La rama cual sus ojos prestaba contemplación tenía que
tocarla, rozarla. Barranco arriba sus piernas cansadas piedra a piedra daban un
paso más hasta esa rama, una rama donde se guarecía el pinzón azul. Quería
verlo de cerca, acariciar sus plumas esplendorosas en su tono. Para ella era un
gran significado, una magia que la involucraba a pesar de la plenitud de un día
invernal ser cuchillada por el frío hiriente. Ella sabía que estaba allí,
sentía su canto grave a medida que se aproximaba. En su ascenso cantaba una
melodía, un melodía melancólica, calma para que el no huyera “No más daño/ no
más sangre/ no más aberrantes danzas a tu libertad” Y así, barranco arriba, con
la mirada puesta en la rama donde estaba posado ella continuaba ¡Qué buscas
mujer por estas tierras¡ , le pregunto el pájaro azul. Busco el crepúsculo de
los días emancipados en la desdicha, censurados de amargas penas que edifican
al humano. Te busco…¡te busco¡ ante el esplendor de los soles de las jornadas.
Y , ahora, estás ahí, frente a mí ¡Qué bello eres¡ Sigue…sigue con tu canto
embelesando mis deseos. Y llega, frente a frente se encuentran, frente a frente
se comunican, frente a frente hacen el juego del baile de la pasión, del
resurgimiento de una sonrisa. Ella quiere acariciar su pluma azulado, el se
deja. Y se miran, ojos concluyendo en otros ojos…y remiten al juego del baile.
El en su rama, ella a ras de la tierra. El pájaro azul da un saltito y se apoya
en el hombro de ella. El pájaro azul conversa con lo maravilloso que puede ser
la sensatez, el respeto, el auge del amor. Porque bien están enamorados….enamoradas
de la vida, enamoradas de la naturaleza, enamorados de esta tierra donde las
flores margullan el sentido de la existencia. Y el pájaro azul se marchó con
ella, en su hombro, prolongando el canto a la vida. A medida que se alejaban de
aquel árbol cuya rama estaba el pinzón iban dejando un resto, unas huellas para
los que los quisieran seguir. Seguir en el canto de la vida.
Este blog esta bajo los derecho de autor para cualquier información laguna198@hotmail.com Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
miércoles, enero 29, 2020
lunes, enero 27, 2020
NO.....
No. No me apetece callarme. Me gusta conversar con la madre
tierra. Sí, con el viento, con la lluvia, con las nubes, con los soles, con las
lunas. Soy así, pasos agrietados a medida que mis ojos, que mis oídos a veces, insonoros, estáticos son alumbrados por la
mediocridad humana. No . No me apetece callarme. Gotas de llantos cuando
vientres reventados por el hambre, por la sed se vierten en mis entrañas. Gotas
de alaridos cuando guerras groseras, estúpidas, malévolas sobrevuela en los
inocentes. Sí, no me apetece callarme. El mundo gira y gira en torno a fogatas
de calidez se sienten derrotadas, perdidas en la inmensidad de nuestros
sentidos. Un mundo inconcluso. Un mundo obtuso. Un mundo donde rayos degradados
rasgan ojos blancos, ojos inacabados en el dolor, en el grito. Colmillos rodean
nuestras conversaciones con nuestros
pasos inciertos, inestables. Y todo calla, somos plástico, somos deshielo,
somos tormentas, somos catacumba de un mundo mudo, de un mundo sumido en el
callar y callar. No. No me apetece callarme. Girones de violencia nos obstruye,
nos entierra en fosas comunes. No. No me apetece callarme. Que venga la paz,
que venga la esperanza, que venga el amor, que venga los sueños de un mañana.
Sí, un mañana donde nuestras pisadas no sean más que rosas al viento.
domingo, enero 26, 2020
DIVAGACIONES DE UN DESPERTAR DE ENERO....
El sol. El invierno de enero. El paso de los días. Aceras
alimentadas de polución. Yo, en vertical, saboreando la plenitud del amanecer.
Yo, en horizontal, abandonándome sobre un océano interminable. El reflejo de
las pisadas. El agujero de las sombras. Yo, en vertical, concluyendo los
estados de ánimos en la quietud. Yo, en horizontal, oleaje de los sentidos
lamiendo mis pensamientos. La isla. Aquí, allí. Y seguimos el rumiar de la
vida. Y seguimos en el esbozo de los deseos. Y seguimos amando las emociones
del despertar.
jueves, enero 23, 2020
ESTOY ANTE TI....
Estoy ante ti ¿no te has dado
cuenta? Sí, con ojos oscuros sombra de tus huellas. Aun soy impertinente y
persisto en observarte. Acaso, no me ves. El tiempo se lamenta, el tiempo gruñe
a los espejos con la manía de estar aquí. Sí, con ojos locuaces abandonados en
tu lejanía. Estoy ante ti congregando
astillas sobre mi espalda pesada. Tan pesada que los pasos se me hacen
invertidos donde los riscos arriban en mi caída. Estoy ante ti ¿no te has dado
cuenta? Herida lamiendo las horas, las estaciones ante la locura de ser mar de
tu esencia. Sí, con ojos rajados por el mal viento del querer, de amar en la
ausencia de tu verticalidad ante mí. Gravito en una jornada despejada invernal,
la calima vuelve y mis pisadas me llevan a ti. Sí, a ti con el goteo eterno de
tu ida. Acaso, no me ves. Te busco, te encuentro y vuelvo a buscarte y vuelvo a
encontrarte tras las escenas rasguñadas del ayer. Sí, con ojos oscuros amándote.
domingo, enero 19, 2020
BOLITAS DE PAPEL....
Andaba…Sí, andaba en la elocuente
ciudad. Ella tras de mí, tan cerca que su aliento acariciaba mi cuello. A cada
esquina iba dejándome algo en los bolsillos. No sé lo que era. Ella tras de mí,
con su aliento a rosas negras, a flores marchitas, a un invierno perezoso en lo
gélido. Y otra esquina, y algo más caía en mi bolsillo. Algo ligero, rugoso,
algo que yo no quería ni rozar hasta que su sombra me dejara. Andaba…sí, andaba
de vuelta a casa, la cabeza se me retorcía ante el enigma, ante aquella mujer
que me dejaba cosas en el bolsillo. No quería mirar para detrás, no me
interesaba, había cierta cosa que me impedía. No lo entendía. Ella tras de mí,
ya estaba cerca de casa. Una casa rodeada por un jardín apagado, sombrío,
desganado. Abrí la puerta y en un descuido su aliento se derritió como se
derriten los glaciales. Sentí en ese instante un no sé qué, una descomposición
en mi entereza que me llevaba aguas para la inexistencia. Me toque los
bolsillos, mis bolsillos, llenos de algo. Introduje mis manos secas, mis manos
obreras y halle una serie de papelillos hechos bolitas. La tarde ya venía
vencida, sin armas para defender su esplendor. Abrí cuidadosamente, lentamente
cada una de las bolitas de papel y leí. Cada uno tenía una frase, unos versos
mal formados donde la ilusión de la vida me conmovía. Mi sombra hablaba en
bolitas de papel. Bolitas de papel construyendo los pilares de la existencia,
de mi existencia como una sombra más de
este mundo. Me senté en el sillón bajo la luz de flexo pues la noche
venía, venía. Volví a leer las bolitas
de papel, arrugadas, casi ya con una letra ilegible en transcurso de las horas.
Todo se iba cayendo a medida que la luna asomaba su hocico. Intentaba
rescatarlo todo en mi memoria ¡Ah¡ respiré hondamente y vague en el ensueño de
aquellas palabras, de aquella mujer tras de mí. Me había dejado un rastro, un
rastro seguir. Se borraron las letras, desaparecieron en mis manos. Puso algo
de música, una música eterna, infinita a mis oídos. Me iba quedando dormida,
serena, con la memoria puesta en las bolitas de papel. Las guardé en mi
bolsillo, ahora mudas, en blanco y me tragué todo lo que había escrito. Un
sorbo de agua fresca recorría mi sed, mi hambre, lo real de esta atmósfera.
Seguirán los inviernos, seguirán las primaveras, seguirán los veranos, seguirán
los otoños y de nuevo invierno. Aquí estaremos sobreviviendo, existiendo,
verticalizándonos en pacíficas tonadas.
Cuando desperté las bolitas de papel se había ido. Abrí las ventanas y
los mirlos rumoreaban al viento. Me sentí entregada a ese viento, ese viento
invernal y duro como si me duchara. La calle vacía, todavía temprano. Me hice
un café y miré mi bolsillo de nuevo , nada de las bolitas de papel. Bolitas de
papel que da un sentido al pulso en continuar trepando a través de las rejas de
fronteras inventadas.
sábado, enero 18, 2020
NOCTURNO
Nocturno.
Astros ambulando el hambre.
Presas consumiendo la sed.
Un Venus remoto, acariciando ojos
Sonámbulos del sueño.
Nocturno.
Deseos recónditos.
Deseos allendes.
Deseos intangibles.
Deseos tangentes al sabor de mi garganta.
Nocturno.
Rompen las olas lejanas.
Labios agrietados.
Calima revuelta
Y el retorno de pensarte, conversarte
A solas con las alas rotas.
Nocturno.
Silencio.
Luces de una urbe aletargada,
Muerta de memorias
Para alcanzar el mañana.
Bajaba y subía
Bajaba, subía y por un momento infinito en sus recuerdos
estaba estática. Escaleras abajo, escaleras arriba y el surgir de un olvido,
despistadas formas al encuentro de algo
para encontrarse con las aceras de una ciudad durmiente. Bajaba, subía y en
cada escalón tomaba aliento de cada poema desaparecido en las cenizas de sus
manos. Bajaba, subía y un firmamento donde la luna juega con el sol temprano se
vestía a cuadros. Todavía joven, todavía abandonada amores prohibidos, todavía
contemplando el surgir de la mañana bajaba y subía. Cuando se detuvo bajo su techo lamía cada
visión, cada respirar de la urbe. Se miraba su traje de cuadros frente a un
espejo. Se sentía bien, sentada en el piano reactivaba todos sus sentidos
mientras la mañana iba avanzando con un invernal alarido. Sus manos, imprecisas marcaba el ritmo del
orden matemático de las notas. Sus manos se dejaban llevar por el canto de su
alma. Un alma sumando tranquilidad mientras todo era aislamiento a su derredor.
Y de nuevo bajaba , subía las escaleras convencida de la lucidez de las calles
ensambladas a los transeúntes. Recorría cada esquina con el encuentro de ojos
distintos, de ojos iguales en el rigor
de sus procedencias con su vestido a cuadros. Para ella no había distinción de cada
persona que cruzaba sus pasos. Para ella no había religiones que la condenarán
a la ignorancia. Para ella, con su traje
de cuatros, que bajaba y subía solo era alimentada por el cosmos. Y de nuevo
cierra la puerta de su casa, y de nuevo se sentaba en el piano y de nuevo
suspiraba profundamente.
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