jueves, noviembre 17, 2016

El

Espíritu:
Siempre maldiciendo el resonar desterrado de estas paredes. Gritas, ¡ay vida maloliente desemboco en la tiranía de la soledad desde que él se fue¡ Mi ser, mis sentidos se revuelven bajo las ventiscas de un tifón que me lleva a agujeros negros de un universo que desconozco ¡Dónde estás amado mío¡ orbito en la sentencia de mi ira ante tu ida. No, no puede ser te has marchado callado, solemne en el vasto imperio del vacío. No, no quiero oír más tu lamento, esa agonía expresada en llantos y encierro. Respira hombre de hoy. Inspirar y espirar, espirar e inspirar con el mecer de las jornadas venideras.
El:
¡Qué escucho¡ ¡Es su voz¡ Ha regresado para reprenderme, por ser solo un sonoro anacoreta que veía en sus ojos. Muéstrate amado mío. No, no te veo, solo te escucho los zumbidos de un que suenan a ti. Dices, no quieres oírme más, oler todo lo que se pudre bajo este techo desde que te marchaste. Sin embargo, conversas conmigo ahora o soy yo. No lo sé. Llevo estaciones aquí recluido, la luz del día angustia mis ojos, la noche chorreo trazos de tu esencia, de tu aroma y puedo asomarme y ver más allá de las estrellas ¿Te acuerdas de aquella melodía que tanto nos gustaba? Triste, decaída, humilde, sencilla, sonoridad de los corazones que se amaban. Te presiento y tocaré para ti, para tu venida.
Espíritu:
No. Rompe ese piano. Destroza las ventanas ¡Márchate de esa casa¡ Sí, esas paredes te manchan, te engarrotan y solo te deja pensar en mi. No he dicho que me olvides, solo soy un recuerdo de un efímero recuerdo sempiterno. Agárrate fuerte amigo mío, querido y lucha por la vida. Ya nos veremos, más adelante cuando redoblen las campanas por tu desvanecer de esta tierra.  
El:
Sí, me iré. Pero antes tocaré, tocaré toda esta noche hasta que las filigranas solares me avisen de mi ida. Me siento feliz ¡Oh escucharte¡ Me das una opción, la de vivir o no. Esperaré mi turno y cuando la luz azul de invierno me avise contigo me reuniré. Jugaremos, reiremos, tocaremos el firmamento con nuestros labios, con nuestro amor.
Espíritu:
Toca y toca. Desahógate y luego te largas como me iré yo.
               Y tocó durante toda la noche. Una luz blanca revoleaba en su derredor. No lloraba, sus ojos eclipsados absorbían de aquel haz luminoso como fuente de vida, de una esperanza, de un sueño ya ido.



No hay comentarios: