6
Sus sábanas, blancas, planchadas.
El sol comienza su andadura. Yo frente a ella en esta habitación de paredes
blancas y suelo gris. No habla, intento comunicarme en el inconsciente de su
estado y logró visionar un resquicio de que me escucha. Sus ojos cerrados. La
llamo…la llamo. Me mira y por momentos mi latidos se avivan con una sonrisa.
Estás ahí, postrada en una cama de hospital con la ausencia de cualquier
movimiento. Estás ahí y yo aquí, cavilando…pensando que esta ruta del adiós no
la quiero. Y me detengo, no quiero permanecer una cama inerte, incomunicada sin
el ánimo de la palabra, de esta memoria presente. Dolor. Llanto. La perdida ,
este adiós prolongado donde no se si hay sufrimiento. No, no lo quiero. Y me
afinco en una muerte digna, en un testamento vital donde la eutanasia hable de por
mí. No , no quiero ser alargamiento de un proceso lento de esta enfermedad
degenerativa donde yo no soy verticalidad. Mis pasos. Mis manías. Mi capacidad
de embeberme en mi propio pensamiento con esas ideas de lo que es calidad de vida.
Quiero madre una existencia digna, hasta el final. Mi mano aprieta la tuya, no
palpo ningún movimiento, pero se todavía me escuchas. Lamento esta situación
precoz, inesperada. Me deshielo en un mar donde mi voluntad se fuga y me dejo
que las profundidades tomen mi cuerpo, mis sentidos. Me ahogo. Fuera hay 30
grados, sudo, quieta. Un cumulo de tormento despliegan mis alas rotas y vuelo
en un agujero infinito donde la bruma me impide, me entorpece. Oh, querida
madre, estás aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Hoy me
encontrado a personas que te conocen, me pregunta, sin embargo, yo, muda , desvío
la conversación. Me enseñaste a vivir en los senderos de la independencia, de
la soledad. Esta soledad mía que me enaltece a medida que pasa el tiempo. Sí,
madre. La dignidad de ser y estar es precisa, es necesaria en esta esfera donde
todos van a la defensiva con grotescas miradas, con palabras desquiciada.
Porqué de ese escudo. Ahí , madre, está enfermedad tuya…incurable. Una ráfaga catastrófica
se ha apoderado de ti y caes y caigo y caemos donde nada más tiene cabida. Te
miro, aprieto tu mano…no responde. Tu respiración se hace intenso par luego
culminar en la calma. Una tormenta atraviesa tu pecho, tu estómago. Y no dices
nada. La enfermera entra, me saluda. Yo aquí, con mis ojos puestos en tus ojos
húmedos, con el peso de estos instantes indecibles, indescriptibles. Si, madre,
quiero una muerte digna. Donde mi conciencia , presente, siga su camino por
este cosmos que nos ampara. Ya nos encontraremos madre, no sé cuándo. Tú,
resistes, quieres prolongar esta despedida. Tú decides en esta habitación de
paredes blancas y suelo gris. Un tren a deshora nos espera. No he recibido
llamada alguna…y para qué. …las acciones se toman en vida. Sí, esa vida donde
la alegría presenta se entorna en una danza sobre nubes de arco iris.
No hay comentarios:
Publicar un comentario