viernes, agosto 01, 2025

HABITACIÓN CERO(NARRATIVA) 6

 

6

Sus sábanas, blancas, planchadas. El sol comienza su andadura. Yo frente a ella en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. No habla, intento comunicarme en el inconsciente de su estado y logró visionar un resquicio de que me escucha. Sus ojos cerrados. La llamo…la llamo. Me mira y por momentos mi latidos se avivan con una sonrisa. Estás ahí, postrada en una cama de hospital con la ausencia de cualquier movimiento. Estás ahí y yo aquí, cavilando…pensando que esta ruta del adiós no la quiero. Y me detengo, no quiero permanecer una cama inerte, incomunicada sin el ánimo de la palabra, de esta memoria presente. Dolor. Llanto. La perdida , este adiós prolongado donde no se si hay sufrimiento. No, no lo quiero. Y me afinco en una muerte digna, en un testamento vital donde la eutanasia hable de por mí. No , no quiero ser alargamiento de un proceso lento de esta enfermedad degenerativa donde yo no soy verticalidad. Mis pasos. Mis manías. Mi capacidad de embeberme en mi propio pensamiento con esas ideas de lo que es calidad de vida. Quiero madre una existencia digna, hasta el final. Mi mano aprieta la tuya, no palpo ningún movimiento, pero se todavía me escuchas. Lamento esta situación precoz, inesperada. Me deshielo en un mar donde mi voluntad se fuga y me dejo que las profundidades tomen mi cuerpo, mis sentidos. Me ahogo. Fuera hay 30 grados, sudo, quieta. Un cumulo de tormento despliegan mis alas rotas y vuelo en un agujero infinito donde la bruma me impide, me entorpece. Oh, querida madre, estás aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Hoy me encontrado a personas que te conocen, me pregunta, sin embargo, yo, muda , desvío la conversación. Me enseñaste a vivir en los senderos de la independencia, de la soledad. Esta soledad mía que me enaltece a medida que pasa el tiempo. Sí, madre. La dignidad de ser y estar es precisa, es necesaria en esta esfera donde todos van a la defensiva con grotescas miradas, con palabras desquiciada. Porqué de ese escudo. Ahí , madre, está enfermedad tuya…incurable. Una ráfaga catastrófica se ha apoderado de ti y caes y caigo y caemos donde nada más tiene cabida. Te miro, aprieto tu mano…no responde. Tu respiración se hace intenso par luego culminar en la calma. Una tormenta atraviesa tu pecho, tu estómago. Y no dices nada. La enfermera entra, me saluda. Yo aquí, con mis ojos puestos en tus ojos húmedos, con el peso de estos instantes indecibles, indescriptibles. Si, madre, quiero una muerte digna. Donde mi conciencia , presente, siga su camino por este cosmos que nos ampara. Ya nos encontraremos madre, no sé cuándo. Tú, resistes, quieres prolongar esta despedida. Tú decides en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Un tren a deshora nos espera. No he recibido llamada alguna…y para qué. …las acciones se toman en vida. Sí, esa vida donde la alegría presenta se entorna en una danza sobre nubes de arco iris.

 

No hay comentarios: