lunes, marzo 16, 2020

divagaciones de un 16 de marzo...






Y cogí el teléfono, mensajes sobre la enfermedad había invadido sus conversaciones. Y de golpe agotado ante tanta información difusa lo aparté. Lo alejé donde mis ojos no recorrieran una y otra vez lo mismo, lo distinto. Me habilito a ser ferviente lectora de las calles de la nada, de cada esquina donde el miedo entumece los huesos.  Me preocupa la situación, un cierto balance de pensamientos se incrusta en mis sienes y desembarco en esta tierra, en estas islas donde la gente vive del aire libre.  Ahora, todo sigue igual con unas ojeras donde todos nos acurrucamos al fin de este episodio, de esta peste del siglo XXI. Nos aventuramos a orar al universo y entregamos nuestra energía en saludar, en despedir cada jornada pasada. Todo pasará, todo volverá a la normalidad y floreceremos con una nueva visión, una visión que solo atiende a nuestra recónditas profundidades.

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