jueves, marzo 30, 2017

ELLAS. CAPÍTULO 9 (NARRATIVA)


Las cinco.
Son las cinco.
Carcomidas sentencias
Habitan en el ayer.
Aislado.
Estoy aislado.
Luces devorando.
Madrugada insomne
Lanzada al vacío.
Cotidianos revuelos
De farolas
Al encuentro del desahuciado.
Marchito.
Me hallo marchito.
Roca rajándose
En mis sienes
Con el estallido
De las garras del adiós.
Oh no,
Me abraza la duda,
Me abraza el cimbrar
De un viejo paseo
A través de angostas sendas
Donde  arboledas rajadas
Se desploman sobre mis manos.
No, no puedo dormir. Me siento angustiado, desvalido, desamparado de todo lo que se cocido en mi reconditez. Hombre pobre de verdad, su verdad. Llueve. Otra vez la llovizna deforma la serenidad que quiero alcanzar. La siento golpear los cristales de la ventana de este miserable hotel. Desnudo, solo una toalla enrollada esperando el secar de la ropa para irme cuando el alba me indique los pasos a seguir. Mientras no queda otra. Escribir y escribir. Eso que he hecho toda la vida. Será un poemario triste, sin nada de esperanza, cerrado para aquellos que quieren saber. Ella no existe. Ya no …solo es una demacrada figura en el con la sombra del pasado. No sé lo que me pasa. Siento que me llama, que me llama. No es el eco de las gotas al caer ¿Me estaré volviendo loco ante esta situación? Olvido. Sí, que olvido se apodere de mí y me lleve por la ruta incolora del fenecer. Me miro al espejo. Veo un hombre caer, un hombre de ojos blancos como el deshielo desplomarse ante la celeridad del recalentamiento ¡Ojos blancos¡ Ahora me sudan las manos y mi vitalidad siente escalofrío ¡Aléjate de mi¡, grito al espejo. Mi puño quiebra una imagen lamentable, mi puño sangra y sangra. Me encuentro mejor. Me enrollo papel higiénico en mi mano. La sangre no cesa, sigue su andadura pero no hay dolor. Ya no hay nada. Me siento en el sillón, continuo.
Ocaso precoz,
Heridas lamidas
Por el terror
Anclado en mis sienes.
Te busco, te busco…
Ya no estás.
Agujas oprimen mi pecho.
Respiro.
Respiro el haz voraz
De su atmósfera.
Mariposas.
Mariposas blancas
Son visita.
La muerte, la muerte…


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