miércoles, marzo 30, 2016

Ramas vacías...

Ramas vacías,
Raíces que engendran
Mujeres al viento
En la profundidad
Del oleaje
Que mira y mira
La rutina del trepar
Por los albores de la vida.
Cotidiana esencia
De los sentidos
Vientre que se funde
En cascadas plateadas
Con ojos de amapolas
Surcando caricias
Al son de una balada.




lunes, marzo 28, 2016

Estaba...

Estaba ahí, se los puedo jurar que la vi. Tan bella….flor de cascada que rebosa en la exuberancia de su mirada, con la delgadez de su figura. Sus ojos negros se clavaron como amapolas sobre los míos. Sí, me miraba como si el tiempo no hubiese pasado. Sería el mediodía, no llevaba reloj, pero la incidencia de los rayos solares sobre mi cabeza me decía que era esa hora. Estaba vestida, muy bien vestida. Da igual  estas nimiedades. Pero es que estaba tan bella que sentía ganas de abrazarla. No había nadie. Solo yo y ella y esa mirada que será perpetúa en el paso de los años. Yo estática, combatía con la razón, con el corazón. Como era posible me preguntaba. Pero sí, alargo su mano como ofrenda de los desaparecidos y yo…yo la bese. La bese incansablemente. Sentía su suave piel con cierto aroma ha rosas amargas. Entonces me di cuenta a medida que el día avanzaba. Estaba en el cementerio, frente a su lápida…pero…pero prometo que la vi. Tan fuerte fue nuestro amor. El día anterior la habíamos enterrado en un mar de penas, lágrimas y agotamiento. Y ahora, aquí. He pasado por este lugar pacificador y me la hallo frente a mí. Ha venido a despedirse, seguro, pensé. La realidad retornaba con sus astillas ensangrentadas sobre mis sienes. Sentí…qué sentí…una cierta calma, la serenidad de que algún día nos volveremos a encontrar. Hasta luego amada mía. 

domingo, marzo 27, 2016

Divagaciones de una mañana de marzo...

Sí, alza los ojos frente a nubes eclipsadas por el rumbo de los vientos. Acaricia tu cuerpo como exuberante belleza que se cierne en tu reconditez. Venga, levántate y vete hacia esos lugares donde un paisaje de constelaciones describen tu destino. Aquí, ahora, avanza por las cerradas colinas donde el eco sencillo de un mirlo es vigía de tus huellas. Ämate con la ventura de tus sentidos en el leve aroma de las siemprevivas. Abre tus manos, deja que en ellas se absorba el sudor de tus singladuras a través de los despertares de tu mirada. Ay, tu mirada, consolada por el ritmo de las estaciones cuando en los amaneceres eres hermosa ala impregnada de sueños aun por recorrer. Sí, ánimo, lindo vuelo en un horizonte cuya verticalidad te hace ser amiga de los libres puentes de la vida.



viernes, marzo 25, 2016

Todo gira...

Todo gira
Cuando a mi manera
Absorbo las sombras
De mis pasos.
Meditabunda arranco
Hojas secas de un calendario
Donde el tic-tac
Mece las estaciones.
Todo gira y gira
En un aroma de astros
Que coloquian con mis ojos.
Ojos desiertos.
Ojos solos.
Ojos sin mirada.
Todo gira y gira
En el pasto de la ventura
Que inconclusa

Rema nuestro destino. 






Aprisa...

Aprisa, ángeles caídos bajo los influjos de la lluvia. Intermitentes luces que amparan el desafío de puentes colgantes en la sombra difuminada de tu corazón. Subes, avanzas y en equilibrio medias con las ventiscas de la caída.  Aprisa difundes tus restos en un eviterno grito de ansiosas ganas de llegar. Sí, llegar a ese estado donde alma, donde el ser, se estremece con las palabras de paisajes quebrados. Te entregas a las arboledas, te entregas al fuego que emana de tus carnes cuando el sol se arrincona en ti y a tu manera vuelas y vuelas en latitudes desconocidas. Cierras los ojos, respiras hondo y cuando el amanecer levanta tu mirada eres guiada hasta donde se yerguen las sonrisa. Aprisa…aprisa te escabulles bajo ella inflando cometas al aire que evocan la calma.

jueves, marzo 24, 2016

Perro amarillo...

Llegó hasta la puerta, estaba entreabierta. Detrás el océano, una orilla donde las olas eternas rumiaban con sutileza. Le dio la impresión de que no había nadie y estaba abandonada, la hiedra vestía sus paredes, tanto, que no podía observar por alguna ventana. La casa, de una nave, era ruinas de un pasado que pudo ser enriquecedor. Entró, no había nada, solo una especie oscuridad iluminada por un halo de luz de la mañana y una mesa en el centro de aquella quebrada vivienda. Techos de madera, seguro que traídos de lejos, muy lejos. Suelo de piedra como si fuera una iglesia de antaño. La frialdad daba canto a todo su cuerpo. Se aproximó hasta la mesa, una inquietud la apresaba para ir hasta allí. Sobre aquel polvoriento trozo de madera había un libro que por su forma debía de ser muy antiguo, demasiado se dijo para ella. Por unos instantes le daba cierta cosa tocarlo…se desasearía en sus manos, pensó. Puso su mano sobre él. Oyó el ladrido de un perro, estaba afuera, cerca. No temió y lo abrió. El perro de un color amarillento entró y se puso al lado de ella. Se extrañó. Es como si estuviera esperando algo de aquel libro, que ella hiciese. Leyó y leyó. Una vieja historia, supuso. Se estremeció. Era un diario de alguna mujer que vivió bajo esos techos. Una mujer que poseía un perro como el que estaba al lado de ella.  Eran sus días, sus monotonías, su vida en aquel lugar. De pronto un halo de luz emanó del libro. El perro amarillo ladró y después calló con la viveza de sus ojillos. Ella no temió. Un espíritu extraño se estaba apoderando de ella, en círculos la envolvía en luminosidad, hasta encantarla. El perro amarillo la olía, la examinaba y un profundo lloriqueo se hizo presa de él. Se apartó, huyendo de aquella casa desierta. Solo ella en ese sitio. Solo la luz rodeando cada movimiento que realizaba. No entendía, algo quería decirle. Y con llamas de fuego escribió algo en el suelo. Al leerlo un temblor se apodero de ella. Se fue de la casa y llegó hasta la orilla de la playa. Allí el perro amarillento esperándola. Allí una mano que nacía del océano y se aproximaba a la orilla. El perro meneo el rabo, como de alegría. Ella ensimismada en el pánico se quedo estática frente a esa mano que venía, que venía a por ella. Del liviano oleaje brotó una mujer, una mujer desnuda ensangrentada, y fue hasta ella. No hubieron palabras, sus ojos delataba lo que quería explicar. El perro amarillo junto a ella otra vez, el perro amarillo reconoció a su amiga muerta en raras circunstancias. “Fue él”, dijo ese cuerpo mutilado. Ella cerró los ojos y comprendió. Acarició al  perro amarillo y se fue. Nunca más volvió a esa casa donde el dolor y la muerte eran parte de su vida. 

miércoles, marzo 23, 2016

Cuando el viento...

Cuando el viento te mece
Al son de los astros
Que sobrevuelan nuestra memoria,
Te siento desembocar en arroyuelos
Donde tus ojos oscuros son llanto.
Miras el vuelo de una rapaz
Y sus garras engendran las llagas
Que pesa en tu espalda.
Sin más bailas, tiemblas
Examinas cada gota de sudor,
Un sudor ensangrentado
Por los rostros de la nada
Cuando la bruma pesa.
Sí, pesa, en tus sueños,
En el balanceo de espejos rotos

Que pisas y pisas.