sábado, diciembre 14, 2013

Y quieres...

Y quieres ser luna creciente
Donde los ecos de la insonoridad
Aprieten con fuerza tus deseos.
Y quieres ser viento,
Un viento que no se doblega
Ante la incertidumbre
De ser espíritu de mareas desconocidas.
Y quieres ser lluvia,
Lluvia que corre y se expande
A través de los ensueños del ser humano.
Y quieres ser ave,
Que vuela y vuela
Por cada rincón de mirada incierta
Por las vertientes de melancolía.
Y quieres ser tú,
Tú misma correteando por largos pasillos

Donde la oscuridad no existe. 

miércoles, diciembre 11, 2013

Se alza...

Se alza unas notas
Bajo la tormenta.
Cuerpos presentes
Antojados en ser papel de lluvia,
En ser hijos del viento
Y otra vez nombramos
Esas esferas brillantes del universo

Donde la sensibilidad se agazapa. 

martes, diciembre 10, 2013

Y sigues...

Y sigues. Sigues en la ruta de las rosas negras que oscurecen el firmamento a la espera del resurgir de tu alma. Sigues caminando en sentido inverso quebrantando las leyes que rige la gravedad para el significado de tus sueños. Por si no lo sabes la noche ya es presencia. Una presencia que se engendra prematuramente a la vez que los astros huyen a otros planetas donde el sol les de brío. Y sigues. Sigues como ave zancuda que se asoma a las vertientes desconocidas y subterráneas donde freáticas esperanzas conmueven tu pulso. Ahora te escondes bajo manantiales de plumas, bajo efímeros palmerales cuya sombra proyectada son el eco de tu aliento. Y sigues. Sigues con el querer que te amen desde la cima de una cumbre donde hoy, ahora la tormenta se despliega en la danza de tu soledad. 

sábado, diciembre 07, 2013

El muerto...

Se sentía el silencio de las miradas. Una bruma temible abrasaba todo ser que se tropezara con ella. El silbido de las ramas ante algunas ráfagas del viento invadían todo el ambiente.  De repente se encendieron las antorchas. El muerto en su cama era mármol blanco que hacía señas al mundo venidero. Solo una vela en la mesilla. De uno en uno iban pasando los familiares, los conocidos, los noveleros. Querían ver a ese ser que en otro tiempo fue tempestuoso oleaje de la maldad ahora carcomido por lo estático y blanco de sus movimientos. Aun así le temían. Cualquiera sabe que tipo de demonio podría insuflar ese cuerpo inerte. Todos le daban la espalda, no querían mirarlo. Para qué ya si era mortaja. Era la noche. Una noche sombría y amarga. Sin embargo algunos en su interior y en el cruce de sus ojos se preguntaban que sería de su vida sin él. El él que ordenaba, mandaba y azotaba con su lengua venenosa a todos y todas. No tenía hijos. Despreciaba a las mujeres. Despreciaba a los hombres. No se sabe muy bien por qué pero los observaba con cierta ferocidad y agresividad que cualquiera que tropezara con el gris de nube de sus ojos caía en la desgracia. Ahora todo se había acabado. Había como costumbre coger ese cuerpo y bajo la luz de las antorchas enterrarlo. Nadie se atrevía. Todavía el temor ambulaba en ellos. Todos pensaron lo mismo. Dejar el cuerpo. Dejar la casa. Dejar las antorchas y que ellas hagan lo que tienen que hacer. Se fueron como huyendo por la cobardía. La casa ardió. Cada llamarada dibujaba figuras deformes que gritaban, que gemían. Pensaron que alguna maldición les caería encima por no llevarlo al camposanto. Pero ya les daba igual. Tanto y tanto sufrimiento ante un ser. Corrieron bajo las espantosas llamas. Llamas que los llamaban. Que los nombraba uno a uno. Se congregaron en la iglesia y rezaron y suplicaron. Pero era imposible y pueblo se envolvió en llamas. Todo destruido. Todo cenizas. Tendrían que comenzar de nuevo. Sí, de nuevo ahora sin la grotesca mirada de él. 

viernes, diciembre 06, 2013

Y vienen las nubes...

Y vienen las nubes.
Y vienen las lluvias.
Y el sol se va.
Y los pájaros callan.
Nos revolvemos entre yeguas
Cuya mirada insta un espacio en el vacío.
Nos agarramos a ellas
Con la fuerza de una mano
Que desea ser travesía de los montes,
De los vientos que se enhebran
Sobre nuestra desnudez.
Y vienen las nubes.
Y vienen las lluvias.
Y el sol se va.
Engendramos paulatinamente un grito,
Un grito a la vida.
Y pastamos sobre arco iris
Que recorren a la sonrisa,

La luz de nuestras entrañas. 

martes, diciembre 03, 2013

Estabas por aquí...

Estabas por aquí. No sé por qué. Cuando ahora eres trepar por donde las yeguas mencionan el arco iris. Merodeabas a mi alredor sin saber la intención. Ya nos habíamos alejados, consumidas en la nostalgias del tiempo cuando de un viejo almanaque no cesa de caer hojarasca. Querías, dices, intentarlo otra vez. No recuerdas del hastío a que llegamos. De esas aguas de penas que en la monotonía de la niebla nos hacia beber de ella. Ahora estás aquí. Que voy hacer yo. No se. Acogerte en esta oportunidad que nos da la esperanza después que la luna creciente se haya desvanecido. Y soñar de nuevo, digo. Sí, acogernos a esos besos y caricias que unas ves nos entusiasmaron. Te quiero. Me quieres. Y así somos. No hay más que decir. Somos ecos magmáticos de las grutas que en intimidad nos hace recorrer sus misterios. Tu misterio. Mi misterio. Aquí estamos otra vez. Has venido y aunque no te lo había dicho te esperaba. Somos al unísono ese techo bajo el cual se agazapa nuestros sueños, nuestras ilusiones. Y llorar cuando la emoción se embarca en nuestras miradas. Que gritan, que suspiran cuando somos otra vez una sola. Como el viento, como las mareas que retornan el amor. 

domingo, diciembre 01, 2013

Pasos lentos...

Pasos lentos. Desfalleces con la sonata de los soles que pueblan este universo. Vas en busca del calor de los pinzones que van a tus manos a posar. Bebes de ellos. De esa alegría que estimula tus singladuras sin norte. Me dices que estás aburrida. Siempre lo mismo. Cuelgas un almanaques y lo deshojas rememorando cada mes que se articulado por la monotonía. Son muchos, ya lo se. Y siempre lo mismo. Quieres volar. No sabes donde. Escurrirte como el agua que se desliza cuando una ducha temprana despierta tus sentidos. Te aproximas acantilados. Como rompen las olas. Te estremeces. Avanzas. Ves el infinito del océano. Sientes dolor. Una pena que muerde tu vientre, tus senos. Pero sigues. Captas cada ola de la naturaleza y te dejas ir. Si, te dejas ir por la balada de un viento que azota a tus espaldas. Te empuja. Tiemblas. Y otra vez te miras al espejo. Tu cuerpo arrugado. Tu cuerpo martirizado. Tu cuerpo inexistente. Adiós dices. Un adiós que se transforma en alas de mariposa que te darán la aventura de navegar por otros paisajes, por otros mundos donde los soles te den vida.