martes, abril 21, 2015

Océano....

El mar. Un vertido.


Pardela:
Ay Ay, manchas negras se acoplan a mi ser, a mi plumaje. Me siento débil. El frío son cuchilladas que me derrotan. Creo que la muerte está cerca. Sí, océano. La muerte. La muerte…No puedo más ¡Por qué¡ ¡Por qué¡ Yo iba a por mi presa y de repente zas un manto negro y pesado me acorraló en el dolor. Ahora siento veneno sobre mi piel, un veneno que se nutre de mi hasta caer en las entrañas de tu corpulencia. Ay Ay. Qué será. Qué será de mis compañeros. Tengo que avisarlos como sea. Qué se alejen. Qué huyan de este  infierno, de este daño. Pero no puedo. Me hundo. Soy ser del ahogar su vida.
Océano:
No. No amada mía. Amiga mía. Tienes que luchar. Has de ser fuerte y avisarlos. Qué huyan y huyan donde la mar sea azul y vital para ellas, para ellos. Diles que soy flecha ardiente de la muerte ¡Oh mi mundo¡ ¡Oh mis seres¡ Las algas ya no bailan. Las caracolas ya no cantan. Todos idos ¡Qué aberrante es el ser humano¡ Arrasan todo lo que tocan, todo lo que acarician ¡Malditos seáis¡ Animo amiga. Yo no puedo hacer nada. Estoy mal, fatigado.
Pardela:
Ay Ay. No puedo más. Los mataré océano. Ay Ay.
Señora de los mares:
Qué ha pasado. Qué es este negror. Mi cuerpo deseado luce hoy de negro. Un negror que anuncia la desgracia. Pardela deja de quejarte me produces un vomito de llantos.
Pardela:
Los mataré. Ay Ay
Océano:
Olvídate. Ya es tu fin. Tus ojos se apagan, se difuman en el olvido. Cipreses vendrán a ti. Y como tantos náufragos compartirás estas profundidades. Dolor. Angustia.
Señora de los mares:
Déjalo en paz en su delirio fúnebre, en su último hilo de vida. Yo ya no seré amante de los pescadores cuando la luna llena me abrazaba. No me verán jamás y no podré guiarlos cuando los vientos sean maléficos a su labor. ¡Qué oscuridad¡
Pardela:
Ay ay. Señora de los mares sálvame, te lo ruego. Todavía no puede ser mi fin.
Señora de los mares:
Yo con mis manos negras. Yo con mis piernas negras. Yo con mi cuerpo negro. Pobre criatura. Como acogerte en mi regazo. Te haría más daño. Adiós amiga pardela.
Pardela:
Ay Ay
Océano:
Que se levanten las olas. Apártate de mi mancha negra. Deseo el azul de mi vestido, el blanco de mi vuelos. Olas levantaos qué la muerte ha llegado. Huid. Huid de aquí compañeros, hijos míos.
Señora del océano:
Cállate océano. Me hieres. No ves que es inútil. El tiempo. Si, el paso de los años dirá. Ahora todo destruido, todo yermo. Mi corazón estéril. ¡Ah marineros¡ Venid. Ayudadnos. Solos no podemos. Una fuerza externa hace que nos empuje a la nada.
Tortuga:
Súbete amiga pardela
Pardela:
Ay Ay. No puedo. Mis fuerzas son escasas. Ya no.
Tortuga:
Ahora podrás. Te llevaré a la orilla. A lo mejor…
Océano:
Que dices tortuga. Esos son unos malditos ¿Te arrimas a ellos? Sí, a ellos. Ellos que han desgraciado nuestra vida con el infortunio, con la fealdad.
Tortuga:
No todos.
Señora del océano:
Déjala. Quizás algún pescador salve a la pardela. Sí, la vida, la vida otra vez para ella.
Océano:
Tu siempre confiando en ellos hasta en la muerte, en la toxicidad de sus garras. Me siento débil. No sé  qué hacer.
Señora del océano:

Yo también. Adiós amigo océano. 

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