondo, en una gruta imperturbable por quien sea que sea. Escucho la isla, rodeada, limitada por ese gran mar. No es como las extensas e interminables tierras de los continentes donde puedes atravesarlos y desaparecer. Adiós amado mío, ya te dejo , voy a las novicias que cantan y cantan con la alegría de pajarillos emergidos tras la lluvia. Ello me reconforta, me produce una sensación de satisfacción, están contentas. Cierra la puerta de su celda y va hacia la capilla, calma y a la vez preocupada. Abre la puerta y todas callan, las mira. Qué pasa chicas continuar, continuar…me gusta lo que está sonando. Torpes, inquietas, nerviosas, inseguras intentan retomar el canto. Se va por donde ha venido, cuando cierra la puerta se escucha de nuevo la música. Sonríe con la sombra del placer, con el resonar de sus sentidos en el temor que ha creado en toda la residencia. Se encierra de nuevo en su habitación , una habitación con una única ventanilla que da a los exteriores de la residencia, donde el mar se quiebra con sus muros. Se asoma y en la distancia suspira ¿A quién suspirar? ¡OH, el otoño¡ valiente sol que amortigua lo gélido, la amargura de sus rozamientos con nuestros cuerpos.  Saca el bacín y lo arroja a ese océano, sabe que tiene ojeras y hay que disimularlas. No, no me puedo mostrar cansada. Cansada no tiene alas para las pisadas, cansada tiene ojos blancos aguijoneados por granizo, cansada no tiene tiempo para la protección de cada trastorno presente. Me dormiré un rato, hasta que las chicas vuelvan. No creo que exista alguna alarma por este corto tiempo...CONTINUARÁ

martes, diciembre 03, 2019

AMPUAM...15 PARTE


15
Las ánimas, corren por el boscaje mientras ella con sus ojos grises se ahuyenta de la luz solar. Almas perdidas en el enredo desorbitante de la naturaleza, su casa. Sola, con la tenacidad vibrante de una existencia alejada de toda civilización, de toda sociedad. Su cabello moreno cae más allá de su espalda.  Sus pies desnudos son huella del barro . No importa el frío. No importa las corrientes zanjando en navajazos gélidos en su cuerpo. Solo sabe que no debe salir de los límites de ese bosque de faya y brezales. Qué hermoso es se dice, cuando en la mañana con la claridad del astro hoy su piel se tiende para saborearlo. Una sustancia boscosa que llega hasta el mar. Allí se dirige, con sus pocas prendas, corriendo como animal abatido por chillidos de las balas. Habla con los espíritus, ella los ve. No entiende muy bien el porqué pero siempre ha sido así. Ignora el mundo, en la clausura de sus palabras difícil de expresar. Ignora el tacto sutil del cariño, de la ternura en las rejas impuestas en su ser. Solo, el oleaje caricia su cuerpo que se desnuda al son de un canto monótono. No teme ese mar brutal, violento del otoño. Solo la brevedad en que permanece en su masa líquida la impulsa en su estar en esta vida. No se pregunta si hay alguien más. Nacida en los albores de una primavera y aconsejada por una voz , solo una voz, tras la puerta donde habita. Una nada rasgueando su crecimiento, sus cuestiones, su esencia. Esa nada que habita en cada uno de sus sentidos acostumbrándose, retrayéndola. Creando unas manos de guaridas donde la soledad embriaga cada conversación de sus pensamientos, de sus labios ¡Oh, otoño¡ Mujer engendrada en el seno de velatorios. Mujer amortajada cuando la sonoridad de su cuerpo deambula a través del oleaje. Y nada con las ballenas llegadas en su migración por la estación, y nada con peces plateados en la frondosidad de algas y caracolas que cuando llega a la orilla la embelesan. Entonces, los espíritus se forman ante su figura como luz que va, como luz que viene y ella extiende sus manos para acoger de su calidez. Entonces, comienza su baile, un baile donde almas animadas la acogen en el rito perseverante de los años. Ah, mujer, continua con tu danza lenta, haciendo giros en el aire como parte de él. Ah, mujer, todo ha de terminar, la ceguera de tu rumbo se reorientará y no serás mujer de desiertos eviternos ¡Ven¡ ven le dicen las ánimas del bosque , ven con nosotras pero ella desoye, se aísla como soñadora bebiendo del néctar de su verticalidad. Corre y corre sus zancadas la llevan ante una madre tierra creativa, ilusionada en el volar y volar con la intensidad de sus sueños. Y los espíritus le hablan, le aconsejan y ella sigue y sigue en su lucha con la supervivencia, con su libertad cuando es hija de la nada...CONTINUARÁ



lunes, diciembre 02, 2019

AMPUAM...14 PARTE


14
Las clases de la rutina han terminado, es hora de pasear, de esbozar los pulmones con la madre naturaleza con la condición de una hora de llegada. Agatta, Anne , Delfina apartadas. Las compañeras no quieren relación con quien ha se ha saltado las reglas, con quien el pecado es seña en sus rostros, no quieren ser atentadas por sus familias. Los rumores corren y corren, da igual donde estés porque todo llega con lengua de fuego, con lengua podrida exagerando cualquier suceso. Anne, Agatta y Delfina separadas  toman la dirección del bosque. Ah, ese bosque atrayente, las imanta como fuerza brutal en el interrogante quien es ese hombre.  Ahora, que la tarde no anda con prisas de ser capturadas por la oscuridad, por sus sombras ambulante en el terror se adentran en el. No se acuerdan donde está casa pero el lugar no es muy grande, tienen que descubrirla. Hay algo que se balancea en sus vientres, no es limpio esa persona aislada , estancada en el pasado. Algo esconde, algo muerte la conciencia de estas muchachas que las lleva en su búsqueda ¡OH, el otoño¡ saltarín cuando el sol toma y expulsa un cielo plomiza. Se respira una atmósfera cuidadosa, el monte verde luce su esplendor , un esplendor que las cautiva ¡Oh, ese olor¡ a humedad y hojas que caen en lo rara de esta estación.  Sin conversación avanzan, tienen que encontrar ese jardín desbaratado, amenazante. No, no tienen miedo. El encierro que cayó sobre ellas las ha hecho jóvenes maduras, jóvenes agazapadas en una. Sí, son una, no han comentado nada. Han podido de resurgir de la dureza de la tortura. Se dejan ir, en alguna de ese boscaje ha de estar la casa, el jardín. Se han fijado bien en el camino de vuelta y antes de la noche tienen que hallarla. Hallar a ese anciano movido por la dejadez, por harapientas formas de dialogar con otras gentes. Ellas saben que son mujercitas, apartadas de todo círculo de la verdad ¿puede ser eso por ese trato de la noche anterior? Dudan, qué buena es la duda, incrustarse desorientadas del porqué esos modos. Parece que el bosquecillo se desaloja de grandes arboledas, un espacio encerrado en el tiempo estático aparece antes ellas. El jardín, límite entre el misterio negro y la verdad. Ellas presienten algo, algo no bueno sino nefasto. Parece que no hay nadie y se van acercando a la casa. A medida que avanzan escuchan como un llanto. Se paran, hacen una pausa y respiran hondo. Un llanto que no es masculino. Un quejido como una fiera caída en una trampa ¡Oh, el otoño¡ que guardas cariño en tu oscuridad, se luz que alegre a los corazones. Así, como el día de hoy, soleado, cargado de estímulos superiores que nos lleven , que nos traigan buenas noticias….CONTINUARÁ