domingo, agosto 03, 2025

HABITACIÓN CERO(NARRATIVA) 7

 

7

Parece y no parece porque es verdad, llega una tormenta veraniega. Yo desde mi ventana dejo que la radio emita las noticias de la actualidad. Noticias que se desvían de lo real, de lo verdadero. Según las ideas políticas, sociológicas y este yo nuestro, expresan su punto de vista a veces cierto otras, falso, modificadas en el interés de una región, de un país, de una ciudad, de sus propios políticos ejerciendo un mando descalabrado. Las guerras no acaban, el genocidio en zonas de este mundo está presente …cavando, cavando tumbas en el anonimato de nuestro conocimiento, de nuestro saber. Y desde aquí, donde la tormenta de verano llega, lo insensato abusa de las vidas que nacieron para la libertad, para expresar ese conocimiento en la senda de sus crecimientos, de ese logro de ser adulto balanceados por la paz. Las once…son las once de la mañana. Un racimo con el escandalo de este tiempo inestable penetra en la isla. Llueve, no de forma calma, sino con la impaciencia de clavar desequilibrio en la isla…en la isla. Esta isla en la que vivo, en la que he nacido. Entretanto por estos momentos no escucho el aullido de la isla vecina, soterrada en su dolor particular. Las noticias hacen pausa Edith Piaf con su Non, je ne regrette rien suena en este estado mío, en esta presencia mía donde mis sentidos toman el rumbo en muelles donde los barcos vienen y fan al son de un faro que parece eterno. No, no me arrepiento de nada . El pasado es cuna que clava cada sombra dejada en mi andar y yo digo “Non, je ne regrette rien”. El agua discurre por toda esta urbe formando arroyuelos de barro que irán a la mar. A la mar…a la mar. Rodeados de un océano bello, misterioso, desconocido cantamos a cada día en que estamos aquí. Non, je ne regrette rien, sigue y me agazapo en los brazos de mis emociones, latentes, caldeadas por la lucha por un adiós inevitable. Y es que es inevitable. Siglo XXI, estamos en pañales con respecto a ese cosmos que nos vigila, inquieto, temeroso ante los resultados de esta civilización. Se forma en mi mente la imagen de una niña, de un niño con su cara sucia, con la tristeza inacabable en sus ojos, desolados. El estruendo de una injusticia. El estruendo de una mentira. El estruendo de lo malvado. El estruendo de la perdida. Acaricia un perro, solo, sola en medio del caos aberrante del ser humano. Y lloro. Y llora. Punzadas revientan mi estómago y por mi ombligo se desprende un gas que enrarece mi entereza. Palpo el chubasco violentado.  Siglo XXI. Analfabetos, incultos sobre la historia de esta mota polvo que orbita en un universo callado. Yo “Non, je ne regrette rien”  y es tan real que me condiciono a su aventura en mis sensaciones. La investigación de la forense tardará su tiempo, esperaré solo, tomaré notas de lo que imagino que pudo pasar. A mi entender una muerte violenta, provocada por la ira , esa ira que aún continua en el avanzar de los siglos en este mundo. Non, je ne regrette rien, no se porque repito esta canción tan famosa de esta cantante. Es como si me produjera una purificación y desde aquí, desde mi ventana donde veo la tormenta de verano tomara el poder de seguir, de continuar con cualquier inquietud que me seduzca.

 

 

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