jueves, abril 24, 2014

La sombra...

La sombra de las nubes escucha el ronronear de mi corazón. El viento calla, ha dejado de ser caminante de cada rostro, de cada mirada. Caravanas de   cuerpos tiznados de una paleta gris se acrecienta a medida que las calles  son silencio.  Busco el latir de tus labios sobre los míos, la caricia perfecta. Sí, esa que hace estremecer cada una de mis pisadas en tu búsqueda. Te llamo y un planeta decaído, lánguido me responde. Sus palabras saben a hiel, a una mezcolanza entre agonía y seducción roto. Dónde está la belleza. Algo queda. Supongo que algo de amor bajo la cotidiana alfombra de astros será  luz para mi algún día. Ahora cuidémonos. Cuidémoslo. Esto, donde habitamos cuya aroma sabe pena tras las perturbaciones del hoy, del ayer.  Y mi corazón ronronea. Gravitando bajo las aguas de una cascada que no más son llanto ante tanto desastre. Límpidas son pero cierta indiferencia las transforma  en ese lodo donde un pinzón azul deja sus alas. Alas agujeradas, rotas, rajadas    por el grotesco tintineo del ser.                                         

martes, abril 22, 2014

los susurros...

Los susurros del sol rompen la mirada de la tarde. Segrega el vuelo horizontal y somos eco del oleaje.  Un oleaje pequeño, suave. Donde nuestras piernas cansadas giran en torno a su propio eje para hallar el canto de las caracolas. Las escucha. Y mar adentro somos libres, somos esa esperanza que asciende hasta la superficie del océano venerando estrellas marinas.  

lunes, abril 21, 2014

Corriendo...(poema)

Corriendo por colinas rajadas
Donde la medianoche pisa
Los astros colgantes
Con la luz de la luna.
Esferas que conducen al sin sabor,
A lenguas que se perpetúan
En el silbo del amor.
Negro, es todo negro
Solo un haz que deja a la intemperie
Sus rostros.
Se miran.
Se tocan.
Y con el labio a labio,
Y con el vientre a vientre
Son esa lluvia salvaje de sudor,
Son ese viento violento de sus cuerpos
En horizontal, en vertical
Según la caricia del rumor de las hojas secas.

viernes, abril 18, 2014

la soledad...

Retorna al hallazgo de rocas negras que el mar traga en la espesura de las estrellas. Mira el horizonte, ese cielo que oscuro con las velas encendidas al ritmo que rumor de las olas la invitan a ser parte de él. Esta sola. Sola y la naturaleza. La naturaleza y ella. Soñaba despierta con el letargo de la isla. Se le hacía pequeña y quería ir más allá. Más allá del oleaje sereno que había esa noche. Ahí había una pequeña barca. Una barca que la invitaba a navegar por ese manto oscuro mecida por sus sueños. Cuando se halló lejos de la costa, en ese punto donde solo la brisa entona una canción, se detuvo. No quiso ausentarse más de la isla. Tiró los remos. Y allí se quedo con el respirar hondo que llega al alma.
                        Ella: Aquí estoy. Aquí estamos. Mi espíritu y yo. En medio de la paz. Del incansable ronronear de las mareas. Acunada por olillas de tersas espumas blancas que me dan cierto aliento para seguir. Para seguir en esta vida.
                       Cachalote: Sí, estás aquí. En mezcolanza con las estrellas marinas y los astros que abogan    por ese tiempo perdido en tu vida. Vienes a recuperarlo con la luces de la atmósfera que suavemente muerden tu conciencia.
               Ella: Tú que me hablas. Dime que será de mi destino. Un destino incierto que se condena al silencio de mis manos, de mis ojos, de mis caricias por este mundo.
           Cachalote: El que tu marques. La espera ha sido muy larga, muy larga. Y caes bajo la gravedad de tormentas sobre tus sienes. No has completado tu ser en esta vida. Te falta amar, amar ¡Ay de ese amor¡ No te atreves, no se atreve. El temor es causa que te abstiene a ser mujer libre de las cadenas que presan tus venas.
      Ella: Sí ¿Cómo decírselo? ¿Cómo hablar para que mis palabras no sean signo de negatividad sino una fuente por la que corre libremente el agua que he de beber?
    Cachalote: Déjalo venir. Todo viene. A un paso lento que es fuego que alumbrará tu corazón. Regresa a la orilla. Aquí sola, aislada no tienes nada que hacer. Solo disfrutar de la madre naturaleza cuando todos duermen. Vendrá. Seguro. Con sus caricias y besos, con sus palabras y silencios.
  Deja la barca. Bucea y nada hasta la orilla. Allí se extiende desnuda con solo el abrigo de las rocas. Se sienta y mira el firmamento. En su travesía los astros se han evaporado y aparece el broncíneo del amanecer. Los observa y se siente dichosa. Que cambiante es el reino natural. Es bello. Es hermoso. Es lindo. Se mira a sus manos. Manos vacías a lo largo de los años. Y una lágrima cae sobre ellas. Quema. Sus sensaciones son extrañas. Todo sigue igual. Pero ha rejuvenecido su alma. La pesadez de su cuerpo se levanta y se aproxima al acantilado. Quiere escalar. Sí subir a lo más alto. Y lo hace. Sangra pero lo logra. Consigue esa cima en la que se ve toda la ínsula. El mar, las olas, las rocas, el amanecer. La soledad.

domingo, abril 13, 2014

Tu silueta...poema

Tu silueta
Marcada por los hilos de sombras
Que esconde el horizonte
De una tarde
En la llamada de la ebriedad de las miradas.
Te pierdes en una danza
Donde el infinito de los astros
Consumen de tu savia
Como nota de el hechizante astro rey.
Tú, sin pausa,
Que te conmueves con una sonrisa
Algunas veces eres ola
Que rompe sobre mis senos
Con el eco de las lenguas
Que se vertebran a ras
De nuestros labios.
Vienes y vas.
Vas y vienes.
Tú que jadeas en el instante
Que somos esa colina embargada
Por la caricia sutil
Te evaporas en mi piel
Como sudor de mis entrañas.
Ven, ven aquí.
Zas, y una ráfaga de mirlos vivos
Animan nuestro roce, nuestros movimientos

Sobre una esfera azul. 
Y subes por los pedregales de la conciencia. Te arrimas a esas hierbas que con su frescor mecen una canción a la alegría en cada grieta que respiran a la atmósfera que te envuelve. Puede que te embarques sobre nubes cuando ahí, en lo alto, seas esa ave acurrucada que vive de sus sueños. Por qué no soñar. Las montañas dibujan claro oscuros de la aurora. Y ahí arriba, en la cima de tu ser, aleteas tus deseos, tus pasiones. Ya no te importa nada. Tu misma, tu sola sigues la ruta que el corazón te lleva hasta ser perfecto equilibrio mente cuerpo. Asumes que tienes que irte, que aquí ya no haces nada, no eres nada. Pero  serena alzas tus brazos de los cuales manan plumas verdes, amarillas, azules en el ascenso por esa bóveda broncínea. Vuelas. Sí, vuelas. Lejos, muy lejos. Hacía donde tu rostro con ojos de vida, de alegría amenizan tierras nuevas donde crecerás como árbol nuevo cuyas raíces perpetuaran tu destino.

sábado, abril 12, 2014

Es oscuro...

Es oscuro el surcar donde las ventoleras raja tu rostro y después desnuda eres ave malherida que invoca a la vida. Cual fue el fallo se pregunta ella. Ella que entre la duda y la penumbra anda perdida de esquina en esquina al encuentro de un halito de ese jugo que evapore su pena. Pero hay penas y penas. Hay heridas y heridas. Penas y heridas que nos hacen recogernos en el pensamiento de la impotencia. Por qué no habré…se pregunta. Tantas calamidades rondan sobre ella que a veces siente ganas de ser hija de acantilados. Acantilados que desquebrajan cada llaga, cada llanto, cada recuerdo que se cierne sobre ella. El viento norte llega. Unas nubes cenizas cubre el firmamento y el crepúsculo se transforma en un telón que ella tiene que desvelar. Qué habrá detrás. No sabe. Muñecas colgantes zanjadas a la vida. Sangre que corre por los espacios inaccesibles de las creencias. Se alza y con su verdad, con su ser desgajado, desgarrado vuela. Si vuela hacia esos rincones donde la luz no incida sobre las secuelas de su recorrido por esta tierra extraña. Un ataúd censurará el daño, ese daño que como rastrojos sube, trepa, escala por sus entrañas. Por qué no…se pregunta ella.