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Habitación cero. Paredes blancas. Suelo
gris. Me entremezclo en una esperanza, pero a la vez atisbo un desencanto. Una desilusión
que da la suficiente ebriedad de tu marcha. Poco a poco te vas degradando y sin
embargo, sonríes. Mi mano prieta con la tuya desemboca a una energía que a
veces es caóticas y otro equilibrio. Las dos se tienen que unificar para
consagrar está larga despedida. Enciendo las noticias. El poder de un pueblo
subyugado por tiranos y más tiranos. La riqueza interna de un país desprende un
halito desconsiderado de colonización. Siempre hay algo que va más allá de la
libertad de las manos de un conjunto de gentes que han vivido en la opresión,
en la justicia manoseadas por el delirio de un líder dictatorial. No quiero
escuchar más, estoy en este hospital donde tu te mueves entre la vida y la
muerte. Hemos llegado a un año nuevo y te felicito querida madre. Ah, madre.
Todavía luces con tus ojos puesto en mis manías, en mis movimientos. Las
conservo para ti, para que me huelas y sepas que estoy aquí. Sí, en este ahora
donde no hay nada más. Llamo a los grandes riscos donde la lluvia alborotada
hace correr el agua y sueño despierta. Bajo hasta esos manantiales y bebo de
ellos , bebo por ti. Toda tu sabiduría se reencuentra conmigo, palpo con un
tacto sutil cada uno de tus consejos. Me arrimo al hogar cálido, ese hogar
donde el abrazo supone la vitalidad, las ganas de seguir. Y una pieza de música
viene a mí. Una pieza compuesta en tu nombre, triste pero a la vez aclara la
calma…una calma que me azoca cuando sola soy pies desnudos de cada cuarto. Tu ,
en esta habitación cero de paredes blancas y suelo gris, yo aquí. Mis ojos no
dejan de analizar cada uno de tus movimientos, cada uno de mis quejidos. Sí, me
quejo. A está edad la templanza reina en mis huesos. No me importa no dormir,
no me importa estar atenta a ti. Me es igual lo que digan. Y soy constante en
esta obsesión de no dejarte ir. No sé por qué. A veces pienso que no permito tu
ida de esta tierra. No noto en tu rostro sufrimiento solo, paz en esta
habitación de suelo gris y paredes blancas. Bebo y vuelvo beber de ese
manantial al final del risco y ahora he de escalar de manera ascendente hasta
su cima. Mis manos sangran, mi cuerpo siente la molicie, pero llego a su cúspide,
una asombra luz del astro rey de invierno se inyecta en mi vista , en mis
carnes y siento el acogedor refugio en un ángulo donde las sombras se apartan,
se extinguen. Aquí, un día más de un año nuevo, las buenas cosechas de los
seres humanos con otros traerán la concordia que tanto hace falta a este mundo
convulso. Este mundo que como una cascara de naranja quitada ya se exprime en
la intemperie de sus sentimientos, podridos. No, no estoy amarga, disfruto de últimos
instantes de tu destino. Un destino que todavía no acepto, me siento incómoda,
ronda una manada de púas alimentándose de mis hombros y me hace caer sin que tu
lo sepas. Y me arrincono en esa luz del sol en la cúspide de la existencia,
aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Despecho todo mal que
no florezca en tu jardín…un jardín dormido, radiante de calma.