Es la hora, dice ella apoyada en una esquina donde el gozo
del sol la fatiga. Sí, es hora de partir más allá de los pilares planteados en
la inocencia, en esa niñez duradera que se ha ido. Nunca más volveré a
retorcerme con las piezas deformes que compone esta ciudad. No llevo equipaje a
donde voy, no lo necesito. Solo la ilusión de mi hijo, el va conmigo, de mi
mano. Bien agarrado ante el tremor fantasmagórico de nuestro viaje. El viaje
eterno a unas tierras donde el humano, nosotros, escupe en nuestra degastada
frente. Le tapo los ojos para que sus sueños no resbalen en piedras de
colmillos zanjando su destino. No sé qué decirle, contarle algún cuento tal vez
de carruajes con destino a las estrellas que esta noche nos alumbra ante el
inminente agotamiento ¡La hora¡ huída de la destrucción que nos vuelve
frágiles, débiles ante este mundo de cristal ¡No mires hijo¡ bailemos al ritmo
de la sucesión de jornadas que nos harán más fuertes, más hermético a cada
punzón tras nuestra espalda. Tus manos, tan delicadas, tan pequeñas
sobrevivirán a todo mal. La hora, aún es temprano…la luna nos habla y
conversará esas noches donde los aves carroñeras lanzan sus ojos de alambradas
en las mareas de nuestros sueños. Apriétame bien hijo, no te distancias de mi…llegaremos,
ya es la hora.
Este blog esta bajo los derecho de autor para cualquier información laguna198@hotmail.com Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
domingo, agosto 13, 2017
viernes, agosto 11, 2017
Así...
Así…lento, levantemos los cuerpos esbozados en astros
eternos y dancemos en las pacíficas playas de estas remotas tierras. Andemos…así,
junto a las hogueras perennes del verdor de los espíritus y seamos ola
grandiosa rompiendo en el callar. Sí, callemos, aunemos nuestro orden en el
caos de rotas barcas a la deriva de los deseos. Así…lento, observemos en
movimiento sutil de las alas primerizas
de la oportunidad, de la fecundidad anidada en los corazones emergiendo en la
libertad. Así…libres, pacíficos, visita de nuestros ojos a un mundo de donde
manan soñadoras, soñadores de la verticalidad del ánimo. Venga, despertemos en
la caravana callada de la belleza cantando blancas tonadas a los que se han
ido. Así…lento, un cielo azul nos empuja, nos abraza y la entereza erupciona en
una risa maravillosa…que bueno es sonreír, ese niño, esa niña huidos de las
tumbas del mal. Así…lento, manos acariciadas por un insomne equilibrio en las
raíces tragadas en las profundidades. Andemos…así, que no se haga tarde…
miércoles, agosto 09, 2017
Sudor...
Sudor. Vasta agua que corretea ante las pisadas somnolientas
de la sed. No sé, la miraba como lejana colina inaccesible donde las palabras
se estremecen a su nombre…ausente, perdido en el auge fugaz de sus huellas. Sí,
estoy sudando…me reprimo y lanzo piedras a una brisa inexistente de ojos
cerrados. Miro el rincón de mis sueños, aves buscando lo absurdo, lo imposible
de tenerte. Me da igual, aquí sigo, sonriendo, sudando. Una cierta burla se
atrinchera en mi estómago y parezco caer…no, no…te espero entre las marmóreas
columnas de cipreses vivos. Mientras el sudor, el adormilamiento de mi
vitalidad en las bocas magmáticas del silencio ¿Para qué nombrarte? Simbiosis de
una atmósfera enrarecidas en el venir del vacío. Sudor, cierro mis ojos y me
dejo ir con cada tecla, con cada nota más allá de la corriente del oleaje,
fuerte, cruel. ¿Qué sabes…?, me digo.
Aladas alcantarillas donde mi cuerpo emerge como esencia de un amor. Lo
demás, pasajeras de unos ojos distanciados en angosto balanceo de la nada.
domingo, agosto 06, 2017
Duerme y duerme...
La calima no cesa. Ella anda ante un edificio. El portero
barriendo y barriendo el infinito de la arena.
Por quién preguntas, me digo. No, no está…hace tiempo que se
ha ido, las horas cinceladas en su pecho ante el llanto alargó su mano y se la
llevó. No insista señora, ya no está. Ha llegado tarde, como siempre…
No, no he llegado tarde. Ayer hablé con ella. Escuché su voz
entremezclada con una cierta alegría, una euforia que no era normal. Por ello
estoy aquí. Déjeme pasar.
Qué dice usted, ella ayer no estaba aquí. Ni ayer, ni antes
de ayer, hace estaciones que se fue ¿Es que no se enteró? No sé con quien
habló, pero usted sufre el mal de la imaginación. Quizás fue un sueño, un sueño
burlesco que la ha traído hasta aquí.
No logró entender. Le aseguro que era ella, su voz…sí, era
ella. No sé por qué me miente. Quiero subir, tocar su puerta…y abrazarla. Sí,
eso es lo que haré. Y usted, como portero, no debe impedírmelo.
¿Subir? Ella está muerta, es qué usted no lee la prensa, es
que usted no fue al duelo, es que usted que su cuerpo está ahora en una fosa
donde los cipreses corean la angustias de sus años. No, no se da cuenta.
¡Muerte¡ Por qué me habla así. No hay muerte, solo la
existencia de un alma apagada que se ha ido. Sí, fui a su entierro. Pero no era
ella. No sé cómo explicarme, era la conversación de las desastradas agujas del
mal con sus pisadas. Ahora vengo y permítame usted subir. No quiero seguir
discutiendo. Su alma, su espíritu no descansa…negra semilla bajo su techo, el
todo está alojado entre las paredes de su techo. Un temblor penetra en mi
estómago y la siento, cerca…muy cerca. Vengo a poner flores en el lugar que
pereció, en el lugar que las garras destructivas la vaciaron de este mundo, de
este ahora.
Y el
pálido, y el incrédulo, y el la deja pasar.
Duerme y duerme en la eternidad de alas nutriéndose de tu
alma. Sé que estás aquí. La casa aun huele a ti. Tus movimientos son sutiles
nubes que no distinguimos pero sigues entre estas paredes blancas. Descansa y
descansa en la luz de una nueva vida, ausente aun para mí pero, para otras,
lugar de pasillos colgantes en la paz y la libertad. Se han marchado después de
la demoniaca hoz en sus ojos. Todavía queda el llanto. Aquí deposito estas
flores cortadas estas mañanas de un jardín cualquiera de esta ciudad. No las
escucharon solo, callaron.
Y se va, y baja la
escalera. El portero sigue con su tarea.
La calima aprieta más y más. A ella le da lo mismo. Camina y camina
hasta su pulso se pierde, se pierde en la impotencia de un ayer, de muchos
ayeres.
Todavía no...
Todavía no…no he despertados sobre las grises nubes, frente
la tierna brisa que nos ampara en lo grande del abrazo. Duermo, en el fugaz
intento de soñar. Nada, casquetes helados se adhieren a mis ojos enlazados a un
viejo poema. No, no vengas…herida perpetua duermevela de mis movimientos,
indecisos, inciertos tras las bocas cerradas de los latidos de los sentidos.
Sí, estoy pensando…en el sudor de sus vuelos a ras de la ausencia. No, no temo
los latidos sedientos en tundras abogando por mis venas. Pasan las horas y
estoy bajo un árbol sabio, bello distanciado del despertar. Todavía no…no
vengas, aun el letargo amputa mis párpados, mis pasos pequeños en la respiración
del crepúsculo.
viernes, agosto 04, 2017
A veces...
A veces,
Temblor marmóreo
Defendido de la memoria
De ramas rajadas.
Vuelves,
Desquiciados oleajes
Reinventando tus labios
En la ausencia de los vientres
Bajo la sombra de la perpetua despedida.
Adiós, digo.
Tatuadas formas en nubes de cristal,
Brisa infecunda emancipada del deseo
Lejano, muy lejano.
A veces,
Ojos raídos
Al son del temblor
Ramificado en las fronteras de la pena.
Frío, ¿he dicho frío?
Estrechos pasillos blancos
Donde cuelgo mis manos,
Idas, muertas.
martes, agosto 01, 2017
la espera
No hay espera, es extraño el auge que toma este viaje a
medida que curva tras curva se asoma un viejo acantilado. Parece precipitarse.
Se detiene y en el asombro del temor elevamos los ojos a la maravilla natural
del océano. Todo es silencio, las palabras son capturadas por algún cernícalo
pasajero, fugaz al encuentro del objetivo. Estas anciana carretera serpenteante
en el abismo nos da cierto hormigueo, cierta excitación de si llegaremos o no.
El conductor da marcha atrás, lento, suave y continuamos en nuestro rumbo hasta
ese añejo pueblo que nos aguarda. Ahí debajo el mar nos acompaña, lejano y
cercano. Un cartel de bienvenida nos mira en nuestra proximidad y detrás casas
blancas con el rigor de una tarde de verano donde el callar de sus gentes hace
el viaje más hechizante. Hay hambre, ansias de bajar y tomar algo refrescante,
calmante del sudor para llegar a este lugar. Buscamos. Encontramos, un
bochinche donde las moscas bailan aturdidas al son del vino de la zona.
Comemos. Brindamos. Toca el paseo, playas salvajes escondidas en sus magmáticas
rocas. Ahora tocamos el océano. Sí, ese océano que nos parecía tan ausente, tan
inalterable, tan insondable. Está sereno. Son las cinco, las cinco de la tarde
y marea baja. No sé, se nos apetece quedarnos aquí. Contemplativos, embelesados
con el vaivén de las olillas. Hablamos con las miradas. Algún sitio habrá donde
pasar la noche. Una noche que vendrá sobre nosotros virginal, puro. Sí, si hay
espera. Mañana será el regreso mientras los instantes perfectos de estas horas
nos abrigarán con palabras mudas.
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