miércoles, mayo 28, 2025

EL RECUERDO

 



Su silueta recordaba a algo. Cada haz de sus movimientos me producía ese instante del tiempo de la memoria. Sin embargo, no era esa persona. Ya no existía. Una combinación del recuerdo y el viaje en lo eviterno, en lo recóndito esbozaba su imagen como parte de esa silueta. Me acerqué, quise olisquear parte de esa extrañeza que se asemejaba al ayer. Se dio la vuelta, mis ojos cayeron en la súbita nada donde los pozos enmudecen en el desconcierto. Y ese tal vez me produjo cierta sensación de desgana. Atravesé la calle y desde el otro lado su silueta, en lo lejano su presencia se me hacía presente, real. Y ahí, me quede. Me quede con esa nada de que su silueta me recordaba algo. El temor de que desapareciera me oprimía el pecho. Estática. En la verticalidad de una jornada que se casaba con el nocturno. Con ese imperio de estrellas, nebulosas, galaxias y materia oscura. Mis ojos , quietos, con el agarre del cansancio despertaban en esa silueta. Y es que su silueta me recordaba a algo. Alguien donde la razón de tiempos perdidos se enderezaba a medida que los segundos, los minutos, las horas venían a mí. Alguien que quise. Alguien donde el beso resbalo por los riscos de la distancia. Y ahí, me quede. Me quede hasta que solo su olor me encontró de nuevo mientras su figura se había marchado. Uhm, su aroma. Me llene toda , mis pulmones se insuflaron hasta ese día que nos conocimos, hasta ese día que nos dijimos adiós. Y aquí está, presente, con lo cierto de una memoria que se expande, que se contrae en este aire que viene a mí. Y es que su silueta me recordaba a algo.

sábado, mayo 10, 2025

Y la ola venía...





 




Y la ola venía. Y la ola se iba para luego regresar. Estática, vertical con el aliento de las pardelas me emancipaba de lo material, de lo corpóreo. Mi alma se revolcaba en un suspiro, en una respiración pausada. Me dejaba llevar, trepando lejos de esta urbe donde los ojos vacíos, blancos pululaban en la lumbre de mis pasos perdidos. Cierto sueño vagaba sobre mis hombros, sobre mis ojeras y colonizada de un deseo de ser ave de paso alcé mis alas. Y la ola venía. Y la ola se iba. Desperté de este sueño, de estas ganas de ser pájaro en el aire. Mis sábanas de algodón estaban revueltas. Me levanté y el inconfundible espejo de la mañana beso mis labios áridos. Y la ola venía. Y la ola se iba. Deprisa…deprisa los cipreses conjuran un adiós y ese adiós desvanecía cada vivencia insoportable rajando mis espaldas. Deprisa…deprisa el hechizo de un sol. Me vire hacia la cama, ahí estabas, plomiza, desheredada de mi corazón y con ausencia precisa eviterna. Mis ojos se cerraron y tu olor se posó en cada porosidad de mi cuerpo. Y mi suspiro. Y la ola venía. Y la ola se iba. Cuando quise contemplarte de nuevo ya no estabas, solo un residuo de un adiós largo e indescifrable. Y mis manos temblorosas cogió un folio en blanco y te escribió y te habló y te acarició y te beso en el instante perfecto que los recuerdos acechaban estas mudas paredes. Y la soledad ató un sórdido llanto. Y tu ida como las olas me revolcaron en un suspiro.  Y la ola venía. Y la ola se iba. Y yo me empecinaba en traerte, en llenarme de ti cabezudamente. Venías como un resto que en un tiempo amé, que en un tiempo me amó. Claveles secos se perfilan en el comodín, frente el espejo. No recuerdo su color solo la última vez , Aquella tarde de nuestra despedida en un parque donde las grullas observaban.  Y la ola venía. Y la oba se iba.

domingo, mayo 04, 2025

LA CASA VACÍA.

 




La casa vacía. Las paredes susurran la dejadez. Un espejo pide clemencia y mi rostro desdibuja los sentidos. Me arrimo donde mis pisadas de un nocturno vista mi desnudez gélida. Mis ojos bochornosos asumen el silencio y los pájaros cantan cuando un viejo piano alguna que otra nota. Las horas se pierden, un aliento raja mi garganta y soy insonora sombra de mi ayer. Me duelen las manos. Me duelen las piernas. Mis espaldas caen presa de vacíos y la nada alumbra mi perdida mirada. La casa vacía. Las paredes susurran la dejadez. Me desvisto de mi mañana, me emancipo de mi memoria hueca y respiro en la verticalidad de las estrellas. La casa vacía. Estática el sueño me retrae, despierta. Mis parpados en la pesadez de las jornadas se violentan y elevan donde un dibujo narra el canto de la nada. La radio presta su luz, noticias de cuerpecillos en la implacable eternidad del hambre, de la sed. Me descuido, trago saliva sabor a navajas, borbotea la desgana y mientras visiono esas imagines de jardines rotos, heridos, con el eco agonizante de lo podrido de esta atmósfera asomo mi estabilidad donde los acantilados llaman a la muerte. Y la muerte viene. Y la casa vacía. Y las paredes susurran la dejadez.

martes, abril 29, 2025

Una tarde








 Llueve 

Muelles vacíos

El rumiar de las ballenas

Una tarde cualquiera

Las pisadas

Un tic-tac incesante

La marea rota

Horizonte perpetuo

Estamos

Somos

Hijos de los océanos

Hijos de una tierra

Lamiendo la sequedad de los ojos

Hambrientos, deseosos de vagar en los sueños

En el infinito vientre de los pájaros

Llueve

Una tarde cualquiera

 

sábado, abril 26, 2025

DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE ABRIL

 








Aquí, donde las ramas sacuden los cantos del alba. Nos escurrimos bajo sábanas de algodón en el empeño de una memoria embarazada de los ojos, fijos , en el techo blanco. Me acojo a la sensibilidad, a la fragilidad de batallas perdidas y como ola de mareas insomnes evoco el despertar. Y despierto donde la sonoridad de un espejo pregunta por mis ojos, caídos, ojerosos. Los años se embarcan en el desafío de la paz, de una calma que reviente el caos, el ruido. Y , aquí estoy, pensando en el vacío de mis manos, en mis espaldas cansadas, en mi mirada retratada en el vuelo de un ave.

jueves, abril 17, 2025

LA VISITA( NARRATIVA) 19

 

19

La visita, ha finalizado. Retorno por el mismo camino que he venido. El amanecer me acoge en una fogata de un gradiente colorido broncíneo. Ello dice que vendrán más lluvias. Cuando, no lo se. Llevo estos restos conmigo para analizarlos. Los tendré que llevar laboratorio forense para que hagan pruebas. Respiro, suspiro y mi paso se hace ahora lento, ausente de prisas. La relajación se enhebra en mis huesos, en mis músculos , en mis arterias y con el peso de mis pensamientos avanzo con la vista puesta en este descomunal, grandioso y bello paisaje. Este hábitat donde se confunde el ayer y el hoy. La chorreante estampida de unos pájaros me dice de la isla vecina, el tremor, la escalofriante bocanada magmática se hace cruel, insoportable. Mi vientre se encoje un ramo de flores secas que se clavan a las paredes de mis carnes. Mi estómago siente lo imparable, lo frenético de las entrañas de la tierra. Ese submundo desconocido e incierto. Y esa incertidumbre nos hace débiles, nos desorienta, nos apresa hasta empujarnos en los acantilados de la mala mar. Pero tenemos que ser conscientes y esto era de esperar. Pero el no calla, la tierra en su hondo lamento y enojo escupe todo el odio que tiene en sí de forma innata. Y sin más me hallo ya en la estación. No hay nadie, todos se refugian en sus hogares como si la erupción fuera a por ellos. Todos atentos a las noticias. Sí, atentos a las noticias. Ahora, en la época actual el directo es impasible al dolor, al lamento ajeno. Las imágenes que figuran día a día nos dejan desprovisto de sensibilidad. Todo nos da igual, el sufrimiento ajeno. Solo cuando nos pellizca en nuestros estómagos, en nuestras gargantas, en nuestra piel somos anunciados por el llanto, por la desgracia. Veo una niña, una inocente con la tortura de los adultos. Veo una niña prisionera de sus pensamientos sin saber nada más. La van a casar, la van a entregar al mejor pagador. Trafico humano en pleno siglo XXI, Y  lo vemos. Y callamos. Se me enerva la sangre y por estos momentos en espera del autobús de vuelta visiono un mundo horrible, gentes horrorizadas, asesinadas en el sangriente alarido del genocidio. Y la ignorancia se paga. Ellas , alas de mariposas cubiertas de grilletas, lo pagan. El tráfico infantil, hasta ahora no me había dado cuenta, pero existe la esclavitud aun…aun cuando el amanecer pronuncia su deseo de continuar su viaje por este mundo. Demasiadas injusticias para mi corazón. Me someto a sus ojos, sorprendidos, doloridos, temerosos, impotentes y me entra ganas de arrojar , se me revuelven las tripas y escupo. Llega la guagua y se sube, el mismo chofer la llevará hasta la estación. Una estación donde no espera nadie a Anne. Ay , Anne del alma mía. Tu sufrimiento evoca lástima. La temperatura va ascendiendo mientras baja por esa maltrecha carretera. Llega la guagua y se sube, el mismo chofer lo llevará, la llevará hasta la estación. El hijo de Tragalunas va contento, diseminando en su mente como será su madre. Ha visto a su padre alegre y prefiere el silencio. Ya llegará ese tiempo de contar, de narrar ese amor alejado. Ese amor cuando la marea le permite navegar. El ciego y su perro. El perro y su ciego. En la estación otra vez perdiendo la noción del tiempo. No, no hay prisas. Para qué. Cuando tengamos que consumirnos seremos ese polvo estelar que nos dio la creación. Mientras, aquí, somos hijos de los sucesos cotidianos, de una rutina alumbrada por los soles, por las lunas, por los días. Imagina Anne esos cuerpos, abrazados. En su primera suposición recurre a dos amantes huidos. Huidos de las guerras. Huides de los clanes. Huidos de una sociedad aunque ancestral de comportamiento semejante al del hoy. Un hoy donde el mundo de tumbas muestras su lado más temible, más horroroso. Y ella no comprende. Y ella no quiere comprender, por qué en esta visita instantánea a esta vida tanto y tanto desastre, tanto y tanto desafuero, de tanto y tanto desajustes.

domingo, abril 06, 2025

LA VISITA(NARRATIVA) 18

 

18

Se da la vuelta, lentamente, a la defensiva, consciente que el camino ha terminado. Ahí, está el, quien escribió la carta. Lo recuerda en años de universidad como joven distraído, evocado a sus estudios, delgado, pálido, con las ojeras en el andar de su cuerpo. Ahora, está aquí, frente a ella. Co unos kilos demás pero aun conservando esas ojeras de sus ojos azules que le hacía caer en el epicentro de su concentración. Sin embargo, más allá de ese recuerdo, de ese hoy observa algo que no había visto, su sonrisa. Una sonrisa de madurez de los años que se agolpan en las arrugas de su frente. Arrugas de estudioso, marcas donde la obstinación de su vida a llegado al logro envejeciendo precozmente. Se saludan, se dan la mano como si algo cortante los separara para algo más tal vez, un beso de las mejillas. Ella sabe que va estar sola con el y no quiere más confianza y no quiere dar confianza. Tiene una imagen de los hombres algo vinculada con su ayer, con su pasado y no quiere que pase esa frontera e invada su mundo. Ah, Anne…tu mundo. Tan sutil, tan mágico, tan hechizante, tan reservado, tan callado. Y eso está bien. Vienes a trabajar y no más. Los dos al unísono se viran hacia las cuevas, ya todo permanece callado, ya todo es estático, ya todo alienta por la condición de que está ahí. El le narra mientras reanudan los pasos. Se refiere a una cueva, el la llama C9. Le cuenta su historia que ella ya sabe como lugar de almacenamiento, lugar de garabatos , lugar de rituales aborígenes. Como el sol de primavera incide exactamente en su oquedad, en la perfección milagrosa de nuestros antepasados que no son nuestros antepasados, ellos, fueron aniquilados. Por nuestra venas corren sangre de diversos paritorios de Europa sin saber con certeza de dónde. Al comienzo no entiende que es lo que quiere. Después cuando de andar largo , muy largo, cuando la noche se nutre de la tarde, cuando la vía láctea se es un rayo de un universo magnifico. Tanto , que cuesta identificar cada constelación, cada estrella, cada nebulosa, cada galaxia ausente de nosotros. Le dice, he encontrado restos humanos Anne. No se lo he dicho ha nadie, pero usted como antropóloga y criminóloga me podrá auxiliar. Pienso, piensa que es de nuestros antiguos antecesores o de la guerra civil. No sabe, no ha hallado vestimenta alguna que los identifique , solo huesos en un rincón de la cueva de difícil acceso, tanto, que ha nadie se lo ha dicho. Entretanto la charla se mece van andando hasta el lugar. Es mejor así, en la oscuridad, con el solo el silbo de la erupción de la isla próxima. Caminan por un lugar inaccesible, desconocido para muchos. Un sendero sin la linealidad de ser paso de alguien. Lleva linternas. Va equipado. Quiere que en ese mismo nocturno ella vea lo que ha descubierto. Y le sigue con el movimiento de su inquietud ante esas horas tardías en ese paraje donde el firmamento dibujo la que somo, como ramificaciones nerviosas de nuestras carnes. Llegan a la C9, el todo del universo y su nada los acompaña. Por un instante se plantea se habrá más vida de este pequeño y grato mundo. Desconcertada amplia a la posibilidad de que tal vez no, que tal vez así pero todo es tan lejano, tan ausente. Le dice que tenga cuidado, van a penetra en la gruta que pertenece a la C9. Y entran. El olor a humedad y a tierra la hace por momentos incapaz de mantener de su verticalidad, aguanta, le sigue. Todo es silencio, solo el chorro de aguas subterránea se percibe con su goteo intermitente. El con su linterna señala. Ella ve, su fijeza se remonta a un amor herido, un amor perdido, una muerte de amor ya sea por echo de esos esqueletos en su postura, ya sea por un castigo. Es lo primero que percibe. Es lo primero que le impacta. Los esqueletos están rodeados de piedras y restos que no atina a saber lo que es. Salen. La noche en su amplitud, en su belleza, en su brisa cortante le trae el oxigeno de nuevo. Respira. El se sienta en una roca. Anne , de pie, intenta sacar las primeras ideas de lo que pudo haber sucedido. Sabe que tiene que investigar esos huesos para datar la fecha aproximada de los años en que vivían. Ello, no le preocupa.  Estrellas fugaces atraviesa su mirada y pide un deseo, un deseo que guarda en su memoria. El no comenta nada, sabe de la larga investigación. Tiene ganas de preguntar, pero se calla. El hermetismo del vacío de las palabras los invade. Las horas pasan y pasan. La tranquilidad asume esa quietud eviterna. Las flores que pueblan el lugar tras las lluvia otoñales se perciben cuando la pausada respiración infla sus pulmones. Y ahora….y ahora tienen que volver al lugar de encuentro. Ella se lleva unos pequeños restos. Y tienen que estar ahí antes de que amanezca, antes que la fragancia del café y las voces de las cuevas empiecen su jornada. Un estallido sórdido les llega. Y es que todavía. Todavía en la isla vecina se está abriendo la tierra, alimentándose de su todo, devorando cada lamento de sus gentes.