domingo, agosto 13, 2017

La hora...

Es la hora, dice ella apoyada en una esquina donde el gozo del sol la fatiga. Sí, es hora de partir más allá de los pilares planteados en la inocencia, en esa niñez duradera que se ha ido. Nunca más volveré a retorcerme con las piezas deformes que compone esta ciudad. No llevo equipaje a donde voy, no lo necesito. Solo la ilusión de mi hijo, el va conmigo, de mi mano. Bien agarrado ante el tremor fantasmagórico de nuestro viaje. El viaje eterno a unas tierras donde el humano, nosotros, escupe en nuestra degastada frente. Le tapo los ojos para que sus sueños no resbalen en piedras de colmillos zanjando su destino. No sé qué decirle, contarle algún cuento tal vez de carruajes con destino a las estrellas que esta noche nos alumbra ante el inminente agotamiento ¡La hora¡ huída de la destrucción que nos vuelve frágiles, débiles ante este mundo de cristal ¡No mires hijo¡ bailemos al ritmo de la sucesión de jornadas que nos harán más fuertes, más hermético a cada punzón tras nuestra espalda. Tus manos, tan delicadas, tan pequeñas sobrevivirán a todo mal. La hora, aún es temprano…la luna nos habla y conversará esas noches donde los aves carroñeras lanzan sus ojos de alambradas en las mareas de nuestros sueños. Apriétame bien hijo, no te distancias de mi…llegaremos, ya es la hora. 

viernes, agosto 11, 2017

Así...

Así…lento, levantemos los cuerpos esbozados en astros eternos y dancemos en las pacíficas playas de estas remotas tierras. Andemos…así, junto a las hogueras perennes del verdor de los espíritus y seamos ola grandiosa rompiendo en el callar. Sí, callemos, aunemos nuestro orden en el caos de rotas barcas a la deriva de los deseos. Así…lento, observemos en movimiento  sutil de las alas primerizas de la oportunidad, de la fecundidad anidada en los corazones emergiendo en la libertad. Así…libres, pacíficos, visita de nuestros ojos a un mundo de donde manan soñadoras, soñadores de la verticalidad del ánimo. Venga, despertemos en la caravana callada de la belleza cantando blancas tonadas a los que se han ido. Así…lento, un cielo azul nos empuja, nos abraza y la entereza erupciona en una risa maravillosa…que bueno es sonreír, ese niño, esa niña huidos de las tumbas del mal. Así…lento, manos acariciadas por un insomne equilibrio en las raíces tragadas en las profundidades. Andemos…así, que no se haga tarde…


miércoles, agosto 09, 2017

Sudor...

Sudor. Vasta agua que corretea ante las pisadas somnolientas de la sed. No sé, la miraba como lejana colina inaccesible donde las palabras se estremecen a su nombre…ausente, perdido en el auge fugaz de sus huellas. Sí, estoy sudando…me reprimo y lanzo piedras a una brisa inexistente de ojos cerrados. Miro el rincón de mis sueños, aves buscando lo absurdo, lo imposible de tenerte. Me da igual, aquí sigo, sonriendo, sudando. Una cierta burla se atrinchera en mi estómago y parezco caer…no, no…te espero entre las marmóreas columnas de cipreses vivos. Mientras el sudor, el adormilamiento de mi vitalidad en las bocas magmáticas del silencio ¿Para qué nombrarte? Simbiosis de una atmósfera enrarecidas en el venir del vacío. Sudor, cierro mis ojos y me dejo ir con cada tecla, con cada nota más allá de la corriente del oleaje, fuerte, cruel. ¿Qué sabes…?, me digo.  Aladas alcantarillas donde mi cuerpo emerge como esencia de un amor. Lo demás, pasajeras de unos ojos distanciados en angosto balanceo de la nada. 

domingo, agosto 06, 2017

Duerme y duerme...

La calima no cesa. Ella anda ante un edificio. El portero barriendo y barriendo el infinito de la arena.

Por quién preguntas, me digo. No, no está…hace tiempo que se ha ido, las horas cinceladas en su pecho ante el llanto alargó su mano y se la llevó. No insista señora, ya no está. Ha llegado tarde, como siempre…

No, no he llegado tarde. Ayer hablé con ella. Escuché su voz entremezclada con una cierta alegría, una euforia que no era normal. Por ello estoy aquí. Déjeme pasar.

Qué dice usted, ella ayer no estaba aquí. Ni ayer, ni antes de ayer, hace estaciones que se fue ¿Es que no se enteró? No sé con quien habló, pero usted sufre el mal de la imaginación. Quizás fue un sueño, un sueño burlesco que la ha traído hasta aquí.
No logró entender. Le aseguro que era ella, su voz…sí, era ella. No sé por qué me miente. Quiero subir, tocar su puerta…y abrazarla. Sí, eso es lo que haré. Y usted, como portero, no debe impedírmelo.

¿Subir? Ella está muerta, es qué usted no lee la prensa, es que usted no fue al duelo, es que usted que su cuerpo está ahora en una fosa donde los cipreses corean la angustias de sus años. No, no se da cuenta.

¡Muerte¡ Por qué me habla así. No hay muerte, solo la existencia de un alma apagada que se ha ido. Sí, fui a su entierro. Pero no era ella. No sé cómo explicarme, era la conversación de las desastradas agujas del mal con sus pisadas. Ahora vengo y permítame usted subir. No quiero seguir discutiendo. Su alma, su espíritu no descansa…negra semilla bajo su techo, el todo está alojado entre las paredes de su techo. Un temblor penetra en mi estómago y la siento, cerca…muy cerca. Vengo a poner flores en el lugar que pereció, en el lugar que las garras destructivas la vaciaron de este mundo, de este ahora.

               Y el pálido, y el incrédulo, y el la deja pasar.

Duerme y duerme en la eternidad de alas nutriéndose de tu alma. Sé que estás aquí. La casa aun huele a ti. Tus movimientos son sutiles nubes que no distinguimos pero sigues entre estas paredes blancas. Descansa y descansa en la luz de una nueva vida, ausente aun para mí pero, para otras, lugar de pasillos colgantes en la paz y la libertad. Se han marchado después de la demoniaca hoz en sus ojos. Todavía queda el llanto. Aquí deposito estas flores cortadas estas mañanas de un jardín cualquiera de esta ciudad. No las escucharon solo, callaron.

   Y se va, y baja la escalera. El portero sigue con su tarea.  La calima aprieta más y más. A ella le da lo mismo. Camina y camina hasta su pulso se pierde, se pierde en la impotencia de un ayer, de muchos ayeres.









Todavía no...

Todavía no…no he despertados sobre las grises nubes, frente la tierna brisa que nos ampara en lo grande del abrazo. Duermo, en el fugaz intento de soñar. Nada, casquetes helados se adhieren a mis ojos enlazados a un viejo poema. No, no vengas…herida perpetua duermevela de mis movimientos, indecisos, inciertos tras las bocas cerradas de los latidos de los sentidos. Sí, estoy pensando…en el sudor de sus vuelos a ras de la ausencia. No, no temo los latidos sedientos en tundras abogando por mis venas. Pasan las horas y estoy bajo un árbol sabio, bello distanciado del despertar. Todavía no…no vengas, aun el letargo amputa mis párpados, mis pasos pequeños en la respiración del crepúsculo.


viernes, agosto 04, 2017

A veces...

A veces,
Temblor marmóreo
Defendido de la memoria
De ramas rajadas.
Vuelves,
Desquiciados oleajes
Reinventando tus labios
En la ausencia de los vientres
Bajo la sombra de la perpetua despedida.
Adiós, digo.
Tatuadas formas en nubes de cristal,
Brisa infecunda emancipada del deseo
Lejano, muy lejano.
A veces,
Ojos raídos
Al son del temblor
Ramificado en las fronteras de la pena.
Frío, ¿he dicho frío?
Estrechos pasillos blancos
Donde cuelgo mis manos,
Idas, muertas.




martes, agosto 01, 2017

la espera

No hay espera, es extraño el auge que toma este viaje a medida que curva tras curva se asoma un viejo acantilado. Parece precipitarse. Se detiene y en el asombro del temor elevamos los ojos a la maravilla natural del océano. Todo es silencio, las palabras son capturadas por algún cernícalo pasajero, fugaz al encuentro del objetivo. Estas anciana carretera serpenteante en el abismo nos da cierto hormigueo, cierta excitación de si llegaremos o no. El conductor da marcha atrás, lento, suave y continuamos en nuestro rumbo hasta ese añejo pueblo que nos aguarda. Ahí debajo el mar nos acompaña, lejano y cercano. Un cartel de bienvenida nos mira en nuestra proximidad y detrás casas blancas con el rigor de una tarde de verano donde el callar de sus gentes hace el viaje más hechizante. Hay hambre, ansias de bajar y tomar algo refrescante, calmante del sudor para llegar a este lugar. Buscamos. Encontramos, un bochinche donde las moscas bailan aturdidas al son del vino de la zona. Comemos. Brindamos. Toca el paseo, playas salvajes escondidas en sus magmáticas rocas. Ahora tocamos el océano. Sí, ese océano que nos parecía tan ausente, tan inalterable, tan insondable. Está sereno. Son las cinco, las cinco de la tarde y marea baja. No sé, se nos apetece quedarnos aquí. Contemplativos, embelesados con el vaivén de las olillas. Hablamos con las miradas. Algún sitio habrá donde pasar la noche. Una noche que vendrá sobre nosotros virginal, puro. Sí, si hay espera. Mañana será el regreso mientras los instantes perfectos de estas horas nos abrigarán con palabras mudas.